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Ver productos«Cuanto más perdemos la visión de Dios, tanto más perdemos al hombre, que se encuentra en gran peligro», afirma el papa alemán

11 de febrero de 2026 - 8min.
Benedicto XVI. (Joseph Ratzinger nació en Marktl, Alemania, en 1927 y murió en Ciudad del Vaticano en 2022). Fue el pontífice número 265 de la Iglesia católica, entre 2005 y 2013. Antes, había sido arzobispo de Múnich y prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Está considerado uno de los teólogos más importantes del siglo XX. Autor de tres encíclicas, cuatro exhortaciones apostólicas y numerosos ensayos teológicos, entre los que destacan Introducción al cristianismo, La sal de la tierra, El espíritu de la liturgia, Jesús de Nazareth y La infancia de Jesús.
Avance
Se publica en España un volumen con las 56 homilías privadas que Benedicto XVI pronunció tanto durante su pontificado (2005-2013) como en su periodo de papa emérito (2013-2022). Se trataba de breves alocuciones, de no más de 10 minutos, comentando el Evangelio del día en las misas privadas dominicales, ante un reducido grupo de fieles, que fueron posteriormente transcritas. Y corresponden a los principales tiempos del año litúrgico, Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua, junto con la solemnidad de la Santísima Trinidad y otras festividades marianas y del santoral.
Las predicaciones eran fruto del profundo conocimiento que Benedicto XVI tenía de la sagrada escritura, de los padres de la Iglesia (con san Agustín en primer término), así como de su sólida formación de teólogo y de su oración personal. Y sin perder de vista, en ningún momento, que se dirige a una audiencia contemporánea y a un mundo acuciado por la crisis y el anhelo de transcendencia. El cañamazo argumental de esas homilías parte de la doctrina evangélica, pero desemboca siempre en las cuestiones y dificultades del hombre y la mujer de hoy. Como él mismo dijo cuando era profesor de Teología: «La tensión interna de la predicación depende del arco que une: Dogma-Escritura-Iglesia-Hoy. No se puede quitar ninguno de estos pilares sin que todo se derrumbe».
Y lo que está en juego, según el papa alemán, es la felicidad del hombre. Una felicidad que no ha venido automáticamente «del aumento del saber y del poder» en el mundo actual, de suerte que la vida no se ha hecho «más bella y más verdadera, sino más peligrosa». La curación del hombre, subraya Benedicto XVI, solo puede venir de empezar «a ver a Dios».
ArtÍculo
Acaba de aparecer en nuestro país este «libro-candil» que agavilla 56 homilías privadas que Benedicto XVI pronunció tanto durante su pontificado (2005-2013) como en su periodo de papa emérito (2013-2022). Es importante destacar que tales homilías fueron dichas en petit comité, en su misa privada dominical, a la que asistían las cuatro Memores Domini1 que le atendían, sus secretarios monseñores Georg Gänswein y Alfred Xuerbe, junto con su secretaria, sor Birgit Wansig, y acaso algún invitado a la misa papal. Fueron grabadas con su permiso y transcritas pulcramente para adaptarlas a las exigencias del lenguaje escrito cuidando la puntuación para la lectura, eliminando repeticiones y manteniendo la riqueza expresiva propia de Ratzinger.
Cabe preguntarse por qué Benedcito XVI decidió predicarlas periódicamente a tan exigua audiencia. El propio Gänswein nos da en su prólogo la respuesta: era una manera de agradecer discretamente el servicio y los desvelos de esas pocas mujeres y hombres por su persona —verdaderos happy few— ahora que ya iniciaba el declive del último trecho de su vida. Tales regalos de gratitud en forma de homilías fueron predicadas en la capilla privada del Palacio Apostólico —a donde ahora retorna Leon XIV—, luego en Castel Gandolfo y finalmente en la del monasterio Mater Ecclesiae, en los jardines del Vaticano.
Y es que, ante todo y desde su ordenación sacerdotal, Ratzinger ha sido de forma eminente un predicador, en el profundo sentido etimológico del concepto de homilía (que proviene del latín tardío homilĭa), y este del griego ὁμιλία, que significa «reunión, trato, conversación cercana o charla familiar». Deriva, a su vez, del verbo griego homilein (tratar con, estar con) y de homilos (multitud, asamblea), refiriéndose originalmente a la enseñanza compartida dentro de una comunidad. En este caso, en el estar con y charlar de Benedicto XV oficiante ante sus amigos más cercanos.
Los tiempos principales del año litúrgico, Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua, junto con la solemnidad de la Santísima Trinidad y otras festividades marianas y del santoral, dividen y agrupan las diversas predicaciones, de manera que el lector puede seguir cada tiempo al hilo de las reflexiones orales del pontífice.
La distribución en los distintos tiempos queda así: Adviento, 8 homilías; Navidad, 1; Cuaresma, 16; Triduo Pascual, 1; Tiempo pascual, 18; Santísima Trinidad, 4; otras festividades marianas y de santos, 8.
Y conociendo el rigor y precisión germánicos de Joseph Ratzinger, llama la atención cómo todas ellas son parejas en extensión: unas 4-5 páginas que nos muestran unas charlas breves —no más de 10 minutos— en consonancia con la recomendación homilética de la Iglesia, que cumplen en su concisión el maximus in minimis clásico, y que siempre van referidas a las lecturas del día en cuestión.
De esta manera la palabra de Joseph Ratzinger es disciplinadamente ancilar respecto de la Palabra, de modo que su decir, su palabra sobre la Palabra, ni es improvisación ni divagación sacerdotal más o menos ingeniosa. El yo de Benedicto XVI se oculta tras el protagonismo de los textos sagrados del día y así paradójicamente —bien lo comprobará el lector—, nos regala estas dádivas tan hondas y sutiles. Que cumplen en su riqueza, para nosotros, aquel viejo adagio espiritual que explica el quehacer tanto teológico como espiritual del pontífice bávaro: Contemplata aliis tradere. Llevar a los otros los frutos previos de la contemplación, en este caso de la meditación y oración benedictinas, en una cadena de enriquecimiento que no tiene fin.
El lector atento percibirá la connaturalidad tan familiar con que se mueve el autor entre el Antiguo y Nuevo Testamento, y el sentido reverencial que posee ante las Escrituras asumidas como su centro teológico y espiritual. Para Ratzinger, «volver a las fuentes», esto es, retornar a los textos sagrados y a las grandes aportaciones patrísticas, resulta una de las vías fundamentales para superar la crisis actual de la Iglesia. En este sentido, la lectura sagrada resulta esencial porque permite el encuentro personal con Jesucristo, el Logos, unificando la fe, la razón y la vida litúrgica, según se refleja en cada página del libro.
La relación de Ratzinger con la predicación es honda, íntima y temprana. En la Introducción al volumen, el jesuita Federico Lombardi nos trae a colación unas antiguas palabras de Ratzinger tras su ordenación sacerdotal, en las que afirmaba:
Si puedo contar algo de mis recuerdos, diré que ya como estudiante me alegraba muy a menudo con el hecho de que algún día podría predicar, anunciar la Palabra de Dios a hombres que, incluso en la desorientación de una vida cotidiana, debían esperar, sin embargo, esta Palabra. Y me alegraba sobre todo cuando un pasaje de la Escritura se me aparecía bajo una nueva luz y me llenaba de alegría. (Menschenfischer, p.666, in: Opera omnia, Vol, XI, p.33).
Y para comprender mejor la esencia común a cada una de estas homilías y su eficacia espiritual para el alma del lector, Lombardi aduce otro texto esclarecedor de 1973, donde el entonces profesor Ratzinger acotaba el secreto de predicar, no siempre observado por los celebrantes:
La tensión interna de la predicación depende del arco que une: Dogma-Escritura-Iglesia-Hoy. No se puede quitar ninguno de estos pilares sin que todo se derrumbe, (Prólogo a Dogma und Verkündgung, p. 849, op.cit., p. 33).
De esta manera, los textos transcritos presentes son fieles a ese cuatrinomio Dogma-Escritura-Iglesa-Hoy que les confiere la solidez y consistencia que detecta el lector desde el inicio. Cada predicación parte así de la Escritura de ese día del Antiguo y Nuevo Testamento, recorre la tradición de los Padres de la Iglesia (tan necesaria, por cierto, de recuperar) y el magisterio de la Iglesia, para desembocar en las cuestiones y dificultades del hombre y la mujer de hoy. Y concluye con una oración pidiendo al Señor nuestra transformación en Él. Con una reflexión añadida: al estar disponibles ahora como libro, de alguna manera cada lector puede contarse también como parte de esa mínima pusillus grex, el pequeño rebaño, asistente a esas misas privadas papales.
Por su carácter homilético y en atención a su audiencia, los textos resultan más sencillos, de una densidad distinta, que otros más complejos por teológicos como sucede, por ejemplo, en su tan conocido Jesús de Nazareth. Y sin embargo, no son menos profundos que aquel, como nos muestran los sugerentes títulos que encabezan cada predicación.
Veamos, por ejemplo, algunos escogidos de Adviento: La ‘llegada’ de Cristo a nuestra historia y a la del mundo; Entra en nuestra historia, Señor; Alegría porque nos sabemos amados; San José: el justo que escucha y actúa; El sí de María y el cumplimiento de la promesa. En Cuaresma: ¿Qué debe hacer el Redentor del mundo?; Para cambiar al mundo hay que adorar a Dios; Entrar en la luz, convertise en la luz; Yo soy, El Dios que nos mira y al que podemos llamar. O en Pascua: El Resucitado y la nueva creación; La multitud de los salvados; y La ciudad de Dios con los hombres.
Para terminar, transcribo al lector un fragmento de una de las homilías más relevantes a mi juicio que lleva por título El hombre vive cuando ve a Dios. Tras aludir y comentar la conocida observación de san Ireneo, un Padre del siglo II: «La vida de Dios es el hombre viviente; y la vida del hombre es la visión de Dios», Ratzinger susurra a su mínima audiencia familiar esta advertencia profética digna de ser meditada:
Hoy vemos cómo a pesar de todo el aumento del saber y del poder humanos, la vida no se hace más bella, más verdadera: es más, se vuelve cada vez más peligrosa. Cuanto más perdemos la visión de Dios, tanto más perdemos al hombre que se encuentra en gran peligro. Esto es evidente en nuestros días. Y el hombre solo puede curarse si empieza a ver a Dios. (p. 132)
Pero el lector sabe que aun con todo, en medio de este momento histórico con oscuridades tan amenazadoras, «el Señor nos lleva de la mano», como reza el título del libro recogiendo una afirmación benedictina en una de las homilías: lo cual nos da razón de esperanza y de paz. Y un consejo final: no dejen de leer esta joya, que es al mismo tiempo un candil para nuestros días
Imagen de cabecera: El papa Benedicto XVI durante su visita a Berlín, el 22 de septiembre de 2011. El archivo de Wikimedia Commons se puede consultar aquí.
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