El paisaje de las ciudades históricas

El paisaje urbano es aspecto cada vez más relevante del hábitat humano, cuando crece continuamente el número de quienes residen en ciudades de mayor o menor tamaño. El problema es cuantitativo y acuciante en las grandes capitales, cualitativo y también trascendente en las pequeñas ciudades históricas.

Leopoldo Yoldi

Muchas han sido las transformaciones que han sufrido nuestras ciudades en las últimas décadas, pero si cualquier población se ve afectada por la expansión urbana, las ciudades históricas presentan una especial fragilidad a las tensiones, transformaciones y cambios profundos que en ellas se producen por tener también unas características peculiares. Las ciudades históricas son depositarias de un importante patrimonio cultural y constituyen además un capital espiritual, económico y social con valores irreemplazables.

El Consejo de Europa y la Conferencia Europea de los Poderes Locales sobre «Ciudades Históricas» sostienen que la encarnación del pasado en estas ciudades crea un ambiente necesario para el equilibrio y el esparcimiento del hombre que permite satisfacer la necesidad de identidad individual y colectiva.

Este ambiente especial que se respira explica su atracción como lugar de paseo, recreo y ocio para los habitantes de las nuevas áreas urbanas, e incluso que su percepción genere hondos sentimientos y toque lo más profundo del hombre. De aquí radica el notable interés de sus espacios públicos como lugar de encuentro y participación.

El paisaje de estas ciudades es muy rico y variado en tipologías, formando los espacios abiertos y zonas verdes parte esencial de su configuración por su alta calidad y elevada capacidad de acogida para los ciudadanos. Plazas arboladas, jardincitos tranquilos y recogidos, fuentes humildes y tradicionales que dan ambiente, calles arboladas, callejones con muros verdes, árboles acogedores, paseos soportados… son ejemplos característicos que han probado su éxito como generadores de ambientes gratos y modelos de diseño para futuras actuaciones.

Entorno

Pero su interés trasciende los espacios libres del interior para abarcar el entorno periurbano, íntimamente ligado a la ciudad por vínculos históricos, paisajísticos, productivos, recreativos y sentimentales. En esta línea, la «Carta Europea del Patrimonio Arquitectónico» hace hincapié en la protección del entorno natural de las ciudades tradicionales y de los conjuntos arquitectónicos.

De hecho, la conservación de los panoramas que se contemplan desde la ciudad hacia el exterior, y viceversa, la cual posibilita el disfrute de paisajes equilibrados o la relajación de la vista en ellos, se ha convertido, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en una auténtica necesidad humana.

De este modo, los terrenos periurbanos conservados con su carácter natural o rural, íntimamente ligados al núcleo histórico, constituyen un lugar de encuentro y comunicación hombre-naturaleza.

En esta transición periurbana la vegetación juega un papel fundamental como elemento de enlace entre campo y ciudad. Son típicas en estas ciudades las alamedas, las huertas, los paseos arbolados, los muros de piedra con trepadoras… No menos importante es el papel de las zonas verdes en la unión de la ciudad antigua con las nuevas barriadas.

Esto nos lleva a la conservación de los usos del suelo tradicionales en el entorno, tratando de mantener un paisaje vivo, útil y apto para ciertos usos como la agricultura y la horticultura, no ya sólo por su

Los usos tradicionales del suelo dan carácter y peculiaridad al paisaje. Las callejas de los barrios antiguos, como ésta de Córdoba, a menudo hacen las veces de espacios verdes y áreas estanciales convencionales áreas estanciales y zonas verdes en general de la degradación que generan los vehículos.

Los espacios verdes urbanos y periurbanos, formales o informales, debidamente protegidos por el planteamiento municipal y regional, son una garantía para la conservación del entorno. En esta línea, es importante que el ciudadano tenga acceso a este entorno, que lo valore y lo disfrute. A ello contribuirá mucho la creación de una trama integrada de áreas verdes y espacios abiertos, con variedad de ambientes, que una campo y ciudad, ciudad histórica y nueva ciudad y distintas áreas interurbanas a través de paseos, caminos y sendas debidamente diseñados para facilitar el disfrute integral del paisaje y la comunicación del hombre con su medio.

Por lo que respecta a la corrección de impactos, interesan intervenciones globales que incluyan la creación de espacios abiertos y zonas verdes, la transformación de lugares chocantes a la vista y la recuperación de tierras abandonadas y terrenos degradados.

Es preciso resaltar y revalorizar el alto poder evocador de los cursos de agua, así como aprovechar la exuberancia vegetal que sostienen, con los derivados valores paisajísticos asociados y la consiguiente capacidad de producir emociones en el ser humano, emociones de las que, por otra parte, tan necesitado está el ciudadano.

En general, máxime en las ciudades históricas, es preciso hacer hincapié en la importancia del diseño ambiental en todas las operaciones de planteamiento, conservación y mejora. Todo el tratamiento debe estar influenciado por el paisaje circundante, ya sea en el tratamiento vegetal, ya en el diseño en general, poniéndo énfasis en el empleo de materiales, colores, volúmenes y formas predominantes en el lugar y pertenecientes al ambiente cercano.

Para terminar, se podría afirmar que la conservación y mejora del paisaje urbano en general, y en particular de los espacios abiertos y de las zonas verdes de las ciudades históricas, no son un capricho, sino una auténtica necesidad actual, con incidencia incluso en la dimensión fundamental y esencial de la existencia del ser humano. Hagamos en nuestras ciudades realidad el pensamiento de Fray Luis de Granada: «Juntóse con la gracia de la naturaleza también la del arte y doblóse la hermosura de las cosas».