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Ver productosEl Vaticano, en 2024, presentó un documento con una visión del papado en una futura Iglesia reunida: un servicio de amor «reconocido por todos»

27 de abril de 2026 - 5min.
Avance
El origen del libro El obispo de Roma: primacía y sinodalidad en los diálogos ecuménicos y en las respuestas a la encíclica ‘Ut unum sint’, publicado por el Dicasterio para la Unidad de los Cristianos en 2024, se remonta a la invitación que Juan Pablo II dirigió a otros cristianos, en 1995, para hallar formas en que el ministerio del obispo de Roma «pueda realizar un servicio de amor reconocido por todos» (Ut unum sint). Se trata de un estudio de 130 páginas sobre la primacía papal, con sugerencias de las comunidades cristianas ortodoxas y protestantes sobre cómo podría verse el papel del obispo de Roma en una futura Iglesia reunida. Este «documento de estudio» ofrece una síntesis de los recientes avances ecuménicos sobre el tema, reflejando así las ideas, pero también las limitaciones, de los propios documentos del diálogo.
Como es conocido, la autoridad de Pedro se fundamenta por su lugar único entre los doce apóstoles y la autoridad que Cristo le otorgó: «Tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi Iglesia…» (Mateo 16:18-19). Para los católicos, la primacía del obispo de Roma es una institución de derecho divino, mientras que la mayoría de los demás cristianos la entienden solo como una institución de derecho humano.
La primacía petrina ejercida por los papas en el segundo milenio, y especialmente sancionada por el Concilio Vaticano I (1869 -1870), sigue siendo inaceptable para la mayoría de los cristianos no católicos. El Vaticano I, con Pío IX a la cabeza, definió dogmáticamente la infalibilidad papal en la constitución Pastor aeternus. Significa que cuando el romano pontífice habla ex cathedra, es decir, cuando enseña oficialmente en su calidad de pastor universal de la Iglesia sobre una cuestión doctrinal, de fe o de moral, y la propone a todos los católicos, hay que darla por válida, oficial e infalible.
El obispo de Roma, el documento de 2024 arriba citado, señala que algunas de las enseñanzas del Vaticano I «estaban profundamente condicionadas por su contexto histórico». Sugiere que «la Iglesia católica debería buscar nuevas expresiones y vocabulario fieles a la intención original, pero integrados en una eclesiología comunitaria y adaptada al contexto cultural y ecuménico actual». Expresa preocupaciones sobre «la relación de la infalibilidad con la primacía del Evangelio, la indefectibilidad de toda la Iglesia, el ejercicio de la colegialidad episcopal y la necesidad de la recepción» doctrinal.
Pero el documento del Dicasterio para la Promoción de la Unidad Cristiana muestra también avances, sobre todo el de tratar de distinguir entre la primacía papal que ejerce jurisdicción sobre la Iglesia latina (o la Iglesia occidental, como les gusta llamarla a los orientales) y la primacía en la caridad de la Iglesia de Roma, la «primera Sede». Una primacía de diakonia, es decir, de servicio, y no de poder. Una primacía de unidad, ejercida en sinodalidad para buscar el consenso de todos los obispos.
Con palabras del vaticanista italiano Andrea Tornielli, «hay, o al menos podría haber, una forma de primacía petrina aceptable para las otras Iglesias». Es lo que hace algunos años el patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé, describió como primacía «ejercida en humildad y compasión, en lugar de como una especie de imposición al resto del colegio episcopal», como «un verdadero reflejo del amor crucificado del Señor, en lugar de en términos de poder terrenal»: una manera concreta de viajar hacia la realización de ese sueño expresado por Juan Pablo II.
Primacía y sinodalidad
«Las clarificaciones hermenéuticas», se lee en El obispo de Roma, «han ayudado a poner esta dicotomía tradicional en una nueva perspectiva», considerando la primacía tanto de derecho divino como humano, es decir, «como parte de la voluntad de Dios para la Iglesia y mediada a través de la historia humana». El obispo de Roma pone el énfasis en la distinción «entre la esencia teológica y la contingencia histórica de la primacía» y pide «una mayor atención y evaluación del contexto histórico que ha condicionado el ejercicio de la primacía en diferentes regiones y épocas». Reconoce «la necesidad, en determinadas circunstancias, de un ejercicio personal del ministerio de la enseñanza, dado que la unidad de los cristianos es una unidad en la verdad y en el amor».
El obispo de Roma identifica algunos principios para el ejercicio de la primacía en el siglo XXI: «Un primer acuerdo general es la interdependencia mutua de la primacía y la sinodalidad en todos los niveles de la Iglesia y la consiguiente necesidad de un ejercicio sinodal de la primacía». Otro acuerdo se refiere a la articulación entre «la dimensión “comunitaria” basada en el sensus fidei [sentido de la fe] de todos los bautizados; la dimensión “colegial”, expresada sobre todo en la colegialidad episcopal; y la dimensión “personal” expresada por la función primada». Subraya que «la relación dialéctica entre la Iglesia local y la Iglesia universal no puede separarse».
El obispo de Roma remarca la importancia del principio de subsidiariedad: «Ningún asunto que pueda tratarse adecuadamente en un nivel inferior debe llevarse a un nivel superior». Se aplica este principio para definir un modelo aceptable de «unidad en la diversidad» , porque «el poder del obispo de Roma no debe exceder lo necesario para el ejercicio de su ministerio de unidad a nivel universal».
Como queda dicho arriba, se propone una nueva interpretación por parte de la Iglesia católica de las enseñanzas del Concilio Vaticano I, con «nuevas expresiones y vocabulario fieles a la intención original, pero integrados en una eclesiología de comunión y adaptados al contexto cultural y ecuménico actual». Aspira a una distinción más clara entre las distintas responsabilidades del obispo de Roma, «en particular entre su ministerio patriarcal en la Iglesia occidental y su ministerio primacial de unidad en la comunión de las Iglesias», y finalmente desea un mayor énfasis en el ejercicio del ministerio del papa en su Iglesia particular, la diócesis de Roma.
Más información:
Dicasterio para la Promoción de la Unidad Cristiana. (2024). The Bishop of Rome: Primacy and synodality in the ecumenical dialogues and in the responses to the encyclical Ut unum sint.
Juan Pablo II. (1995). Ut unum sint. Santa Sede.
Pío IX. (1870). Constitutio dogmatica Pastor aeternus. Santa Sede.
Tornielli, A. (2024). Repensar el primado en sentido ecuménico. Vatican News.