Colección de libros de la filmoteca española

Luciano Berriatúa

¿Cuál debe ser la función del libro de cine en los noventa? Hace unos años el libro de cine trataba de suplir la visión de las películas. Ahora el vídeo lo ha cambiado todo. Antes era muy difícil tener acceso a los clásicos del cine, que sólo se veían en filmotecas o cineclubs y en algún que otro pase por televisión. Un ciclo monográfico sobre un gran director era todo un acontecimiento, y de la mayor parte de los directores sólo se podía tener una visión muy fragmentaria de su obra, a veces basada en el recuerdo de films vistos muchos años antes.

El público compra libros en alemán u otros idiomas que no entiende tan sólo por las fotografías. El libro de lujo a precio módico es un buen negocio.

Negocio

El público compra libros en alemán u otros idiomas s que no entiende tan sólo por las fotografías. El libro de lujo a precio módico es un buen negocio.

Eso lo han entendido los norteamericanos, que últimamente publican excelentes libros de cine para ver y no para leer. Así, la Disney o Spielberg publican sus propios libros, en los que salvan sus materiales de archivo, fotos de trabajo y bocetos, al tiempo que se hacen publicidad.

El libro de cine tiende a ser cada vez más vistoso. Pero también su texto es cada vez más rico. Cada día aumentan los trabajos de investigación en filmotecas y archivos. Un excelente ejemplo es el libro sobre el film Metrópolis, de Fritz Lang, publicado por la Cinemateca Francesa. Esencialmente es un libro de fotografías, pero acompañado por un sintético aunque muy trabajado texto de Eisenschitz, realizado a partir de sus investigaciones en la prensa alemana de los años veinte.

Es un tipo de libro muy difícil de elaborar fuera de una filmoteca. De hecho, se trata de la colección personal de fotografías depositadas por Lang en la Cinemateca Francesa.

Hoguera

¿Qué queda hoy que no merezca la hoguera en la librería de un viejo cinéfilo español? Los libros de entrevistas. Porque en ellos son los directores y los técnicos los que hablan y nos cuentan lo único que de verdad nos interesa: cómo se rodaron las películas, qué pensaban los que las estaban haciendo, qué problemas tuvieron. Hoy echamos en falta más libros de entrevistas.

Y, mientras los escritores de cine parecían apasionarse con la absurda torre de Babel del estructuralismo, los técnicos morían como ratas sin que nadie les preguntase sobre sus trabajos y hallazgos cinematográficos. Pero no sólo los técnicos morian olvidados. La muerte es una buena cinéfila. Se ha llevado una impresionante colección de películas. Del cine mudo se conserva una ínfima parte. Más aún: hoy siguen desapareciendo ejemplares únicos de carteles, guiones o material gráfico de films clásicos.

El libro de cine puede ayudar a salvar materiales de este tipo reproduciéndolos, multiplicando por miles los ejemplares únicos de revistas que deterioran cada día los estudiosos que acceden a ellos en las hemerotecas.

Pero tan sólo parece tener interés la publicación de los antiguos carteles para carátulas de vídeo. No parece que sea rentable publicar en facsímil las antiguas revistas o press-books. Ahora prolifera cada vez más el libro que no necesita ser leído.

Hoy en día la mayor parte de la obra de los maestros reposa en los estantes de los aficionados. El vídeo ha supuesto una revolución.

Aquí no tienen sentido colecciones como la, en su día «imprescindible», de Voz e Imagen, donde se nos narraba un film describiéndolo plano a plano y tratando, a través de un buen número de fotografías, ampliaciones de fotogramas en su mayoría, de sustituirlo o al menos de refrescar la memoria sobre el film en cuestión.

Esa misma dificultad de acceso dio lugar a historias del cine llenas de errores en las que críticos confiados copiaban a otros que habían tenido la fortuna de ver en su día algunos «raros» films pero que muchas veces los recordaban mal. Apenas nadie investigaba en archivos. Luego existían, siempre han existido, libros y revistas llenas de páginas inútiles, simples comentarios de críticos. Es decir, de «entendidos» que trataban de imponer sus gustos y opiniones con la mejor voluntad del mundo.

Podría decirse que la mayor parte de las revistas españolas y libros de hace veinte años han «envejecido», aunque en realidad es ésta una expresión acuñada por críticos nada dispuestos a reconocer sus errores. Cuando hoy ven un film espantoso que en su día les había fascinado, en lugar de reconocer su error dicen que es el film el que ha «envejecido». Pues bien: sus libros y revistas de hace diez, veinte años, han envejecido muchísimo.

Investigación

En España, la Filmoteca Española, actualmente dirigida por José María Prado, está publicando una excelente colección de libros de cine que son el resultado de un largo trabajo de investigación en muchos casos.

Personalmente llevo más de dos años trabajando intensamente en un libro sobre el director alemán F. W. Murnau para la Filmoteca Española. Las condiciones en que he realizado este trabajo serían impensables fuera de una institución como ésta, no sólo por el acceso a los films y a los materiales de archivo conservados allí, sino por el poder trabajar sobre los fondos de su biblioteca. Los contactos establecidos entre las diversas filmotecas del mundo te permiten el acceso a documentos inéditos conservados en cualquier archivo. Además, el personal de la Filmoteca Española colabora de un modo decisivo en la consecución de materiales.

Por otra parte, algo impagable es el tiempo. La lentitud de la Administración es aquí una ventaja para el investigador. El tiempo no apremia y el trabajo puede enriquecerse día a día con nuevas aportaciones. La colección se inició en 1986 con un apasionante libro de Víctor Erice y Jos Oliver sobre Nicholas Ray. Un laborioso trabajo de recopilación en el que el aficionado puede encontrar dirección de primera mano sobre cada film de Ray.

El número 3, dedicado a John Ford, es una amplia colección de críticas en donde abunda el artículo de opinión. Es un libro menos útil, pero muy entretenido, y contiene algunos buenos artículos de los mejores especialistas internacionales sobre Ford.

Cine español

Como es lógico, al ser libros «oficiales», una alta proporción de las publicaciones está dedicada al cine español. Tras una Guerra de España en la pantalla, de Román Gubern, se publicó una interesante Directores de fotografía del cine español, coordinada por Francisco Llinás. Una idea excelente. Habría que publicar más libros sobre las técnicas y los técnicos en el cine español, y particularmente sobre músicos y decoradores. El libro contiene una extensa filmografía realizada por Ramón Rubio, muy útil como material de consulta. Se han dedicado dos tomos a estudios monográficos sobre los directores españoles Regueiro y Borau.

La colección tiene una curiosa prolongación en los libros monográficos destinados a servir de catálogo a las retrospectivas organizadas por el Festival de San Sebastián. Realizados en colaboración con la Filmoteca Española, tienen todas las características de la colección, respetando la maqueta diseñada por José Ignacio Fernández Bourgón y trabajada con esmero, libro a libro, siempre igual y siempre diferente, por Lynda Bozarth y Nuria Novoa.

A esta serie especial pertenecen Robert Siodmak, del historiador suizo Hervé Dumont; James Whale, de James Curtis, y un curioso Jacques Tourneur realizado a base de combinar largas entrevistas y algunos artículos, logrando así un ameno texto de consulta que en parte suple al libro que hasta hoy nadie ha escrito sobre este interesante realizador.

Una colección muy vistosa y con un precio asequible que pone al libro de cine español en un buen lugar en el panorama internacional gracias a la colaboración de un buen equipo de especialistas de la Filmoteca Española, encabezados por la minuciosa Valeria Ciompi, coordinadora de la colección.

Una colección que debería crecer a mayor velocidad sin descuidar la alternancia de temas de cine español con los clásicos internacionales que llenen el vacío existente hoy en España.

Se publica demasiado poco sobre cine en nuestro país. Aún hoy el cinéfilo tiene que seguir comprando los libros en inglés o francés para estar al día o sencillamente para conseguir datos sobre un cineasta clásico. Colecciones como la de la Filmoteca Española deben potenciarse y deberían tener una más amplia difusión.