Martín Santiváñez Vivanco

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Martín Santiváñez Vivanco es investigador del Navarra Center for International Development de la Universidad de Navarra y doctor en Derecho por la misma universidad. Miembro Correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y miembro del Observatorio para Latinoamérica de la Fundación FAES.

América Latina y el cambio

El autor sostiene que los cambios de gobierno en Latinoamérica no suponen una garantía frente al populismo y la desigualdad de los países en los que candidaturas de oposición se han impuesto a los movimientos afiliados al socialismo del siglo XXI.

El retorno del fujimorismo

UN REGRESO ESPERADOLas elecciones peruanas son una gran oportunidad para consolidar una democracia que apuesta mayoritariamente por el fortalecimiento de las instituciones. Desde la caída del fujimorismo, el Perú ha logrado elegir sucesivamente a todos sus presidentes en elecciones limpias y el proceso de 2016 no será una excepción. Ahora bien, la polarización propia de un sistema partidista altamente fragmentado convierte a estas elecciones en un fenómeno complejo que presenta diversas variables objeto de análisis.En este sentido, el resultado de la primera ronda de las elecciones peruanas consolida el liderazgo de Keiko Fujimori y del modelo económico de crecimiento que ha favorecido el desarrollo del país en los últimos veinte años. Keiko Fujimori, lideresa de Fuerza Popular (FP), ha vencido con un 39% de los votos válidos, casi el doble de lo que obtuvo en la primera vuelta del año 2011. Su votación también duplica la de su más cercano competidor, Pedro Pablo Kuczynski, de Peruanos Por el Kambio (PPK), que obtuvo, según el conteo oficial de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), el 22% de los votos. El tercer lugar ha sido ocupado por la candidata izquierdista Verónica Mendoza, del Frente Amplio (fa), con un 18% de los votos, y el cuarto puesto fue para Alfredo Barrenechea, de Acción Popular (ap), con un 7% del electorado. Los expresidentes Alan García y Alejandro Toledo obtuvieron el 6% y el 1%, respectivamente.Estos resultados obligan a una segunda vuelta (ballotage) en la que Keiko Fujimori se enfrentará no solo a Pedro Pablo Kuczynski sino a todo el sector antifujimorista. Uno de los clivajes más importantes de la política peruana es, precisamente, la oposición entre fujimoristas y antifujimoristas. Las elecciones de 2011 fueron un ejemplo de esta división que favoreció la candidatura de Ollanta Humala. El gobierno de los Humala fue respaldado por personajes tan disímiles como los radicales prochavistas y los liberales vargasllosianos. Desde Toledo hasta Vargas Llosa, pasando por los movimientos antimineros y el viejo partido de Fernando Belaunde Terry, Acción Popular, todos se unieron hace cinco años para evitar el retorno del fujimorismo.El resultado de esta alianza artificial fue uno de los gobiernos más cuestionados de las últimas décadas. El humalismo abandona el Palacio de Pizarro en medio de escándalos de corrupción y con la desaprobación del 80% de los peruanos. La primera dama, Nadine Heredia, la Mariscala del humalismo, se encuentra investigada por el caso de las «agendas», unos papeles privados en los que, presuntamente, se anotaron sobornos recibidos por parte del Partido Nacionalista, el partido fundado por los Humala. Aunque la alianza nunca se ha quebrado formalmente, conforme el escándalo crecía muchos de los aliados de los Humala han marcado distancia e incluso han pasado a la crítica abierta. De hecho, la candidata izquierdista Verónica Mendoza fue asistente de Nadine Heredia y congresista del humalismo hasta que renunció al movimiento por no estar de acuerdo con la continuidad del modelo demoliberal, compromiso que los Humala respetaron desde el juramento de San Marcos en el que aceptaron la tutela...

La promesa de la vida peruana

El autor sostiene que la política peruana contemporánea está determinada por diversas tendencias, entre las que destacan, el clivaje fujimorismo-antifujimorismo, el liderazgo de Alan García y la relevancia de Vargas Llosa como firme apoyo del gobierno humalista.

La herencia del lulismo

El autor sostiene que la ideología lulista ha minado las posibilidades de liderazgo de Brasil en la región, fomentando la polarización interna y la creación de un Estado patrimonialista que confunde inclusión social con clientelismo por fines políticos.

España y la Alianza del Pacífico

El autor sostiene que la apuesta del gobierno español por la Alianza del Pacífico mejora sustancialmente la estrategia española en Latinoamérica porque vincula la asociación a un conjunto de reglas institucionales y a la vigencia del Estado de Derecho, premisa básica para una confluencia realista capaz de generar incentivos positivos en el ámbito político, económico y social.

El nuevo directivo público. Claves de liderazgo para la gestión pública

El nuevo directivo público es de esas piezas que sirven por igual al investigador y al político. Se trata de piezas que combinan un dominio pertinente de la literatura especializada y una hoja de ruta práctica, una lección concreta, sumamente útil para la persona que ejerce el poder.

El derecho a la identidad cultural en la Europa del siglo XXI

Reseña d el libro " El derecho a la identidad cultural en la Europa del siglo XXI" de María Elósegui Itxaso. Elósegui defiende, con argumentos jurídicos, políticos y filosóficos, el derecho a la identidad cultural en tanto derecho humano apostando por «una sociedad con elementos comunes, en la que se respeten las diferencias culturales y religiosas».

Globalización, crisis económica, potencias emergentes… diez años decisivos para la transformación del mundo

]Con prólogo de S.A.R. el Príncipe de Asturias, el Real Instituto Elcano y Marcial Pons publican este volumen conmemorativo por los diez años transcurridos desde su fundación. La obra recoge las aportaciones de los especialistas que participaron en el foro realizado en el Museo del Prado el 20 de junio de 2011, con motivo del aniversario de la institución, cuyo tema de debate fue La crisis económica y las potencias emergentes: ¿hacia un nuevo orden internacional? La presentación corre a cargo de Gustavo Suárez Pertierra, expresidente del Real Instituto Elcano, quien destaca la creciente complejidad del orden internacional y las diversas tendencias y retos que surgen a raíz del fenómeno de la globalización. Además, señala la proliferación de actores no estatales que «en ocasiones son más influyentes» que el propio Estado, entre ellos: las grandes multinacionales, los medios de comunicación, ciertas ONG de ámbito trasnacional e incluso «algunas organizaciones terroristas» que «actúan en red o se comportan como franquicias». Este escenario multipolar, a manera de novus ordo seclorum, difumina el poder transformando los canales tradicionales de organización. El cambio de las reglas de juego también se refleja en la creciente relevancia de Oriente como eje de la geopolítica global y en el «retorno al pasado» que equipara la potestas de Occidente con el resto del mundo, a través de una gran convergencia económica. Tal proceso de confluencia, aunque por ahora no se traduce en una regeneración política, poco a poco influye en el orden internacional.Siguiendo la línea analítica de la presentación, los estudios que recopila la primera parte del volumen navegan entre el diagnóstico del problema y la construcción de la solución, rescatando siempre la dimensión participativa de los actores en tanto potencias, ya sean emergentes o consolidadas. Así, por ejemplo, los estudios de Robin Niblett (Algunas reflexiones sobre las consecuencias de la crisis actual), Narcís Serra (La crisis económica y las potencias emergentes: ¿Hacia un nuevo orden internacional?), VairaVie-Freiberga (El lugar de la Unión Europea en un nuevo orden internacional), Sun Xuefeng (Los dilemas de una China en ascenso) y María Emma Mejía (Suramérica: un nuevo poder emergente). Todos los análisis, en esencia técnicos, se centran en la dinámica global desde un punto de vista descriptivo, salvo el escrito de María Emma Mejía, secretaria general de UNASUR, un discurso redactado en clave política en el que se tacha de «nefasto» al Consenso de Washington y se afirma, con no poca ingenuidad, que UNASUR «es el foro de diálogo político más importante de nuestra región y el más eficaz para defender nuestras democracias». Exaltar una institución de la que se es el titular, sin mayor soporte empírico, implica una «lectura» (para emplear la terminología afín a la ideología de la secretaria de UNASUR) bastante sesgada. Si algo ha demostrado la historia latina, particularmente desde el novecientos, es que la excesiva politización de los foros de integración no fortalece y sí menoscaba la agenda de convergencia.La segunda parte del libro, en clave de aproximación más específica, presenta trabajos de Lara...

México tras el PRI: el dinosaurio siempre ha estado allí

Tratándose de México, con tristeza e impotencia, José Vasconcelos (1852-1959) sostuvo, no sin cierta razón, que todos los gobiernos de la Revolución posteriores al presidente Francisco Madero (1873-1913) fueron liderados por «ladrones y sinvergüenzas». Para Vasconcelos, el auténtico responsable del lento proceso de envilecimiento del sistema político mexicano no era el individuo en sí, es decir, el sujeto mexicano, sino el tinglado de corrupción institucionalizada que los gobiernos traidores a la Revolución lograron materializar. Vasconcelos fue víctima —y con él toda una generación— de las primeras incursiones corruptas de este sistema eficiente, moldeado para soliviantar los vicios generados por el viejo clientelismo. La antigua aspiración liberal de redimir a la nación a través de la reforma educativa fue encarnada en un momento clave de la historia mexicana por el vasconcelismo. Aquel proyecto regenerador, lastrado por los vicios del arielismo, muy pronto fue ahogado por el ogro filantrópico que Paz describió con maestría. La criatura, lejos de debilitarse, se ha transformado en una máquina de la que dependen millones de mexicanos, consolidando una cultura política subordinada al dinosaurio corrupto «que siempre ha estado allí», como en la historia de Monterroso. El voluntarismo panista, displicente y medianamente efectivo en la aplicación de recursos técnicos, poco ha logrado hacer ante un Estado de tales características.Estos dos reformismos de centro-derecha (el vasconcelista y el panista) se estrellaron con la mole del ogro filantrópico y, en gran medida, no lograron conjurar los problemas que la emergencia populista ha profundizado a lo largo del tiempo (violencia, corrupción, excesivo burocratismo, etc.). Por eso, hace doce años, cuando el Partido Acción Nacional (PAN), liderado por Vicente Fox, logró romper la hegemonía clientelista del PRI, México pareció sacudirse del ogro filantrópico, una realidad profundamente enraizada en el sentido estatolátrico de la política azteca. La primavera democrática mexicana se fundó en el consenso de la oposición y en la condena expresa de las masas a un continuum partitocrático que rigió los destinos del país por siete largas décadas. Tal consenso fáctico generado para liquidar la hegemonía del PRI ya no existe. El objetivo no radica más en poner fin a una era de poder. Ahora se aspira a una alternancia racionalizada en función al posibilismo de las urnas. Además, el juego de alianzas electorales y la pequeñez de las maniobras de coyuntura minaron la capacidad de renovación de la política mexicana. De hecho, cuando el PRI dejó el ejecutivo, fueron muchos los que pensaron, dentro y fuera de México, que el fin de la presidencia imperial era un escenario posible. Hoy, si algo queda en evidencia tras el proceso electoral, es que el caudillismo partitocrático permanece intacto. En efecto, las expectativas que generó el fin de la pax priista no se materializaron en una poliarquía eficiente y mucho menos en un Estado funcional capaz de conjurar las tendencias negativas de la cultura política mexicana. El ogro se resistió a morir. La acción gubernamental del PAN, caracterizada por una crisis de liderazgo y el uso deficiente del public management, fracasó...

Miguel Ángel Cortés y Xavier Reyes: Era cuestión de ser libres. Doscientos años del proyecto liberal en el mundo hispánico

Editorial Turner Noema, Madrid, 122 págs., 14 euros.La construcción de Iberoamérica como proyecto político está en función al modelo institucional que sus gobiernos aspiran a defender. En este sentido, el liberalismo ha sido propuesto en numerosas ocasiones. Desde caudillos ilustrados que imitan la estela de Bolívar hasta partidos minúsculos que organizan la regeneración democrática, el liberalismo, desde antes de las independencias, ha estado presente en la política iberoamericana. Era cuestión de ser libres, el libro escrito por Miguel Ángel Cortés y Xavier Reyes Matheus, recorre el sendero liberal latino, indispensable para comprender el posibilismo reformista de tantas generaciones. Un posibilismo defendido por los autores, tal vez en virtud a sus propias biografías. Cortés, de formación práctica, es un político que mantiene vínculos profundos con Latinoamérica y una idea clara de su importancia global. Reyes, por su parte, es un intelectual cuyo pensamiento original y frondoso en la mejor tradición del ensayo americano, bebe de ambas orillas del Atlántico. Era cuestión de ser libres es una obra que refleja la actitud vital de los autores. Por eso, es una síntesis acabada de acción y reflexión.Aun en estos días de oscuridad populista, el liberalismo, para amplias masas de ciudadanos iberoamericanos, continúa presentándose como un argumento válido para solventar las diferencias que matizan nuestra historia común. Solo la libertad institucionalizada puede crear un sistema de frenos y contrapesos capaces de conjurar las tendencias perniciosas que caracterizan a la cultura política latina: el autoritarismo, la partitocracia, el ausentismo de las élites, la ambigüedad ante la corrupción, el mesianismo político, la estatolatría subyacente, etc. Materializar un programa de reformas impulsadas desde la libertad responsable es el anhelo de las fuerzas de centro en el continente. El libro de Reyes y Cortés, a tono con esta premisa, nos recuerda que la integración regional, si aspira a expandirse y permanecer, ha de fundarse en la libertad, en una libertad ejecutiva y funcional, capaz de concretar un gobierno eficaz, generando incentivos económicos y estructuras solidarias de orden y progreso.Tras doscientos años de proyecto liberal en el mundo hispánico, urge redefinir el reformismo democrático en función a los nuevos desafíos sociales, iniciando un balance del programa y la praxis libertaria en el orbe hispanoamericano. Era cuestión de ser libres se interna en los problemas y las posibilidades de esa «democracia garantista» masificada desde el novecientos y que sobrevive, en gran medida, gracias «al ideario liberal» defendido por los autores. Esta obra es el resultado de un esfuerzo de introspección que nos anima a continuar por el sendero de la libertad (parafraseando al liberal-radical Vargas Llosa), buscando fusionar los principios de responsabilidad y solidaridad con la técnica necesaria para elevar el tinglado institucional por encima de los apetitos partidistas y los afanes propios del caudillismo. La obra de Reyes y Cortés, aunque examina una historia de sobresaltos y claroscuros (y la domina como pocos), no se agota en el escolio y la glosa erudita (que va desde el Evangelio hasta Bastiat, pasando por los founding fathers). Enumera soluciones. Era...

Cómo crear una campaña electoral de éxito. Guía para la gestión integral de campañas electorales

]La literatura que analiza las campañas electorales ha crecido exponencialmente a lo largo de las últimas décadas. Desde académicos vinculados al public management hasta expertos en comunicación política, pasando por consultores y protagonistas del propio proceso, todos, de alguna forma, aportan con su experiencia y conocimientos el depósito (cada vez más amplio) de la dialéctica electoral. La profesionalización de la política (Manuel Alcántara acaba de publicar un libro importante sobre el oficio del político desde una postura abiertamente izquierdista) es una realidad innegable y las elites en el poder, cada vez de manera más consciente, apuestan por una suerte de neopositivismo público, intentando dilucidar leyes científicas y apotegmas técnicos capaces de asegurar una victoria clara sobre el oponente.En este sentido, el libro de Eduardo Baeza Pérez-Fontán, miembro del Gabinete Ejecutivo de Presidencia del Partido Popular, sintetiza lo mejor de estos esfuerzos multidisciplinares. La obra, prologada por dos políticos en activo (Jorge Moragas y José Bono, lo que demuestra su eminente enfoque práctico) también está dotada de un singular marco académico, fruto de la participación del autor en el Máster en Administraciones Públicas de Harvard School of Government y de su desempeño como Course Assistant de la asignatura de Dirección de Campañas Electorales en el departamento de Public Leadership que dirige el prestigioso consultor Steve Jarding.Esta doble vertiente (de praxis razonada) se manifiesta en la intención del autor: «la presente guía aspira a convertirse en el libro de cabecera de todo ciudadano que pretenda presentarse a unas elecciones en España y desee triunfar en un campo cada vez más dinámico y competitivo, con más ciencia y tecnología». En tal sentido, la obra cumple con creces en analizar el lado práctico del poder, en su concepción primigenia, esto es, en el origen de la potestas democrática: la campaña electoral. En efecto, la campaña electoral, objeto de estudio, adquiere relevancia propia, y no le falta razón a José Bono, uno de los prologuistas del libro, cuando afirma que, de ser un arte (ars aspergendi), la técnica del político en campaña se aproxima al oficio del ingeniero, porque aspira a solucionar los problemas con la mayor eficacia y el menor coste posible.El arte convertido en técnica (oficio del político) es di-seccionado por el autor en su aproximación de primera mano a la palestra electoral. El análisis, cabe resaltar, se plasma en un esquema sólido en el que se abordan tópicos fundamentales, como el de la consultoría política (Capítulo I), la planificación de una campaña electoral (Capítulo II), la conformación del gabinete ejecutivo del candidato (Capítulo III), un análisis sobre el marco de las donaciones a los partidos políticos en España (Capitulo IV), el presupuesto de campaña (Capítulo V), un análisis práctico sobre la ley electoral española (Capítulo VI), la forma en que se crea y posiciona una marca política ganadora (Capítulo VII), la preparación y exposición del candidato (Capítulo VIII), el mensaje de la candidatura (Capítulo IX), las técnicas de segmentación y targeting electoral (Capítulo X), las intervenciones públicas del candidato (Capítulo XI),...

España, entre el poder y la debilidad

El declive del poder español es un proceso íntimamente ligado a su modelo estatal (el del ogro filantrópico) y a la estrategia que España ha empleado para hacer valer sus intereses en el nuevo orden global. Hace diez años, durante el aznarismo, el prestigio de España se acrecentó de manera notable, en función a la expansión económica (gran parte de ella gracias al desembarco en Latinoamérica) y a un conato de entente cordiale con Estados Unidos y sus potencias aliadas. Basándose en premisas ideológicas, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero desmontó dicha relación incipiente, apostando por el euro-radicalismo y la ensoñación diplomática de la alianza de las civilizaciones. Se construyó así una estrategia a lo “cúpula de Barceló” centrada en lo contingente antes que en lo esencial, una postura decorativa e irreal, utópica, alejada de los imperativos geopolíticos y las necesidades geoeconómicas.El poder y la debilidad de un país se traducen en hechos concretos y se materializan en un espacio-tiempo histórico. Lo de YPF en la Argentina de Cristina Kirchner y lo que acaba de pasar con Red Eléctrica en Bolivia son ejemplos patentes de la debilidad de España en sus relaciones internacionales, una debilidad aprovechada por países con una concepción menos idealista del escenario multilateral. Países dispuestos a hacer valer sus intereses violentando la seguridad jurídica, seguros del respaldo de su frente interno. La debilidad de España es manifiesta y contrasta con la apuesta de un sector de políticos y empresarios peninsulares por una serie de regímenes populistas caracterizados por la precariedad institucional. Las empresas españolas han repetido durante años el mantra de la estabilidad de ciertas inversiones en mercados sesgados por el autoritarismo, apostando por la relación directa con los caudillos populistas en desmedro de estrategias más realistas y globales. El resultado a este voluntarismo ingenuo es el que todos conocemos.Si el poder español ha decaído en Latinoamérica —no confundamos imagen con potestas real— lo mismo sucede en otras regiones del mundo. La ambivalente respuesta de Estados Unidos ante la expropiación argentina confirma la vieja política de Washington de no mover un dedo por ningún país europeo, salvo Inglaterra. Brasil y China apoyan a Buenos Aires, al igual que el bloque del ALBA. La Alianza del Pacífico, circunscrita a la dimensión comercial, nada puede hacer ante la ola soberanista que legitima los excesos del kirchnerismo y el etno-nacionalismo de Evo Morales. Frente a este panorama, España, si pretende recuperar protagonismo y cierto nivel de influencia regional y global debe renovar su estrategia apelando al realismo político y abandonando el maniqueísmo impuesto por ideologías híper-estatistas. En Europa, por ejemplo, es preciso renovar la política exterior ante la reconfiguración electoral del eje franco-alemán. Ser realista, para España, pasa por evitar nuevas sorpresas en el plano empresarial y político, eliminando las distorsiones del voluntarismo. No basta con diseñar planes de emergencia que sirven para apagar incendios cuando todo ha sido consumado. Urge aplicar una estrategia preventiva, una auténtica política de prospección, pues son muchos los escenarios en los que...

Enrique Krauze: Redentores. Ideas y poder en América Latina

Enrique Krauze es, sin duda alguna, el gran historiador liberal latino de las últimas décadas. Su prestigio como intelectual se ha ido incrementando y, por tanto, las obras de este discípulo de Octavio Paz ejercen un influjo importante en la discusión de las ideas latinoamericanas. Krauze es consciente de ello y por eso, tras El poder y el delirio, una pieza en la que disecciona los resortes del populismo de Hugo Chávez, avanza un paso más con Redentores, volumen en el que nos presenta las semblanzas de varios actores importantes de la política y la academia hispanoamericana: Mario Vargas Llosa, José Enrique Rodó, Gabriel García Márquez, Samuel Ruiz, Eva Perón, José Vasconcelos, el Che Guevara, el subcomandante Marcos, José Carlos Mariátegui, José Martí, el propio Octavio Paz y Hugo Chávez. Se trata, como el mismo Krauze afirma, de «figuras que vivieron apasionadamente el poder, la historia y la revolución, pero también el amor, la amistad y la familia. Vidas reales no ideas andantes».El redentorismo está ampliamente ligado a la sociedad latina. Carl Schmitt, un intelectual que, al igual que tantos latinoamericanos del mundo de la política y las letras fue seducido por el espejismo de Siracusa, sostuvo que todos los conceptos significativos de la moderna teoría del Estado son, en esencia, «conceptos teológicos secularizados». Esta lección ha sido aprendida cabalmente en Latinoamérica, donde la política y las artes con frecuencia han sido prolongaciones de espasmos ideológicos teñidos de fervor religioso. Detrás del redentorismo subyace toda una teología del poder que abraza la escatología y el mesianismo como claves de acción política. El populismo latinoamericano, sin dejar de ser un estilo concreto de la acción pública, está enraizado en una cultura política proclive al autoritarismo y a la sacralización de los detentadores del poder. Así ha sido con todos los caudillos latinos, desde Porfirio Díaz hasta Perón.Este redentorismo ha sido una de las grandes constantes en la historia latina y lejos de desaparecer, continúa en boga. El socialismo del siglo XXI se nutre de él y, de la misma forma, la tensión entre el mito revolucionario (tan bien intuido por José Carlos Mariátegui) y el ethos democrático. La acción pública de los redentores no se comprende sin la fuerza del mito. De la misma manera en que, desde algunos parapetos se defiende una especie de progreso indefinido liberal (denunciado por North, Wallis y Weingast), desde otros goza de buena salud el mito revolucionario pseudocientífico de la lucha de clases y la sociedad ácrata. Contra todos estos redentorismos, que en el fondo son voluntarismos utópicos, se rebela Krauze rescatando en sus semblanzas no solo la bondad y solidaridad de los personajes (cuando es posible) sino también sus claroscuros y errores de apreciación.El estilo llano de Krauze convierte a esta obra en una pieza fácil de leer. El dominio de la literatura básica de cada uno de los personajes, la capacidad de síntesis del autor y la posición crítica que asume ante cada uno de sus Rendentores nos obligan, de alguna forma,...

Salvando al soldado Ollanta

 Ollanta Humala acaba de afirmar, en sendas entrevistas publicadas en medios peruanos e iberoamericanos, que no es de izquierda ni de derecha, sino todo lo contrario. Según el presidente, el humalismo siempre ha sido “de abajo” y ahora, para mayor precisión, es “de todos”. La modernización del Partido Nacionalista ha sido percibida de manera positiva por la sociedad peruana que acaba de premiar al mandatario con siete puntos en las encuestas de popularidad (de 47% a 54% en solo un mes) por su renovado centrismo, plasmado, esencialmente, en la exterminación sistemática de sus aliados de izquierda. Sí, Humala, para centrarse, ha tenido que romper su alianza con la vieja progresía cepaliana de la rive gauche que apoyó a dictadores como Juan Velasco Alvarado, una izquierda reciclada en grupos de presión y sinecuras periodísticas. Sin embargo, hay un trecho muy largo entre reconocer el pragmatismo militar de Humala —un pantaleonismo del siglo XXI— y pretender absolverlo eliminando todo su pasado y presentándolo como un hombre tímido, sobrio, sincero, con inquietudes intelectuales y tierna sonrisa de “pícaro” soñador. No, diagnósticos como el descrito, superficiales y sesgados, sólo buscan lavarle la cara al humalismo. Suplantar el análisis por la propaganda política no le hace ningún favor a la democracia peruana. Por el contrario, la debilita al fundarla en falsas premisas y espejismos de la voluntad. Resulta evidente que un sector de la izquierda mediática iberoamericana intenta llevar a cabo la operación “Salvando al soldado Ollanta”, borrando la imagen de líder golpista, populista y neo indigenista que Humala y sus aliados forjaron durante años. Así, con entrevistas y artículos tailor-made se aspira a construir un ollantismo puro, absolutamente coherente desde su fundación hasta el día de hoy. Y eso es falso. A lo largo de su vida política, Humala apoyó golpes de Estado, abrazó el chavismo, proclamó el racismo indigenista y llevó un tren de vida lujoso fuera del alcance de la clase media. Que ahora busque construir instituciones, como North y Sarmiento, es rescatable, pero no siempre fue así. Es más, hasta hace apenas unas semanas, la dirección política del humalismo era un misterio sin resolver. Su primer gabinete fue de corte ecléctico y si la izquierda resultaba eficiente, la situación sería distinta. Sin embargo, sus aliados progresistas resultaron ingobernables y la anarquía dañó al ejecutivo. La izquierda pensó que el juramento humalista de “respetar la democracia” y aplicar “la hoja de ruta demo liberal” formaba parte de la estrategia electoral. Es decir, que todas esas promesas no eran más que “recodos en el camino” imprescindibles para alcanzar el poder. He allí el porqué de su actual indignación. Ante el político pragmático que convocó tecnócratas y militares, deshaciéndose de aquellos que lo ayudaron para llegar al Palacio de Pizarro, la izquierda reaccionó de la única manera posible: con sorpresa e ira contenida. Se siente traicionada. Y se prepara para la acción. ¿Hay que respaldar al humalismo? Por supuesto. En esta nueva coyuntura, sostener a Humala es defender el centrismo y la inclusión social. Que el presidente...

España y Latinoamérica, tras las elecciones

El presidente peruano, Ollanta Humala, señaló hace unos días, durante el discurso de apertura de la V Cumbre empresarial China-América Latina, realizada en Lima, que el gigante asiático «es el socio principal del Perú». Humala no hace sino repetir una idea que se expande entre la clase política sudamericana. Son varios los actores globales que compiten directamente con la presencia española en Latinoamérica y lo hacen de manera efectiva. Lo cierto es que, desde el punto de vista de la geopolítica, España, sin dejar de ser un socio importante, ha perdido capacidad de liderazgo en la región. La última cumbre iberoamericana de Asunción denota los problemas de la potestas hispánica, sin que ello altere demasiado la tradicional imagen positiva que el reino español conserva entre los latinoamericanos.Si durante el aznarismo, España era el líder indiscutible del gran momento iberoamericano, hoy esa relación privilegiada se encuadra en un complejo juego de equilibrios en el que otros actores adquieren un peso específico. Además, en Latinoamérica, surgen y se consolidan diversas opiniones que critican el modelo que las empresas españolas desplegaron en la región. Estas voces reivindicatorias encuentran santuario político en aquellos países en los que un modelo de democracia —el asambleístico de participación directa— es hegemónico desde la legalidad.Si la coyuntura geopolítica latinoamericana no favorece sustancialmente los intereses españoles, es posible, desde la geodierética —ordenación del espacio en torno a la auctoritas, según el pensamiento orsiano—, replantear la estrategia española considerando, fundamentalmente, las legítimas aspiraciones de la comunidad latina. De lo contrario, España puede ceder a la tentación de la introspección política provocada por la crisis. Y el vacío pronto será llenado por otras potencias (rule-makers) conscientes de que la actual coyuntura permite un mayor margen de maniobra en la región.Tras las elecciones, ¿cuál es el escenario del poder latino?Las elecciones realizadas este año en Latinoamérica confirman la consolidación de los gobiernos de izquierda. Mientras en Argentina se reelige a Cristina Fernández y en Nicaragua el sandinismo renueva sus credenciales, en Perú el humalismo logra acceder al poder. La excepción guatemalteca —Otto Pérez— no altera el panorama regional ni tampoco la presidencia haitiana de Michel Martelly, centrada en la reconstrucción del país. Los nuevos gobiernos izquierdistas pueden presionar a las empresas españolas para que se cumplan los contratos sin favoritismos —tanto Cristina Fernández como Ollanta Humala lo han hecho de manera directa—, pero se descarta un escenario de anomia permanente y se da por garantizada la voluntad de negociar.Ahora bien, en el ámbito del liderazgo, el Latinobarómetro del año 2011 constata una serie de percepciones ampliamente extendidas a nivel regional. En primer lugar, el liderazgo de Brasil es indiscutible. Liquidadas las aspiraciones argentinas tras la derrota de las Malvinas (con el subsecuente trauma nacional que ello produjo), Brasil se presenta como el gran pivote de una región en la que los natural states —siguiendo la ya conocida clasificación de North, Wallis y Weingast — continúan detentando el poder. Un rival tradicional como México concentra todos sus recursos en sobrevivir a la...

El agua y el oro

Los primeros cien días del gobierno de Ollanta Humala reflejan el pragmatismo del presidente. La economía continúa por la senda del crecimiento porque Humala ha confirmado en puestos clave a tecnócratas a los que deja actuar. Al principio, no sólo el centro y la derecha desconfiaban de las intenciones del Comandante. Sus propios partidarios consideraban que la moderación en el discurso humalista formaba parte de una estrategia para ganar las elecciones. Una vez en el poder, el verdadero programa sería aplicado con el apoyo de los más pobres y nada detendría la “gran transformación”.Pero la historia es ironía pura. Ollanta formó su gobierno basándose en dos sectores. El primero, el de los tecnócratas, cumple su labor sin abandonar del todo las políticas mercantilistas. El segundo fue entregado a sus aliados de izquierda, desde antiguos miembros de la dictadura del general Juan Velasco hasta socialdemócratas y radicales etno-nacionalistas. Lamentablemente, el ala izquierdista no ha hecho más que causarle problemas a Humala. Con todo, se trata de sus más cercanos aliados y de la propia familia presidencial. La visita de Pachacútec a Moscú (el hermano del presidente), el escándalo de los alimentos malogrados del PRONAA (protagonizado por la Ministra de la Mujer), el nombramiento de personajes oscuros en puestos clave de la diplomacia (la ginecóloga de Nadine en Francia, por ejemplo) y la destrucción política del vicepresidente Chehade por un caso de tráfico de influencias, son errores que provienen de la cantera izquierdista del humalismo. Por eso, no sorprende que Humala apoye el proyecto Conga, espoleado por su esposa y con el beneplácito de Siomi Lerner, el primer ministro.Sí, Humala ha abrazado el pragmatismo. “Conga” es una inversión de 4800 millones de dólares, la más grande de la historia del Perú, profundamente criticada por un sector de la población liderado por Wilfredo Saavedra, ex terrorista convicto y confeso del MRTA, los medio-ambientalistas y el ala izquierdista del gobierno. Por eso, un alto cargo del humalismo “puro”, me dijo hace unos días que “el presidente quiere gobernar con la derecha”. Un síntoma de este giro se encuentra en el despido fulminante de Carlos Tapia, un hombre de la primera hora humalista. Tapia abandona el Olimpo porque no comparte la nueva política y acusa al entorno presidencial de favorecer los intereses mineros. Mientras tanto, el Ministro de Medioambiente (el agua) contradice al de Energía y Minas (el oro) y el pleito por Conga parte en dos al gobierno.Humala ha dicho que “Conga va” y es probable que negocie in situ una salida al problema. “El agua y el oro son compatibles”, sostiene el presidente. Muchos de sus partidarios no opinan igual. Es paradójico que hoy la clase alta y la clase media lo respalden (66% y 64%, respectivamente) mientras su popularidad se reduce 14 puntos porcentuales en los niveles D (49%) y E (57%), tradicional bastión de votos y refrendos humalistas. Tal vez por eso, los detractores de Ollanta sostienen que en poco más de cien días el líder de la “gran transformación”...

El Perú de Ollanta Humala

El humalismo y el mito de la transformaciónCorría el año 1914 cuando Víctor Andrés Belaunde pronunció su famoso discurso La crisis presente con motivo de la apertura del año académico en la centenaria Universidad Mayor de San Marcos, primogénita de América. Por entonces, el horizonte de la realidad peruana empezaba a oscurecer y los peruanos del novecientos no confiaban en el porvenir risueño que esbozó el arielista Francisco García Calderón en Le Pérou Contemporaine (1907). La decadencia del país era patente y el joven Belaunde sostuvo que ella se debía a dos grandes males iniciados en el Virreinato y prolongados a lo largo de la República: la crisis moral de la sociedad peruana y la incapacidad de la clase dirigente.En las elecciones presidenciales de 2011 los peruanos decidieron escoger entre estas desviaciones, hoy convertidas en sendas fuerzas políticas. Por un lado, la inmoralidad del fujimorismo resucitó en la persona de Keiko, hija del autócrata Alberto Fujimori. Por otro, la debilidad e indiferencia de la clase dirigente permitió la irrupción en el escenario público del humalismo, un militarismo cesarista que ha logrado unir en torno a la figura de su líder, Ollanta Humala, un exteniente coronel golpista, a la vieja izquierda peruana que sostuvo la dictadura de Juan Velasco Alvarado. Humala, al igual que Keiko, encarna una vieja tradición política antes que un nuevo programa ideológico.¿Cómo ha sido posible que estos dos males republicanos coloquen al Perú al borde del abismo? Los responsables políticos fueron, lamentablemente, los líderes del centro y la derecha, incapaces de unirse en torno a un proyecto común sin renunciar a sus pequeñas ambiciones o a la antipatía que cada uno proyectaba sobre el otro. Alejandro Toledo, expresidente de la República, Pedro Pablo Kuczynski, su ministro de economía, y Luis Castañeda Lossio, exalcalde de Lima, disputaron el voto del centro y se hundieron al dividirlo. Cuando la opinión más genuina los instó a la unidad, se encerraron en la soledad de sus ambiciones, entregándole a Fujimori y Humala la oportunidad de gobernar. La división del centro-derecha ha permitido que el Perú contemple el ascenso de un presidente que durante once años —prácticamente desde que nació a la vida pública— defiende sin ambages la aplicación a la realidad peruana del socialismo del siglo XXI, una ideología promovida por Caracas con el dinero de los petrodólares chavistas.En efecto, si la primera reflexión que emana de la contienda electoral peruana es que en ella se enfrentaron dos viejos males republicanos, la segunda radica en que la victoria de Humala se debió, en gran medida, a dos factores esenciales. En primer término, al apoyo de su antiguo enemigo, Alejandro Toledo, con el beneplácito de Mario Vargas Llosa y su hijo Álvaro. Estos nuevos y sorprendentes aliados —nadie olvida los insultos de Toledo a Humala, al que llegó a tildar hace solo un par de meses de «salto al vacío»— provocaron el endose del voto toledista a la candidatura de Gana Perú, el partido de Ollanta. Y el soporte de los...

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