Gabriel Elorriaga Pisarik

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Diputado del Partido Popular
el debate de la desigualdad España

El debate de la desigualdad

Hablar de desigualdad y de pobreza en España es lo mismo que hablar del paro, de sus causas y de sus remedios.

España. Primavera electoral: entre la estabilidad y el populismo

 Poco después de unas precipitadas elecciones andaluzas, y poco antes de unas generales, las elecciones del próximo mes de mayo se vivirán como unas auténticas elecciones primarias. Siempre ocurre algo parecido; en España y fuera de nuestras fronteras también, las elecciones locales se ven como tomas de temperatura del clima político general de un país. La sensación, sin embargo, no es del todo exacta. La mayor cercanía a los candidatos y a sus programas permite a los votantes, en las elecciones municipales y en las autonómicas, formarse una idea más completa sobre sus propias preferencias. En las urnas locales pesan más los candidatos y sus propuestas, habitualmente muy tangibles; en las generales, lo más ideológico, las grandes líneas de la acción política encuentran mejor su acomodo.Las circunstancias han hecho de este 2015 un año intensamente electoral en el que no es fácil prever cómo influirá cada convocatoria en las siguientes, donde no sabemos cómo decidirá repartir cada elector sus afectos y críticas entre las distintas oportunidades que se le van a ofrecer. Todo indica que las opciones están muy abiertas. De alguna manera, las elecciones al parlamento andaluz nos han ofrecido algunas pistas sobre cómo están los estados de ánimo. La crisis sentida por los ciudadanos no es solo económica, es también institucional. Y, entre las distintas instituciones, afecta de manera singular a los partidos que han ostentado las responsabilidades de gobierno durante las últimas décadas y a quienes formamos parte de ellos.Los españoles reclaman que las cosas cambien, y que cambien ya. No es solo una demanda material, no se limita al bienestar económico, la generación de empleo o la mejora de los servicios públicos. Posiblemente en ese campo es donde mejor se comprende que nada se transforma de verdad de la noche a la mañana, que no es posible recomponer en un par de años la profunda quiebra económico-social que estamos padeciendo tras la desastrosa etapa de gobierno socialista. Lo que no se acepta con facilidad es que unas prioridades oscurezcan otras, que lo más urgente paralice lo más importante, en definitiva, que las reformas económicas desplacen a las institucionales.Porque, en última instancia, las crisis económicas tienen siempre algo de cíclico, de coyuntural, mientras que el deterioro institucional, si no se ataja con determinación y rapidez, conduce a la decadencia.En Andalucía el voto conservador en el sentido más literal de la palabra, el de quienes no quieren asumir riesgos ni reclaman cambios, se ha concentrado en torno al Partido Socialista. El voto por el cambio, sin embargo, se ha dispersado entre la opción conocida, el Partido Popular, y las nuevas ofertas electorales, Podemos y Ciudadanos. De alguna manera todas las elecciones encierran una alternativa entre conservación o innovación, entre la continuidad o la alternancia. La fórmula del vencedor está en saber construir mayorías, para continuar o para cambiar, y en ser capaz de aglutinar a todos los que desean seguir uno u otro camino. En Andalucía había ganas de cambiar pero no ha sido posible reunir fuerzas....

La contradicción nacionalista

Es muy conocida, y repetida, la frase lapidaria con la que Niceto Alcalá Zamora resumió en un debate parlamentario, en diciembre de 1918, la intrínseca contradicción que anidaba en el planteamiento político del nacionalismo catalán. «No se puede ser a la vez Bolívar en Cataluña y Bismarck en España». El historiador Borja de Riquer señaló lo exagerado de aquella frase en ese momento inicial, cuando el regionalista Cambó en modo alguno aspiraba a la independencia. Sin embargo, fue el propio Cambó quien le dio verdadera entidad al reconocer en sus memorias lo certero de la crítica, «fue una estocada personal de gran efecto... que en el fondo expresaba una gran verdad». En todo caso, como el mismo Riquer destaca, es posible que Alcalá Zamora acertase de lleno cuando apuntó en otra ocasión que «hegemonía y autonomía son dos cosas absolutamente incompatibles». Es más bien el intento imposible de avanzar sobre esta contradicción el que ha guiado los pasos del llamado nacionalismo moderado catalán a lo largo de las últimas décadas hasta llevarlo al borde de su extinción.Con otros matices, pero con gran claridad, exponía la misma idea Josep Tarradellas en sus memorias, publicadas al comienzo de los años noventa: «Los catalanes no renunciaremos nunca a nuestros derechos, nuestras instituciones y libertades. Y no renunciaremos a ellos dentro de España. La primera aspiración abarca el programa que se ha dado en llamar para Cataluña. La segunda nos impone la labor que ha de hacerse desde Cataluña. Son los dos movimientos pendulares de nuestra vida secular». Y pocas líneas después, como previendo el panorama actual, afirmaba: «Nuestra dramática trayectoria exige unos temperamentos políticos que hayan renunciado a la frivolidad y al arribismo, atentos al doble movimiento de nuestra vida nacional, y muy rigurosos en combatir los entorpecimientos que podrían llevarnos a la atonía o a la disonancia estridente con España».El intento más acabado para integrar de manera coherente esta compleja dualidad lo ha encarnado en nuestra historia reciente Miquel Roca i Junyent. Al calor del debate sobre la muy conocida Ley de Armonización del Proceso Autonómico (LOAPA), aprobada en julio 1982 con el impulso de la mayoría gubernamental de UCD y el apoyo del partido socialista, publicó Roca un libro revelador para comprender bien sus postulados de entonces: ¿Por qué no? Una propuesta catalana para la modernización del Estado. La obra fue prologada por Jordi Pujol, que incluyó entre sus reflexiones esta frase crucial: «Ser catalán es nuestro modo y nuestro camino para ser españoles». Europeísmo, atlantismo, economía de mercado y sociedad del bienestar podrían ser el resumen de la propuesta de Roca para toda España, un enfoque propio de cualquier partido de centroderecha occidental. El reto, hoy plenamente alcanzado, parecía realmente ambicioso cuando nuestra democracia apenas daba sus primeros pasos; el nacionalismo catalán se ofrecía así como un instrumento modernizador y reformista. La idea era muy clara, la solución del problema catalán pasaba por la modernización «del Estado» español. Y la articulación práctica de ese proyecto político no se hizo...

La importancia de los gobiernos intermedios

Artículo sobre la necesidad de los gobiernos intermedios que supla las mayores carencias de nuestro modelo de organización territorial.

Las elecciones en clave nacional

En las elecciones municipales existen multitud de factores que no tienen tanta relevancia en consultas electorales a gran escala. Sin embargo, ello no impide ensayar una segunda lectura de los resultados electorales ni reflexionar sobre su significado nacional.
Nueva Revista

En busca de un nuevo texto

En los próximos meses cobrará relevancia el debate sobre la posibilidad de sustituir la actual Ley de la Ciencia, vigente desde 1986, por un nuevo texto en el que al parecer ya se está trabajando. Gabriel Elorriaga, portavoz del grupo parlamentario popular en la Comisión de Ciencia e Innovación, y el catedrático César Nombela nos explican en profundidad las claves de este cambio y algunas cuestiones que debería contemplar la nueva ley.

El voto de los ausentes y la ausencia (política) de los presentes

El pasado 10 de septiembre, el Congreso de los Diputados aprobó por unanimidad la creación de una comisión para el estudio de una posible modificación de nuestro sistema electoral. Cristalizaba así en el Parlamento un debate antiguo que, en realidad, engloba varios temas y que parte de perspectivas parcialmente distintas para unas y otras fuerzas políticas.Desde el arranque de nuestro actual sistema democrático, el ejercicio del voto por parte de los ciudadanos españoles residentes en el extranjero ha planteado diversos problemas técnicos. Algunos cambios normativos y diversas instrucciones de la Junta Electoral no han podido superar completamente los retos que plantea la correcta confección del censo electoral de estos compatriotas, ni las dificultades existentes para el adecuado control de la recepción y el traslado físico de sus votos a través de los distintos servicios de correos extranjeros; tampoco su efectiva representación parece bien resuelta. A pesar de todo, la Ley Orgánica del Estatuto de la ciudadanía española en el exterior, aprobada en 2004, confirmó la práctica consolidada estableciendo que «los españoles residentes en el exterior tienen derecho a ser electores y elegibles, en todos y cada uno de los comicios, en las mismas condiciones que la ciudadanía residente en el Estado español, en los términos previstos en la normativa de aplicación».Otro hecho bien conocido ha modificado notablemente las condiciones en las que opera el sistema electoral. La entrada de millones de personas a lo largo de la última década (ahora residen en España casi cuatro millones y medio de extranjeros, un 10% de la población, según datos oficiales) ha transformado nuestra realidad. El Código Civil exige, con carácter general, diez años de residencia legal y continuada en España para optar a la nacionalidad española, plazo que se reduce a cinco años en el caso de los que tengan reconocida la condición de refugiados y a dos para los originarios de Iberoamérica, Filipinas o Guinea Ecuatorial. Muchos extranjeros han accedido ya a la nacionalidad española por este cauce, unos 400.000 desde 1995, y por tanto han obtenido su derecho al voto. Es importante destacar que más de la mitad se han nacionalizado en los últimos cuatro años, lo que muestra la rápida aceleración del proceso (se convirtieron en españoles 38.328 extranjeros en 2004, 42.826 en 2005, 62.335 en 2006 y 71.806 en 2007). Las cifras seguirán creciendo a medida que se vaya cumpliendo una década desde los grandes procesos de regularización.Por ejemplo, en las últimas elecciones autonómicas madrileñas más de 100.000 extranjeros nacionalizados españoles pudieron votar; y ya eran casi 150.000 un año después, en las generales de 2008. Sobre un censo de casi cuatro millones y medio, ese poco más del 2% puede parecer irrelevante, pero la experiencia nos demuestra que es una cifra más que suficiente para cambiar el sentido del resultado electoral en una convocatoria autonómica, o para alterar la asignación de un escaño en el Congreso. En todo caso, como antes se decía, es una influencia que se irá acentuando dado el contraste entre el estancamiento...

Nación catalana y socialismo español

Los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña afirman su determinación de intervenir en todas las decisiones políticas que afecten a sus derechos y a sus intereses; se declaran titulares del derecho al autogobierno que les confiere una voluntad nacional expresada repetidamente a través de su historia; declaran que Cataluña es una nación...». Así comienza el documento, aprobado por el Partido de los Socialistas de Cataluña (PSCP-SOE) el pasado mes de marzo, que contiene las bases del nuevo Estatuto de Autonomía que se proponen impulsar.Se trata, a qué dudarlo, de un nuevo paso en las posiciones siempre polémicas del PSC de Maragall, que le aproxima aún más al nacionalismo al que trata de sustituir en el gobierno catalán y que, al tiempo, lo aleja drásticamente de las posiciones mantenidas por el PSOE en las últimas décadas.EL NACIONALISMO DE PUJOLHace ahora poco más de doce años, en uno de los primeros números de esta Nueva Revista, a comienzos de 1991, se publicaba una extensa y muy interesante entrevista con Jordi Pujol. Resulta provechoso releerla ahora, buscando coincidencias entre aquel discurso, el que fue perfilando en los años siguientes y el que escuchamos hoy en boca del nuevo líder de CIU, Artur Mas. Tan provechoso como contrastarla con el discurso pasado y presente del PSC y del partido socialista.De un lado, ofrecía Pujol una explicación convencional de su política nacionalista: Cataluña necesita una cierta dosis de voluntarismo para existir; tenemos que reforzar nuestra identidad nacional. Como es habitual, en ese discurso se mezclaban lamentos por el papel reservado a Cataluña en España -«Nos quieren como locomotora pero no nos dejan ser los maquinistas»-, con algún soliloquio hamletiano cargado de sincera autocrítica sobre el proyecto anhelado para Cataluña -«¿Bismark o Bolívar? Somos las dos cosas a la vez, ese es nuestro drama», reconoce Pujol en la entrevista, «ahí sí que no tiene la culpa nadie»-.En otro plano, Pujol manifestaba su insatisfacción con el modelo autonómico -«Cataluña no acaba de encajar, esto no funciona»-. El origen del problema lo situaba con nitidez en la «generalización» autonómica. Mala para Cataluña, en opinión de Pujol, fue un «contrasentido histórico». Asumía, sin embargo, la responsabilidad de su fuerza política en la configuración inicial del modelo, y ofrecía una explicación que conviene recordar: «Nos equivocamos, pero mi partido entonces era débil; aceptamos esto un poco a regañadientes, un poco por la ilusión».El problema concreto era, entonces, en parte de competencias y en parte financiero, según Pujol. El Estatuto daba para mucho más, no se reclamaba su reforma sino otra lectura más proclive a sus aspiraciones. Para tranquilizar a los lectores, con tanta rotundidad como escasa capacidad de anticipación, Pujol afirmaba en 1991: «Probablemente no se desmembrará ningún Estado europeo, tampoco la URSS; en 1918 había una cultura de desmembración, ahora de miedo a la desintegración».En 1994 se celebró, en la entonces recién creada Comisión General de las Comunidades autónomas del Senado, el primer debate sobre la situación del Estado de las Autonomías. La solemne intervención de Pujol, convertido desde...

Presencia internacional y servicio militar

Aparte de que seguridad y defensa son hoy, de facto, conse­cuencia de alianzas y convergencias internacionales, la solu­ción a los problemas del sistema de Defensa nacional -la con­creción del derecho y el deber constitucionales de "defender a España" - pasa por articular los cuadros profesionales de lamilicia con una auténtica "cultura civil de la defensa ".

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