Carlos Javier Morales

5 publicaciones 0 Comentarios
Poeta y crítico literario

Hacia la historia (pasada y futura) del hombre

En la vida cultural de los países occidentales se advierte hoy una desconcertante paradoja: cuanto más se extiende socialmente el sistema educativo, más débil parece ser la influencia del saber académico en el común de los ciudadanos, como si se tratara de dos mundos paralelos. Ahí están las cada vez más numerosas universidades y escuelas de secundaria de Europa y Norteamérica, con sus programas más o menos abundantes en materias de literatura, con una mayor disponibilidad de bibliotecas y de recursos para el lector, mientras que los libros más leídos parecen ser precisamente los que no se estudian ni en la escuela de secundaria ni en la universidad. Es evidente que la ley del mercado, y el consumo fácil que ésta promueve, no responde a los objetivos de la enseñanza académica de la literatura. No obstante, cabe también preguntarse, ¿tan poca fuerza tienen las asignaturas de historia de la literatura en la secundaria (en principio, obligatorias para todas las personas menores de 16 años) y en los estudios universitarios, que apenas influyen en lo que lee y siente la mayoría de los ciudadanos?Esta cuestión ha vuelto a inquietarme a raíz de la lectura del sintético pero enjundioso libro titulado ¿Qué es la historia literaria?, de Luis Beltrán, profesor de Teoría de la Literatura en la Universidad de Zaragoza. En él se plantea cómo, tras dos siglos de existencia, la historia de la literatura se ha desarrollado enormemente como disciplina académica, mientras que sus objetivos, hoy por hoy, siguen siendo más inciertos, divergentes e inoperantes que a principios del siglo XIX, cuando se trataba de fijar un corpus de la historia de la literatura de cada nación, con textos fidedignos que hicieran posible su estudio, con el objeto de conocer la formación de la propia identidad nacional. Tal afán nacionalista, que consideraba la historia de la literatura como un apéndice de la historia política y de la educación cívica, se corrigió y se elevó en el siglo XX gracias a la moderna Ciencia de la Literatura, empeñada en valorar la poeticidad, la calidad artística de las obras literarias, con exponentes tan señeros en este propósito como Eric Auerbach y Mijaíl Bajtín, quienes supieron rastrear los monumentos literarios del pasado para observar de qué manera el espíritu humano se ha enriquecido progresivamente en la búsqueda de un sentido para su existencia, y cómo en esa búsqueda el afán por el conocimiento y por el placer estético han ido uniéndose en una creciente consustancialidad.Sin embargo, desde las tres últimas décadas del siglo XX la deconstrucción, la estética de la recepción y los estudios culturales de la literatura (ya se dirijan éstos por la vía de la erudición documentalista o por la defensa de los valores democráticos políticamente correctos), han conseguido que la lectura de una obra literaria se desligue de toda búsqueda de verdad y de belleza trascendente a la circunstancia efímera del autor y del lector (dos sujetos extraños e incomunicados por una insalvable distancia temporal), a la vez que la...

Ernestina de Champourcin

Reseña del libro de Rosa Fernández Urtasun y José Ángel Ascunce "Ernestina de Champourcin. Mujer y cultura en el s.XX".

Las posibilidades de la traducción en la poesía moderna

Mi experiencia como lector de poetas traducidos al castellano me ha conducido con frecuencia a sensaciones desconcertantes: si por una parte he entrado en contacto con mundos personales y sociales ajenos a la poesía hispánica, por otro lado he lamentado la insuficiencia de una expresión casi siempre renqueante, postiza, muy desproporcionada con la profundidad de ideas y emociones que trata de transmitirnos el autor extranjero en cuestión, y que en castellano apenas conseguimos entrever. A menudo, incluso, llego a disfrutar más con un poeta hispánico de mediana estatura literaria que con una gran poeta de otro idioma. Y el problema, de difícil solución, está en que, si la poesía es expresión verbal que nos hace revivir experiencias ajenas, cuando la expresión verbal que leemos es bien distinta de la que el autor forjó para esa experiencia, el poema leído en traducción es, esencialmente, otra cosa. Lo leeremos, sí, para acercarnos a otros ámbitos culturales y a otras formas de percibir el mundo, pero nuestro placer estético en esos casos suele ser muy limitado. Ante este volumen editado por Andrés Sánchez Robayna, De Keats a Bonnefoy (Versiones de poesía moderna), que contiene versiones castellanas de grandes poetas contemporáneos realizadas por el Taller de Traducción Literaria de la Universidad de La Laguna, he experimentado algo muy distinto: un placer que, junto al asombro por la originalidad de cada poeta, me ha permitido saborear la expresión prácticamente inigualable de la verdadera poesía. En este libro no sólo me he reencontrado intelectualmente con los mundos de Keats, de Hopkins o de Seferis, sino que he disfrutado con su poesía como pudiera disfrutar con la de Antonio Machado o la de Vicente Aleixandre. El mismo Sánchez Robayna, en la introducción al conjunto, se hace eco del deleite estético con que los miembros de este Taller han trabajado (cada uno sobre su texto, para exponer luego su versión provisional a las sugerencias de todo el grupo de traductores). No se ha tratado, en el decir de Sánchez Robayna, de una mera satisfacción por representar con la mayor corrección lingüística una traducción rigurosamente meditada, sino de volver a gozar con la belleza de un gran poema, que los traductores han conseguido mantener con la mayor intensidad posible a pesar del cambio de lengua, que en poesía es como cambiarlo todo. Una vez leída la introducción y todos los poemas recogidos, el secreto parece estar en haber compaginado una alta competencia lingüística en el español y en la lengua original del poeta con una afinada intuición estética que capta la peculiar belleza del texto original -en su ...

Arte y moral, implicaciones mutuas

Según el autor puede afirmarse que el arte revela el ser en cuanto que es bello, es decir, capaz de producir un intenso placer en todas las potencias contemplativas del hombre.

La revalorización de un clásico privado

 

Sorprende que tras más de un siglo de la muerte del gran escritor y patriota cubano José Martí (1853-1895) su obra resulte tan sugestiva para el lector español de hoy. Admirable lo ha sido desde siempre, pero en nuestro país tal admiración viene ahora acompañada del entusiasmo de quien descubre un nuevo hontanar inagotable de poesía y pensamiento, poderosamente luminoso ante la nebulosa axiológica y moral de nuestra época. Se trata de un fenómeno muy promisorio para la salud intelectual y literaria de España, sostiene Carlos Javier Morales, y para la promoción del verdadero americanismo —integrador, nada excluyente—, al que nuestro país se siente llamado por su historia y por la configuración espiritual de nuestro pueblo.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies