Alberto Míguez

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Periodista

Nuestras operaciones de paz

El autor nos da algunas respuestas a las preguntas originadas sobre ciertas operaciones de paz, intervenciones militares o humanitarias, protagonizadas por las fuerzas armadas españolas en los últimos años.

Extraña y fiel amistad

De la extraña amistad que unía al autor con Antonio Fontán, de cómo lo conoció en el Diario Madrid y fue invitado en su boda, del exquisito respeto con el que trataba a sus allegados.

Una nueva política exterior para América Latina

Sobre las tensiones que se han generado entre Estados Unidos y América Latina a partir de la guerra de Iraq.

¿Una nueva política exterior para América Latina?

Caían las estatuas en Bagdad y a la misma hora la policía política cubana iniciaba los registros y detenciones en las casas de un centenar de disidentes acusados de traición a la patria por cuenta de Estados Unidos: el fusilamiento de tres jóvenes negros -la raza de los condenados es importante- por secuestrar un barco de turismo vino después.Durante las semanas previas a la guerra de Iraq, entre el Río Grande y la Patagonia menudearon las manifestaciones por la paz y contra la guerra, es decir, contra el imperialismo americano «y sus lacayos», versión criolla de las que recorrieron en las grandes ciudades europeas con idéntica e inocente intención: «parar la guerra», defender la paz. Organizadores y participantes sabían de sobra que tampoco en esa ocasión el imperialismo y sus lacayos iban a atender la solicitud de aquellas multitudes desplegadas en Buenos Aires, Ciudad de México, Santa Cruz de la Sierra o Pernambuco.Embajadas y consulados americanos alertaron a vigilantes y conserjes ante el improbable asalto de aquellos jóvenes y adultos indignados. Las cosas no pasaron a mayores y cuando se inició de verdad la guerra no tuvo tiempo la izquierda local, pacifistas de toda laya y «piqueteros» de todas las batallas para reconstruir la estrategia antiimperialista. Hubieran llegado tarde.Los marines ocuparon Bagdad y Castro encarceló a los disidentes antes de ejecutar a los tres jóvenes de color. Pero no hubo en esta caso manifestaciones de protesta: el dictador cubano tiene bula en Latinoamérica hasta el punto que cuando ofrece una de sus tediosas conferencias de prensa en alguna «cumbre iberoamericana», los periodistas y sus policías aplauden entusiasmados. Sólo en Madrid y en Caracas hubo alguna protesta popular ante el último crimen de la dictadura cubana, por supuesto instrumentalizada para evacuar asuntos de política doméstica o municipal.Los gobiernos democráticos de América Latina «lamentaron» (México), mostraron su preocupación (Brasil) o simplemente callaron (Argentina, Venezuela) en una patética muestra de doble moral y oportunismo sólo comparable a la indecente competición entre partidos políticos españoles para ver quién utilizaba con mayor precisión la tragedia cubana como objeto arrojadizo.CONSECUENCIAS PARA AMÉRICA LATINALos analistas más cotizados aseguran que la guerra de Iraq ha tensado al máximo las relaciones de Estados Unidos con América Latina. Hay, por supuesto, alguna exageración en tal diagnóstico pero no le falta razón a Andrés Oppenheimer que en su jugosa columna del Miami Herald -Nuevo Herald (Miami)- enumeraba los tres motivos por los cuales la guerra de Iraq perjudicará a los latinoamericanos en los próximos dos años.En primer lugar, la guerra y la posguerra continuará acaparando la atención casi total del presidente G. W. Bush durante lo que resta de su primer mandato. Todo indica que en los próximos seis meses los Estados Unidos dedicarán todas sus energías políticas a la reconstrucción de Iraq y posteriormente, como parte de un esfuerzo por recomponer su imagen internacional, la Administración Bush probablemente, convoque una conferencia internacional para la paz en Oriente Medio a finales de este año o a principios del próximo.Para entonces...

¿Cabe un islam liberal?

El planteamiento de la existencia de un Islam Liberal ya constituye un dato esencial de futuro. O el Islam se incorpora al mundo o se convertirá en una idea peligrosa que genera violencia y fanatismo.En un reciente discurso ante el American Enterprise Institute, el presidente George W. Bush asombró a sus oyentes cuando, al referirse a «la batalla por el futuro del mundo islámico», aseguró que «existen indicios esperanzadores de un deseo de libertad». «Desde Marruecos hasta Bahrein -añadió-, los países están tomando medidas verdaderas hacia la reforma política y económica». Para el presidente americano la derrota del régimen iraquí y la desaparición de Sadam Husein debería servir como «inspiración de libertad» para las restantes naciones musulmanas.Tanto por el lugar donde estas palabras fueron pronunciadas -el templo del liberalismo norteamericano- como por el momento -la preguerra- muchos vieron en ellas el anuncio de un plan estratégico de la primera potencia para recomponer o remodelar la geoestrategia regional (Oriente Medio), donde conviven difícilmente países tan disímiles como Arabia Saudí, Siria, Irak, Palestina, Líbano o Kuwait. El común denominador de todos ellos es de carácter étnico y cultural (todos los árabes) pero, sobre todo, religioso: el Islam es la religión preponderante y casi exclusiva.En la misma longitud de onda intelectual, Condoleéza Rice, la poderosa consejera de Seguridad Nacional del presidente, aseguraba días después que Irak, con una población instruida como la suya, era «capaz de iniciar la senda del desarrollo democrático». Son muchas las voces, dijo la señora Rice, que se elevan en el momento actual en todo el mundo árabe en favor de una reforma política y económica.Qué reforma y quiénes podrán inspirarla son preguntas obligadas ante una visión tan optimista del futuro, precisamente cuando el horizonte regional y mundial aparece tan sombrío. Es obvio que para la política exterior americana -y europea, aunque en menor medida- la única reforma aceptable y viable es la que incide en la democracia representativa y parlamentaria, las libertades públicas, el respeto de los derechos humanos y la economía de libre mercado -es decir, lo que en Occidente se llama modernidad o incluso posmodernidad-.Pero cómo hacer esta cesta sin mimbres, se preguntarán sin duda muchos en América y en Europa; cómo promover una reforma de estas características sin precursores ni gestores ni, aparentemente, fuerzas sociales que la sostengan. En un mundo islámico caracterizado - al menos, en la imagen más socorrida que Occidente tiene de él- por el fanatismo, la pobreza, la corrupción, la segregación y el odio al otro, parece un tanto ingenuo, por no decir inocente, creer que los heraldos modemizadores, liberales e ilustrados pueden improvisarse, emerger de la nada, reproducirse e imponerse en una sociedad anclada en los mitos más reaccionarios, una historia más o menos inventada y el resentimiento irreductible contra quienes no aceptan sus presupuestos culturales o religiosos.La pregunta: ¿hay un Islam liberal?, deberá sin duda replantearse en el futuro porque constituye un dato esencial del futuro. O el Islam se incorpora al mundo o se convertirá en una...

España, entre Argel y Rabat

Sobre la ampliación de la Unión Europea y la adhesión de nuevos países, casi todos, de Europa del Este o Centroeuropa. España y su relación con el Magreb, el incidente de la isla Perejil.

NR-054. Elecciones gallegas, más preguntas que respuesta

Las elecciones autonómicas gallegas, que confirmaron la victoria anunciada de Manuel Fraga por tercera vez consecutiva, han terminado generando más preguntas que respuestas, una vez superada la euforia o la decepción de unos y otros. He aquí un pequeño catálogo de ellas.

Otan, la botella medio vacía o medio llena

Sobre la situación actual de la Alianza Atlántica (OTAN) tras la Cumbre de Madrid del pasado Julio. La potenciación del diálogo mediterráneo alberga una interesante carga de futuro.

Memoria y palinodia

Hace años corría en los cenáculos culturales y periodísticos de París una tajante y divertidaboutade. "a los libros de Revel les sobran siempre cien páginas". Estas memorias del conocido ensayista desmienten parcialmente esta maligna afirmación. En realidad, no son cien sino trescientas las páginas que sobran en este compacto volumen que roza las seiscientas cincuenta.¿Significa esto, por fortuna, que no valga la pena zambullirse durante varios días en esta prosa espesa y contudente? Habría que matizar. Revel es un peso pesado de la cultura francesa, un polemista temible y un hombre de convicciones, de modo que cualquier libro suyo, aunque parezca excesivo,  debería compensar el esfuerzo, entre  otras razones porque casi siempre produce una sana reacción a favor o en contra de sus propuestas.Tras haber transitado por los caminos de la filosofía, el periodismo, la teoría política, la literatura, el arte y la gastronomía, Revel ha querido bucear 0en su propia biografía. Tentativa un tanto fallida, hay que decirlo, porque difícilmente evita un obstáculo con el que inevitablemente chocan los autores de este tipo de libros: la memoria se convierte en justificación o en... palinodia. La mayoría de los memorialistas utilizan la tribuna de sus recuerdos para mirar hacia atrás sin ira ni remordimiento. Estas Memorias no son una excepción, aunque tanto la calidad del autor como su capacidad de análisis le impiden caer en el simple y llano ejercicio de autosatisfacción que caracteriza a producciones semejantes de políticos, banqueros, futbolistas o diplomáticos.Jean-François Revel ("Revel" es, en realidad, un pseudónimo inspirado en un restaurante parisino) desgrana en los primeros capítulos de estas Memorias su infancia en Marsella, sus estudios -brillantes- en París, su militancia  en la Resistencia y en la secta de Georges Ivanovitch GurdjiefF, un charlatán ruso hoy completamente olvidado pero que tuvo notoriedad e incluso influencia intelectual en la postguerra europea. Tal vez sea esta parte la más interesante del texto, junto con la narración, sucinta, de su experiencia pedagógica en Argelia, México e Italia.El regreso a Francia y la incorporación del autor a la vida parisina coinciden con un descenso en picado del interés objetivo del libro, máxime cuando el lector no forma parte de la "inteligencia" parisina o no tiene un conocimiento exhaustivo de los dimes y diretes del mundo cultural franco-francés.Resulta, en efecto, un tanto sorprendente que un autor sobre cuyo cosmopolitismo y extensa cultura existen pocas dudas haya sido incapaz de describir el ambiente -poco parisino, por lo demás- en el que se desarrolló su propia vida y que las referencias al universo exterior (exterior a Francia, quiero decir) resulten tan tenues como tediosas. Obras como Ni Marx ni Jesús, La tentación totalitaria, El conocimiento inútil o La recuperación democrática serían inexplicables sin una profunda reflexión sobre las realidades extra- francesas, una dosis considerable de curiosidad y cierta capacidad para superar la visión provinciana del mundo que, ay, caracteriza en buena medida a la clase intelectual gala. Asombra, por ejemplo, que Revel dedique casi cien páginas a su experiencia como director del semanario...

Sahara occidental, de nuevo la guerra

A comienzos de 1996, el "diálogo de sordos" entre el Frente Polisario y Marruecos a través de Naciones Unidas hizo crisis definitivamente. Así pues, todo parece preparado para que -si la ONU o la comunidad internacional en su conjunto no lo impide-  se vuelva, sobre el terreno, a la situación de 1991, y las hostilidades se reanuden a finales del presente año. Sin embargo, las cosas son desde todos los puntos de vista muy diferentes de cuando se firmó el alto el fuego.

Vieja y nueva OTAN

¿Un anti-atlantista al frente de la OTAN? La llegada de JavierSolana a la Secretaría General de la organización del Tratadodel Atlántico Norte a finales de diciembre pasado ha servidopara revivir en España los viejos fantasmas de nuestra adhe­sión impeifecta a la Alianza; algunos pretendieron saldar al­gunas cuentas con quienes desde el poder rectificaron sus ar­dores fruto de la inocencia, el sectarismo o la ignorancia. Pe­ro también sirvió para que en otros círculos -académicos, di­plomáticos o periodísticos- se planteara la necesidad  de revi­sar no pocas ideas comunes y recibidas sobre una organiza­ción que no es lo que era ni volverá a serlo.

Cataluña impulsa el cambio

Hay que alegrarse -por Cataluña, por España y por la democracia- por la Cataluña plural, crítica y abierta que ha nacido de estas últimas elecciones.

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