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Ver productosDiscurso completo del monarca británico ante el Congreso de Estados Unidos, donde se ganó a Donald Trump pese a sus críticas sutiles a la política del presidente.

29 de abril de 2026 - 7min.
Avance
El pasado martes, 28 de abril, Carlos III de Inglaterra pronunció un discurso ante las dos cámaras del Congreso de Estados Unidos. Fue un acto histórico en sí mismo, porque era la primera vez, desde que su madre lo hizo en 1991, que un monarca británico hablaba ante los legisladores de las antiguas colonias. La visita del rey se producía además en un momento cargado de significado, en la conmemoración del 250.º aniversario de la Declaración de Independencia de EE. UU.
Carlos III salió triunfante del difícil escenario. Dos siglos y medio después de la ruptura colonial y en un contexto internacional convulso, Carlos III hizo gala de su sentido del humor, alivió tensiones diplomáticas y reforzó los lazos vigentes entre las dos naciones, sin dejar de expresar su apoyo a Ucrania y a la OTAN. Y se ganó a Donald Trump: «Hizo un gran discurso; me dio mucha envidia», dijo el presidente en una de sus improvisadas declaraciones a los medios, ajeno a las sutiles indirectas con las que el rey «refutó» varios de sus argumentos, como destaca The New York Times en una de sus crónicas, aunque sin subrayar las desavenencias existentes, en forma y fondo.
El monarca también destacó que «la fe cristiana es un ancla firme y una inspiración diaria» y que esa fe es la que les impulsa «a buscar la victoria de la luz sobre la oscuridad». «En estos tiempos turbulentos, espero y rezo para que podamos trabajar juntos para transformar las espadas en arados, promover la paz y fomentar la comprensión mutua. Creo profundamente que la esencia de nuestras naciones es una generosidad de espíritu y un deber de fomentar la compasión y la paz», declaró.
ArtÍculo
A continuación, se transcribe el discurso completo de Carlos III ante el Congreso de Estados Unidos, que también se puede ver íntegro en este enlace:
«Señor vicepresidente, señor presidente de la Cámara, miembros del Congreso, representantes del pueblo estadounidense de todos los estados, territorios, ciudades y comunidades:
«Permítanme aprovechar esta oportunidad para expresarles mi más sincero agradecimiento por el gran honor de dirigirme a esta sesión conjunta del Congreso. Y, en nombre de la Reina y en el mío propio, agradecer al pueblo estadounidense su acogida en este año del 250.º aniversario de la Declaración de Independencia. Durante todo este tiempo, nuestros destinos como naciones han estado entrelazados. Como dijo Oscar Wilde, hoy en día tenemos prácticamente todo en común con América, excepto, por supuesto, el idioma.
«Nos reunimos en tiempos de gran incertidumbre, en tiempos de conflicto desde Europa hasta Oriente Medio, que plantean enormes desafíos para la comunidad internacional y cuyos efectos se sienten en cada rincón de nuestros países. Nos reunimos también tras el incidente ocurrido no lejos de este gran edificio, que intentó dañar el liderazgo de su nación y sembrar miedo y discordia. Permítanme decir con firmeza inquebrantable: estos actos de violencia nunca tendrán éxito.
«Sean cuales sean nuestras diferencias, cualesquiera que sean nuestros desacuerdos, permanecemos unidos en nuestro compromiso de defender la democracia, de proteger a nuestros pueblos y de honrar el valor de quienes arriesgan su vida cada día al servicio de nuestros países.
«Al estar aquí hoy, es imposible no sentir el peso de la historia, porque la relación moderna entre nuestras naciones no abarca solo doscientos cincuenta años, sino más de cuatro siglos. Es extraordinario pensar que soy el decimonoveno soberano de nuestra línea que sigue con atención los asuntos de América.
«Comparezco ante ustedes con el mayor respeto hacia el Congreso de los Estados Unidos, esta ciudadela de la democracia creada para representar la voz de todo el pueblo estadounidense y para promover derechos y libertades sagrados. Al hablar en esta ilustre cámara, no puedo evitar pensar en mi difunta madre, la reina Isabel, quien en 1991 recibió este mismo honor.
«Hoy estoy aquí para expresar la más alta consideración y amistad del pueblo británico hacia el pueblo de los Estados Unidos. Como sabrán, cuando me dirijo a mi Parlamento en Westminster, seguimos una antigua tradición y retenemos a un miembro del Parlamento como rehén en el Palacio de Buckingham hasta que regreso sano y salvo. Hoy en día tratamos tan bien a nuestros invitados que a menudo no quieren marcharse. No sé, señor presidente, si hoy habría voluntarios aquí para ese papel.
«Al mirar hacia atrás en los siglos, emergen ciertos patrones, ciertas verdades evidentes de las que podemos aprender. Con el espíritu de 1776 en mente, podemos estar de acuerdo en que no siempre estamos de acuerdo. De hecho, el principio fundacional de su Congreso —“no hay impuestos sin representación”— fue al mismo tiempo una fuente de desacuerdo y un valor democrático compartido.
«Nuestra alianza nació del desacuerdo, pero no es menos fuerte por ello. Quizá en esto podamos reconocer que nuestras naciones son, en esencia, afines, producto de tradiciones democráticas, legales y sociales comunes.
«Una y otra vez, nuestros países han encontrado la manera de unirse. Y, cuando lo han hecho, los cambios logrados han beneficiado no solo a nuestros pueblos, sino al mundo entero. Ese es, creo, el ingrediente especial de nuestra relación.
«Como dijo el presidente Trump durante su visita de Estado al Reino Unido, “el vínculo entre América y el Reino Unido es invaluable y eterno, irreemplazable e irrompible”.
«Esta no es mi primera visita a Washington, pero sí mi primera como rey. Esta ciudad simboliza una etapa clave de nuestra historia compartida, una “historia de dos Jorges”: George Washington y mi antepasado Jorge III. Y pueden estar tranquilos: no estoy aquí como parte de ninguna maniobra de retaguardia.
«Hace 250 años, los padres fundadores, audaces y visionarios, declararon la independencia y unieron trece colonias en torno a la idea revolucionaria de “vida, libertad y la búsqueda de la felicidad”. Llevaron consigo la herencia de la Ilustración británica, del derecho consuetudinario y de la Carta Magna.
«Estas raíces siguen vivas. Nuestra Declaración de Derechos de 1689 inspiró muchos principios de la Carta de Derechos estadounidense de 1791. Y aún antes, la Carta Magna de 1215 estableció que el poder ejecutivo debía estar limitado por controles y equilibrios.
«Aquí, en estas cámaras, ese espíritu de libertad sigue presente: no por la voluntad de uno, sino por la deliberación de muchos, reflejando el mosaico vivo de los Estados Unidos.
«En ambos países, nuestra diversidad y libertad son fuente de fortaleza. Para muchos de nosotros, la fe cristiana es un ancla firme y una inspiración diaria. Y es esa fe la que nos impulsa a buscar la victoria de la luz sobre la oscuridad.
«En estos tiempos turbulentos, espero y rezo para que podamos trabajar juntos para transformar las espadas en arados, promover la paz y fomentar la comprensión mutua.
«Creo profundamente que la esencia de nuestras naciones es una generosidad de espíritu y un deber de fomentar la compasión y la paz.
«Nuestra alianza, construida durante siglos, es verdaderamente única. Como describió Henry Kissinger, responde a la visión de una asociación atlántica entre Europa y América. Esa asociación es hoy más importante que nunca.
«En 1939, mi abuelo visitó Estados Unidos cuando el fascismo avanzaba en Europa. Entonces, como ahora, nuestros valores prevalecieron. Hoy vivimos una era más peligrosa e incierta. Ninguna nación puede afrontar sola estos desafíos. Nuestra alianza no puede descansar en logros pasados: debe renovarse.
«La renovación comienza con la seguridad. El Reino Unido ha emprendido el mayor aumento sostenido en gasto de defensa desde la Guerra Fría. Este año se cumplen 25 años del 11-S. Permanecimos junto a ustedes entonces, y seguimos haciéndolo hoy. Es un día que nunca será olvidado.
«Durante más de un siglo, hemos luchado hombro con hombro: en guerras mundiales, en la Guerra Fría, en Afganistán. Hoy se necesita esa misma determinación para defender a Ucrania y lograr una paz justa y duradera.
«Nuestros lazos en defensa, inteligencia y seguridad son profundos y duraderos. Construimos juntos tecnologías militares avanzadas y colaboramos en programas como AUKUS. Lo hacemos no por sentimentalismo, sino porque fortalece nuestra seguridad común para las generaciones futuras.
«Nuestros ideales compartidos también sustentan nuestra prosperidad. El Estado de derecho, una justicia independiente y reglas e stables han permitido siglos de crecimiento económico.Hoy nuestros países lideran tecnologías del futuro: fusión nuclear, computación cuántica, inteligencia artificial, descubrimiento de fármacos. Estas innovaciones tienen el potencial de salvar innumerables vidas.
«Celebramos también una relación económica de enorme magnitud, con cientos de miles de millones en comercio e inversión, y millones de empl eos en ambos lados del Atlántico.Al mirar hacia los próximos 250 años, debemos proteger la naturaleza, nuestro activo más valioso e irreemplazable. Los sistemas naturales sostienen nuestra prosperidad y seguridad.
La historia de nuestros países es, en esencia, una historia de reconciliación, renovación y alianza extraordinaria. De antiguos conflictos nació una de las alianzas más importantes de la historia.
«Rezo para que sigamos defendiendo nuestros valores comunes y que no cedamos a la tentación de encerrarnos en nosotros mismos.
«Las palabras de América tienen peso, pero sus acciones importan aún más. Como dijo Lincoln, «el mundo puede no recordar lo que decimos, pero nunca olvidará lo que hacemos». Y así, en el 250 aniversario de Estados Unidos, renovemos nuestro compromiso mutuo al servicio de nuestros pueblos y del mundo entero.
«Dios bendiga a los Estados Unidos y Dios bendiga al Reino Unido».
Crédito de la imagen: Carlos III y Donald Trump en 2025. Foto: © La Casa Blanca. Dominio público. Archivo de Wikimedia Commons.