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Ver productosÉlisabeth Roudinesco habla de Donald Trump en una entrevista en «El Grand Continent»

20 de enero de 2026 - 3min.
Élisabeth Roudinesco es historiadora y psicoanalista. Investigadora independiente invitada en la Universidad de París VII
Avance
La historiadora y psicoanalista Élisabeth Roudinesco califica de «escena shakespeariana» y de «expresión de un delirio» la ceremonia oficial en la que Donald Trump recibió de María Corina Machado la medalla del Nobel de la Paz. En su opinión, con esa «grotesca ceremonia» se cruza una línea. «Con esta puesta en escena grotesca y sin sentir en ningún momento el temor al ridículo, crean una realidad extraña, paralela, delirante. Así pues, se confirma lo que constituye la esencia del trumpismo: el poder de lo grotesco, y ahí es donde reside su peligro totalmente real», sostiene la historiadora en una entrevista en la publicación El Grand Continent.
Para Roudinesco, «Trump vive en un mundo que él mismo fabrica, un mundo que quiere que sea idéntico a su deseo de omnipotencia… Cuando organiza una ceremonia para otorgarse a sí mismo un Nobel imaginario, no está jugando, no está bromeando: realmente vive la escena… Se imagina a sí mismo como un rey —al estilo de Luis XIV en Las Vegas— cubierto de condecoraciones y baratijas». «Prefiere que lo engañen antes que arriesgar cualquier cosa y no le importa el ridículo. Ahí está su delirio visible: un delirio de grandeza basado en el culto a su ego; un delirio narcisista de histrión que se vuelve aún más peligroso cuanto más se somete a él su entorno», añade Roudinesco.
El peligro de esa personalidad narcisista son las implicaciones políticas que tiene, en tanto que «Trump gobierna su país como un dictador». Con todo, la historiadora considera que «las estructuras políticas e institucionales de Estados Unidos siguen siendo democráticas y Trump depende de ese sistema. Por lo tanto, no puede ejercer el poder dictatorial con el que sueña, lo que, por cierto, le exaspera: de ahí su histrionismo. Solo busca abolirlas o transgredirlas».
En opinión de Roudinesco, es precisamente la dimensión infantil de Trump lo que resulta atractivo para muchos de sus seguidores: «Para quienes lo apoyan, es una especie de diablillo que se permite cualquier cosa. Lo infantil en él funciona como un dispositivo de seducción: desarma, rebaja el nivel, transforma la violencia política en espectáculo. Nos reímos, nos sorprendemos, nos horrorizamos. Y mientras tanto, la acción real es de una brutalidad extrema. Ahí radica todo el peligro. Esta ausencia de límites se encuentra en todos los ámbitos: político, geopolítico, corporal y sexual». Trump fascina, sostiene Roudinesco, «precisamente porque se atreve a exhibir su omnipotencia. Su entorno obedece las fantasías de Trump porque expresa lo que los demás reprimen o no se atreven a decir, ni siquiera a confesar o pensar: es maleducado, no tiene ningún límite simbólico, insulta a todo el mundo, dice tonterías, miente descaradamente, hace bromas groseras (especialmente con las mujeres), se descarrila o se agita y no entiende la más mínima metáfora».
Trump le parece un conspirador que alimenta el conspiracionismo, alguien que «da la impresión de que no hay alteridad, ni ley interiorizada, ni superyó operante» y para el que «todo se reduce a una lógica binaria y colérica: ganar o perder, aplastar o ser aplastado».
Para Roudinesco, es urgente decir «ya basta» a un personaje como él. «Los dirigentes europeos parecen seguir creyendo que se puede razonar con Trump, como si se tratara de un interlocutor clásico. Es un error que nos priva de una oportunidad histórica. Por el contrario, hay que imponerle prohibiciones con firmeza. Y él cederá, porque solo cede ante el poder, venga de donde venga, y no solo ante el poder militar, dictatorial o financiero. Lo trágico es que muchos prefieren ceder ante el delirio de Trump, creyendo que es el más fuerte, en lugar de hacerse responsables de su destino», concluye Roudinesco.
La entrevista completa en El Grand Continent puede verse aquí:
La foto que ilustra el artículo es de Gage Skidmore. Tiene licencia Creative Commons y puede consultarse aquí.