Mi cesta
Tu cesta está vacía, pero puedes añadir alguna de nuestras revistas o suscripciones.
Ver productosGovernment Funding, Corruption and the Bankrupting of American Higher Education. Pról. de M. S. Forbes. Hillsdale College (Hillsdale, 1994)
1 Feb 1995 - 2min.
La influencia negativa del poder público en la calidad de la enseñanza norteamericana, tanto en la escuela primaria y secundaria como en el nivel universitario, está dando ocasión, a algunos libros importantes, a medias entre la polémica teórica y la denuncia de corrupciones muy concretas. Cabe mencionar, en esta línea, el trabajo demoledor de Thomas Sowell (Inside American Education. The Decline, the Deception, the Dogmas) acerca de la falsa teoría del pluralismo multicultural
; el muy reciente libro de Myron Lieberman, Public Education: An Autopsy; y el muy brillante de Martin Anderson, Impostors in the Temple, con un subtítulo bien expresivo: los intelectuales norteamericanos están destruyendo nuestras Universidades y estafando el futuro de nuestros estudiantes
.
La última aportación a esta larga batalla contra los tópicos pseudoprogresistas en materia de educación superior es la que ha publicado hace unos meses George Roche, presidente del Hillsdale College, una institución cuya coherencia se prueba con un detalle tan significativo como el que después de un pleito de casi diez años y de una discutible sentencia de la Corte Suprema en 1984, Hillsdale se niegue a recibir a ningún alumno o profesor que perciba la más mínima subvención pública.
El título de Roche denuncia con vigor el doble lenguaje al uso: esa retórica sobre la autonomía universitaria que va acompañada de una influencia perversa a través de becas, ayudas y subvenciones, condicionadas al desarrollo de investigaciones centradas en lo que se estima politically correct. Todo ello genera programas y cursos carentes de entidad universitaria, o sencillamente ridículos (sólo un ejemplo: Black Hair as History and Culture, en Stanford) y también pequeñas —o no tan pequeñas— corrupciones (a base de encargos, petición de informes o documentos, organización de cursos y congresos y otras muchas actividades al uso en la vida profesional del intelectual oficializado
). Es evidente, además —y Roche lo prueba con ocho ejemplos concluyentes— el desvío de fondos, incluso en los centros de mayor prestigio, hacia aspectos teóricamente marginales como el teatro, la asistencia social y, sobre todo, el deporte, que terminan por ocupar una posición prevalente en la vida de las instituciones de enseñanza superior (y, naturalmente, también en sus presupuestos).
George Roche ha escrito un libro polémico, valiente y lleno de datos y de denuncias concretas. Cabe discutir algunas de sus propuestas, sobre todo desde una perspectiva europea, con prioridades que no pueden ser —por desgracia— las mismas que las de Harvard o Berkeley. Pero resulta admirable que alguien diga verdades tan sencillas como necesarias, ocultas con frecuencia bajo un manto de silencio, cuando no de coacción y de amenazas para los disidentes de la doctrina oficial.