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Ver productosEl anacronismo español
1 May 1992 - 5min.
Muchas cosas han cambiado en el mundo en estos últimos años. La caída en picado del comunismo, cuya velocidad no sospechábamos ni siquiera los que hemos pasado años escribiendo sobre su inevitabilidad, porque lo que iba en el sentido de la historia
era el liberalismo, ha provocado también la desaparición del socialismo democrático como doctrina económica. Una comparación entre lo que decían los programas socialistas del principio de la transición española con el programa de convergencia a Europa presentado por Solchaga, sólo puede hacer sonreír. Las realidades económicas han impuesto las teorías basadas en la economía de mercado sobre apriorismos dogmáticos que ya ni consiguen votos porque generan sobre todo escepticismo.
Una comparación entre lo que decían los programas socialistas del principio de la transición española con el programa de convergencia a Europa presentado por Solchaga, sólo puede hacer sonreír.
Sin embargo, si escuchamos a nuestros líderes sindicales, todo sigue igual. Sus discursos no han variado lo más mínimo y, lo que es más grave, una gran parte de la clase periodística española cuya cultura económica sigue siendo muy mediocre, les sigue dando crédito y amplificando sus comentarios.
Esos comentarios, emitidos por funcionarios de burocracias escasamente democráticas, parecen estar situados en una tierra de nadie
ideológica que ignora las realidades económicas y políticas, pero pretende encarnar la defensa de la clase trabajadora
en términos extraelectorales y por lo tanto corporativos. La famosa huelga general del 14 de Octubre fue impuesta mediante una dosis elevada de coacción por dos personas que representan a un porcentaje pequeñísimo de la población española en edad de votar. En otra dimensión, no ya política sino exclusivamente corporativa, una sola persona ha conseguido hacerle la vida imposible a casi toda la población de Madrid durante meses.
En la sociedad española el sindicalismo es un poder fáctico importante y que al distorsionar el mercado del trabajo constituye uno de los factores que contribuyen a que tengamos la tasa de desempleo más alta de los países industrializados.
Me parece innegable que en la sociedad española el sindicalismo es un poder fáctico importante y que al distorsionar el mercado del trabajo, constituye uno de los factores que contribuyen a que tengamos la tasa de desempleo más alta de los países industrializados. Para los escépticos que consideren que gran parte del paro español es ficticio, añadiré que lo más dramático para la economía española no es el porcentaje de parados (sin duda elevado) sino el porcentaje de personas que trabajan, que es uno de los más bajos de Europa, como consecuencia de la bajísima participación de la mujer en la población activa española.
Esa situación ha cambiado radicalmente en las nuevas generaciones pero el peso de las generaciones anteriores sigue siendo muy grande y es un hecho indiscutible que en España, el porcentaje de personas que trabajan sobre el total de la población es muy bajo.
Si la creación de puestos de trabajo sigue siendo importante para el futuro de la economía española y los sindicatos son objetivamente un obstáculo para ello, conviene preguntarse cómo hemos llegado a esta situación y qué podemos hacer para remediarlo.
La respuesta a la primera pregunta es muy sencilla: la legislación laboral española es de las que menos han cambiado desde la época de Franco. Estaba diseñada para darle poder a entes intermedios no democráticos, en sustitución de las instituciones clásicas de todo sistema democrático y sigue cumpliendo el mismo cometido después de que esas instituciones hayan aparecido. Una vez más la cobardía, la impotencia o la falta de tiempo de UCD dejó sin terminar reformas necesarias para la culminación del proceso democratizador que se han parado después, como consecuencia de la confusión que existe en el PSOE y ha existido siempre en el socialismo entre los fines y los medios.
El desmantelamiento de esa legislación es una tarea que debería ser bipartidista y para la que el ala más liberal del PSOE debería encontrar el apoyo de la oposición liberal. De hecho, el tándem Boyer-Solchaga han estado haciendo, con lentitud y muchas dificultades, un papel parecido al de la Sra. Thatcher, que consiguió reducir de tal forma la influencia de los sindicatos en el Reino Unido que la productividad ha aumentado en ese país bastante más que en Japón durante los últimos diez años.
La Sra. Thatcher consiguió reducir de tal forma la influencia de los sindicatos en el Reino Unido que la productividad ha aumentado en ese país bastante más que en Japón durante los últimos diez años.
Sea cual sea la opinión que se tenga sobre el programa de convergencia de Solchaga, sus esfuerzos para la flexibilización del mercado laboral merecen el apoyo de todos los que estén preocupados por las posibilidades de empleo de la población española, y no sólo por la defensa de intereses corporativos.
Vistas así, las opiniones que presentamos tan esquemáticamente podrán parecer casi visceralmente contrarias a la llamada clase trabajadora
. Quiero dejar bien claro que una visión liberal progresista de un sistema económico, no puede limitarse a criticar las distorsiones que producen organizaciones como los sindicatos sin tener en cuenta las inmensas reformas que requiere la economía española para la supresión de un sin fin de otras formas de distorsión que son producto bien de una regulación estatal indebida, bien de formas de cartelización mucho más toleradas en España que en otros países de la CE. La convergencia hacia Europa no pasa sólo por la desaparición del poder abusivo de los sindicatos sino por la supresión de todo tipo de abusos, estatales o empresariales.
De ello y del papel positivo que podrían desempeñar los sindicatos, si se dedicaran a otra cosa que a la política o al abuso de poder, trataremos en otras ocasiones.