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Ver productosLa escritora reflexionó sobre su oficio en el Foro Nueva Revista, centrado en su libro «La ridícula idea de no volver a verte»
30 de marzo de 2026 - 4min.
Rosa Montero. Escritora y periodista, cuya trayectoria mereció el Premio Nacional de Periodismo en 1980. Como escritora ha publicado numerosas novelas desde aquella primera Crónica del desamor de 1979 y hasta la última, Animales difíciles. En 2017 fue galardonada también con el Premio Nacional de las Letras.
Avance
El pasado 18 de marzo, Rosa Montero participó en una nueva edición del Foro Nueva Revista, donde habló del oficio de escribir, con su libro La ridícula idea de no volver a verte como punto de partida. Esta novela o «artefacto literario» es un diálogo entre Rosa Montero y Marie Curie, pero no es un libro de duelo, sino «un libro sobre la vida y sobre la capacidad de aprender a vivirla con más serenidad y con más plenitud», como declaró la autora en su intervención en la Universidad Villanueva, de la que los lectores pueden disfrutar un amplio resumen en vídeo.
ArtÍculo
Con gran participación del público, sobre todo a través de internet, Rosa Montero habló del oficio de escribir y de cómo descubrió la biografía de Marie Curie, que le permitió salir del bloqueo literario —«la seca», como lo llamaba José Donoso—, uno de los males que acechan a casi todos los autores en algún momento de su vida. «Escribir estaba ahí desde siempre», reveló Montero sobre sus comienzos en el Foro Nueva Revista, celebrado el pasado 18 de marzo y moderado por Pilar Gómez. «Escribir forma parte de la estructura de lo que soy. Es como una definición esencial de mí misma, como un esqueleto exógeno que me mantiene en pie. Parafraseando a Monterroso, cuando desperté a la vida, la literatura ya estaba ahí».

Rosa Montero recordó algunos de sus títulos favoritos, que quiere por muy distintos motivos, y aseguró que la novela es «un género de madurez, salvo excepciones, como Carmen Laforet». Por otro lado, el autor no tiene tanta libertad como aparenta: «Tú no escoges los libros que haces, los libros te escogen a ti, las historias te escogen a ti, se imponen, te obligan a escribirlos».
«Y además se escribe en la más completa oscuridad, no sabes a dónde vas. Las novelas son como sueños que se sueñan con los ojos abiertos, nacen del mismo lugar del inconsciente de donde nacen los sueños, no los controlas realmente», reflexionó Montero. «Se escribe en la oscuridad. Cuando empiezas un libro, es como un torbellino de luces y sombras. Hay un sonido, un ritmo, un algo, pero no sabes muy bien a dónde vas. Y al final, al cabo de una andadura que te puede llevar dos o tres años, terminas completando una historia que al principio no sabías ni a dónde ibas. No escribes para enseñar nada, escribes para aprender, para descubrir».

Escribir es también un acto de salvación, porque «sin esa imaginación que todos tenemos, la vida sería puro ruido y furia, como decía Shakespeare, insoportable», aseguró la autora de «la ridícula idea no volver a verte», que calificó como un «artefacto literario», porque no es en absoluto una novela convencional. «Son libros muy raros, porque tienen una parte que son como retratos biográficos de otros personajes. Luego tiene otra parte que es ensayo, tampoco nada convencional. Y tiene otra parte que es ficción. Unes todo eso y sale un artefacto literario».
A propósito de esta dificultad para clasificar algunas de sus obras, Montero contó una anécdota: «Cuando salió La loca de la casa, que tenía todas estas cosas, me acuerdo que hice un desayuno con los libreros, algo que se hace a menudo, y me decían: «Nos ha gustado el libro, ¿dónde lo colocamos, en la mesa de ficción o en la de no ficción?».

Entre confesiones y pequeños secretos, la conversación avanzó y llegó a la vida de Marie Curie, como presunta prologuista de un pequeño diario de duelo de la doble premio Nobel. Esas 24 páginas estallaron en su cabeza, no porque desconociera quién era, por supuesto, sino porque descubrió que no era «fría como un bacalao», como la describió Einstein, sino una mujer «muchísimo más compleja y humana», que acababa de perder a su marido, al igual que Montero había sufrido la muerte del suyo, Pablo Lizcano, con el que vivió 21 años y se murió de cáncer. En «La ridícula…» se unen ambas ausencias, pero «no es un libro de duelo, para nada», insistió la autora. «En realidad es un libro sobre la vida y sobre la capacidad de aprender a vivirla con más serenidad y con más plenitud.
Eso sí, escribir el libro y acercarse a Curie le permitió a Montero reflexionar sobre su propio duelo, utilizar como una especie de interlocutora a ese personaje tan tremendamente complejo humano, «como una pantalla en la que reflejar esas preguntas básicas que nos pasan a todos los humanos». «No te recuperas nunca», confesó, «porque no vuelves a esa vida nunca, esa vida se ha acabado. Y esa es una de las cosas que tienes que aprender a lo largo de ese desfile del duelo, que no vas a volver nunca a esa vida. Pero luego la vida es tan ubérrima y tan poderosa que siempre te da la posibilidad de inventarte otra. Y esa nueva vida incluso puede ser mejor que la anterior».
Todas las fotografías son de Federico Marín Bellón para Nueva Revista.