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En la colección de aforismos de la editorial Renacimiento, llamada “A la mínima”, se ha publicado un grueso volumen de aforismos de Gilbert Keith Chesterton (1874-1936). Han sido seleccionados, prologados y, en buena medida, traducidos por Enrique García-Máiquez y Luis-Daniel González, conspicuos chestertonianos españoles.


 

Gilbert K. ChestertonUn buen puñado de ideas. Renacimiento, 2018. 479 páginas.


 

Al gran escritor inglés Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) empieza a dar vergüenza presentarlo, de tan conocido como es, gracias —particularmente— a tantas frases suyas brillantes, que nos iluminan el mundo, y que están en boca de muchos y en los oídos de todos. En el prólogo del libro, un microensayo de García-Máiquez que se publicó, como primicia exclusiva en 2011 en Nueva Revista bajo el título de Chesterton, autor-sobrevenido de aforismo, se nos explica que se trata de “aforismos sobrevenidos”, esto es, rebuscados en la obra completa del autor inglés.

Es una paradoja netamente chestertoniana: en la percepción de los lectores, se impone Chesterton como autor de aforismos, aunque él, que practicó con maestría casi todos los géneros, desde la poesía hasta la novela policíaca, pasando por el ensayo, el columnismo, la narración, la oratoria, la hagiografía, el teatro y la autobiografía, jamás los escribió. Su réplica a un poema de T. S. Eliot sí podría ser, en cambio, un atisbo profético de lo que está pasando. Eliot había rematado su poema, crítico con el mundo moderno y su hondo nihilismo depresivo, augurando que acabaría apagándose tristemente en un susurro. Chesterton, más partidario de enfrentarse a la modernidad que de representarla, declaró que el mundo acabaría con una explosión. Y ciertamente, lo de los aforismos chestertonianos parece un estallido atómico, cuya onda expansiva no deja de aumentar.

Tampoco (y quizá sea la sorpresa de este volumen) para de aumentar la talla intelectual y literaria de Chesterton. Por supuesto, entre los aforismos nos encontramos al reconocible apologista (“La única herejía realmente imperdonable es la ortodoxia”), al infatigable humorista (“Es tonto presumir de modesto”) y al optimista inoxidable (“A universo regalado no le mires el diente”). Pero también a un audaz pensador político, tan opuesto al capitalismo como al socialismo: “La única rebelión realmente práctica es la que también es un arrepentimiento”. A un crítico literario iluminador: “Es una debilidad subrayar aquello que ya es suficientemente fuerte si se sugiere”. A un periodista crítico: “No es necesario añadir comentarios a noticias bien elegidas”. A un poeta constante: “Es siempre la persona prosaica la que exige temas poéticos”. E, incluso, a un filósofo en acción: “Hay una importante diferencia entre no entender una cosa y malentenderla”, entre muchas otras facetas.

Jorge Luis Borges dijo que «la obra de Chesterton es vastísima y no encierra una sola página que no ofrezca una felicidad» y añadió que «quizá ningún escritor me haya deparado tantas horas felices como Chesterton». Para hacer este libro los editores han ido, página a página, espigando ese buen puñado de felicidades por la vasta obra completa para que las felicidades se dispongan, finísimas, una tras otra, en cada página.

 


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