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Ver productosVigencia del pensamiento de la Escuela de Salamanca

15 Oct 2026 - 3 min.
Ester Mocholí es doctora en Derecho Económico y de la Empresa por la Universidad Pontificia Comillas (ICADE). Actualmente es rectora de la Universidad Villanueva.
Avance
Reproducimos las palabras de la profesora Ester Mocholí, rectora de la Universidad Villanueva, en la inauguración del Congreso Internacional «Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca: Humanismo cristiano y dignidad humana», celebrado del 1 al 4 de octubre pasados en el Aula Magna de la Facultad de Teología San Esteban de la Universidad de Salamanca. La profesora Mocholí subrayó la vigencia para el mundo de hoy del pensamiento de los sabios de la Escuela de Salamanca.
ArtÍculo
Es un honor y una inmensa alegría darles la bienvenida, en nombre de la Universidad Villanueva, a este congreso internacional, «Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca», organizado por la Facultad de Teología de San Esteban y la Fundación Villanueva.
Quiero agradecer de manera muy especial a la comunidad de dominicos que nos haya abierto las puertas de este convento. Nos encontramos en un marco incomparable: un lugar sagrado que no es solo el escenario de estas jornadas, sino también la auténtica cuna espiritual e intelectual de una de las grandes cumbres del pensamiento occidental.
Celebrar este encuentro en el marco del quinto centenario nos invita a ir más allá de una simple conmemoración histórica o académica. Sería un error reducir a Francisco de Vitoria, a Domingo de Soto a meros nombres en un manual de Derecho. Su pensamiento ha sido una guía para nosotros y continúa siéndolo.
Los sabios de Salamanca fueron, ante todo, hombres de Iglesia: frailes dominicos cuya ciencia y cuya vida religiosa se nutrían de la oración, de los sacramentos y de una profunda fe en Dios. Su gran revolución, aquella que hoy vinculamos al nacimiento del derecho internacional y a la defensa de los derechos humanos, tuvo un fundamento estrictamente teológico: la certeza de que cada ser humano, con independencia de su origen, raza o condición, está creado a imagen y semejanza de Dios.
Fue su fe católica la que los impulsó a levantar la voz frente a los hombres más poderosos de su tiempo, para recordarles que la soberanía de Dios y la dignidad humana que de Él procede están siempre por encima de cualquier imperio o interés económico.
Hoy, cinco siglos después, nos encontramos ante una nueva encrucijada. Los desafíos de la globalización, la inteligencia artificial y la era digital nos sitúan ante fronteras que amenazan con desdibujar la esencia misma de lo humano. En este sentido, nuestra situación no es tan distinta de la que afrontaron aquellos maestros.
Frente al riesgo de reducir al ser humano a un dato o a una pieza prescindible del mercado, el pensamiento de la Escuela de Salamanca cobra una vigencia asombrosa. Nos recuerda que la técnica y el progreso deben estar siempre al servicio de la persona, sin perder de vista su dimensión trascendente.
Como universidad de inspiración cristiana, en la Universidad Villanueva asumimos el reto de poner en diálogo esta tradición clásica con la modernidad. Este congreso no pretende mirar al pasado con nostalgia, sino ofrecer el humanismo cristiano como una alternativa viva, renovada y urgente ante las crisis antropológicas de nuestro tiempo.
Les invito a que, a lo largo de estos dos días de ponencias y mesas redondas, no busquemos únicamente respuestas técnicas. Les propongo que nos dejemos iluminar por la luz que guio a los maestros salmantinos: la convicción de que la verdad, la justicia y el amor a Dios son los cimientos sobre los que podemos edificar una sociedad verdaderamente humana.
La foto que ilustra el artículo es de Vicente Alcober Bosch y muestra la estatua dedicada al teólogo Domingo de Soto en Segovia. Tiene licencia Creative Commons, vía Wikimedia Commons. Puede verse aquí.