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Ver productosLa revista Time elaboraba hace unos meses un interesante resumen de los personajes y acontecimientos más relevantes de los años 80. Incluye en sus últimas páginas alguno de los productos que la tecnología ha hecho populares, durante la época que analiza, si bien muchos de ellos ya existían antes de 1980. El propósito del autor de este artículo es el de realizar una breve reflexión sobre qué productos y qué procesos están «maduros>> para llegar al público en los años noventa, como consecuencia de tecnologías que pasaron del proyecto al laboratorio, y al modelo, a los «bancos de pruebas>> y a la cadena de producción. Lo cual permitirá al mismo tiempo vislumbrar el estado actual de la Ciencia.
1 Mar 1991 - 11min.
Indudablemente, al mismo tiempo que se ha ido haciendo más amplio el campo de los electrodomésticos, tanto de la línea blanca como de la línea marrón, es fácil anticipar que tendremos más y mucho más perfeccionados aparatos en este sector. Fue en la pasada década cuando se popularizaron muchos aparatos y utensilios para el hogar y la oficina, tal como por ejemplo los microondas y los vídeos, y también distintos modelos de fotocopiadoras, los ordenadores personales, los telefax y los procesadores de textos, que acabaron por hacerse indispensables. La climatización integral adquirió tal difusión que no es concebible un proyecto de edificación sin incluirla. Los sistemas de seguridad, los llamados edificios inteligentes, y en el campo de automoción la dirección asistida, los sistemas de antibloqueo, la informática aplicada al vehículo, se incluyen no sólo en los automóviles de lujo, sino ya en los de serie. El mando a distancia también se aplica con creciente difusión para accionar prácticamente todo.
En la década de los noventa se producirá además, y como consecuencia de la liberalización tanto política como económica y del avance tecnológico que supone, por un lado, la digitalización y, por otro, el empleo de satélites, una auténtica revolución en el campo de las telecomunicaciones. Los teléfonos de bolsillo serán de uso corriente y el entronque entre teléfono, ordenador y banco de datos pondrá a disposición del usuario un material informativo, educativo, de gestión y comunicación, inconcebible hace sólo unos pocos años. Así pues, tanto la informática como la robótica acercarán, si no físicamente sí funcionalmente, la oficina, los gabinetes de estudios, los laboratorios, los bancos de prueba y las líneas de producción. Son, sin duda, áreas de fuerte componente innovador.
El avance tecnológico que entraña la televisión de ata definición puede ser fundamental para la futura electrónica del consumo y de los servicios: un mercado de millones de dólares.
Probablemente aparecerá en el comercio con gran despliegue publicitario la televisión de alta definición (HDTV). Sorprende, ciertamente, en primera instancia, el revuelo por la televisión de alta definición. Parece como si los actuales televisores que existen en el mercado no fueran capaces de ofrecer imágenes muy nítidas y coloridos muy buenos, de modo que no sería necesario el capricho de cambiar los actuales modelos por los de alta definición sólo porque al tener cuatro veces más señales se mejora la calidad de las que obtenemos hoy día. Pero la razón es más compleja: la tecnología que requiere la televisión de alta definición puede ser aplicable a multitud de otros aparatos y procesos en el campo de la comunicación y de la información, permitiendo transmitir y reproducir las más variadas señales a grandes distancias. El avance tecnológico que entraña la TV de alta definición puede ser fundamental para la futura electrónica del consumo y de los servicios: un mercado de miles de millones de dólares. Ahora se comprende el creciente interés de los gobiernos por este sistema. Parece que Alemania y Francia han llegado a un acuerdo para su desarrollo. Estados Unidos es reticente a participar como gobierno. El Japón, en este campo como en otros, va por delante.
Los recientes acontecimientos políticos y bélicos del Golfo Pérsico han puesto de nuevo muy claramente de manifiesto dos cuestiones que quizá estaban un tanto olvidadas: la importancia de la energía en el mundo actual, hoy por hoy, y, como consecuencia de ello, la importancia del petróleo. Si el mundo consume 8.000 millones de toneladas equivalentes de fuel oil, unas 3.000, o sea, un 35%, son procedentes del petróleo.
No se pretende en este artículo esbozar un resumen de energías alternativas ni tampoco un juicio sobre la conveniencia o no de la opción nuclear, pero sí dejar constancia que por varios caminos, uno de ellos el del ahorro energético, otro la gasificación del carbón o la mejor combustión del fuel, sin olvidar el aprovechamiento hidráulico integral, y el reprocesamiento de residuos nucleares, nos iremos adentrando en la década, hasta que en el nuevo siglo la fusión sea una realidad. Se está avanzando mucho en este campo, y el proyecto JET (Joint European Tours), en donde participan todos los países de la CEE, además de Suecia y Suiza, ofrece resultados prometedores.
Ha quedado demostrado que la gran complejidad de la vida no es otra cosa que la complejidad de sus genes, y que cuanto sobre ellos se pueden obtener características biológicas predeterminadas.
No parece que el proyecto de los profesores Pons y Fleishmann sobre la fusión fría sea concluyente en este campo. Sí, en cambio, puede que se avance de forma notable en el campo de la superconductividad. Recordemos muy brevemente en qué consiste. Es conocida la propiedad de ciertos cuerpos en virtud de la cual su resistencia al paso de la corriente eléctrica se hace prácticamente nula al enfriarlos hasta, teóricamente, el cero absoluto (273 °C bajo cero). Una vez más nos hallamos ante un descubrimiento europeo, perfeccionado por los americanos y en el que han tomado la delantera los japoneses, verdaderos maestros en la puesta a punto de nuevos materiales. Ya consiguen superconductividad en compuestos cerámicos a 130 °K (por encima del cero absoluto).
Se vislumbra ya el día que obtengan aplicaciones prácticas en el campo de los electroimanes, motores, generadores, aunque parece que se comenzará la aplicación práctica de la superconductividad en la producción de microchips ultrarrápidos. Levitación magnética y transmisión energética quedarán para ver la luz el próximo siglo, y no olvidemos que la energía eléctrica, que, como consecuencia de la resistencia eléctrica, se transforma en calor y llega a alcanzar cifras muy altas, es una limitación grande en el área electromagnética, en el de la microelectrónica y, naturalmente, en el de la transmisión.
El primer campo de aplicación práctica de la biotecnología es casi tan antiguo como el hombre. Efectivamente, fue la agricultura donde los primeros hombres comprendieron que mediante riegos, roturación, empleo de abonos naturales al principio, químicos después, se obtenían mejores rendimientos en las cosechas. Posteriormente con los pesticidas y fungicidas y ciertos tipos de productos, se dio la voz de alarma por el efecto contaminante del empleo en forma masiva y descontrolada de ciertos compuestos químicos. La agricultura, con su componente fatalista, dependiente tanto de factores externos, es objeto de atención por parte del hombre para asegurar las cosechas, incrementarlas, protegerlas, y así en época relativamente reciente se masifican los cultivos protegidos, los riegos por aspersión y por gota a gota, los abonos selectivos, que veremos avanzar sin duda en la década de los noventa y siguientes.
En cuanto a la biogenética, tiene sin duda un iniciador en el famoso monje austriaco Jorge Manuel Mendel, quien descubrió en 1865 los genès y formuló sus famosas leyes, que, sin embargo, no fueron conocidas hasta principios de siglo. El siguiente paso decisivo en este campo lo dieron el biólogo norteamericano James Watson y el físico inglés Francis Griek, que compartieron el Premio Nobel en 1962 por el descubrimiento de la estructura de doble hélice del gene y su composición, ácido desoxirribonucleico (ADN), que tanta difusión posterior ha tenido. Fue la iniciación de todo un proceso que actualmente y en el futuro inmediato y a más largo plazo se denomina el proyecto «genoma». Ha quedado demostrado que la gran complejidad de la vida no es otra cosa que la complejidad de sus genes y que actuando sobre ellos se pueden obtener características biológicas predeterminadas. Fue en el año 1970 cuando el biólogo norteamericano Norman Borlang, también premio Nobel, cruzando diferentes tipos de trigo americano y japonés, consiguió una variedad, que llamó Sonora, de tallo corto y mucho grano, y con una notable capacidad de resistencia a la climatología adversa. Su contribución a la lucha contra el hambre de ciertas zonas del planeta ha sido muy grande. Por ejemplo, un país como la India cuenta hoy con stocks de trigo casi tan grandes como los de la Comunidad Económica Europea, y pueden hacer frente a las necesidades de harina de su creciente y necesitada población.
El investigador solitario, con escasos medios, el genio de otra época, está ahora integrado en un complejo científico y forma parte de un equipo de científicos que trabajan sobre un proyecto.
Veremos sin duda tomates y otras legumbres de gran tamaño y resistencia al almacenamiento, frutos de gran aguante ante las plagas, y así sucesivamente. No estamos aún absolutamente seguros de que los efectos secundarios de tales acciones puedan ser los deseados, y por ello se debe avanzar con toda cautela.
En cuanto al hombre, el estudio de su «genoma» constituye sin duda uno de los temas más apasionantes de la ciencia biológica actual. Su «genoma», que no es otra cosa que el libro de instrucciones de todos sus genes, alrededor de 100.000 (se conocen unos 5.000), se estudia en Europa, Estados Unidos y Japón sin descanso. La manipulación genética sin control puede dar verdadero miedo; recientemente hemos asistido en los Estados Unidos a las polémicas actuaciones de los Doctores Anderson, Rosenberg y Belaise al lanzarse con tratamientos biotecnológicos a la curación de la enfermedad de insuficiencia inmunológica que da lugar a los niños «burbuja». Todavía pertenece a la ciencia-ficción, lo que podíamos llamar seres humanos a la medida: de altura, color de ojos y pelo, memoria, inteligencia, carácter… El tema rebasa los límites de la medicina, que con encomiable esfuerzo pretende avanzar en el tratamiento de las enfermedades por vía de la genética. En todo caso, no cabe duda que las informaciones que se derivan del «genoma» humano deben quedar de forma absoluta y total como patrimonio de la intimidad personal de cada individuo.
Una serie de nuevos materiales cada vez de mayor complejidad saldrá de los laboratorios y centros de experimentación para incorporarse a los nuevos productos. Por ejemplo, los compuestos de «gallio» (especialmente el arseniuro) compiten en muchos casos con el famoso «silicon» de los chips. El poder conductor de la electricidad, o, lo que es lo mismo, la menor resistencia al flujo de los electrones, los hace particularmente interesantes, también en la transmisión optoelectrónica.
Volviendo la vista hacia los materiales de uso actual, se puede predecir tiempos difíciles para ciertos plásticos, especialmente los más tradicionales y de consumo más extendido. Así, el PVC (cloruro de polivinilo) y aquellos en cuyo proceso de fabricación participen ácidos como el clorhídrico o compuestos clorofluorocarbonados se encuentran en la lista negra de todos los que están preocupados por la contaminación del medio ambiente. Su destrucción no está bien resuelta tampoco. La verdadera dificultad estriba en que para ciertos sectores, tal como la industria del embalaje, su sustitución por otros causaría un daño aún mayor al medio ambiente. Se están encontrando nuevas aplicaciones a los llamados plásticos de segunda generación, como los compuestos de fibra de carbono (Kevlar), por su ligereza, resistencia y durabilidad. Han logrado sustituir con ventaja en muchos casos al aluminio. En general, la tendencia es ir hacia los «composites», verdaderas amalgamas de metales con cerámica, fibras de carbono y vidrio, fibras metálicas con otros metales, y que dan lugar a materiales que tratan de reunir la ligereza, durabilidad y resistencia a las altas temperaturas. La industria electrónica, la aeroespacial y hasta la de la construcción, entre otras, contarán con nuevos materiales que, con menos peso o con más eficacia, sustituirán los materiales que podíamos llamar convencionales.
De la misma forma que es inconcebible que la industria moderna pueda subsistir sin un empeño permanente de mejorar su productividad y su calidad, tampoco puede hacerlo sin un componente innovador y sin dedicar una parte importante de sus efectivos humanos y materiales a la investigación y desarrollo (I+D). También en este campo la evolución es muy notable. El investigador solitario, con escasos medios, el genio de otra época, está en el mundo moderno generalmente integrado en un complejo científico y forma parte de un equipo de científicos que trabajan sobre un proyecto. El maridaje universidad-empresa, tan corriente en los Estados Unidos, ha dado excelentes resultados. En otros casos, también en América y Japón las grandes empresas reciben apoyos estatales en forma de subvención o pedidos para la defensa ino agencias estatales como la NASA, DEAa, etc. Y sin embargo los grandes proyectos con cargo a los presupuestos nacionales en los Estados producen reacciones análogas a las que se manifiestan con las empresas públicas. Dan la sensación -con razón o sin ella- de cierto despilfarro producido por su grandiosidad burocrática. Tal es el caso del Telescopio Hubble -2.000 millones de dólares de inversión, o el del SSC (Superconducter Super Collider), de un presupuesto semejante, o del ya citado del Genoma Humano, en donde se dan cifras de 3.000 millones de dólares, por no citar más que tres ejemplos.
En la década de los noventa se producirá una auténtica revolución en el campo de las telecomunicaciones.
La Comunidad Económica Europea ha promocionado, entre otros, el programa ESPRIT (para el desarrollo de la información), el RACE (para el de las comunicaciones), BRITE (nuevas tecnologías en industrias tradicionales) y el ya mencionado JET. Es notable el avance en algunos de estos programas. Aparte de lo ya apuntado sobre el programa JET, en el programa ESPRIT (European Strategic Program for Research in Information Technology) la colaboración anglo-francesa y los alemanes por su lado han logrado combinar en un procesador memoria, comunicación y cálculo, en cantidad y a velocidades increibles, todo ello en espacios reducidísimos. Es la técnica llamada «proceso en paralelo» (en alternativa a la de «procesamiento en serie»). Por primera vez un gran avance en este campo no viene de los Estados Unidos o del Japón.
Así, se podrían citar otros logros y anticipar más y mejores productos y procesos que tienen en su origen la creatividad, espíritu innovador del hombre o del equipo humano.