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Ver productosEl doctor William Quandt es profesor de la Brookings Institution desde 1979. Ha sido director del Programa de Energía y Seguridad Nacional (1980-1984), director en funciones del Programa de Estudios de Política Exterior (1986) y miembro del Departamento de Oriente Medio del Consejo de Seguridad Nacional en dos ocasiones (1972-1974, con Nixon, y 1977-1979, con Carter). Profesor visitante de Ciencias Políticas en el MIT, y en las Universidades de Pensilvania y UCLA, e investigador en el departamento de Ciencias Sociales de la Rand Corporation, está considerado como uno de los máximos expertos en asuntos de Oriente Medio, en cuya virtud presta sus consejos al más alto nivel en los Estados Unidos. Vía satélite, NUEVA REVISTA ha celebrado con el doctor Quandt, en su oficina de Washington, un amplio coloquio, en el que participaron Sucre Alcalá, subdirector; Miguel Ángel Cortés, Alberto Míguez y Alberto M. Arruti, miembros de nuestro Consejo Editorial. Este es el contenido básico del mismo. Coloquio con William Quandt, uno de los máximos expertos USA en asuntos del Oriente Medio
1 Abr 1991 - 21min.
SUCRE Alcalá. —En unas recientes declaraciones, Zbiniew Brzezinski, ex asesor de Jimmy Carter y profesor del Centro de Estudios Estratégicos de Washington, ha afirmado que, junto con Irak, la gran derrotada en el plano geopolítico era la Unión Soviética. A este respecto, ¿qué piensa usted del papel jugado por la URSS en el curso de las diversas fases de la crisis y qué piensa, en concreto, de las rotundas aseveraciones del señor Brzezinski? Por otra parte, ¿se verán afectadas en el fondo las relaciones entre los Estados Unidos y la Unión Soviética?
William Quandt. —Creo que el señor Brzezinski está exagerando algo al hablar de la derrota de la Unión Soviética, porque, tal y como veo la situación, la cosa no está tan clara. Para empezar, los soviéticos sí colaboraron bastante con los EE.UU. y con los demás aliados de las Naciones Unidas al principio de la crisis, primera crisis importante del período post II Guerra Mundial, donde los EE.UU. y la URSS básicamente trabajaron de la mano de las Naciones Unidas, y, por supuesto, eso hizo posible 13 resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU como forma de gestionar la crisis. En Washington se entiende perfectamente el papel jugado por la Unión Soviética. La Unión Soviética tal vez no jugó un papel especial en la crisis, no estaban dispuestos a mandar fuerzas, pero tampoco buscaron o intentaron minar la posición de los EE.UU., y fue sólo después de iniciarse la guerra cuando los soviéticos, al final, buscaron una solución diplomática que podía haber evitado el combate terrestre. Dicho esfuerzo quizá fue algo preocupante, pero no produjo demasiada alteración aquí. Podríamos decir que la crisis reveló el hecho de que la Unión Soviética ya no es una potencia destacada en el Oriente Medio, y, en este sentido, quizá la Unión Soviética perdió algo en el escenario político; pero, desde luego, cualquier persona que siga lo ocurrido en la Unión Soviética hubiera sabido que el Oriente Medio ya no es un lugar prioritario para la política soviética. Los soviéticos, hoy, están volcados claramente en la gestión de sus relaciones con Occidente y el ajuste a las nuevas realidades europeas. Están realmente también centrando su atención en su propia situación local, sobre todo en el campo económico.
Hace pocos días se reunieron en Moscú el secretario de Estado, James Baker, y el nuevo ministro de Asuntos Exteriores, Alexander Besmértnij. Hay dificultades en las relaciones, sobre todo en cuanto a control de armamento; pero, desde luego, en cuanto al tema del Oriente Medio no parece haber problemas significativos. Yo creo que debemos mirar hacia adelante y pensar en un nuevo sistema de colaboración entre Washington y Moscú.
Sucre Alcalá. —¿La fulminante victoria servirá para reactivar la economía de los Estados Unidos y, en general, del mundo occidental?
William Quandt. —No soy especialista en economía, pero creo que la opinión general en los EE.UU. es que obtendremos una mejora moderada de la economía gracias a la rápida terminación de la guerra del Golfo. El precio del petróleo ha estado bajando y se supone que seguirá entre 18/20 dólares el barril. Esto en líneas generales es positivo para la economía americana, y, por tanto, creo que existe cierto nivel de expectativa sobre la recesión que estamos seguramente todavía sufriendo, pero que será una recesión corta y la recuperación empezará muy pronto. Pero nadie espera una recuperación fuerte en los EE.UU.; estamos hablando de mejoras moderadas, por lo menos para el futuro previsible. Sin embargo, el peligro de una recesión prolongada ha quedado atrás, lo cual es una buena noticia para las economías occidentales.
Sucre Alcalá. —¿Hasta dónde están dispuestos los Estados Unidos a presionar a Israel para conseguir un arreglo del endémico conflicto entre árabes y judíos?
William Quandt. —Bueno, yo creo que los EE.UU. jugarán un papel bastante activo a la hora de iniciar conversaciones, de conseguir la iniciación de conversaciones entre Israel y Siria, por un lado, e Israel, los palestinos y Jordania, etcétera, por otro lado. Para empezar este proceso seguramente los EE.UU. harán uso de su influencia sobre Israel, para conseguir una buena representación palestina para este tipo de conversación. Eso, por supuesto, tiene que ver con temas de procedimiento en una negociación de este tipo. Ahora, en cuanto al temario de estas conversaciones, seguramente los EE.UU. no estarán tan dispuestos a ejercer presión directa sobre Israel, con la excepción de un tema específico: estoy hablando del tema de los asentamientos en territorio ocupado. Sobre este tema el presidente Bush tiene unas ideas muy claras. Los EE.UU. hoy tienen una posición de mucha influencia frente a Israel, porque la popularidad del presidente Bush en los EE.UU. ha conseguido cotas nunca alcanzadas antes, y los israelíes necesitan claramente la ayuda permanente de los EE.UU. Entonces yo creo que sí habrá cierto modo de apretarle las clavijas a Israel por parte de los EE.UU., sobre todo en cuanto a los territorios ocupados y para que se pueda llevar a cabo una negociación seria. Es un proceso largo, será un proceso largo, eso lo sabemos, y con ciertos límites, y está claro que los EE.UU. no rebasará esos límites a la hora de ejercer presión sobre Israel, no van a obligar absolutamente a Israel a estar de acuerdo con cualquier planteamiento que podamos tener.
Alberto Míguez. —Mirando hacia atrás al conflicto, ¿diría que Europa en general y los países europeos en particular han respondido de forma adecuada a las expectativas militares y políticas en relación con la crisis del Golfo? ¿Cree usted que la solidaridad europea con los EE.UU. ha sido suficiente?
William Quandt.—Pues en líneas generales yo creo que los americanos están satisfechos con el nivel de colaboración que existió entre los EE.UU. y la mayor parte de los países europeos. Todos reconocemos, sin embargo, que Europa no habla con una sola voz todavía y, por lo tanto, hay diferentes formas de ver los países europeos, los distintos países europeos. Para poner tres ejemplos, los EE.UU. tienen hoy muy buena relación con los franceses y los británicos. Con éstos quizá no sea nada nuevo, porque siempre ha existido una buena relación angloamericana, pero hoy es una relación más estrecha todavía, y está claro que el presidente Bush y el primer ministro Major han establecido una buena relación. También es importante ver la mejora en las relaciones entre los EE.UU. y Francia. Son relaciones que parece que han mejorado mucho a pesar de las diferencias de opinión sobre cómo funciona el problema del Oriente Medio. Pero el hecho de que los franceses participaran de forma activa y con entusiasmo en la campaña contra Irak, que hayan luchado mano a mano con los británicos y los americanos, ha fortalecido las relaciones entre los EE.UU. y Francia.
Quizá la desilusión más grande por parte de los americanos fue con la actitud de los alemanes. No es que esperáramos que Alemania fuera a jugar un papel militar, porque teníamos muy claras las limitaciones en cuanto a ese país. Sin embargo, sí se pensaba que Alemania hoy es una fuerza económica muy poderosa, con mucho juego en el Oriente Medio, debido al papel importante del petróleo, y, pese a ello, los alemanes parece que no estaban muy dispuestos a ayudar. Al principio de la crisis no querían contribuir, en términos financieros, por su puesto, a la campaña militar. Ahora, al final, sí, los alemanes hicieron promesas en cuanto a su ayuda, para reducir la irritación que sentían los americanos hacia los alemanes.
En general, podemos decir que las relaciones entre Europa y los EE.UU. son muy positivas. La guerra ha ido bien, no ha habido muchas bajas, y entonces no creo que en los EE.UU. se vaya a buscar «cabezas de turco»; yo creo que nos sentimos satisfechos con lo que ha ocurrido con nuestros aliados. Pero, por otro lado, creo que también tenemos que ser realistas sobre el futuro. Todavía no ha llegado el momento de ver una política exterior unificada por parte de Europa. Por lo tanto, habrá diferencias al gestionar los temas restantes del Oriente Medio.
Miguel Ángel Cortés. —Al hilo de lo que ha dicho sobre Alemania. ¿Cree que va a tener consecuencias en el sentimiento pacifista de gran parte de la sociedad alemana, que, a mi juicio, quizá ha estado la base de la actitud del Gobierno alemán durante esta crisis? Y, como segunda pregunta, ¿cree que esta actitud alemana tendrá que ver con lo que parece un cambio en la política exterior francesa, abandonando un planteamiento tradicional gaullista?
William Quandt. —El sentimiento pacifista en gran parte de la sociedad alemana quizá ha sido un factor condicionante de la postura política y no solamente las limitaciones legales. Sí, creo que en Alemania hoy se tiene un sentimiento claramente en contra de utilizar las Fuerzas Armadas fuera de sus fronteras. Podemos comprender los motivos. Muy pocos americanos verían con buenos ojos una Alemania militarista, y los europeos están en la misma línea. La pregunta principal es si Alemania básicamente va a volverse hacia dentro de sí; si va a mirar únicamente hacia sus problemas después de la reunificación; si va a existir una especie de aislamiento, un dar la espalda a Europa y al resto del mundo a medida que luche contra el desafío interno, o si va ser una Alemania internacional, que mire hacia fuera, dispuesta a jugar un papel importante en el mundo, y, sobre todo, cuando estos países están viviendo un periodo muy sensible, nosotros queremos que Alemania desempeñe un papel muy positivo a la hora de estabilizar las relaciones Este-Oeste. Ése es el tipo de preocupación que tenemos en la actualidad: no que su política exterior vaya a ser una política militarizada, sino más bien un planteamiento sin base internacional o más doméstico, digamos, más preocupado por los problemas de su propio país.
Los comentarios que ha hecho sobre Francia, y cómo se está alejando de su posición gaullista, bueno, esto es algo que desde el punto de vista de América se vería con buenos ojos, porque nosotros siempre esperamos de los franceses una mayor independencia que los otros países europeos. Por lo tanto, no es totalmente sorprendente cuando ocurre algo así, pero cuantas más veces Francia trabaje con sus vecinos, más tomaremos en serio las nuevas realidades de la unificación europea. Si Francia va a participar plenamente en la Europa en formación, tendrá que abandonar por lo menos algo de su sentimiento gaullista de independencia y formar parte de un contexto europeo más amplio. Yo creo que los americanos están deseosos de ver que Francia presta sus energías para la construcción de un monstruo europeo en vez de seguir la política que podríamos designar como una política de «hágalo usted mismo», como hemos visto en el pasado, un poco autosuficiente. Pero, de momento, las relaciones son buenas.
Alberto Míguez.—¿Cree usted que el centro de interés estratégico de los EE.UU. se ha desplazado desde Centroeuropa al Mediterráneo oriental y hacia el Golfo Pérsico? En caso afirmativo, ¿qué consecuencias tendría para el «linkage» transatlántico?
William Quandt. —Bueno, claramente la crisis del Golfo ha generado una honda preocupación en los EE.UU., pero esto no va a durar siempre. Opino que estamos viviendo en la actualidad una vuelta a las relaciones entre los Estados Unidos, la Unión Soviética y Europa. El secretario de Estado, Baker, últimamente estaba muy preocupado con los problemas de las fuerzas convencionales en Europa. El acuerdo en relación con estas fuerzas también fue tema importante durante su visita a Moscú, igual que el tema de la situación del Golfo. A medida que se va asumiendo el problema del Golfo veremos cómo cada vez más EE.UU. presta atención a las relaciones con Europa y con la Unión Soviética. No creo que los EE.UU. vaya a sacar la conclusión de esta última crisis, de que el marco de la OTAN debe ampliarse formalmente hacia la zona del Golfo. No estamos buscando ningún motivo adicional para la OTAN, ahora que ya no la tenemos que ver como barrera contra el Pacto de Varsovia. Quizá podríamos volver a crear la OTAN como una organización de seguridad para el Golfo o para Oriente Medio, aunque éste no sea el planteamiento general de Washington. Sabemos que la OTAN tendrá que evolucionar, pero su fin será básicamente europeo.
Alberto Míguez.—¿Están ustedes satisfechos con la solidaridad española y su aportación logística al conflicto? ¿Cree usted que el Gobierno español respondió a las necesidades militares presentadas? ¿Y cree usted que España puede jugar un papel de intermediación entre el Norte europeo desarrollado y el Sur árabe occidental? (Magreb).
William Quandt. —Considero que la mayoría de los americanos no conocen bien el papel jugado por España en el conflicto, en mi concepto porque francamente vimos muy pocas imágenes o muy pocos informes en los peródicos sobre esta contribución. Yo sí me fijé en el apoyo de España, y creo que los que conocieron ese apoyo lo agradecieron, pero ignoro que haya una sola persona que pidiera una mayor contribución por parte de España. Las únicas quejas que oímos en Washington se referían a Alemania y quizá a uno o dos países europeos más. Pero nadie dijo nada negativo contra España. Comprendemos, claro, que hay consideraciones políticas en un país como España, que está muy unido a la zona del Magreb, vínculos que hay que tener en cuenta.
En cuanto a la segunda parte de la pregunta, los americanos comúnmente conocen muy poco el papel importante del Magreb en la historia europea. Solemos considerar el mundo árabe como el mundo árabe oriental. En cambio, nuestros amigos europeos piensan antes en la zona del Magreb como primer punto de encuentro entre Europa y los países árabes. Yo creo que nosotros los americanos debemos de comprender las interrelaciones entre Europa y el Magreb, y saber que son relaciones importantes para España, Francia e Italia. Estos países tienen una relaciones especiales con el Magreb, relación que debe fomentarse.
Nos gustaría ver en África del Norte una cierta estabilidad y también un crecimiento económico. No tenemos ningún motivo para desear ningún extremismo político en Africa del Norte ni emigración hacia Europa. Y yo creo que podemos comprender las preocupaciones de países como Italia, Francia, España, a la hora de asegurar unas buenas relaciones con el Magreb. Pero, repito, desde el punto de vista del americano estos son temas que realmente se desconocen, no forman parte esencial de nuestro propio planteamiento hacia el Oriente Medio.
Tenemos que aceptar el hecho de que va a existir una división de intereses. Los americanos tienen un interés especial en Israel y la zona oriental del Mediterráneo, y a todos creo que nos preocupa el Golfo.
Miguel Ángel Cortés. —Una de las principales dificultades con que nos enfrentamos es el sentido de las palabras. Al hablar en Europa de integración no todos piensan lo mismo. Por ejemplo, una vez terminada la guerra, incluso aquí hemos sabido que esta integración europea va a fortalecer los vínculos transatlánticos de Francia, y cuando hablamos del «pilar europeo» de la OTAN nos da la impresión de que ocurre lo mismo, porque el señor Delors habla de ello y también lo hacen algunos otros políticos, que dicen que es para fortalecer la OTAN. Me gustaría saber su opinión. ¿Qué cree usted que quiere decir la OTAN, o los EE.UU., mejor dicho, cuando hablan del fortalecimiento del pilar europeo?
William Quandt. —No soy especialista realmente en temas europeos o relaciones euroamericanas, entonces mis opiniones son un poco de observador y no de experto. Me parece, sin embargo, que lo que están buscando los EE.UU. al hablar de un pilar europeo más fuerte dentro de la OTAN es que no quieren que la integración sea a costa de una buena relación transatlántica. Como americanos, aceptamos que Europa está viviendo un proceso histórico de integración, etcétera, y comprendemos y y vemos con buenos ojos incluso este tipo de proceso, pero no queremos que desemboque en la formación de barreras, separando Europa del Atlántico y del resto del mundo. Siempre existe, además, alguna preocupación de tipo económico. La integración europea a veces se piensa que va a terminar convirtiéndose en el establecimiento de unas barreras y que Europa está empezando a formar bloques económicos. En cuanto a la estructura de la colaboración entre los EE.UU. y Europa, esto es muy importante, queremos mantenerla. No queremos separarnos en todo, no queremos que haya un componente europeo, militar europeo. Nosotros llevamos muchos años colaborando a través de la OTAN, y aunque ha cambiado de forma dramática la naturaleza de la amenaza, no queremos desde luego ver un colapso de las relaciones de seguridad que se han desarrollado en las últimas décadas.
Miguel Ángel Cortés. —Pasando al Oriente Medio, hay una tradición occidental que ayuda al establecimiento de poderes hegemónicos en el Oriente Medio, primero Irán, luego Irak. ¿Cree usted que Occidente va a aprender una lección de esta guerra proporcionando seguridad a la zona, sin estos poderes hegemónicos que crean a la larga inseguridad?
William Quandt. —Espero que sí, claro. Tiene razón al describir cómo el Oriente Medio ha pasado de un período de dominio por parte de un poder regional; hemos pasado de un poder dominante a otro. Yo creo que deberíamos intentar evitar volver a una situación parecida, porque ya que todos estamos preocupados hoy por Irak, no quiero que establezcamos un rival iraquí que sirva de contrapeso. El Oriente Medio nunca será estable si pasamos de un poder regional a otro. Yo creo que lo que hay que hacer es intentar ahora mundo occidental y soviéticos reducir la transferencia de armas sofisticadas al Oriente Medio, con el fin de evitar la creación de un nuevo poder hegemónico, porque nadie necesita nuevas armas en el Oriente Medio.
Con la destrucción de la mitad de la capacidad militar iraquí, realmente no hay ninguna amenaza importante en la zona hoy. Entonces yo espero que en diferentes dimensiones podamos conseguir algún acuerdo de control de armamento, porque esto impediría que cualquier poder individual adquiera el poder necesario para dominar la región. Pero, claro, para conseguir nuestro objetivo vamos a tener que buscar la colaboración de los principales países exportadores de armas, los EE.UU., Gran Bretaña, China y algunos otros países que en términos históricos han tenido relaciones a este nivel con el Oriente Medio.
Miguel Ángel Cortés. —¿Cree que el Líbano ha sido víctima de la guerra?
William Quandt. —Yo creo que el Líbano es víctima de muchas guerras en el Oriente Medio y víctima también de sus propias contradicciones internas. No es cierto que el Líbano fuera un país sano el 1 de agosto del año pasado y de repente hubiera sufrido una calamidad terrible el 3 de agosto. El Líbano lleva sangrando desde mediados de los años 70 y en cierto sentido la última crisis esencialmente ha permitido que esto a largo plazo se notara más o se prolongara incluso más. Pero desde luego los vecinos del Líbano han sido muy intervencionistas. Ahora Siria es el que ha ganado la partida.
Debemos centrar nuestra atención en la creación de condiciones en el Líbano para que un Gobierno legítimo, poco a poco, pueda ejercer su autoridad, como de hecho ocurre en el Sur. Debemos intentar que los sirios reduzcan su control militar sobre el país. Por supuesto, el Líbano nunca estará en una situación para poder desafiar de forma abierta las decisiones políticas de Siria, y eso esencialmente es debido a la vecindad, pero no hace falta aceptar la ocupación de las tropas sirias como algo permanente. Deberíamos subrayar el concepto de un Líbano independiente, donde las diferentes comunidades se puedan expresar dentro del escenario político, un Líbano donde las fuerzas extranjeras se retiren al final. Esto va a llevar su tiempo.
Miguel Angel Cortés. —¿En qué sentido cree que podrán evolucionar los regímenes árabes moderados sin caer bajo el mando de los fundamentalistas? Y otra pregunta, en relación con esta primera: ¿piensa que existe algún motivo importante que pueda explicar por qué tan pocos países musulmanes son democracias?
William Quandt. —Dos preguntas muy buenas. En cuanto a la primera, yo creo que sí existe una fuerte corriente de fundamentalismo, sobre todo en el mundo islámico, no solamente árabe, y hay motivos históricos bastante profundos para este hecho. También es importante darnos cuenta, sin embargo, que hasta este momento no hay ningún país donde los fundamentalistas hayan vencido del todo. Hay un avance en Argelia, también hay fundamentalistas en Jordania, en Egipto, pero francamente la situación no está tan clara. Incluso en un país como Egipto, donde se han celebrado elecciones, las fuerzas islámicas no han conseguido atraer a una mayoría de la población, obteniendo porcentajes modestos. Por supuesto, Egipto es un país muy grande y debemos mantenerlo siempre muy a la vista a la hora de hablar del mundo árabe. Es decir, el fundamentalismo es importante, pero no está a punto de celebrar una victoria. Incluso en Jordania, donde los fundamentalistas han obtenido buenos resultados en las elecciones, el rey, que no es fundamentalista, sigue siendo fuerte. Él está intentando equilibrar diferentes tendencias políticas.
En cuanto a su segunda pregunta, si es posible la democracia en el mundo árabe, no resulta muy convincente la evidencia, desde luego. Ha habido algunos experimentos limitados, sobre todo en cuanto a alguna de las técnicas de la democracia. Hemos visto que en Jordania y en Argelia la tendencia islámica ha obtenido buenos resultados, y esto refleja la situación real. Pero lo que no hemos visto todavía en el mundo árabe es la institucionalización de las prácticas democráticas. Yo creo que debemos de tener
De todas maneras, entre muchos árabes hoy detecto un auténtico deseo de iniciar el proceso de cambio. Están hartos de estas dictaduras militares que han gobernado sus vidas desde la independencia. Ya no aceptan el argumento según el cual debido al imperialismo o a las amenazas post-imperialistas sus países tienen que sacrificar la libertad democrática en nombre de la solidaridad nacional. Una mayoría de los árabes no aceptan esta explicación. Los líderes, sencillamente, quieren mantener el poder. Por otra parte, la corrupción es un grave problema donde sea que el poder no tenga ningún freno. De ahí que los intelectuales y también entre el pueblo exista un auténtico deseo de cambio político. Creo que deberíamos comenzar este proceso a pesar de que algunas veces las consecuencias son difíciles de aceptar. Por ejemplo, Argelia puede celebrar elecciones a la Asamblea Nacional de aquí a unos meses y quizá ganen los fundamentalistas. Ése es el riesgo que corremos al tener la democracia.
Miguel Ángel Cortés. —En relación con los aspectos económicos, ¿cuál cree que va a ser la consecuencia de la guerra sobre el petróleo?
William Quandt. —Las consecuencias inmediatas del final de la guerra han sido, claramente, la reducción del precio del petróleo, porque el exceso de oferta ha mantenido los precios actuales, y desde luego el mantenimiento de los precios por parte de la OPEP es un desafío importante. Cuando hablamos de la OPEP, estamos hablando de Arabia Saudí, porque Arabia Saudí es el país clave, ¿no? País clave en cualquier decisión de reducir los precios cortando la producción, y esto es para lo que está la OPEP. Si los precios suben, nadie habla de la situación, pero cuando bajan los precios esto significa que algún país o grupo de países tendrá que reducir su producción para establecer un tope, un mínimo. Hoy el único país que lo puede hacer es Arabia Saudí.
Arabia Saudí es, desde luego, el único país decisivo en la OPEP. Yo creo que los saudíes harán lo posible para impedir el deterioro de los precios del petróleo, puesto que necesitan los ingresos del petróleo; tampoco quieren que el precio baje por debajo de 18 o 20 dólares por lo menos, y por lo tanto de momento van a reducir sólo un poco su propia producción para ayudar a dejar el precio en unos 20 dólares.
Pero ¿qué ocurriría si un nuevo gobierno iraquí llega al poder? Todos, claro, queremos ver cómo mejora su economía, y habrá que permitir a Irak empezar a exportar el petróleo. Irak tiene la posibilidad de exportar aproximadamente 3 millones de barriles al día. ¿Y qué pasaría si luego Kuwait también decidiera exportar su petróleo? Estamos hablando de otro millón de barriles. Entonces, si hoy colocamos 4 millones de barriles de petróleo en el mercado, esto nos llevaría a un colapso de los precios mundiales, y los árabes saudíes y otros de la OPEP tendrán que decidir si reducen su propia producción para permitir a los iraquíes y los kuwaitíes producir y vender petróleo.
Si esto ocurre de aquí a un año, y las economías occidentales están creciendo y la producción americana y la producción de la Unión Soviética disminuye la producción de petróleo, claro, entonces quizás el problema no sea demasiado grave: los saudíes podrían bajar, por ejemplo, de 8 millones de barriles a 6 millones, y podía subir la demanda mundial otro millón de barriles a lo largo del próximo año antes de salir de la recesión, y es posible que la OPEP pueda hacer lo necesario para que el precio no quede colapsado; ahora, si si adelantamos el programa y llegan a exportarse grandes cantidades de petróleo y si la recuperación económica de Occidente ocurre de forma más lenta de lo esperado, entonces podrían bajar por debajo de 15 dólares el barril.
Alberto M. Arruti. —En relación con la guerra del Golfo, tuvimos ocasión de ver por televisión el funcionamiento de armas que se utilizaron por vez primera en esta guerra. ¿Conoce algún arma disponible pero que no fuera utilizada, y no estamos hablando, por supuesto, de armas nucleares, ni químicas, ni bacteriológicas?
William Quandt. —No se me ocurre ningún tipo de estas armas que no emplearan los americanos. Gran parte de los equipos que tenemos fueron utilizados, con excepción del bombardero B-1, que no entró en acción, quizá porque todavía no funciona muy bien. Lo hemos mantenido en la reserva estratégica, ya que es un arma muy cara, desarrollada en los años 80, y que ha sido motivo de controversia. Pero aparte del B1, todos los sistemas de armas de los EE.UU. fueron desplegados. Creo que no utilizamos ningún misil tierra-tierra, pero desde luego sí disparamos misiles mar-aire. Por otro lado, no creo que ningún sistema secreto se haya mantenido en reserva. Respecto a los iraquíes, creo que se puede decir otro tanto, puesto que utilizaron gran parte de sus armas convencionales, pero no las utilizaron ni mucho ni bien, y eso quizá es lo que más llama la atención en esta guerra.
2 de agosto. Tropas iraquíes, en número de 100.000, apoyadas por aviones y carros de combate, invaden Kuwait.
— Resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas pidiendo la retirada inmediata e incondicional.
4 de agosto. Reunión del Comité Político de la CE en Roma (por parte española asistió el secretario general de Política Exterior, don Fernando Perpíñá). Se decretan una serie de sanciones para que entren en vigor inmediatamente:
— Irak invade la zona neutral que separa Arabia Saudí y Kuwait.
6 de agosto. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprueba la Resolución 661, decretando el embargo total al comercio mundial con Irak.
— Irak toma como rehenes a gran número de ciudadanos occidentales, entre los que se encuentra un español.
7 de agosto. Estados Unidos decide el envío urgente de tropas a Arabia Saudí.
— Irak declara que Kuwait forma parte de su territorio.
— El presidente del Gobierno español, Felipe González, declara en Viena que «cualquier intervención en los asuntos internos de cualquier país es rechazable. Quizá lo mejor es una respuesta regional a un problema regional».
8 de agosto. Comunicado de la OID señalando que el Gobierno español rechaza y no reconoce la anexión de Kuwait por parte de Irak.
— El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas declara nula y sin efecto la anexión del Emirato de Kuwait por Irak.
12 de agosto. El presidente iraquí, en un mensaje leído por televisión, propone una «paz global» en base a tres condiciones:
— Retirada de Israel de los territorios árabes