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Toda obra científica expone unos conceptos y aclara unas ideas en la misma medida en que da lugar a un número creciente de nuevas preguntas. La ciencia consiste más en plantearse cuestiones distintas que en hallar soluciones. Dicho de otra manera: toda respuesta genera una gran diversidad de «otras» preguntas.

El presente libro está basado en las clases y seminarios realizados durante 25 años en el Institute of Science and Technology de la Universidad de Manchester. El profesor Cardwell se plantea las relaciones entre ciencia y tecnología. Ambas se deben mucho como es evidente: la tecnología busca transformar el mundo, mientras que la ciencia aspira a comprenderlo. En gran medida, la primera es una consecuencia de la ciencia y, sin embargo, nuestro autor hace una historia de la tecnología dejando al margen la ciencia.

Algunos historiadores, especialmente de la ciencia, han desdeñado la tecnología como obra de «tinkers», o sea mañosos, frente a «thinkers», es decir pensadores. Pero el autor pone un especial énfasis en recordar que no toda la tecnología tiene una deuda con la ciencia y que hoy, gracias a la importancia adquirida, goza de una autonomía parecida a la de la propia ciencia. También plantea el autor las relaciones entre la historia de la tecnología y la historia económica. No hay duda que hoy la tecnología constituye un factor económico de primera magnitud: las naciones más ricas del mundo son las que tienen una tecnología más desarrollada, y los historiadores de la economía han analizado largamente las consecuencias y las implicaciones sociales del desarrollo tecnológico. La importancia de la tecnología en el mundo contemporáneo da lugar a que la ciencia se encuentre ahora «más controlada socialmente de lo que nunca lo ha estado, en una medida que habría horrorizado, sin duda, a Lavoisier, Ampére, Faraday, Joule, Liebig, Clausius y otras personas destacadas del mundo científico de hace doscientos e, incluso, cien años». Las sociedades hacen, en cada momento histórico, una serie de preguntas a la ciencia, que reflejan determinadas inquietudes. Hoy, en líneas generales, esas preguntas hacen referencia a la creciente contaminación del planeta o a problemas relacionados con la energía. En el orden de las tecnologías médicas -que, conjuntamente con las biológicas y químicas, ocupan un lugar secundario en este libro, dedicado principalmente a las tecnologías físicas-, todas las cuestiones relacionadas con el cáncer y el SIDA ocupan un lugar especial.

El profesor Cardwell contempla la historia de la tecnología desde los primitivos hasta la actualidad, es decir, desde el hacha hasta el ordenador; menciona brevemente los logros de las civilizaciones china, india e islámica, y se centra en la toma de decisiones políticas. Analizaremos a continuación qué aspeeevolución tecnológica desde los comienzos de la Edad Media europea. Precisamente la gran revolución científica del siglo xvn se vió posibilitada por un conjunto importante de inventos fundamentales que acompañaron el cambio notable en la concepción y actitud de la humanidad en relación con la naturaleza, que se sitúa en algún momento de la Alta Edad Media. En este contexto, Cardwell, que es inglés, hace, a nuestro juicio, una excesiva referencia a Inglaterra. Pero no hay que olvidar que este país fue el que experimentó con mayor intensidad las consecuencias de la primera Revolución Industrial. Además, otro inglés, Francis Bacon, fue el auténtico filósofo de la revolución industrial, el primero en comprender las posibilidades ilimitadas del hombre en la transformación y control de la naturaleza.

Llaman la atención las líneas dedicadas en el libro a Ortega y Gasset y a su discutible tesis según el cual la tecnología no evoluciona en respuesta a las necesidades de la vida, sino a sus demandas supérfluas. Según Ortega, «los seres humanos no necesitan ni siquiera los instrumentos o medios más simples; durante grandes períodos han vivido sin cocinar los alimentos, sin agricultura y sin hachas de piedra, hasta decidirse a poseer tales objetos».


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Alberto Miguel Arruti (1932-2011) licenciado en Ciencias Físicas, periodista y escritor; trabajó muchos años en RTVE, donde llegó a ser Director de los Servicios Informativos de TVE y RNE. También fue miembro de la Junta Directiva de la Asociación Española de Comunicación Científica. Impartió docencia en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, así como en las Universidades Europea de Madrid, CEU San Pablo y Universidad Internacional de Andalucía.