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Aunque siempre se la ha presentado como la metáfora de la captura, de la pérdida de libertad, del estar y sentirse prisionero, en nuestros días la red ha pasado a ser la imagen del devenir existencial de quien, migrando a través de los círculos sociales que progresivamente se van haciendo más amplios y flexibles, encuentra en la multiplicidad de las pertenencias la clave de la propia identidad. Fuerza y debilidad, complejidad y fragmentación no son más que las polaridades extremas de una identidad múltiple, una identidad que puede recomponerse y reinventarse, una y otra vez, en la figura del navegante, del ciudadano, del extranjero, del solitario. Resultados inesperados de un complejo juego de escenarios y conexiones, aproximaciones y distanciamientos, que siempre contempla al actor social en el rol de jugador y marioneta que conjuntamente produce y reproduce con la acción el sistema de interdependencia del que forma parte.

A partir de las aportaciones ofrecidas por el análisis estructural, que representa una nueva y diferente grafía de plantear preguntas sobre cómo y por qué funciona la sociedad, una mirada que se conecta directamente a la tradición sociológica de Simmel y Von Wiese, en esta obra se reconstruye el recorrido teórico y empírico que ha conducido a la maduración de una nueva forma de leer la sociedad: el paradigma de redes, representación y esencia de la relación social. Sobre él hay que apuntar, como muy bien hacen los profesores Herrera y Barquero, que constituye un estilo de plantear preguntas y buscar respuestas que no es típico y exclusivo del análisis estructural. Teorías del intercambio y teoría relacional se mueven, con sus correspondientes diferencias, en el mismo horizonte. Ambas pretenden producir representaciones que sean adecuadas para comprender una realidad que cada vez es más relacional y menos describible como sistema coherente hecho de partes y subsistemas jerárquicamente ordenados.

Ahora bien, dentro del recorrido teórico realizado, se presta una particular atención a la teoría relacional. Según Herrera y Barquero esta última se propone como un preciso y nuevo planteamiento cognitivo, caracterizado por específicas asunciones de relevancia, juicios de hecho (teorías científicas verificables) y juicios de valor (valoración de los hechos y teorías según un cierto sistema de valores). El elemento que marca la discontinuidad entre el paradigma de redes, tal y como ha sido reconstruido a partir de las reflexiones estimuladas por las teorías estructurales y del intercambio, y el planteamiento relacional, viene dado por la asunción filosófica de que el hombre es, ontológicamente, animal político. ¿Qué significa esto? Que es un ser viviente naturalmente social. La relación social —objeto, a pesar de que muchos lo nieguen, de la sociología— aunque ontológicamente determinada, tiene una cierta autonomía respecto al individuo. Sin embargo, y todo hay que decirlo, no es una realidad que existe prescindiendo de los individuos. La relación social tiene una naturaleza que existe solo por y en los individuos, sin embargo, posee su realidad autónoma, derivable de la modalidad con que los individuos se relacionan recíprocamente. Ya que la relación social, que vive por y en los agentes, está intrínsecamente constituida por actos que siempre están dotados de sentido y determinados estructuralmente, se deriva —como juicio de valor— que cualquier fenómeno o comportamiento social que sea desequilibrado en uno o en otro sentido es asumido como indicador de patología social y de crisis.

Las investigaciones sobre las redes de apoyo como redes de redes de relaciones, el estudio de la familia según una perspectiva de redes que se sitúa más allá de la dialéctica entre acción y estructura, las reflexiones sobre el tercer sector —el gran desconocido de las sociedades avanzadas— y sobre la pluralización del care system en los programas de welfare, la actualización y puesta a punto, en el campo de los servicios a la persona, de nuevas metodologías de intervención etiquetables como «intervenciones de redes», y la misma difusión de una terminología de tipo reticular (amplitud, densidad de las redes, redes de apoyo, ubicación en red de los servicios, etc.), pueden ser considerados como algunos de los múltiples y fructíferos ejemplos de la maduración de esta nueva y diversa forma de leer la realidad social.

En el nuevo paradigma, el concepto de sistema es sustituido por el concepto de red, un concepto en el que la relación se convierte en un eje fundamental. No debemos de olvidar, tal y como señalan los autores de esta obra, que la relación es la clave para entrar y salir de la realidad, esta es la llave que nos da acceso y nos permite abandonar los diferentes escenarios que componen el mundo que nos rodea. Junto a ello hay que apuntar que no elimina los términos que liga, al contrario, los investiga y explica. Aunque hay que tener presente que también han aflorado ciertas formas de relacionismo que, en buena medida, suponen la propia disolución de dichos términos o polos. La relación es un «concreto», no una pura abstracción (forma o comunicación). Esto es, algo específico. Tal conjunto (pensamiento-y-realidad) relacional solamente in extremis es dicotómico (ambivalente, dual, etc.) o confuso: normalmente tiene una estructura de redes, conecta, liga, crea interdependencias; lo que conlleva tensiones y conflictos relacionados. Las normas (y reglas) son una forma absolutamente necesaria e inevitable para regular «normalmente», es decir, en condiciones no extremas, las contingencias de situaciones y acontecimientos que, en lo social, no están en ningún momento determinadas a priori.

El volumen se dirige a todos aquellos estudiantes del área de las ciencias sociales que desean profundizar en los nuevos planteamientos cognitivos. También a los profesionales del campo de los servicios de bienestar y del tercer sector, interesados en experimentar nuevas formas de programación y gestión de los servicios que respondan a las exigencias de una sociedad que cada día es más relacional.

Con la esperanza de que tales objetivos de claridad se hayan alcanzado y que las frecuentes «puntualizaciones» no se contemplen como un exceso de pedantería, los autores consignan este trabajo al juicio de los lectores. En particular a estudiantes y jóvenes que sienten y viven la fascinación de las nuevas «navegaciones» telemáticas, metáforas por excelencia del estar y ser «aquí y ahora, con quien sea y donde sea» en la red y mediante la red, nuevos pilotos que deben confiar en nuevos «mapas» para sobrevivir como robinsones en un mundo marcado por la incertidumbre que es una red de redes de relaciones.


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