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A principios del XVIII, mientras en otros lugares de Europa  comienza  a  vislumbrarse el inicio del «estilo galante» -equivalente al rococó en las artes plásticas-, que conducirá hacia el clasicismo, en Francia sigue sonando .con fuerza la música barroca.

Entre los compositores ligados a la Corte francesa y herederos del absolutismo -también en las artesde Luis XIV, figura Jean-Féry Rebel (1666-1747), cuyas obras, en su mayor parte, no destacan de manera especial. Pero sí llama poderosamente la  atención  la  obra  Les  Elémens (1737), una inspirada suite orquestal que ilustra la creación del mundo, compuesta por Rebel con 72 años.

Rebel debió conocer las Cuatro Estaciones de Vivaldi, que habían sido ya interpretadas en París y publicadas años antes, pero, contrariamente  a los conciertos  vivaldianos, ideó una música con programa en la forma de piezas libres para orquesta. Se sirve de algunos movimientos de danza de la época como la Chacona, la Siciliana o la Loure en una sucesión poco habitual y muy novedosa. Su mayor  innovación  reside en el Caos, primer movimiento de esta suite, cuya tensión sonora resulta inquietante incluso para nuestros oídos del siglo XX. Al  Caos le suceden diversos números instrumentales, que entonan el ideal naturalista del Siglo de las Luces, y que presentan una naturaleza en plena armonía: la tierra, el agua, el fuego, los pájaros …: todo ello en un estado de plácida felicidad a la espera de la llegada del hombre, «más noble que los animales y más apto que ellos para elevarse a través de la Razón y reinar sobre todas las cosas».

El disco, impecablemente realizado por la veterana y prestigiosa agrupación Musica Antiqua de Colonia, con instrumentos originales, ofrece además obras de Telemann y Gluck, contemporáneas a la de Rebel y ligadas en alguna medida al ambiente musical francés. La Sonata-Septeto en Mi menor de G. Ph. Telemann, fue escrita según el «gusto francés» para ser interpretada en París du rante el período q ue en 1737 pasó allí el músico.

Alessandro, un balletto inspirado en los amores de Alejandro Magno y la princesa asiática Roxana, quien debe casarse con él -a pesar de que son enemigos- como única manera para salvar a su pueblo. Este era un argumento ideal para el público parisino de la época, pues el Delfín de Francia iba a casarse con María Antonieta de Habsburgo, y es conocida la enemistad existente entre las dos casas reinantes. Parece que el objetivo de Gluck -a la sazón músico de la corte austríaca- era dulcificar los ánimos de la sociedad francesa a través de esta metáfora, y para ello fue enviado por la propia Emperatriz María Teresa de Austria.

Aunque en los últimos años la figura de Gluck ha ido redescubriéndose principalmente a través de sus óperas, otras obras instrumentales, como el ballet Alessandro, merecen igualmente ser destacadas.


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