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Ver productosLa capacidad lectora de las chicas es muy superior desde edades muy tempranas, una brecha que se mantiene con el desplome de los índices globales de los últimos años

17 de febrero de 2026 - 4min.
Avance
La crisis de lectura es universal. Los índices están en mínimos históricos (si nos ceñimos a las últimas décadas) y cada vez hay más alumnos incapaces de leer un libro completo, no digamos de comprenderlo. En ese contexto, los chicos están aún peor que las chicas. Es una brecha que ha existido siempre, se manifiesta desde edades muy tempranas y se perpetúa con una insistencia sorprendente. Claire Cain Miller, experta en asuntos de género, familia y educación del diario The New York Times, le ha dedicado un artículo a este problema.
La autora cita un buen número de trabajos académicos, que ampliamos en este texto. Miller alude a un análisis reciente de la universidad de Stanford, realizado a partir de los datos disponibles entre 2009 y 2019, según el cual los varones obtienen peores resultados de lectura en casi todos los distritos y cursos de Estados Unidos. Podría pensarse que es un defecto particular de la cultura americana, pero el fenómeno se repite en todo el mundo. Según otro estudio de la Universidad de Chicago, que abarca un periodo aún más amplio (1970-2016) y analiza 63 sistemas educativos diferentes, en casi todos los países las niñas leen más y mejor que los niños.
Los datos del informe PISA y de la UNESCO apuntan en la misma dirección. En España, las cosas tampoco son muy distintas; la brecha en lectura es de unos 25 puntos a favor de las chicas, ligeramente por encima del promedio de la OCDE (24). Un dato global desalentador es que los cambios observados a lo largo del tiempo sugieren que cuando la distancia se reduce, no es por mejoras de los chicos, sino por descensos en el rendimiento femenino. Lo que apenas varía es la mayor frecuencia de repetidores entre los alumnos y su menor implicación escolar, mientras que las alumnas dedican más tiempo a hacer los deberes y leen más por placer, especialmente textos complejos de ficción.
Hay un dato preocupante: a pesar de que el fenómeno es conocido desde que empezaron a medirse los índices de lectura, apenas se le presta atención y menos aún se ponen los medios para tratar de corregirlo, lo que explica en parte que se perpetúe.
Al contrario de lo que ocurre en la asignatura de matemáticas, donde las distancias empezaron a reducirse gracias a esfuerzos específicos para impulsar a las chicas, a casi nadie parece inquietar que los chicos mejoren su capacidad de lectura. El abismo se amplía, como parece lógico, a medida que pasan los cursos en el sistema educativo. Cuando terminan secundaria, la distancia es ya de un año, como si todos ellos fueran repetidores, de media.
Las puntuaciones en habilidades lectoras no son ninguna anécdota. La lectura es fundamental para el aprendizaje en todas las materias y para el éxito académico y profesional. Otro estudio internacional sostiene que el retraso lector de los chicos reduce directamente sus probabilidades de cursar estudios superiores. Voces de prestigio, como la catedrática sueca Inger Enkvist, alertan sobre la necesidad de regresar a la lectura comprensiva como receta para resolver la crisis de la escuela y de la universidad.
Claire Cain Miller añade que, aunque existen posibles factores biológicos —como diferencias tempranas en el desarrollo del lenguaje o mayor prevalencia de dislexia y TDAH en niños—, los expertos subrayan que las diferencias biológicas son pequeñas y moldeables, y que el entorno social es lo que amplifica la brecha. Influyen los estereotipos (ya a los 8 años muchos niños creen que las niñas son mejores en habilidades verbales), las expectativas de padres y profesores, y el hecho de que las niñas declaren disfrutar más de la lectura y la practiquen más. También pesan habilidades de conducta asociadas al aprendizaje —atención, trabajo autónomo, permanecer sentados— que suelen desarrollarse antes en las niñas. A todo esto se suma que el aumento del tiempo frente a pantallas podría estar agravando los problemas de concentración, especialmente en los chicos.
En cualquier caso, los investigadores sostienen que la brecha no es inevitable y proponen estrategias para reducirla:
La mejor noticia sobre la brecha de lectura es que sus causas son en gran parte sociales y modificables. Con políticas educativas y cambios culturales bien planteados, los expertos creen que podría reducirse, del mismo modo que ocurrió con las matemáticas.
«El hecho de que la brecha matemática haya cambiado tanto demuestra que las condiciones sociales pueden modificar estas cosas», afirma Sean Reardon, profesor de la Escuela de Posgrado en Educación de Stanford, quien dirigió el análisis de las calificaciones de los exámenes. «Podríamos ayudar a los niños a ponerse al día en lectura. Simplemente, aún no nos hemos organizado en la sociedad y en las escuelas para hacerlo».