Las reflexiones de un predestinado

Título: «C’est en allant vers la mer».
Autor: Laurent Fabios.
Editorial: Editions du Seuil, París, 1990, 223 páginas.


En agosto del 89, el 61% de los franceses no encontraban diferencias entre el socialismo mitterrandista y la derecha de su país. La manida pero no por ello menos iluminadora tesis del fin de las ideologías parecía con ello confirmarse en la nación vecina, así como otras interpretaciones generales de politólogos e historiadores acerca de la primacía indiscutible de la gestión sobre el pensamiento en el mundo político de Occidente.

El todavía muy joven «delfín» de François Mitterrand, Laurent Fabius, ha partido de esta indefinición para reflexionar sobre el destino y las nuevas aventuras que pueden esperar en su patria al credo socialista. Dado el carácter de algunas de las páginas de la obra y, singularmente, las expectativas que encarna la figura de su autor en el horizonte político francés de este fin de siglo, la obra no debe verse exclusivamente como una reflexión teórica, sino también, y en idéntica proporción, cuando menos como un programa para la acción, que, llegado al Elíseo, podría desplegar Fabius.

Muy al tanto, y tal vez ulcerado por las críticas realizadas últimamente al socialismo gobernante, de haber abandonado las convicciones ante las ciudadelas del poder e ignorar o preterir las cuestiones palpitantes del debate ideológico del presente como las formas de la economía social, la ecología, la participación de los ciudadanos en la vida política, la formación de sociedades multirraciales, etc., etc., Fabius se afana por responder a todas ellas, intentando demostrar que las ideas no han desaparecido ante los goces materiales y que el Partido Socialista Francés está lejos de ser, como pretenden sus adversarios de izquierdas y de derechas, un cascarón vacío sostenido por el aparato del Estado.

Así, es muy viva su defensa de un concepto de desarrollo basado esencialmente en la protección a todo trance del medio físico, hasta el extremo de hablar de un «eco-desarrollo». Nacido al término de la primera revolución industrial, el socialismo necesita igualmente de modo imperioso, según el análisis del actual presidente de la Asamblea Nacional Francesa, adaptarse y hacer suyos los mecanismos reguladores de la tercera versión de la innovación tecnológica. Conforme a su diagnóstico, el siglo XXI ha encontrado ya su cuna en estos años postreros del XX, y el socialismo del inmediato futuro será cibernético o no será.

Al lado de formulaciones y planteamientos doctrinales y un tanto abstractos, Fabius no elude el encararse con los problemas que animan con más fuerza la discusión política en su país. En dicho terreno puede quizá llegar a sorprender el énfasis puesto en su ataque contra la extrema derecha lepenista, auténtica «bestia negra» de sus requisitorias y diatribas de las fuerzas opuestas al socialismo de un «hexágono» que se esfuerza, admirablemente, por conservar un papel europeo e internacional muy superior a su peso específico en economía, política, e incluso cultura, como no deja de reconocer el propio autor.

El mensaje de Fabius es, por supuesto, optimista. El PS no ha renunciado al porvenir ni perdido su identidad con las modificaciones operadas por su, hasta el momento, único dilatado ejercicio de las supremas responsabilidades del Estado. Su fuerza creadora permanece intacta, y seguirá dando eficaz respuesta a los grandes desafíos planteados al pueblo francés en los años venideros.

La actualidad española impone obligadamente la pregunta de si el socialismo dibujado por la personalidad gala tal vez con mayor capital político ofrece semejanza con el trazado en el controvertido «Programa 2.000». Nos atreveríamos a decir que no demasiadas. A ello contribuye la «heterodoxia» del PS francés dentro de la Internacional Socialista (muy significativa fue su ausencia en la reciente cumbre ideológica celebrada en Madrid), y también, reconozcámoslo, el menor gusto por las ideas, el más bajo perfil teórico de su homónimo hispano. No es «la tentación totalitaria», como exageradamente se le ha reprochado, el mayor lunar del «Programa 2.000», sino su frontera con el erial. Todavía en España vivimos de traducciones, y a menudo, por contera, muy malas….