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La idea de que la realidad pueda existir duplicada en otra realidad paralela y lejana, pero idéntica, es el tema neurálgico de La anomalía. Hervé Le Tellier (París, 1957), ganador del Premio Goncourt 2020, aborda un asunto que desde el mito de la caverna de Platón, ha hecho reflexionar a la filosofía y a la ciencia. ¿Y si en algún lugar, más allá del muro de nuestras vidas, existen unos dobles de nosotros mismos que son más reales que nosotros? ¿Quiénes serían, en ese caso, los seres reales y quiénes las sombras de los originales? Como un aviso de lo que vamos a leer, en el epígrafe inicial de la novela de Le Tellier se cita a Chuang Tse: «Y yo, que digo que soñáis, también estoy soñando».

Seix Barral, Barcelona, 2021, 363 págs. 20,50 euros (papel), 9,99 (digital) Traducción de Pablo Martín Sánchez

Un experimentado escritor como Hervé Le Tellier es capaz de convertir en verosímil una invención que atrapa y dispara la imaginación del público. La verdad literaria construida por el autor francés es poliédrica, cargada de datos, poblada por personajes diversos, aderezada con teorías crípticas, pero supuestamente creíbles, como si la novela fuera una historia convincente.

Mezcla diversos géneros literarios: el relato de ciencia-ficción, la narración de espionaje, la historia policiaca, el ensayo científico, la novela sentimental

La planificación de la arquitectura novelesca es fruto de una alambicada estrategia que mezcla diversos géneros literarios: el relato de ciencia-ficción, la narración de espionaje, la historia policiaca, el ensayo científico, la novela sentimental y hasta posee el ritmo de las series de intriga televisivas. Todo ello está envuelto en un argumento con apariencia científica y ensamblado con inteligente ironía.

Una panorámica de sucesos y personajes se despliega para contar la siguiente historia: el 10 de marzo de 2021 un Boeing 787 procedente de París aterriza en Nueva York con doscientos cuarenta y tres pasajeros a bordo, tras un fuerte tornado de granizo. Tres meses más tarde, un avión idéntico, sorprendentemente, el mismo avión, con el mismo capitán y los mismos pasajeros, será desviado de su aterrizaje en el aeropuerto Kennedy, y obligado a tomar tierra secretamente en la base militar Fort MacGuire, por orden de las autoridades del Pentágono. Los doscientos cuarenta y tres pasajeros de este incomprensible avión son la réplica exacta de las personas que aterrizaron en Nueva York en marzo. El desconcierto se instaura entre los científicos, los servicios secretos, las fuerzas armadas, las autoridades religiosas y altos mandatarios de todo el mundo.

La anomalía no es solo la fabulación sobre el encuentro con el doble, ni una distopía de universos paralelos que se entrecruzan. Mediante sus personajes, Hervé Le Tellier apunta posibles explicaciones científicas, relata reuniones políticas y militares de alto nivel que implican a los presidentes de tres países, confronta a los pasajeros desconcertados con sus clones y de paso con sus acciones y su destino. Y mientras el autor lleva a cabo la operación de hacer creíble lo increíble, se adivina una risa casi invisible que parece decir: querido público, estoy llevándole por donde yo quiero y les voy a divertir tanto como yo me divierto. Así pues, estamos ante un juego en los límites de lo posible, una audacia que debe entenderse como un embrollo literario en el que el autor queda también atrapado.

Es importante conocer algunos datos de Hervé Le Tellier para comprender la ironía implícita en el texto. El autor francés es matemático de formación, editor, crítico literario y lingüista, con una larga carrera como autor de novelas, relatos, poesía y obras dramáticas. Hasta lograr vender más de un millón de ejemplares con La anomalía, Le Tellier era un autor consagrado pero minoritario, miembro del grupo literario experimental «Oulipo» (Ouvroir de littérature potentielle), «taller de literatura potencial», fundado en los sesenta por el matemático François Le Lionnais y el escritor Raymond Queneau. El legendario «Oulipo» tuvo entre sus miembros más célebres a Georges Perec e Italo Calvino. Como dijo el miembro del club, Marcel Benabou, «un oulipiano es una rata que construye ella misma el laberinto del cual se propone salir».

No hay un protagonista central en esta historia, sino una serie de personajes que coinciden en el vuelo de Air France con destino a Nueva York. De cada personaje sabremos lo peor y lo mejor, pero algo quedará oculto y nos mantendrá a la expectativa. Los individuos y sus existencias van apareciendo en escena y dando paso a otros, de un modo aparentemente arbitrario. Estos serán algunos de los pasajeros que, a la larga, se enfrentarán con sus duplicados: Blake, un asesino a sueldo con doble vida; Slimboy, un músico nigeriano; Joanna, una ambiciosa abogada afroamericana; Lucie, la amante esquiva de un arquitecto maduro; David Markle, que sufre un cáncer de páncreas; o la pequeña Sophia, dueña de una rana resucitada, de cuyo padre, un militar del ejército estadounidense, conoceremos rincones sombríos. Para confundir aún más el juego de espejos, en el avión viaja un escritor llamado Victor Miesel, cuyo último libro se titula La anomalía.

AL MODO DE LAS CAJAS CHINAS

Relacionados con esos personajes, aparecen otros envueltos en la investigación del insólito caso de duplicidad: el matemático de Princeton Adrian Miller y su colega Meredith, la especialista en cuestiones religiosas, Jamy Pudlowski y un presunto candidato al Premio Nobel por sus trabajos sobre la materia oscura. Los investigadores, políticos y jerarquías religiosas complicarán la historia una y otra vez. Bajo el vértigo producido por las mudas espacio temporales de la trama, la historia está armada con maestría al modo de las cajas chinas.

Sirve en bandeja algunas reflexiones sobre las vidas contemporáneas: la dudosa realidad de internet, la violencia machista, la inestabilidad sentimental, la violencia o las mentiras políticas

De un modo impreciso, el osado juego literario sirve en bandeja algunas reflexiones sobre las vidas contemporáneas: la dudosa realidad de internet, la violencia machista, la inestabilidad sentimental, la violencia o las mentiras políticas. La incertidumbre humana ante los hechos inexplicables expone a los lectores a algunas preguntas sin certezas.

El planteamiento no es nuevo, ya se ha dicho que desde Platón la duda persigue incesante a la humanidad. Pero la fantasía tortuosa y, en el fondo, humorística de Hervé Le Tellier solo pretende sorprendernos y entretenernos con su fabulación. Aunque los hilos desplegados hacia el final tengan menos consistencia que la mayor parte de la novela, este brillante artefacto literario nos mantiene en vilo hasta la última palabra.


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