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Nos encontramos ante un conjunto de más de veinte ensayos, distribuidos en cinco partes, en las que diversos físicos, evolucionistas, biólogos, informáticos, psicólogos y un filósofo discuten una serie de cuestiones fundamentales, que podríamos agrupar en tres grandes temas: el origen del universo, de la vida y de la mente. Estos científicos han roto con la visión tradicional en la que todos hemos sido educados de «dos culturas» -intelectuales de letras por un lado y científicos por otro-, como señaló, hace treinta y cinco años, C.P. Snow en un célebre ensayo. Surge así una tercera cultura, que va más allá de las Humanidades clásicas y de la revolución científica. De esta forma lo comprende el editor de esta obra, John Brockman, presidente de una agencia literaria de Nueva York especializada en la promoción y gestión de derechos de autores científicos.

No es fácil definir lo que se entiende por intelectual. Pero es evidente que, en su época, astrónomos como Hubble, matemáticos como Neumann, cibernéticos como Wiener y físicos como Einstein, Bohr o Heisenberg, no alcanzaron la estimación de los intelectuales. Se les consideró simplemente científicos o sabios. Se entendía que el intelectual, el humanista, debía abordar en su pensamiento aquellas cuestiones que afectan a lo más íntimo de la condición humana. Hoy esta visión ha cambiado por completo. Además, ha surgido un hecho completamente revolucionario. Los periódicos y las revistas de gran difusión se preocupan por la ciencia, de la que Stewart Brand ha llegado a decir que es «lo único noticiable»: «La naturaleza humana no cambia demasiado; la ciencia sí, y los cambios se acumulan alterando el mundo de manera irreversible».

Por otra parte, se ha comprendido «que los intelectuales no son solo gente que sabe, sino gente que modela el pensamiento de su generación». Y el mundo de hoy está modelado por el genoma humano, los sistemas expertos, la realidad virtual, la lógica borrosa o la nanotecnología. Precisamente, la comprensión de estas realidades hace que hoy «Norteamérica sea el semillero intelectual de Europa y Asia». Los científicos han sabido salirse de su propia ciencia e interesarse por otras. Se han constituido nuevas ciencias que participan de las cualidades de otras, como la Biofísica y la Bioquímica. En ciencias como la Ecología se dan cita la Biología, la Botánica, la Zoología, la Oceanografía, la Climatología y otras muchas disciplinas. Nos encontramos en un mundo interdisciplinar. Tomando como básicos estos puntos de vista, este grupo de científicos especula sobre el origen del mundo, de la vida y de la mente. Los orígenes del mundo y de la vida han sido explorados desde hace largo tiempo. El estudio profundo del origen de la mente es mucho más reciente. Este interés se ha visto acelerado por la presencia de los ordenadores y por el desarrollo de la inteligencia artificial. Desde la primera construcción de estos ingenios, se ha planteado el interrogante de hasta dónde puede ser sustituida la mente humana y, sobre todo, la pregunta por el lugar donde radica la creatividad.

Algunos de estos ensayos son sorprendentes e iconoclastas. Por ejemplo, el informático y psicólogo cognitivo, Roger Schank, escribe que «información es sorpresa. Todos esperamos que el mundo se conporte de cierta manera, pero cuando lo hace así nos aburre. Lo que hace que algo sea digno de conocerse se organiza alrededor del concepto de fracaso de expectativas. Las previsiones cobran interés no cuando se cumplen, sino cuando fallan». Y más adelante añade que «aprendemos algo cuando las cosas no salen como esperábamos».

Nos encontramos ante un libro, en definitiva, muy interesante, que nos abre multitud de perspectivas, aunque en algunos casos no podamos estar plenamente de acuerdo con lo que explica.


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Alberto Miguel Arruti (1932-2011) licenciado en Ciencias Físicas, periodista y escritor; trabajó muchos años en RTVE, donde llegó a ser Director de los Servicios Informativos de TVE y RNE. También fue miembro de la Junta Directiva de la Asociación Española de Comunicación Científica. Impartió docencia en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, así como en las Universidades Europea de Madrid, CEU San Pablo y Universidad Internacional de Andalucía.