España-Portugal: ¿Fin de hostilidades?

Redacción NR

El gesto simbólico del Rey de España colocando una corona de flores en el monasterio de Batalha, símbolo del enfrentamiento hispano-luso y, también, de la independencia portuguesa, cierra definitivamente una herida. «Las relaciones entre España y Portugal son excelentes y el futuro es prometedor», dijo recientemente el presidente de la República portuguesa, Mario Soares, a un visitante español. Soares recordaba así la importancia política que tuvo la visita oficial de los Reyes de España a Portugal en mayo del año pasado y que sirvió, según el presidente, para «disipar todos los malentendidos que hubieran podido quedar tras muchos años de incomprensión».

Personalidades portuguesas reconocen que, si bien las relaciones económicas y políticas entre los dos países han entrado «en una fase de gran actividad y mejor entendimiento», no sucede lo mismo con las culturales, universitarias y tecnológicas, todavía varadas en la indiferencia o en la desconfianza. Las inversiones españolas en Portugal se han multiplicado por cinco en los últimos tres años y las exportaciones se han doblado en el mismo período. Pero la presencia cultural española en el país ibérico sigue siendo modesta y no parece que existan planes de intensificarla. Por el contrario, la cultura portuguesa comienza a abrirse camino en España. Muestra de ello es, por ejemplo, la «moda Pessoa» (exaltación de la obra del gran poeta portugués Fernando Pessoa, en su centenario), que hace meses invadió los cenáculos intelectuales de Madrid y Barcelona. O el éxito espectacular logrado por el novelista luso José Saramago, cuya obra —llegan a decir algunos portugueses— «es más conocida en Salamanca que en Coimbra».