¿Es racional creer en Dios?

Una conversación entre Ross Douthat, columnista del «New York Times», y el teólogo y filósofo Robert Barron sobre la existencia de un posible Creador del universo

Ross Douthat (izda.) y Robert Barron. Captura del vídeo de la entrevista
Ross Douthat (izda.) y Robert Barron. Captura del vídeo de la entrevista
José Manuel Grau Navarro

Ross Douthat es un autor estadounidense y columnista del New York Times. Fue editor de The Atlantic y es crítico de cine de National Review. Publica sobre religión, política y sociedad. Se convirtió al catolicismo. Su último libro es Believe: Why Everyone Should Be Religious [Cree. Por qué todos debiéramos ser religiosos], Zondervan, 2025. Robert Barron es filósofo, teólogo y obispo de la diócesis de Winona-Rochester desde 2022. Barron ha fundado la organización Word on Fire y es el creador de Catholicism, una serie de televisión documental de gran éxito en los EE. UU.

Avance

El pasado 29 de enero se estrenó en YouTube una entrevista de Robert Barron a Ross Douthat. Normalmente la estrella foco de interés es el propio Barron, pero en este caso se cambiaron los papeles. El motivo de la cita era hablar del último libro publicado por Douthat: Believe.

Un espectador califica la entrevista como «uno de los diálogos más esperanzadores» que se han «escuchado en muchísimo tiempo». A día de hoy se superan ampliamente en YouTube las 400.000 reproducciones.

Barron divide la hora de diálogo en tres apartados: 1) sobre Dios entendido como posible Creador del universo, 2) sobre Jesucristo y 3) sobre la Iglesia, EE. UU. y el futuro de Occidente.

Empieza Robert Barron con un recuerdo. Cuando era estudiante de doctorado en París, le preguntaron a François  Mitterrand, el presidente de Francia entonces, sobre su credo, a lo que contestó que «la ética del cristianismo es estupenda», pero «nadie se toma en serio su metafísica; los dogmas nadie se los cree» . ¿Son razonables? ¿Es razonable la fe católica? A eso dedican Douthat y Barron un buen espacio de tiempo. Señalan que los atentados yihadistas del 11 de septiembre de 2001 reavivaron la vieja visión ilustrada de que la religión es irracional y violenta. De entonces aquí, no obstante, se ha desvanecido el éxito de famosos ateístas modernos como Richard Dawkins (nacido en 1941) y Christopher  Hitchens (1949-2011), que simplemente señalaron, sin rodeos: cuanta menos religión, mejor será el mundo. Pero nadie observa hoy la sociedad estadounidense y piensa: «Somos menos religiosos y ya no estamos tan polarizados, confiamos más en las autoridades médicas y científicas», afirma Douthat.

Douthat y Barron están de acuerdo en que hay áreas donde aparentemente los descubrimientos y argumentos científicos plantean desafíos reales a la fe. Pero lo decisivo es que no puede haber ciencia a menos que se suponga que el mundo es inteligible. Y la inteligibilidad del universo solo puede explicarse recurriendo a otra inteligencia última que lo haya diseñado.  

Eugene Paul Wigner, físico teórico de origen húngaro asentado en los EE. UU., nobel de Física en 1963, contemporáneo de Einstein aunque más joven, un judío no practicante, es el autor del ensayo The Unreasonable Effectiveness of Mathematics in the Natural Sciences («La irrazonable eficacia de las matemáticas en las ciencias naturales»), que se publicó en 1960. En este ensayo, destaca la misteriosa, profunda y a menudo inesperada capacidad de los conceptos matemáticos abstractos para predecir y describir con precisión la realidad física. Argumenta que esa correlación no es una invención humana, sino una característica fundamental, inexplicable y casi «milagrosa» de la naturaleza.  A lo que añade Douthat que algo parecido sucede con la conciencia: «El misterio de la autoconciencia y la capacidad de lo que parece situarse un poco fuera del mundo y razonar sobre él». Todo ello «apunta a un Creador». Es «altísimamente  improbable un universo puramente aleatorio», Advierte Douthat: «Es bastante llamativo que una de las explicaciones más simples de ciertos aspectos de la realidad cuántica sea que la observación consciente es necesaria para convertir la contingencia en realidad». A lo que Barron comenta que es la misma idea de los teístas cuando subrayan «que la conciencia es lo que sostiene el universo en el ser en cualquier momento dado», que «no hay realidad en sí sin la mente (el pensamiento) como principio», o como lo expresaba Joseph Ratzinger, sin «la primacía del logos (pensamiento, razón) sobre la materia». Creer en Dios quiere decir, de entrada, creer en la primacía del logos frente a la materia.

Admitido que podría haber un Dios, Douthat se pregunta si se preocupa por nosotros. Aquí entra en juego Jesucristo, interviene Barron, porque la religión no es solo «una creencia abstracta en Dios como la gran mente detrás de la inteligibilidad universal», sino este Jesús, «un judío del siglo I, que dijo e hizo cosas bastante notables», que «resucitó de entre los muertos físicamente». Según Douthat, hay razones para «suponer y pensar que los Evangelios son relatos directos de testigos oculares, escritos por gente que se conoce, o conocía a gente que se conocía, y que se explican entre sí». Es «el relato más convincente de una irrupción religiosa profunda en la realidad disponible, entre las grandes religiones». C. S. Lewis advirtió que la gente que piensa que los Evangelios son míticos simplemente no ha leído muchas leyendas míticas.

Sobre la Iglesia y Occidente, Barron y Douthat parten de que la Iglesia debe adorar a Dios, evangelizar y servir a los pobres, cuando de verdad cumple su misión. Y las tres misiones van juntas, algo que en parte se ha perdido tras el Concilio Vaticano II sin culpa en sí de la doctrina del Vaticano II. Barron recuerda ejemplos como el de Dorothy Day. «Nadie sirvió a los pobres más ardientemente que Dorothy Day, y ella amaba la bendición y la misa y los retiros, y estaba constantemente en oración, de rodillas. Pienso que hemos perdido algo en los años posteriores al concilio». 

Barron duda de que exista hoy día la idea de Occidente como concepto anclado a lo mejor del cristianismo. Douthat no es tan extremo, pero en cualquier caso, según él, si alguien defiende los ideales occidentales de raíz cristiana son determinados núcleos sociales importantes estadounidenses, en ningún caso los europeos. En Europa occidental, mucho más secularizada, se dibuja «un paisaje muy distinto de inmigración y cambio cultural en torno al islam y con un panorama demográfico sombrío».

Más información. Además de los enlaces a lo largo del artículo:

Entrevista de Robert Barron a Ross Douthat, en YouTube.

La América de Donald Trump y el cristianismo, en Nueva Revista.