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Veinte años después de la muerte de María Callas, su voz y su leyenda continúan vivas y encienden la imaginación y la sensibilidad de aquellas nuevas generaciones de amantes de la ópera que no tuvimos la oportunidad de verla en la escena.

Hoy, el descubrimiento de María Callas es posible por la nueva publicación de todas las grabaciones que realizó durante su carrera. Este año, coincidiendo con el vigésimo aniversario de su muerte, la EMI -con la que María Callas había firmado una exclusiva en 1953- ha sacado a la luz todo su catálogo renovado y digitalizado para ofrecerlo con el mejor sonido. Son más de veinte los discos recién publicados: 11 óperas {entre las cuales  se  encuentra  su  indiscutible  éxito, Norma de Bellini, y una interesante y apasionada Traviata de Verdi registrada en vivo), 11 discos de recitales y 2 de programas infrecuentes y grabaciones en directo.

María Callas: La voz del siglo es un doble compacto que recoge 27 arias de ópera seleccionadas entre las de su catálogo, que presenta lo más granado de su arte.

Si el gran triunfo de la Callas fue doble, como cantante y como actriz, hoy, su legado no puede ser valorado más que en una de sus vertientes: la musical. Como cantante poseía una voz de extraordinaria amplitud, que remontaba hasta los agudos de la soprano ligera y se sumergía hasta los sonidos más graves de la soprano dramática, con un timbre oscuro y sólido en el registro grave. Su extraordinaria extensión vocal le llevó a interpretar en ocasiones papeles de mezzo­ soprano (Carmen, Sanson y  Dalila).La Callas adquirió una técnica vocal magnífica a través de la soprano española Elvira de Hidalgo, pero también aprendió con ella a trabajar de forma exigente y con afán perfeccionista.

María Callas había nacido para el canto, aunque indudablemente también para la escena, pues tenía un talento muy especial para la interpretación teatral: se movía con gran libertad por el escenario y conseguía encarnar los personajes de forma muy convincente. Pero si actuaba con empeño y se movía con soltura, era capaz al mismo tiempo de utilizar la voz como medio de expresión de ese personaje; es decir, modelaba con la voz los sentimientos del personaje que encarnaba, dando a cada palabra su significación, y a cada nota, su acento más adecuado. Éste es uno de los valores intrínsecos de sus grabaciones, que no son sino verdaderas interpretaciones, en el sentido más literal del término.

La Callas triunfa en La Scala de Milán durante la época de grandes directores escénicos -Visconti, Zeffirelli…- que abordan su oficio desde un punto de vista más globalizador y conciben la ópera como un espectáculo artístico total en el que música, texto y movimiento escénico han de subordinarse unos a otros. También en la dirección musical, Tullio Serafín y Víctor de Sabara contribuyeron a engrandecer aquellos montajes operísticos y supieron obtener de esta magní­ fica cantante su mejor arte. Para Visconti, María Callas era la mejor actrizcantante y de ella supo sacar buen provecho, pues encarnaba la síntesis perfecta del teatro in música. Los grandes personajes operísticos como Norma, Tosca o Violeta (Traviata, Verdi) se enriquecieron con las versiones de la Callas, llenas de humanidad y realismo escénico.

De carácter apasionado y temperamental, ejerció de diva con todas las consecuencias, con contratos cada vez más exigentes y algunos desplantes tan sonados como el protagonizado en cierta ocasión en Roma, abandonando la representación de Norma tras el primer acto. Tuvo una  vida complicada que incidió poderosa­ mente en su carrera artística, que empezó a decaer a finales de los años sesenta. Atrás dejaba grandes éxitos en los principales teatros de ópera del mundo y un gran número de admira­ dores, que siguieron aplaudiéndole en recitales cada vez menos frecuentes. Su arte seguía siendo emotivo pero sus posibilidades vocales se fueron empobreciendo por una serie de circunstancias acumuladas: los problemas personales, el abuso de fármacos para combatir la depresión y las inevitables consecuencias de una mala dosificación de la voz en los años anteriores.

La figura de María Callas constituye el mito de una época. Su forma de cantar ha quedado registrada y constituye el documento excepcional de una heroína romántica, verista, trágica, moderna y opuesta a las de­ más grandes figuras de  su  tiempo.


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