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10 de marzo de 2026 - 23min.
Avance
El autor del artículo analiza los logros y tareas pendientes de la cooperación interuniversitaria internacional y, concretamente, del Espacio Iberoamericano del Conocimiento (EIC), en el que, por lo que se refiere a España e Iberoamérica, ha cristalizado dicha cooperación. El propósito inicial del EIC era fomentar la movilidad académica y crear instrumentos educativos que facilitaran el intercambio universitario. El autor presenta algunos de los proyectos más relevantes que han definido al EIC en lo referente a movilidad, reconocimiento de títulos, transformación digital e investigación.
En cuanto a la movilidad, destacan los programas de intercambio académico, las prácticas profesionales internacionales y las redes y consorcios universitarios. Pero la movilidad tropieza con el obstáculo de la falta de mecanismos ágiles para el reconocimiento de títulos. La transformación digital y la integración ética de la inteligencia artificial en la educación superior constituyen otro reto ineludible, sostiene el autor del artículo. La digitalización está revolucionando los modelos de enseñanza y aprendizaje, pero plantea cuestiones de equidad, acceso y calidad. En Iberoamérica, la transformación digital de la educación superior, aunque ha logrado importantes avances, presenta también notables asimetrías. Aunque la inmensa mayoría de las universidades cuentan con plataformas virtuales de aprendizaje, solo entre un 50 % y un 60 % del profesorado ha recibido formación específica en competencias digitales avanzadas. El problema es más acusado en algunas universidades públicas con limitaciones presupuestarias, lo que plantea riesgos de fragmentación digital dentro del propio EIC. En definitiva, la transformación digital constituye un eje estructural para el futuro del EIC.
Por lo que se refiere a la cooperación en investigación y transferencia del conocimiento, esta es un motor esencial para el desarrollo científico, tecnológico y social de la región. Las alianzas en este campo permiten abordar retos globales, compartir recursos y capacidades, y generar soluciones innovadoras con impacto social y económico. El crecimiento previsto de la población universitaria en América Latina y el Caribe exige ampliar la capacidad de los sistemas educativos, garantizar la calidad y la equidad, y fortalecer las alianzas estratégicas entre instituciones.
ArtÍculo
Desde hace más de tres décadas, los países iberoamericanos han venido construyendo un marco común de cooperación académica, científica y cultural que ha dado lugar al desarrollo del Espacio Iberoamericano del Conocimiento (EIC). Este proceso se ha forjado a través de acuerdos políticos, redes universitarias y múltiples iniciativas regionales orientadas a la movilidad, el reconocimiento de títulos y la integración institucional superior inclusiva. Su desarrollo ha sido gradual, avanzando a través de diferentes cumbres de jefes de Estado y de Gobierno, como las de Bariloche (1995), Panamá (2000) y Lima (2001). Sin embargo, fue en la Cumbre de Salamanca (2005) donde se formalizó el compromiso de establecer el EIC como una herramienta clave para fomentar el desarrollo social mediante una economía basada en el conocimiento. Este compromiso quedó plasmado en el documento fundacional aprobado durante la Cumbre de Montevideo (2006), que destacó explícitamente la importancia estratégica de fomentar la movilidad académica y crear instrumentos educativos que facilitaran el intercambio universitario.
Durante estos años, se ha logrado mucho —lo podemos decir con sano orgullo, pero con pareja ambición de futuro— y ahora, más que nunca, entiendo que es el momento de fortalecer el EIC consolidando algunos de los proyectos más relevantes y comenzando a diseñar otros que supongan un salto cualitativo hacia una visión renovada del EIC proporcionando soluciones a los desafíos más relevantes y convirtiendo el EIC en una realidad pujante y prometedora. Así, en este trabajo, es mi objetivo presentar algunos de los proyectos más relevantes que han definido el EIC en los siguientes ámbitos: la movilidad, el reconocimiento de títulos, la transformación digital y la investigación. Finalmente, concluyo con algunas reflexiones que definen el presente más inmediato y el futuro más cercano.
La cooperación universitaria entre España e Iberoamérica tiene una larga tradición, sustentada en lazos históricos, culturales y lingüísticos. Desde mediados del siglo XX, cuando comenzaron a firmarse los primeros convenios formales de colaboración entre universidades españolas e iberoamericanas, se ha producido una intensificación de los acuerdos bilaterales y multilaterales, abarcando ámbitos como la docencia, la investigación y la gestión universitaria.
A lo largo de las décadas, esta cooperación se ha fortalecido con la creación de organizaciones y programas específicos, como la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) en 1949; la Asociación Universitaria Iberoamericana de Postgrado (AUIP) en 1987; la creación del Grupo Compostela de Universidades, que actualmente conforman sesenta universidades a nivel global, en 1994; la Fundación del Grupo de Universidades La Rábida, que integra universidades andaluzas y latinoamericanas, en 1995; la Fundación del Grupo Tordesillas, que promueve la colaboración entre universidades de Brasil, España y Portugal, en 2000; la Fundación Carolina, creada para fomentar las relaciones culturales y la cooperación educativa entre España e Iberoamérica, en 2002; la constitución del Consejo Universitario Iberoamericano (CUIB) en Cartagena de Indias, en 2002; la creación de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), para dar seguimiento a los acuerdos alcanzados, en 2003; la fundación de la Red Iberoamericana para el Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (RIACES), en 2003; la creación de la Fundación EU-LAC con sede en Hamburgo, en 2010; la creación del Campus Iberoamérica, para promover la movilidad académica en la Comunidad Iberoamericana, en 2014; y la creación del Sistema Iberoamericano de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (SIACES), en 2018. Si bien el balance de estos programas e iniciativas arroja importantes logros, por ejemplo el aumento de la movilidad académica y la creación de redes de investigación, todavía quedan pendientes retos relacionados con la financiación y la sostenibilidad de los proyectos conjuntos y, muy especialmente, es prioritario avanzar hacia una mayor integración y reconocimiento mutuo de estudios y títulos. En este contexto, con el objetivo de potenciar el diálogo entre asociaciones de rectores y rectoras iberoamericanos, desde CRUE se han organizado las siguientes cumbres: 2024, cumbre Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior de la República de México (ANUIES)-CRUE en Ciudad de México; 2025, Asociación Colombiana de Universidades (ASCUN)-CRUE en Bogotá; 2025, Consejo de rectores y rectoras de las universidades chilenas (CRUCH)-CRUE en Santiago de Chile; 2026, cumbre de la asociación de rectores y rectoras peruanos-CRUE en Lima. Además, la Universitat Jaume I y la Universidad de La Laguna serán los anfitriones de las II Cumbres CRUE-ANUIES y CRUE-CRUCH en abril y octubre de 2026.
Estas cumbres han permitido crear un foro de diálogo desde donde compartir una agenda común de los desafíos que debe afrontar la universidad del siglo XXI y, además, tomar conciencia de la urgente necesidad de aspirar a un programa iberoamericano ambicioso que refuerce nuestra identidad y ofrezca un modelo renovado de cooperación académica en Iberoamérica más estructurada, inclusiva e innovadora, recogiendo los compromisos multilaterales asumidos y fomentando los principios de integración, excelencia y reciprocidad mediante acciones concretas, sostenibles y de alto impacto.
En las últimas décadas, se han impulsado diversas iniciativas destinadas a fomentar la movilidad académica y fortalecer los vínculos interinstitucionales entre las universidades de Iberoamérica. En este contexto, iniciativas como la Red Magallanes1, el Programa Paulo Freire+2, las acciones promovidas por la AUIP3, las acciones gestionadas desde SEPIE (por ejemplo la KA171 del Programa Erasmus+)4, las impulsadas por la Unión Iberoamericana de Universidades5, y los programas de movilidad de la Fundación Carolina6, y, en un ámbito regional, las becas BEME7 constituyen antecedentes valiosos que han facilitado una cooperación académica sostenible y dinámica en la región. Por mor de la brevedad, omitimos la referencia a los muchos programas de movilidad y cooperación gestionados por las universidades españolas miembros de CRUE como parte de su compromiso en el fortalecimiento de la internacionalización y cooperación.
Recientemente, CRUE ha reforzado su colaboración con el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación para impulsar la movilidad académica y profesional en el espacio iberoamericano. Esta alianza se ha materializado en la firma de un convenio8 cuyo objetivo es facilitar e incrementar los intercambios de estudiantes y profesorado entre las universidades de España y los países de Iberoamérica, así como promover el español en el ámbito mundial. Además, la colaboración contempla la preparación de acciones conjuntas de cara a la próxima Cumbre Iberoamericana prevista para 2026 en España.
Entre las iniciativas más relevantes impulsadas por CRUE y universidades asociadas destacan:
-Programas de intercambio académico: facilitan la movilidad de estudiantes, docentes e investigadores, permitiendo la realización de estancias formativas, de investigación y de prácticas profesionales en instituciones de ambos lados del Atlántico.
-Prácticas profesionales internacionales: las universidades están comprometidas con el desarrollo profesional del alumnado universitario, promoviendo la realización de prácticas en organismos como el propio Ministerio de Asuntos Exteriores, lo que contribuye a la inserción laboral y al desarrollo de competencias globales.
-Redes y consorcios universitarios: la participación en redes como la AUIP y la colaboración con la SEGIB refuerzan la integración del EIC y facilitan la movilidad académica y profesional.
Está claro que, si bien reconociendo el valor de estas iniciativas, debemos buscar mecanismos eficientes para la homologación y la declaración de equivalencia de títulos, el aseguramiento de la calidad, el desarrollo de instrumentos de medición comunes9, la diversificación de las modalidades de movilidad (presencial, virtual e híbrida) para superar desafíos históricos y avanzar en la integración efectiva del EIC.
A nadie se le oculta que uno de los principales obstáculos para la movilidad académica y profesional en el EIC es la falta de mecanismos ágiles y transparentes para el reconocimiento de estudios, títulos y diplomas. Las diferencias normativas y los procedimientos burocráticos dificultan la homologación de títulos, limitando las oportunidades de estudiantes y profesionales.
En esta línea, la Declaración de Santiago de Compostela10, surgida en la II Cumbre Académica y del Conocimiento de la UE-CELAC celebrada los días 4 y 5 de mayo de 2023, subraya la necesidad de acompañar el reconocimiento de estudios y títulos con la creación de un sistema de calidad internacional, así como la importancia de la acreditación y evaluación de la educación superior. Esta declaración, junto con otros acuerdos multilaterales, impulsa la colaboración entre Europa y América Latina para establecer estándares comunes y mecanismos de evaluación que faciliten la movilidad académica y profesional. El reconocimiento de la calidad es visto como un elemento esencial para la construcción de un espacio iberoamericano del conocimiento sólido y competitivo.
Igualmente, es importante señalar que la UNESCO, a través del Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC), ha desempeñado un papel clave al realizar y difundir estudios que analizan en profundidad la situación de la educación superior en la región11. Estos estudios abordan tanto los desafíos actuales como los avances más significativos, destacando especialmente propuestas clave como el nuevo Convenio Regional de Reconocimiento de Estudios, Títulos y Diplomas de Educación Superior para América Latina y el Caribe, aprobado en Buenos Aires en 2019 y en vigor desde octubre de 2022, que actualiza y sustituye el convenio original firmado en México en 197412. Aunque su ámbito potencial abarca a más de treinta países, su ratificación por solo seis Estados reduce significativamente su impacto práctico, situando su cobertura jurídica en menos de una quinta parte del espacio regional. Esta brecha entre el consenso normativo y su implementación real pone de manifiesto la necesidad de reforzar los compromisos políticos y administrativos que permitan transformar los acuerdos multilaterales en instrumentos operativos al servicio de la movilidad académica y profesional, pues es fundamental avanzar en la convergencia educativa de la región y sentar así las bases para una mayor armonización de los sistemas educativos fortaleciendo la cooperación académica y científica entre los países involucrados.
Otro avance significativo en la consolidación del EIC se dio en marzo de 2022 con la firma del Desiderátum en Barranquilla13, resultado de las jornadas organizadas por la Asociación Universitaria Iberoamericana de Postgrado (AUIP) en la Universidad Simón Bolívar (Colombia).
Este acuerdo, ampliamente difundido entre los líderes de educación superior de la región, subrayó la necesidad de avanzar hacia una integración efectiva como eje central del EIC, enfatizando la creación de un programa conjunto de movilidad financiado por todos los países de la región y un mecanismo armonizado de reconocimiento de títulos basado en criterios homogéneos de calidad.
Desde una perspectiva cuantitativa, conviene subrayar que, pese a la intensidad de los flujos académicos entre España y América Latina, los mecanismos de reconocimiento automático de títulos y créditos siguen siendo limitados. Existe una asimetría entre el Espacio Europeo de Educación Superior, donde instrumentos como el sistema ECTS, el Suplemento Europeo al Título o los marcos nacionales de cualificaciones han contribuido a una mayor interoperabilidad académica, y el espacio iberoamericano, que aún carece de herramientas técnicas plenamente consolidadas y de aplicación generalizada.
En paralelo, el aseguramiento de la calidad se ha convertido en un elemento esencial para generar confianza entre los sistemas educativos y garantizar la validez de los títulos reconocidos. La existencia de agencias nacionales y regionales de evaluación y acreditación, así como la adopción de estándares internacionales, contribuyen a fortalecer la transparencia y la mejora continua de los programas académicos. Iniciativas como la Red Iberoamericana para el Aseguramiento de la Calidad en la Educación Superior (RIACES) han promovido la cooperación entre agencias y la convergencia de criterios de calidad, facilitando el reconocimiento mutuo y la movilidad.
Además, el Sistema Iberoamericano de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (SIACES) se ha consolidado como un referente clave para la evaluación y acreditación internacional en el espacio iberoamericano. SIACES promueve la cooperación entre agencias nacionales de aseguramiento de la calidad, facilitando la armonización de criterios y el reconocimiento mutuo de acreditaciones. Su objetivo es fortalecer la confianza entre instituciones y garantizar que los títulos y programas ofrecidos cumplan con estándares internacionales de excelencia. El apoyo institucional a SIACES, así como el entendimiento alcanzado con la ENQA (European Association for Quality Assurance in Higher Education), son pasos fundamentales para avanzar hacia una mayor integración y comparabilidad de los sistemas de calidad en la región.
La creación de un sistema de calidad internacional requiere la implicación activa de universidades, agencias de aseguramiento de la calidad y organismos supranacionales. Entre las propuestas más relevantes destacan:
-Impulsar la cooperación entre SIACES y otras agencias internacionales, como la ENQA, para compartir buenas prácticas y desarrollar procedimientos de evaluación conjuntos.
-Desarrollar marcos normativos y estándares comunes que permitan la comparabilidad de títulos y programas, respetando la diversidad de los sistemas educativos nacionales.
-Fomentar la transparencia y la información accesible sobre los procesos de acreditación y los resultados de las evaluaciones, facilitando la toma de decisiones por parte de estudiantes, empleadores y responsables políticos.
-Promover la formación y actualización de los equipos evaluadores, asegurando que cuenten con las competencias necesarias para valorar la calidad en contextos internacionales y virtuales.
-Apoyar la innovación educativa y la adaptación a los retos emergentes, como la digitalización, la inteligencia artificial y la sostenibilidad, integrando estos aspectos en los criterios de calidad.
No obstante, como ya se ha señalado, persisten retos importantes, como la heterogeneidad de los marcos normativos, la diversidad de criterios de evaluación y la necesidad de avanzar hacia sistemas más flexibles y adaptados a la realidad de la región. El desafío inmediato es consolidar mecanismos de reconocimiento y aseguramiento de la calidad que sean eficientes, transparentes y orientados a la mejora continua, permitiendo así la construcción de un EIC más integrado, competitivo y abierto a la movilidad internacional. En este contexto, España ocupa una posición singular como actor de enlace entre el Espacio Europeo de Educación Superior y América Latina. Su experiencia en la implementación de sistemas de aseguramiento de la calidad, así como el papel desempeñado por agencias como la ANECA en procesos de evaluación y cooperación internacional, sitúan al país en una posición estratégica para impulsar la convergencia normativa y técnica. El fortalecimiento de la cooperación entre SIACES y redes europeas como la ENQA puede contribuir de manera decisiva a trasladar buenas prácticas, generar confianza institucional y avanzar hacia esquemas de reconocimiento más armonizados.
En definitiva, el aseguramiento de la calidad y la acreditación internacional son pilares imprescindibles para garantizar la confianza, la transparencia y la excelencia en la educación superior iberoamericana, y constituyen la base sobre la que se debe construir el futuro del EIC, ese modelo renovado al que me he referido anteriormente.
En las cumbres bilaterales impulsadas desde CRUE con ANUIES, ASCUN y CRUCH (cf. supra), una de las constantes en todos los programas ha sido explorar el potencial que nos ofrecen las tecnologías más disruptivas, con un foco muy especial en la inteligencia artificial generativa, como elemento de innovación educativa y como un recurso potente en la gestión de nuestras universidades.
La transformación digital y la integración ética de la inteligencia artificial en la educación superior constituyen otro reto ineludible. La digitalización está revolucionando los modelos de enseñanza y aprendizaje, pero plantea cuestiones de equidad, acceso y calidad. En este contexto, proyectos europeos como DIGCOMP —el Marco Europeo de Competencia Digital para la Ciudadanía— ofrecen una referencia común para definir y evaluar las competencias digitales necesarias en la sociedad actual. DIGCOMP14 establece un marco estructurado que abarca áreas como la alfabetización informacional, la comunicación y colaboración digital, la creación de contenidos, la seguridad y la resolución de problemas en entornos digitales. Este programa ha tenido un impacto creciente en el ecosistema iberoamericano de educación superior15, aun sin tratarse de un instrumento formalmente adoptado por todos los países y no haber sido diseñado específicamente para el ámbito iberoamericano, DIGCOMP ofrece un lengua-je común y una estructura conceptual útil. Su principal contribución ha sido ofrecer una referencia internacionalmente validada y pedagógicamente neutra para orientar el desarrollo, la evaluación y la certificación de las competencias digitales en estudiantes, docentes y personal de administración y servicios.
Otra iniciativa que fomenta la transformación digital de las universidades del espacio iberoamericano es el Proyecto MetaRed16. Constituye una iniciativa colaborativa impulsada por Universia y el Banco Santander, que agrupa a responsables de tecnología y transformación digital de universidades iberoamericanas con el objetivo de compartir buenas prácticas, promover la cooperación tecnológica y acelerar la digitalización de la educación superior en la región. MetaRed actúa como una red de redes, facilitando el intercambio de experiencias y el desarrollo de proyectos conjuntos en ámbitos clave como la ciberseguridad, la interoperabilidad de sistemas, la formación en competencias digitales y la adopción de tecnologías emergentes.
Además, la transformación digital está fomentando programas de movilidad virtual, que permiten a los estudiantes cursar asignaturas en universidades extranjeras desde su país de origen, y los másteres y doctorados conjuntos impartidos en modalidad online o híbrida. Estas experiencias han demostrado ser especialmente útiles para estudiantes de América Latina, que a menudo enfrentan barreras económicas o administrativas para la movilidad presencial. En este contexto, destaca el Proyecto PIMIVA como una de las acciones clave previstas en la Estrategia Iberoamericana para la Transformación Digital de la Educación Superior, aprobada en la XXVIII Cumbre Iberoamericana de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno (Santo Domingo, República Dominicana, 25 de marzo de 2023)17.
El programa PIMIVA tiene como objetivo enriquecer la formación académica, profesional e integral de los estudiantes de posgrado mediante la movilidad y el intercambio virtual, facilitando así el acceso a experiencias internacionales sin las limitaciones geográficas o económicas que tradicionalmente han condicionado la movilidad presencial. Esta iniciativa no solo promueve la internacionalización de la formación universitaria, sino que también contribuye a la construcción de una perspectiva iberoamericana y global en el desarrollo de competencias, favoreciendo la integración regional y el fortalecimiento de una comunidad académica conectada, innovadora y resiliente ante los retos de la sociedad digital.
Desde una perspectiva empírica, la transformación digital de la educación superior iberoamericana presenta avances significativos, pero también notables asimetrías. Según datos de Statista18, tras la pandemia, más del 90 % de las universidades de la región incorporaron plataformas virtuales de aprendizaje de manera sistemática; sin embargo, diversos estudios regionales muestran que solo entre un 50 % y un 60 % del profesorado ha recibido formación específica en competencias digitales avanzadas, y menos del 40 % declara utilizar de forma habitual metodologías digitales innovadoras más allá de la docencia síncrona básica. Estas brechas son aún más acusadas en algunas instituciones latinoamericanas, especialmente en universidades públicas con limitaciones presupuestarias, lo que plantea riesgos de fragmentación digital dentro del propio Espacio Iberoamericano del Conocimiento.
Informes regionales como el del Banco Interamericano de Desarrollo19 subrayan que, pese a la alta importancia atribuida a la digitalización, persisten brechas significativas entre capacidades institucionales y necesidades tecnológicas. En términos de infraestructura y acceso, las diferencias siguen siendo relevantes. Mientras que en España el acceso a banda ancha fija de alta velocidad supera ampliamente el 90 % de los hogares, en varios países de América Latina este porcentaje se sitúa entre el 60 % y el 75 %, con desigualdades significativas entre zonas urbanas y rurales. Estas condiciones estructurales inciden directamente en la capacidad de las universidades para desplegar enseñanza híbrida, movilidad virtual y programas conjuntos en línea en condiciones de calidad homogéneas, reforzando la necesidad de políticas cooperativas que aborden la transformación digital como un reto sistémico y no meramente institucional. La movilidad virtual, por su parte, ha experimentado un crecimiento sostenido. Se estima que los programas de intercambio académico virtual y las experiencias COIL (Collaborative Online International Learning) multiplicaron por más de tres su alcance entre 2020 y 2023 en el ámbito iberoamericano.
Las declaraciones emanadas de las cumbres iberoamericanas, incluyendo las reuniones bilaterales CRUE-CRUCH, CRUE-ANUIES y CRUE-ASCUN, coinciden en subrayar que la transformación digital constituye un eje estructural para el futuro del EIC. En ellas se insiste en que la digitalización debe avanzar desde una lógica meramente instrumental hacia un modelo ético, inclusivo, capaz de reducir brechas, garantizar la igualdad de oportunidades y reforzar la cohesión regional. De manera destacada, la cumbre CRUCH–CRUE ha puesto el acento en la necesidad de promover la integración responsable y estratégica de la inteligencia artificial, entendida no solo como un motor de innovación educativa y administrativa, sino como una tecnología que exige marcos comunes de gobernanza, formación específica para el profesorado y mecanismos que aseguren transparencia, equidad y protección de derechos. Estas reflexiones convergen en una visión compartida: la transformación digital, incluyendo la adopción crítica y regulada de la IA, es el fundamento para construir un sistema universitario iberoamericano más integrado, resiliente y preparado para afrontar los retos de la sociedad del conocimiento, profundizando la colaboración interregional y proyectando al EIC como un actor global de referencia.
La cooperación en investigación y transferencia de conocimiento entre universidades de España e Iberoamérica constituye un motor esencial para el desarrollo científico, tecnológico y social de la región. Estas alianzas permiten abordar retos globales, compartir recursos y capacidades, y generar soluciones innovadoras con impacto social y económico. Iniciativas como las impulsadas por CRUE, a través de informes y proyectos como el «Informe Investigación y Transferencia del Conocimiento20» y «Transferencia e Impacto Social21», ejemplifican el compromiso con la colaboración interuniversitaria y la divulgación de resultados, acercando la universidad a la sociedad y fomentando la conexión con empresas, administraciones públicas y organizaciones sociales.
El crecimiento previsto de la población universitaria en América Latina y el Caribe exige ampliar la capacidad de los sistemas educativos, garantizar la calidad y la equidad, y fortalecer las alianzas estratégicas entre instituciones. En este contexto, el Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED)22 se erige como una de las principales iniciativas de cooperación multilateral para la investigación y la transferencia del conocimiento en la región. CYTED agrupa a 21 países iberoamericanos y ha permitido la creación de redes de investigación y formación en áreas prioritarias como salud, agroalimentación, energía, desarrollo industrial, TIC y sostenibilidad, promoviendo la colaboración científica, tecnológica y de innovación a través de consorcios internacionales, proyectos conjuntos y plataformas de transferencia de tecnología. La trayectoria de CYTED permite afirmar que se trata de un programa maduro y de alto impacto, cuya principal aportación ha sido la consolidación de una comunidad científica iberoamericana articulada a través de redes estables de cooperación. Entre los resultados más significativos destaca la generación de más de un millar de redes temáticas y proyectos consorciados que han facilitado la transferencia de conocimiento, el desarrollo de capacidades investigadoras y la formación de jóvenes científicos, especialmente en países con menor infraestructura científica. Las universidades iberoamericanas participan de manera directa en estas iniciativas, beneficiándose de la movilidad académica, la dirección compartida de tesis doctorales y la creación de polos regionales de innovación, lo que refuerza de forma natural los objetivos EIC. En este sentido, CYTED se configura como un catalizador estratégico para avanzar hacia un ecosistema de ciencia abierta, interoperable y coordinado, capaz de alinearse con programas de dimensión suprarregional. Asimismo, la convergencia entre las prioridades del programa y las iniciativas de la Unión Europea, en particular la Agenda de Inversiones UE-LAC del marco Global Gateway, abre una oportunidad única para impulsar líneas de financiación conjuntas que potencien la investigación en transición verde, transformación digital y salud, consolidando así un espacio científico iberoamericano más integrado, competitivo y conectado con los grandes retos globales.
No obstante, persisten desafíos como la financiación insuficiente, la burocracia en la gestión de proyectos internacionales, la desigualdad en el acceso a recursos y la necesidad de fortalecer los sistemas de propiedad intelectual y la movilidad de investigadores. La colaboración público-privada y la participación en programas europeos como Horizonte Europa o Erasmus+ resultan claves para avanzar en la internacionalización y la transferencia de tecnología. En este contexto, la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible ofrecen un marco común para orientar la investigación hacia los grandes retos globales. Consolidar un espacio iberoamericano de investigación integrado requiere, por tanto, el compromiso sostenido de universidades, gobiernos, empresas y organismos internacionales, así como marcos normativos y financieros que faciliten la cooperación y maximicen el impacto social de la ciencia.
En este escenario, CYTED puede valorarse como uno de los instrumentos más consolidados y eficaces de cooperación científica en la región, al haber permitido articular redes estables de investigación, fortalecer capacidades institucionales y promover la formación avanzada de investigadores en ámbitos estratégicos. Las universidades iberoamericanas participan en estas iniciativas, beneficiándose de la movilidad investigadora, la transferencia de conocimiento y la creación de consorcios internacionales, lo que refuerza de forma directa los objetivos del EIC. Asimismo, la experiencia acumulada en el marco de CYTED facilita la proyección de estas universidades hacia programas europeos de mayor escala, como Horizonte Europa, en los que los países de América Latina y el Caribe pueden participar como socios en proyectos colaborativos, contribuyendo a la alineación de agendas científicas, al fortalecimiento de la internacionalización y a la ampliación de oportunidades de financiación.
Además de las redes, proyectos y colaboraciones mencionadas, la producción científica y el impacto internacional de Iberoamérica todavía se encuentran por debajo de su potencial, lo que subraya la necesidad estratégica de fortalecer las alianzas para la investigación y la transferencia de conocimiento. En bases de datos globales como Scopus23, América Latina representa aproximadamente entre el 2,2 % y el 3,3 % de las publicaciones científicas mundiales, muy por debajo de regiones más desarrolladas, lo que indica un margen considerable para el crecimiento colaborativo y la visibilidad internacional de la ciencia iberoamericana.
En esta línea, entiendo que es conveniente ampliar el ámbito de actuación al marco del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) impulsando acciones que permitan una línea de financiación específica por parte de la Unión Europea, con especial atención a lo que se propone en el proyecto Global Gateway24 con América Latina y el Caribe25, que abre nuevas oportunidades para articular inversiones estratégicas en investigación, innovación, transición verde y transformación digital.
Las declaraciones conjuntas emanadas de las cumbres entre CRUE y las asociaciones universitarias de Iberoamérica muestran una convergencia clara en torno a la ciencia abierta como eje estructural del futuro del EIC. Por ejemplo, en la declaración CRUE-CRUCH se subraya expresamente que la ciencia abierta es un «principio ético y político» y que debe institucionalizarse para democratizar el conocimiento, garantizar la protección de datos y reconocer el trabajo académico en nuevos formatos. La declaración CRUE-ASCUN reafirma este compromiso al promover una investigación basada en la transparencia, la inclusión y la ética como vía para generar conocimiento socialmente útil. Asimismo, la Cumbre ANUIES-CRUE destaca la necesidad de avanzar hacia una ciencia abierta «con ética firme y anclada en valores universales», capaz de gestionar el conocimiento de manera participativa e inclusiva.
En conjunto, estas cumbres apuntan a un horizonte común: construir un ecosistema iberoamericano de ciencia abierta que fortalezca la cooperación, reduzca brechas, articule infraestructuras digitales compartidas y consolide una gobernanza que asegure equidad, transparencia y acceso universal al conocimiento.
En los últimos años, es cierto que el EIC se ha consolidado como un referente de cooperación internacional con el impulso de un amplio número de convenios, programas de movilidad, redes de investigación, la creación de agencias de calidad iberoamericanas, etc., que sustancian una realidad pujante y un horizonte prometedor e ilusionante. Sin embargo, y reconociendo el alcance de todas estas propuestas, entiendo que, ahora más que nunca, es el momento de aspirar a diseñar un plan más innovador y ambicioso, que constituya un salto cualitativo hacia el fortalecimiento del EIC, un marco de colaboración horizontal y bidireccional con las universidades iberoamericanas, fomentando el equilibrio, la reciprocidad y la creación de oportunidades compartidas.
Este esfuerzo renovado debería impulsar cambios significativos en políticas existentes, especialmente en lo referente a la declaración de equivalencia de los títulos, al tiempo que fomente la colaboración Universidad-Empresa y así responder a las demandas específicas del mercado laboral y del sector empresarial. En esta línea, y a modo de ejemplo, dos vías muy interesantes podrían ser: a) las microcredenciales, diseñadas junto a empresas líderes, y facilitando una capacitación en sectores estratégicos como la sostenibilidad, la tecnología y la salud, etc., todo ello con el objetivo último de mejorar la empleabilidad y fomentar el emprendimiento; y b) la incorporación de la llamada seamless mobility, es decir, la movilidad ‘sin costuras’, definida como un sistema sin fronteras donde los estudiantes y el personal académico puedan moverse sin esfuerzo entre las instituciones, países y modos de aprendizaje (físicos, virtuales o híbridos —blended—) tanto para el estudio y la investigación como para el entrenamiento o la formación. De esta manera se eliminarían muchas de las trabas que impiden el desarrollo y participación dentro del EIC.
Notas
Foto: Universidad de Salamanca. CC Wikimedia Commons