Ecología de la prensa española

Ángel Benito

Desde hace años vengo proponiendo la necesidad de introducir criterios de equilibrio en la información española; por lo menos desde 1976, cuando titulé mi Curso de Doctorado en la Universidad Complutense con el rótulo de «Ecología de la comunicación de masas». Por Ecología de la comunicación de masas entiendo el estudio de los medios y de sus consecuencias sociales desde las perspectivas de las leyes del equilibrio, trasladando a este mundo de la información los conceptos clave y las leyes que la Ecología predica del mundo de la naturaleza; es tanto como abrir la preocupación científica y política a la situación actual de la comunicación colectiva, superando las preocupaciones de los ecologistas que se detienen en el terreno de lo físico, del universo donde vive el hombre.

Si la Ecología pregona la necesidad del equilibrio entre los distintos elementos del mundo físico-población, organización, medio ambiente y tecnología-, en el mundo de las comunicaciones masivas se hace también necesario un equilibrio que proporcione a los públicos esos hombres individualizados o localizados en grupos, que viven inmersos en la campana neumática que suponen los medios de comunicación- una información equilibrada que les asegure su plena libertad y facilite su libre participación en el juego social. En la comunicación, las exigencias de equilibrio han de extenderse a los distintos elementos del proceso comunicativo: la distribución geográfica de los medios, la diversidad de las fuentes y los contenidos, la pluralidad de la propiedad de los medios y la capacidad de respuesta plural por parte de los públicos que han de ser defendidos del monolitismo de los mensajes.

En España las funciones públicas de la prensa, como conformadora de estados varios de opinión, está sumamente distorsionada, ya que cuenta muy poco ante la compulsión masiva de los medios audiovisuales. Basta saber que hoy el 70 por 100 de los españoles se informa a través de la televisión, única y estatal hasta hace muy poco; que el 20 por 100 sigue la actualidad a través de la radio, medio en el que las cadenas estatales tienen una presencia globalmente mayoritaria y que sólo el 10 por 100 de ciudadanos confiesa que se informa a través de los periódicos impresos.

La prensa española, por lo tanto, en un país de vieja tradición cultural y que ocupa el décimo puesto entre las naciones desarrolladas, interviene escasamente en la conformación de los grandes estados de opinión, como pueden ser las contiendas electorales. El voto mayoritario se recluta entre las masas rurales fascinadas por la televisión y el partido socialista pierde terreno en las ciudades y grandes núcleos de población. He podido comprobar que cuando crece la lectura de periódicos, baja el voto socialista. Este llega al 50 por 100 en aquellas provincias donde se venden entre 25 y 40 ejemplares de periódicos por 1.000 habitantes; baja a 40, en las que se venden entre 60 y 80 y desciende al 30 por 100 de los votos en las provincias donde se venden más de 100 ejemplares de prensa por 1.000 habitantes.

Pero esta prensa española de nuestros días, reducida a ser el medio de comunicación de las minorías más desarrolladas, está rompiendo su equilibrio general en virtud del proceso de concentración empresarial de los últimos años. Según investigaciones publicadas el año pasado y citando sólo unas muestras, en 12 empresas editoras, la titularidad absoluta es de una persona o una familia; en siete empresas, una familia o una persona posee el 80 por 100 o más del capital social de la empresa; en seis empresas, una persona o una familia es titular de entre el 50 y el 80 por 100 del capital, etc.

Por otra parte, en esta investigación del 89 de Nieto y Mora, se señala que el 64,51 por 100 de la difusión de la prensa diaria en España está controlada por seis personas físicas, 18 familias y ocho personas jurídicas y ha de subrayarse el hecho de que 24 propietarios controlen el 54,43 por 100 de la tirada total diaria. Con estos y otros datos ya publicados, se puede concluir que no existe hoy situación de monopolio informativo en el cómputo de difusión de la prensa en el ámbito nacional, pero que sí existen algunas situaciones de monopolio en determinadas provincias.

La acumulación de la propiedad de los medios de información y el dominio en un área geográfica de la difusión total de los medios, no son situaciones estables, y, actualmente, son situaciones en franco avance hacia posibles monopolios con el desarrollo creciente de empresas multimedia, que suman en la misma propiedad prensa, radio, televisión y ediciones de libros. ¿Serán las empresas multimedia otra causa de distorsión y de desequilibrio para la prensa? El futuro lo dirá. Pero lo que sí parece necesario ya es vigilar el proceso de concentración en España, a la luz de los informes que viene publicando la CE para toda Europa desde hace 20 años.