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Gerald Holton es un catedrático de Física y de Historia de la Ciencia de Harvard que ha escrito un libro verdaderamente interesante. Aborda el problema de la pérdida de confianza del hombre medio en la ciencia, en estas postrimerías del siglo XX. No sucedió lo mismo en la primera parte de este siglo, cuando la ciencia constituyó uno de los pilares más importantes del cuerpo de creencias que mantenía el hombre de la calle, ése que no conoce la ciencia más que por lo que se dice en los periódicos o, en estos momentos, en la televisión. Holton se rebela contra este estado de cosas. Y, para ello, toma como ejemplo la vida y la figura de Einstein. Tal vez en esto resida precisamente la parte más débil del libro. El autor olvida que la figura de Einstein es genial e irrepetible, y que no sirve como paradigma de un determinado tipo de científicos. Además, la circunstancia histórica de la ciencia, que él conoció, es también única. Podríamos aquí recordar aquella frase que se atribuye a Napoleón en la que se afirma que un genio es un gran temperamento en una gran circunstancia.

No hay que olvidar que la ciencia gozó de muy escaso apoyo social hasta la Segunda Guerra Mundial. Y que, a partir de entonces, el Gobierno americano no escatimó el dinero a los científicos. Ello se debió, en gran parte, a la carta que, en 1939, envió el propio Einstein al presidente Roosevelt. En ella le alertaba sobre la posibilidad de que los alemanes estuvieran trabajando en la fabricación de la bomba atómica. Pero, desde entonces, ha pasado mucho tiempo y se ha producido una reacción en sentido contrario por parte de quienes toman las decisiones. Éstos no acaban de comprender que la mayor parte de los beneficios prácticos de la ciencia deben revertir en nuevas inversiones en investigación.

Uno de los peligros en los que caen muchos pensadores contemporáneos es el de extrapolar conceptos científicos a campos que se encuentran fuera de la ciencia. Por ejemplo, el relativismo en campos no científicos se basa en analogías sacadas fuera de contexto. Holton afirma que «ningún campo de pensamiento es más conservador que la ciencia. Cada cambio engloba necesariamente el conocimiento anterior. La ciencia crece como un árbol, anillo a anillo. Einstein no demostró que el trabajo de Newton fuese erróneo; él proporcionó un escenario más amplio dentro del cual desaparecían algunas limitaciones, contradicciones y asimetrías de la física anterior».

La traducción de este libro de Holton es muy buena, y presenta el atractivo de un lenguaje preciso y sencillo. Otro de los aspectos más sugerentes del mismo lo constituyen las relaciones, siempre problemáticas, entre la ciencia y el arte. Aquí nos viene a la mente aquel libro de Lupasco de allá por los años sesenta, cuando escribió Nuevos aspectos del arte y de la ciencia.

Holton recuerda la negativa de Einstein a aceptar el carácter fundamental del concepto de probabilidad. Casos similares se han dado también en otros científicos. Así, «lo que salva a la ciencia de caer víctima de presuposiciones inadecuadas son, por supuesto, los papeles aleccionadores de la coordinación con el experimento y de la múltiple verificación cruzada de cualquier hallazgo por otros científicos que, quizá, han empezado con presuposiciones completamente diferentes».

En definitiva, Einstein y otras pasiones constituye una llamada a la precisión, a definir los límites de la ciencia y a poner de manifiesto que ésta es una actividad humana; que tiene analogía con otras muchas, pero que posee unos conceptos específicos que, cuando son sacados de su contexto, pierden su significado.


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Alberto Miguel Arruti (1932-2011) licenciado en Ciencias Físicas, periodista y escritor; trabajó muchos años en RTVE, donde llegó a ser Director de los Servicios Informativos de TVE y RNE. También fue miembro de la Junta Directiva de la Asociación Española de Comunicación Científica. Impartió docencia en la Facultad de Ciencias de la Información
de la Universidad Complutense de Madrid, así como en las Universidades Europea de Madrid, CEU San Pablo y Universidad Internacional de Andalucía.