Checoslovaquia un año después de la revolución

En noviembre de 1989 ocurrieron en Checoslovaquia grandes cambios políticos, económicos y sociales. El descontento latente en casi todas las capas de la sociedad había venido creciendo desde el principio de los ochenta. El desfase económico reflejado en el nivel de vida entre la Checoslovaquia socialista y sus vecinos occidentales, Alemania y Austria, continuó agudizándose.

Václav Valenta

Entre el pueblo checoslovaco despertó ciertas esperanzas el programa de la perestroika inaugurado por Gorbachov, orientado a la aceleración del desarrollo económico y social del socialismo, unido a la profunda reconstrucción de la vida económica, social y política. Las ideas básicas de la perestroika formaron el contenido de los documentos políticos aceptados, durante el año de 1986, en los congresos de los partidos comunistas de los países socialistas. Pero muy pronto se percibieron grandes dificultades en la realización del programa de la perestroika y en la aplicación de las resoluciones de los congresos.

En lugar de favorecer el desarrollo del socialismo se aceleraba su crisis económica, social y política. Intentaremos analizar el problema en sus raíces. Una de las ideas principales del socialismo mundial era la del papel dirigente del Partido Comunista en todas las esferas de la sociedad socialista. Los teóricos de la perestroika suponían que los partidos comunistas jugarían el papel activo y decisivo durante la puesta en práctica de los cambios profundos del socialismo, de su reforma sustancial.

La «perestroika», en lugar de favorecer el desarrollo del socialismo, aceleraba su crisis económica, social y política.

Algunos teóricos de las ciencias sociales salidos de la filosofía marxista, demostraban que la teoría y la praxis del socialismo, formada durante los años veinte y treinta en la Unión Soviética y aplicada como un modelo obligatorio en los países de la Europa Central y Sudeste, después de la II Guerra Mundial, era incapaz de sobrevivir a finales del siglo XX. La insuficiencia del modelo soviético del socialismo era percibida por muchos teóricos marxistas y algunos políticos comunistas, sobre todo de los países centroeuropeos, quienes, ya en el pasado, intentaron formar nuevos modelos específicos del socialismo. sin embargo, los dogmáticos, estalinistas y neoestalinistas, a menudo bajo la dirección directa de la Unión Soviética, se encargaban de anular tales proyectos. Por medio de los tribunales, en los decenios cuarenta y cincuenta los disidentes fueron eliminados físicamente más tarde, sólo social y políticamente- y tachados de oportunistas, revisionistas, reformistas, trotskistas, etc.

Aires de libertad

Si las tendencias conservadoras eran siempre las más fuertes en la Unión Soviética, incluyendo la época de Kruschev, con la llegada de Gorbachov al cargo de secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, la situación cambió. Muchos representantes políticos de los países socialistas europeos, partidarios del sistema breznevista, aceptaban «el nuevo viento del Este» con desconfianza, temiendo la pérdida de sus posiciones políticas.

Eligieron la táctica de las declaraciones en favor del programa de la perestroika, aceptando ciertas resoluciones, pero sin la intención sincera de efectuarlas. Como ejemplo típico de esta actitud puede servir la política de los representantes del Partido Comunista de Checoslovaquia, que esperaban con impaciencia la caída de Gorbachov y la restauración del régimen neoestalinista en la Unión Soviética, ampliado más tarde a otros países socialistas. La mayor parte de los representantes políticos de Checoslovaquia debían sus cargos a la intervención soviética de 1968: Husák, Jakeš, Bilak, Indra, Fojtík y otros.

Los jefes del Partido Comunista de Checoslovaquia, para salvar y guardar su influencia política, acentuaban los llamados «principios del centralismo democrático», exigiendo de los miembros del partido el apoyo de su política por medio de las resoluciones, de la prensa y de la TV. A pesar de su esfuerzo, su autoridad y popularidad descendía muy rápidamente entre todas las capas de la sociedad checoslovaca, incluyendo los comunistas.

Al contrario, la influencia de varios grupos de la oposición política, perseguidos por la Seguridad Estatal y otros órganos del poder del Estado, iba creciendo. Lo demostraban claro varias manifestaciones organizadas por estos grupos ilegales durante los años de 1988 y 1989.

El 17 de noviembre de 1989 era el día del 50.º aniversario de la acción brutal de los ocupantes nazis contra los estudiantes checos. La manifestación organizada con este motivo por los estudiantes de Praga, tuvo el carácter de crítica al régimen comunista y sus representantes. Terminada la manifestación, los grupos de estudiantes y otros seguidores se dirigieron al centro de Praga y en la Avenida Nacional fueron detenidos por la policía, que intervino contra los manifestantes, algunos de los cuales quedaron gravemente heridos.

Las circunstancias de la intervención de la policía son muy oscuras: ¿quién le dio las órdenes? ¿Quién deseaba el choque? No hubo excesivo interés en aclarar las verdaderas causas. Se dieron varias interpretaciones. Es cierto que el eco de las noticias de la intervención de la policía contra los estudiantes resultó de tal naturaleza que paralizó el poder comunista, cuyos representantes quedaron totalmente aislados, y en escaso margen de tiempo provocó la caída del régimen comunista.

Tras la caída del régimen comunista, el poder político quedó en manos del Foro Cívico. Se formaron amplios movimientos ciudadanos encargados de encauzar las aspiraciones del pueblo.

El poder político quedó en manos del Foro Cívico. Se formaron amplios movimientos ciudadanos encargados de encauzar las aspiraciones políticas del pueblo. De este modo aseguraron el triunfo, en lucha con los partidos, en las elecciones al Parlamento en junio de 1990. Pero ya en los meses de otoño de 1990 se vio que el elemento de unión de este movimiento era la destrucción del sistema político comunista. Sin embargo, entre los representantes del Foro Cívico existían grandes diferencias en las opiniones referentes a la construcción del nuevo sistema político, social y económico.

El plan de reformas

Algunos problemas sociales que aparecieron ya en los meses de verano y otoño, la subida de los precios y el desempleo ocasionaron un fuerte descenso en la popularidad del Foro Cívico entre el pueblo checo, lo que se reflejó en las elecciones municipales celebradas en noviembre de 1990 (en junio se lograron el 50% de los votos; en noviembre, el 34%).

Quedaba muy claro que en el Foro Cívico existían tres corrientes políticas: la derecha, los centristas y la izquierda. En los primeros meses de la constitución del Foro Cívico (se creó durante la revolución de noviembre de 1989) las posiciones predominantes, en los gobiernos (federal y de las nacionalidades, checa y eslovaca), así como en otros órganos estatales, en los medios de comunicación, en la esfera cultural y también entre los firmantes de la Carta 77. coincidían en la proclamación de los derechos humanos y ciudadanos en Checoslovaquia. Entre ellos figuraban ex-comunistas, expulsados del partido en los años de 1969 y 1970 y apartados no sólo de sus cargos públicos sino también, en muchos casos, de sus profesiones. La mayor parte de ellos renegaron de su pasado comunista y se unieron a las campañas anticomunistas. Sin embargo, nadie olvidaba sus actividades políticas comunistas en los decenios cincuenta y sesenta, de modo que poco a poco pierden su influencia. Por otro lado, la situación social y económica se complica más cada día que pasa y se refleja también en la situación del Foro Cívico.

El problema básico es el modo de llevar a la práctica el plan de reforma económica. Algunos, como el ministro de Finanzas, Václav Klaus, y el ministro de Economía, Vladimir Dlouhý, exigen la reforma económica rápida y profunda, unida con la privatización y reprivatización total de la industria, agricultura, comercio y servicios, y su reestructuración a pesar de las dificultades en el orden social, del descenso del nivel de vida en gran parte de la población checoslovaca, del incremento de los precios, del desempleo, etc. Algunos críticos, entre ellos diputados del Foro Cívico en la Asamblea Federal, rechazan este proyecto de reforma y acentúan los aspectos sociales. ¿Está el pueblo checoslovaco preprado y dispuesto a superar las dificultades? Los ciudadanos checoslovacos estaban acostumbrados a ciertas seguridades sociales y cierto nivel de vida durante el régimen comunista (no muy alto, pero tampoco demasiado bajo). De los cambios políticos esenciales esperaba no sólo mejorar su situación política, sino también su posición social y económica. Esta posición va empeorando y los pronósticos para el año de 1991 son muy desfavorables, con el riesgo de descontento social y crisis política.

Para eliminar a los descontentos contra la reforma económica dentro del Foro Cívico, su presidente, Václav Klaus, decidió, con ayuda de la parte radical de los foristas, convertir el Foro Cívico, de simple movimiento en auténtico partido, organizado como otros partidos, exigiendo la disciplina política de sus miembros. Así, el Partido «Foro Cívico», según la declaración de enero de 1991, se sitúa orientado en la derecha y quiere restablecer el capitalismo en Checoslovaquia, para cuyo objetivo exige el apoyo de la reforma radical de sus miembros y rechaza todas las ideas socialistas y todas las formas del socialismo.

Estos proyectos decisivos de Klaus y sus partidarios no son aceptados entre numerosos miembros del Foro Cívico, puesto que, en su opinión, lo debilitan. Los centristas, algunos ministros y diputados que formaron el Club Liberal, opuesto a la derecha, acaban por ceder ante la presión. Los diputados y y otros miembros de orientación izquierdista se negaron a ingresar en el Partido del Foro Cívico, señalando la gran diferencia entre el programa real de este partido y su programa electoral, que aseguró al movimiento Foro Cívico el triunfo en las urnas en junio de 1990.

La evolución del Foro Cívico a fines del año 1990 y principios de 1991 ilustra las diferencias políticas de este partido ante las orientaciones políticas clásicas: la derecha, el centro y la izquierda.

Corrientes opuestas

La lucha interna en el Foro Cívico es difícil de resolver, dependiendo de si las ideas políticas prevalecen o no sobre las ambiciones personales de los políticos. Los diputados de la derecha del Foro Cívico, agrupados en varios clubs, y el Partido del Foro Cívico se esfuerzan por desplazar a ciertos miembros del Foro Cívico de sus cargos directivos en dicho movimiento y de sus cargos en la Asamblea Federal y el Consejo Nacional Checo.

Los jefes del Partido Comunista de Checoslovaquia, para salvar y guardar su influencia política, acentuaban los llamados «principios del centralismo democrático».

Así pues, la escena política checoslovaca en los primeros meses del año 1991 difiere mucho de hace un año, cuando todo era muy sencillo: el campo anticomunista dirigido por el Foro Cívico gozaba de las simpatías de la gran mayoría del pueblo checoslovaco y de la oposición comunista. En aquellos meses se trataba de la destrucción del sistema anterior. El cuadro actual es más complicado. El representante más poderoso de la derecha, ya desde la primavera de 1990, es el Partido Republicano de Checoslovaquia. Exige la constitución del nuevo sistema social desprovisto de todos los restos de socialismo. De forma violenta critica no sólo el régimen anterior, el comunista, sino también el régimen actual checoslovaco dirigido por el Foro Cívico. Sufrió una gran derrota en las elecciones parlamentarias y no logró representantes en al Asamblea Federal y en los Consejos Nacionales. Sin embargo, en las elecciones municipales adquirió influencia considerable en las autoridades locales. La «nueva derecha se forma dentro del Foro Cívico. En su mayor parte se trata de hombres nuevos, que accedieron a la vida política en los acontecimientos del otoño de 1989. Critican a varios ministros y diputados del Foro Cívico, a los que acusan del lento avance de la reforma económica y de la carencia de energía para resolver nuevos problemas. Reconocen los méritos de los antiguos disidentes, de los cartistas, de los ex comunistas, por sus actividades políticas contra el régimen comunista durante las décadas de los setenta y ochenta. No obstante, opinan que están demasiado orientados hacia el pasado, que viven de sus recuerdos y que se pierden en consideraciones filosóficas y morales, aunque en la práctica política cometen errores y no saben encontrar soluciones adecuadas.

Estos políticos son objeto de la crítica de sus colegas del Foro Cívico, que hasta ahora se han repartido los cargos decisivos en los órganos estatales, próximos al centro» político. En nuestra opinión, están perdiendo influencia política. Al centro pertenecen también los partidos cristianos: el Partido Popular, el Partido Cristiano Democrático de Bohemia y Moravia y el Movimiento Cristiano Democrático de Eslovaquia. Estos partidos colaboran con el Foro Cívico y con el grupo de «El Pueblo contra la Violencia», y disponen de representantes en el Gobierno Federal y Gobierno checo y eslovaco, pero en cierto número de cuestiones mantienen otros puntos de vista. Su influencia va creciendo, como demostraron las elecciones municipales, sobre todo en Eslovaquia. En su política la orientación cristiana se une a los aspectos sociales y nacionales.

La izquierda ha perdido fuerza. La integran el Partido Comunista, el Socialdemócrata, el Nacional-Socialista y otros grupos que abandonaron el Foro Cívico debido a su evolución a la derecha. El problema complicado de la izquierda checoslovaca es la intolerancia mutua. Los representantes del Partido Socialdemócrata y Nacional-Socialista rechazan la colaboración con los comunistas, que, a pesar de los sentimientos anticomunistas del pueblo checoslovaco después de la dominación de cuarenta años del Partido Comunista (durante el período de 1948 a 1989), representa hasta ahora el partido más fuerte de la izquierda y obtuvo en las elecciones al Parlamento el 14% de los votos y en las municipales el 17%. Sin embargo, parece que en un futuro cercano será el Partido Socialdemócrata, después de resolver los problemas en su dirección, el que llegue a ser la fuerza decisiva de la izquierda checoslovaca.

Un horizonte confuso

La izquierda rechaza el camino de la reforma económica sin considerar sus consecuencias negativas en la esfera social, la liquidación total del sector estatal y cooperativista y las reivindicaciones de los propietarios antiguos, cuyos bienes fueron nacionalizados. Ofrece al pueblo checoslovaco la «tercera vía» de la evolución, que pretende la simbiosis de los rasgos positivos del capitalismo actual y del socialismo.

La evolución futura de Checoslovaquia será muy complicada y dependerá en gran parte de las circunstancias exteriores, así como de la situación política y económica internacional, pero sobre todo de la situación interna. Las ideas de la evolución positiva, sin problemas, sin perturbaciones económicas y sociales, y contando con el apoyo financiero y económico de los países occidentales se han quedado en deseos utópicos. La realidad no es y, sobre todo, no será tan ideal como suponía la mayoría del pueblo checoslovaco y prometían algunos políticos. Y con las dificultades crecen las luchas entre los políticos y la desunión en el pueblo checoslovaco.

La crítica del régimen anterior, comunista, más de un año después de su liquidación, ya no tiene tanta fuerza unificadora. Los intereses del pueblo checoslovaco ya no parecen pendientes del pasado, sino que están dirigidos al presente y al futuro próximo. Además de los problemas de carácter común en la vida política, se hacen más fuertes los problemas de carácter nacional o regional. Las contradicciones referentes a las competencias de los órganos federales y las de los órganos nacionales checos y eslovacos amenazaron, a fines del año de 1990, con desatar una crisis constitucional. Se discuten las ideas de la Constitución nueva, de la posición de Moravia y Silesia en el Estado, etc.

Una de las condiciones básicas para una evolución favorable de la República Checa y Eslovaca Federativa sería que los políticos dirigentes supieran conocer y realizar la línea política que recoja los intereses y necesidades de la mayoría del pueblo checoslovaco y respeten un consenso más o menos general.