Luis Núñez Ladevéze

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Catedrático en la Facultad de Ciencias de la Información, doctor en Derecho y licenciado en Filosofía
Nueva Revista

La modificación inexorable de los hábitos de socialización infantil

  La rivalidad por ganar audiencia es la causa principal del cambio de mentalidad que se está produciendo en la industria televisiva espaLñola, un proceso conocido pero de efectos equívocos. Porque, si por un lado, la competencia entre las cadenas ha contribuido a aumentar la oferta, reforzar la industria audiovisual y vigorizar la producción, se trata, por otro, de una oferta tan homogénea y anodina, incapaz de ofrecer apenas variaciones. Los programas son miméticos, sus fórmulas se repiten como variantes de un único patrón, las series se copian unas a otras, los concursos devienen en espectáculos amorfos y reiterativos.  El triunfo de esa variedad televisiva que podría denominarse prefabricación de la realidad, y cuyo primer éxito importante -toda una innovación en temporadas pasadas- fue Gran Hermano, ha quedado ya arrinconado por el de Operación Triunfo, que ha sabido dar una nueva dimensión a la fórmula. Hay que investigar por qué este género de programas atraen obsesivamente la curiosidad de tanta gente, y por qué resultan luego sin embargo fácilmente desplazados al producirse una alteración en ellos, que la audiencia recibe sorpresivamente como más atractiva. Los productores y programadores no siempre conocen bien, por intuición o por costumbre, esas actitudes que caracterizan a lo que se ha llamado el público objetivo de la televisión.  Otro tanto cabe decir de esas tertulias preelaboradas dedicadas a la exhibición de la intimidad, tales como Tómbola, que siguen ganando audiencia en televisiones públicas, autonómicas y privadas. Al extenderse su difusión y consolidarse la industria de producción, la televisión se convierte en una fábrica de realidades preelaboradas, en las que la apariencia de ficción se confunde con la apariencia de realidad, y el comentario más insustancial sobre circunstancias de la vida particular de personas populares en motivo de atracción para millones de telespectadores. CUALIDAD O CANTIDAD   Como quiera que sea, la televisión sigue siendo el gran fenómeno social del entretenimiento masivo. Para estudiar las motivaciones y gustos de la audiencia ha florecido una industria de la medición, sobre cuyas posibilidades y limitaciones quiere versar este comentario.  No está de más retener los datos globales sobre la evolución del consumo de televisión. En los últimos veinticinco años se ha producido un aumento paulatino del mismo, hasta llegar a estancarse en el último quinquenio. Antes de la aparición de la televisión privada, en 1978, el 90% de los españoles que veían entonces la televisión le dedicaban algo más de dos horas y media. En 1990 había ascendido a tres horas y cuarto. Actualmente es algo mayor, aunque todo parece indicar que se ha estabilizado definitivamente. El promedio ha pasado a tres horas y algo más de veinticinco minutos, aunque el informe del último Anuario GECA ofrece un descenso del año 2000 y una pequeña variación en 2001 y en 2002.  Pero el planteamiento de estos informes audimétricos es resultado de una actitud positivista y acrítica. Por positivismo entiendo aquí algo bastante elemental: que se acepte como único criterio de calidad o de idealidad la propia respuesta de la audiencia, es decir,...

Retrocede en España la afición al teatro

De cómo la afición al teatro en España ha quedado relegada a un ámbito de gusto más especializado debido a sus dos grandes rivales: el cine y la televisión.

El problema de la regulación de los contenidos televisivos

El gravísimo deterioro de los contenidos de los programas de televisión ha actualizado el debate sobre la necesidad de legislar una autoridad administrativa independiente que proteja aquellos derechos fundamentales que están siendo vulnerados por las distintas cadenas. El problema de fondo consiste en determinar cómo regular tal institución.

Nueva Revista

El malestar en la TV

¿Son los contenidos televisivos productos de consumo o productos culturales? Las estrategias comerciales que los programas de televisión emplean para llegar a mayores audiencias permite afirmar que éstos han dejado de ser vehículos de expresión intelectual o artística para convertirse en productoscomerciales elaborados en serie. De ahí que sea necesario debatir si, por tanto, deben ser sometidos al régimen general de toda producción mercantil y a su respectivo procedimiento de"control de calidad".

Nueva Revista

The time is money

A un lector sin prejuicios, más ávido de conocer que de juzgar, de razonar que de conjeturar, la lectura de este libro del profesor de la Universidad de Turín, Vittorio Mathieu, le producirá sensaciones contradictorias. Tal vez sea más útil empezar con los sentimientos negativos. Al lector interesado en la objetividad del razonamiento le embargará la desazón mientras saborea esta Filosofía del dinero, cuyo título reactualiza la reflexión de Simmel. ¿Cómo no sentirse turbado cuando se comprueba que hay personas que escriben con claridad, que analizan a fondo los asuntos que tocan, que exponen con rigor el resultado de las observaciones sobre el comportamiento económico, pero cuya labor apenas si es atendida? Al igual que hay una propensión a la liquidez, ¿no habrá también una irresistible propensión a negarse a entender cuanto más clara es la explicación? Si ésta es una tendencia general, se agudiza especialmente cuando se discute de materias económicas, y más todavía cuando alguien deletrea la palabra «dinero». El desaliento acerca de la generalizada propensión a no querer entender se torna en delectación cuando, prescindiendocde la recepción que las buenas ideas puedan tener entre los promotores de ideologías, el lector se desentiende del mundanal ruido y se limita a seguir los sutiles y, a la vez, diáfanos pasos discursivos del profesor Mathieu. Esta Filosofía del dinero transpira lucidez, capacidad crítica, ironía y profundidad. Muy bien pudiera haberse llamado también «filosofía de la economía» o bien, «introducción en la economía al profano o al ideólogo». Se trata, en suma, de una dilucidación de la actividad económica como especie discernible de las actividades humanas. Pero llegar a esa separación no es fácil. La dificultad no procede de la complejidad misma del asunto, sino de los torrentes de literatura preconcebida que han contribuido a ocultar lo elemental. Crítica a Keynes y Marx Del libro de Mathieu se desprende que los dos principales enturbiadores del concepto de economía han sido Karl Marx y Lord Keynes. Su condición «enturbiadora» no quita que hayan contribuido a agitar las aguas con singular inteligencia. Mathieu estima que el principal error de Marx fue el de haber confundido el concepto de «producción física» de la mercancía con el de   producción económica». Error que interpreta como un caso de «falacia naturalista»: tomar lo que «es» por lo que «debe ser», o viceversa. Curiosamente esa confusiónse produce a causa del «fetichismo de la mercancía», al cual Marx tanto más se entrega cuanto más pretendió desenmascararlo.Para Mathieu, como para los economistas clásicos, como para los nuevos economistas, economía y mercado son la misma cosa. No existe, pues, más que una sola economía, la del mercado, aunque se puedan distinguir distintos sistemas de organización de la producción, algunos de los cuales serán más económicos que otros. El sistema mixto de producción es, en este aspecto, más económico que el sistema socialista. El libro es de reciente aparición en castellano, y de su lectura se desprende que también debe serlo la versión italiana. Pero no es anterior a la crisis de la perestroika. Conviene advertirlo porque tiene más valor la afirmación que puede ser contrastada en el futuro que la expuesta tras conocer el desenlace.La idea, añadida, pero en el libro, inicial, de...

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