Joaquín Madina Loidi

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Nueva Revista

La riqueza española en la cuesta abajo

Desde un punto de vista económico, durante la última legislatura se vivió bien en España. Con un crecimiento del PIB en torno al 3,8 % anual, la oposición se limitó a señalar que el Gobierno Zapatero vivía de la herencia de Aznar, mientras que el vicepresidente Solbes aseguró que España era hoy más fuerte que nunca gracias en exclusiva a la política socialista, porque la herencia recibida había sido menor de la esperada.Esta pelea dialéctica se sostuvo mientras las cosas fueron bien. De repente, ya entrados en el año 2007, las cosas se torcieron, aunque las cifras oficiales mantuvieron el artificio de la estabilidad general y el crecimiento sostenido. Los dos grandes partidos políticos nacionales actuaron con retraso frente al cambio de ciclo. Cuando, pese a todo, el PP se adelantó en su denuncia, el PSOE le acusó de catastrofismo y negó con firmeza que la situación fuera grave. Todavía meses después, en los debates electorales de febrero y marzo de 2008, el Gobierno desmintió cualquier posibilidad de crisis y responsabilizó a la oposición de dañar la imagen de España en el exterior. Alarmismo injustificado, fue la consigna oficial.Después de las elecciones, el iceberg ha enseñado su punta en materia de economía y empleo. En este sentido, resultó clarificador el artículo que el ex presidente González publicó en El País el pasado 25 de marzo, porque después de tanto disimulo se atrevió a llamar a las cosas por su nombre. Así, tras la obligada referencia al «empeoramiento de la situación económica internacional», González reconoció que «el empeoramiento económico nacional parece cantado y tendrá impacto en los próximos meses en términos de empleo e inversión». El tono coloquial de este comentario excluye cualquier otro.«Parece cantado», escribió. Y aún añadía: «En nuestro caso soportamos los efectos de la crisis financiera internacional, de la subida de los precios de la energía y de otras materias primas como las alimentarias. Específicamente nos afecta el problema de la construcción y, como trasfondo, un desafío de cambio de modelo productivo que nos permita ganar competitividad». Con lo de «específicamente», supongo que quería decir «en concreto, a nosotros los españoles». Aunque, en concreto, hay muchas más cosas que nos afectan.El artículo era tan interesante que me siento tentado a copiarlo en su integridad, pero me resisto. Léalo o reléalo usted. Con lo dicho, vale. Y vale para reconocer que estamos entrando a toda máquina en una época de declive económico, que todos somos conscientes de ello y que lo hemos ocultado al conjunto de la población por infantilismo político. Pero lo malo no es esto. Lo peor es que hasta ahora no hemos conocido qué medidas se van a tomar para encauzar la situación. Es lamentable que el descanso postelectoral haya retrasado la urgencia de poner los medios a trabajar.Estamos en la penumbra. Lo poco que sabemos es lo que nos dijeron el vicepresidente Solbes y el presidente Zapatero durante los debates electorales, aunque sus afirmaciones de entonces no se correspondieran con la realidad de los...

Grecia, Roma y lo demás

 Escribo este comentario sobre dos libros (El mundo clásico, de Robin ELane Fox, editado por Crítica, y El reloj de la historia, de Francisco Rodríguez Adrados, editado por Ariel) arrastrado por el enfado que me produjo una crítica superficial publicada en un diario de Madrid, en la que su autor se «cargaba» el estudio del primero y decía que el del segundo era mucho mejor.Lo cierto, sin embargo, es que los dos son interesantes y, lo que es más destacable: no tienen nada que ver el uno con el otro. Absolutamente nada. El trabajo de Rodríguez Adrados se prolonga desde la antigua Grecia hasta el siglo XX, mientras que el del escritor británico se abre con Homero y se cierra con el emperador Adriano. Tampoco hay ninguna semejanza en el propósito de ambas obras, ya que mientras la de Robin Lane Fox es la descripción lineal -o más o menos lineal- de la historia de Grecia y Roma, la del profesor español persigue una nueva filosofía de la historia. En su opinión, Grecia es un corte en la historia. Dice: «La antigua Grecia representa un momento único, especial, en la historia del mundo. Eso es lo que han dejado de ver tantas propuestas anteriores sobre la Filosofía de la Historia. Hay un antes y un después de Grecia, y hay una y otra vez la resurrección de la Grecia que parecía muerta: el espíritu libre, el teatro, la democracia, la ciencia...». Un corte, un despegue, un salto, que se prolonga hasta hoy mismo con sus avances y retrocesos.Para el crítico del periódico madrileño, El mundo clásico es un trabajo aburrido, calificativo con el que tampoco estoy de acuerdo. Efectivamente, no es tan burbujeante como La historia de Grecia (o de Roma) de Indro Montanelli, pero el libro es de fácil lectura, como lo prueba el hecho de que se haya convertido en un éxito editorial en su país de origen y en los Estados Unidos. Si nos tomamos la molestia de consultar la opinión de los lectores en la tienda virtual Amazon, advertiremos que la valoración general es de cuatro estrellas (sobre cinco) y que los comentarios elogiosos superan en mucho a los adversos. Algunos de » ellos destacan, precisamente, su «accesibilidad» y su «legibilidad», virtudes nada despreciables.Y ya que he citado de pasada a Montanelli, me gustaría detenerme un momento en este periodista italiano y lamentar que la mayor parte de sus obras estén descatalogadas, lo que no habla en favor de muchas editoriales cuya política empresarial se entiende con dificultad. No es éste el lugar para analizar y criticar la pérdida de los fondos de catálogo, pero sí para dejar constancia de ello. Hay mejores libros de historia que los de Montanelli, por supuesto, aunque no todos gozan del mismo fervor del público.Hace unas semanas, un dependiente de La Casa del Libro, en la Gran Vía madrileña, se me quejaba de que los libros que han sido éxitos de venta en los últimos años han desaparecido de...

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