Ignacio García de Leániz

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Consultor y profesor de recursos humanos de la Universidad de Alcalá de Henares

Walter Eucken: “Principios de política económica”

En su obra clásica, Eucken tiene en cuenta a las personas y su dura lucha por la existencia con la labor ordenadora y auxiliar del Estado: aúna eficacia y justicia, orden financiero y orden social. Así configura el gran hallazgo germano de la posguerra: la economía social de mercado.

Zubiri, Gaos y Husserl por las calles de Madrid

Reseña sobre el libro "Paseo filosófico en Madrid. Introducción a Husserl" de Agustín Serrano de Haro (Editorial Trotta), sobre las conversaciones de Xavier Zubiri y Gaos en un periodo dorado de la filosofía española.
Simon Weil

Simone Weil, Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social

Ensayo de Simone Weil, Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social

Del amar y el odiar

Reseña del libro "Del amar y el odiar" de Franz Brentano. Traducción y prólogo de Juan Miguel Palacios. Ediciones Encuentro, Colección Opuscula Philosophica, Madid, 2013
Nueva Revista

Víctor Pérez Díaz (coordinador): Europa ante una crisis global

Reseña de Europa ante una crisis global, coord. Víctor Pérez Díaz (Colección Gota a Gota, Fundación FAES, Madrid, 2012)

Manuel García Morente: Símbolos del pensador. Filosofía y Pedagogía

Ediciones Encuentro, Madrid, 2012, 59 págs., 10 euros. Va de año en año aumentando la talla intelectual y moral de Manuel García Morente, opacada en parte por la figura abarcante de Ortega, en parte por nuestra natural tendencia —así estamos— a desmerecer nuestros mejores acervos, en parte, también, por el vivir a espaldas del pensamiento que explica tantas cosas de nuestro malestar. A tal acrecentamiento de nuestro pensador jienense contribuyó sin duda la paciente edición de sus Obras completas en 1997 a cargo de Juan Miguel Palacios y Rogelio Rovira, que se dejaron en la empresa tanta ilusión como esfuerzos robados al sueño. Y buena prueba de la conveniencia de acudir a Morente y sus honduras luminosas es esta obrita editada en la ya imprescindible colección Opuscula philosophica de Encuentro, que rescata un breve pero intenso ensayo morenteano de 1931. Mas el libro en su prodigalidad nos regala además gratísima propina. A modo de contrapunto, contiene un ensayo ex profeso de Juan José García Norro —profesor actual de Metafísica en la que fue venerable Facultad de Filosofía de la Universidad Central— en el que da réplica con fina inteligencia y socrática ironía a las tesis de su admirado maestro sobre el tema en torno. Como si este diálogo filosófico, con sus idas y venidas, descubrimientos y titubeos, hallazgos de verdades y atención a las cosas, procurando como Platón «salvar las apariencias», se produjera por entre los pasillos azulejados de aquella facultad cuya altura tanto labró su primer rector, no otro que García Morente. Es decir, como si García Norro viviese en verdad y última instancia en conversación con los difuntos y escuchara con los ojos a los muertos egregios, que bien parecen estar muy vivos para quien quiera atenderlos. El tema objeto de las indagaciones del pensador jienense y del profesor madrileño es ciertamente estupendo y nada baladí: ¿Qué icono —sea escultura o cuadro— simboliza mejor el acto de pensar, el filosofar mismo? Hay fundadas sospechas que tema tan grave ocupase alguna de las tertulias de Ortega en aquel pórtico ateniense que fue la redacción de Revista de Occidente a partir de 1923. Sabido es que Ortega desechó de un plumazo El pensador de Rodin y, de paso, Il penseroso de Miguel Ángel, para quedarse a cambio con el soberbio San Idelfonso del Greco. Pero en realidad, Ortega, urgido por otras menesterosidades, no dedicó a la cuestión la morosidad que requería el tema. Dejado al vuelo el tema, García Morente sí lo recogió con la parsimonia precisa poco más tarde. Y comulga con su maestro en no aceptar como símbolo del filosofar la escultura maestra rodineana, pero dando esta vez cuenta y razón de su rechazo merced a una distinción formidable que introduce: la que media entre inteligencia y pensamiento. La inteligencia surge ante un problema y se orienta a la acción. El pensamiento mana de la admiración y se dirige cordialmente no a la acción sino a la especulación sobre la verdad de las cosas, en su concreción íntima. Lo primero —la...

Antonio Pau: Rilke, apátrida

 Rilke, apátridaTrotta, Madrid, 2011, 131 págs., 37 € ¿Para qué sirven los poetas en tiempos de indigencia? Hölderlin, Elegía 248, «Pan y vino»Ante la grave interrogación de Hölderlin, Heidegger respondía a la vista de la degradación del mundo entorno: «Hoy apenas entendemos ya la pregunta». Algunos, sin embargo, como Antonio Pau y Trotta, todavía la captan en su radicalidad y surge entonces, inesperado, el prodigio de un libro-álbum tan primoroso como este en papel verjurado fetén y ancha cubierta con la textura del «rives tradition»: verdadero refrigerio para la vista y para ese otro sentido del tacto tan postergado en los nuevos soportes. Orlado además con oportunas fotografías realizadas por el propio autor —siempre cámara en ristre en pos de la circunstancia itinerante de Rilke— y acompañado de ilustraciones y documentos bien pertinentes, viene a ser el volumen muda reivindicación del libro impreso frente a la degradación técnica que nos embarga. Pero antes de adentrarnos en esta cartografía de Rilke en Suiza, es de justicia pararnos en la insólita figura del autor cuyo polifacetismo y «amor intellectualis» no resultan habituales por estos pagos más bien hoscos. Y es que además de registrador de la propiedad, notario y abogado del Estado con cargos de gobierno, a Antonio Pau lo adorna un detalle no menor: ser sin duda el mayor conocedor en España de la vida y obra de Rilke, como dejó sentado en su memorable Vida de Reiner María Rilke. La belleza y el espanto (2007), que culminaba toda su rica producción en torno al más grande poeta del siglo XX. Biografía esta a la que todos los rilkeani volvemos una y otra vez como hechizados por el conocimiento y devoción con que fue escrita.Ahora, con su habitual morosidad, va a detenerse la mirada amable y fotográfica de Pau en el periodo en el que también Rilke es víctima del hundimiento del Imperio Austro-Húngaro, aquella catástrofe cuyas reverberaciones todavía nos llegan hoy desde el océano de la Historia; pierde así nuestro poeta su condición de ciudadano austriaco, ve confiscadas sus propiedades en París y se descubre a sí mismo en su nueva índole jurídica de apátrida (Heimatlos); pero el «ser apátrida» implica, además, una nueva categoría ontológica más allá del plano legal, en lo que supone de extrañamiento y orfandad como mostraría lúcidamente años más tarde otra apátrida de renombre tal que Hannah Arendt.Mas en el caso de Rilke la cuestión resulta más compleja: ¿no lo era ya de facto muchos años antes, cuando desde 1898 iniciaba sus sucesivos peregrinajes a Italia, Rusia y España, desde su afincamiento en París o en Praga? En uno de sus primeros poemas, titulado «Motto», había escrito premonitoriamente:Este es el anhelo: vivir en el temblory no tener patria alguna en el tiempo.Y estos son los deseos: suaves diálogosde las horas del día con la eternidad.Varios años más tarde improvisará, ya en Basilea, para el cuaderno de una oyente estos versos trashumantes que dan razón de su peregrinaje continuo:Nuestra presencia está en nuestros versosdejad que, suavemente,...

Un candil sobre Kafka o la luz ante el enigma

La conciencia judía es la conciencia desgraciada.
Jacques Derrida

«No parecer sino ser»

 Si hay alguien a mi juicio que en la actualidad representa con mayor fidelidad el quehacer filosófico serio y riguroso que dimanó de aquella venerable Facultad de Filosofía de la Universidad Central previa a la guerra, es sin duda su profesor titular de filosofía moral, Juan Miguel Palacios. Y ello conjugado sin estridencia alguna con un catolicismo a carta cabal, como si en su persona se diera lo mejor de la Institución Libre de Enseñanza por un lado y, por otro, lo más noble de nuestra herencia cristiana.Y así haciendo bueno el habent sua fata libelli clásico aparece en feliz coincidencia con el 75 aniversario del traslado de la mentada facultad a la Ciudad Universitaria, este libro que agavilla en un solo volumen una seriede ensayos que vinieron apareciendo, aquí y allá, en distintas publicaciones especializadas desde hace ya algunos años. Ensayos que tienen en común ahondar con la estupenda prosa -—modelo de pulcritud y precisión—- propia del profesor Palacios, en el problema inconcluso de los valores morales y por ende en la posibilidad de una ética axiológica, cosa que no podía ser más perentoria.Porque acontece con los valores, como da en señalar el autor en el prólogo, una extraña paradoja: nunca antes se ha hablado tanto en nuestra vida privada y pública de ellos y nunca como ahora —-como apuntaba hace ya tiempo el gran Reiner—- la propia filosofía ha abdicado de pensar en esas realidades bien misteriosas que son los valores -—y disvalores- —moralmente relevantes. Tal vez porque como confesaba Zubiri ya en 1975 «esta historia de los valores ha sido la tortura de la filosofía en los últimos sesenta años» y no está la reflexión filosófica actual para soportar grandes sufrimientos, más bien lo contrario.Y sin embargo Juan Miguel Palacios, poco amigo de esquivar la cara de la Esfinge, no desmaya en afrontar esta vexata quaestio a la que ha dedicado una vida de callado estudio y discreto magisterio, a la manera que en él es costumbre: acudiendo a los grandes autores —-en este caso Kant, Brentano, Scheler, Hildebrand, García-Morente, Zubiri, la escuela de ética de Lublin y Cracovia con Styczén y Karo Wojtyla a la cabeza y finalmente su buen amigo Seifert-— para al hilo de ellos y sus tesis ir cuestionando o aclarando tal o cual punto, apenas con un ademán, un pequeño apunte o abriendo una interrogación pertinente. Comosi en su escribir filosófico el profesor Palacios fuera también fiel a aquel lema de viejo abolengo tan caro a Kant: «De nobis ipse silemus».Así de una manera ciertamente socrática, hablando a través de los citados autores que tan bien conoce y lúcidamente expone, va el profesor descubriendo al lector toda la riqueza de esa terra ignota que es el mundo filosófico del valor moral, las posibilidades de su conocimiento, las exigencias de responsabilidad que nos plantea, y el grave problema de la relación entre «ser» y «valer», o entre «cosa» y «valor» haciéndose eco aquí de los últimos hallazgos de la mencionada escuela de...

Los fundamentos de una antropología personalista

De persona nunquam satis, de la persona nunca se dice lo suficienDte podíamos afirmar parafraseando un bello axioma de la mariología. Pocas nociones tan capitales hay en la Filosofía y en la Teología, como si en ella recalasen lo mejor de ambos pensares, lo más noble de sus realidades. Y, por otra parte, pocos siglos como el nuestro donde, por un lado, se ha alcanzado felizmente un mayor reconocimiento formal, moral y legal de la dignidad de la humana persona y a la vez, en cruel paradoja, mayores asaltos se acometen en su contra en un pertinaz proceso de abolición de todo aquello que de personal hay en la vida humana. Por eso era tan necesario este libro formidable recién editado por la meritoria colección de Filosofía de Encuentro que ha escrito John F. Crosby, uno de los pensadores fundamentales del panorama filosófico actual y discípulo predilecto de aquella luminaria que fue Dietrich von Hildebrand. Profesor hasta hace bien poco en la Universidad de Dallas y ahora en la Franciscana de Steunbenville (Ohio), no es casual ni desdeñable que Crosby sea norteamericano: su filosofía personalista desarrollada en torno a la dignidad de la persona entronca con aquella exhortación que Maritain hacía a los filósofos católicos americanos de aunar las grandes corrientes filosóficas europeas con una filosofía de cuño propiamente norteamericano. Y poco más afín al ideal americano que el tema de la dignidad personal que cruza la honda obra moral y política de sus Padres Fundadores y que es el tema de fondo del libro que nos ocupa. En efecto, bajar a los adentros de la interioridad humana ——en muy acertada traducción de «selfhood»—— es para Crosby sinónimo evidente de hallar el fundamento de esa su dignidad ontológica y existencial. Por eso, añadimos nosotros, aquellas épocas que dan en vivir hacia fuera, extrovertidas podemos llamarlas, serán épocas que tarde o temprano acaben perdiendo la noción de la valía de la persona: la nuestra, extrovertida como pocas, es una de ellas. Crosby lo sabe muy bien y de ahí su incansable labor en la meritoria Academia Internacional de Filosofía de Liechtenstein, por ejemplo, pero su natural optimismo congénito— —que tanto recuerda al de nuestro Julián Marías, tan admirador del vigor americano— —le impide pararse en lamentaciones, ante la urgente y ciclópea tarea de fundamentar una antropología personalista. Y el libro es buena muestra de todo ello.]Habíamos dicho que Crosby era discípulo aventajado— —y confidente— del inolvidable Hildebrand, tan incomprensiblemente desatendido por el pensamiento cristiano español, salvo alguna egregia excepción. Y ser discípulo de Hildebrand le supuso acudir eo ipso a la mejor antropología filosófica de Max Scheler y ello a su vez a toparse a principios de los 80 con el personalismo de Karol Wojtyla: y este encuentro dio ocasión a este libro, serio, riguroso y plenamente filosófico, que exige del lector una lectura atenta y trabajada. Son los frutos en sazón que acaba dando el verdadero pensar cuando este sabe pacientemente escuchar los ecos de la verdad, donde quiera...

Rescatar el diálogo platónico

La anciana conversación mantenida entre Menón y Sócrates acerca de si la virtud es o no enseñable, esto es, si cabe educar esa cosa que llamamos carácter, recorre rumorosa la historia toda de la educación occidental y de sus diferentes respuestas han emanado distintos enfoques de la función educativa escolar y universitaria. Baste contemplar las ruinas de nuestra escuela y el rebajamiento de nuestra juventud para intuir que el ideal socrático hace mucho tiempo que dejó de considerarse vigente en el solar patrio, como si quedara arrumbado en el polvoriento desván de la escéptica Europa.Pero a lo que parece, Estados Unidos —ese extraño país que todavía se siente interpelado por las grandes cuestiones clásicas— está haciendo del diálogo platónico un verdadero asunto de estado desde 1992 cuando la ASCD (The Association for Supervisión Curriculum and Development) determinó en la Conferencia de Racine dar prioridad urgente al tema de la «educación del carácter». Así las cosas, poco después, en el año 2000, la mentada «educación del carácter» fue elegida como la materia más importante a la que atender en la enseñanza primaria y secundaria, mientras que todos los senadores y congresistas consultados la designaban como el reto principal de Norteamérica.Sólo se entiende tal desasosiego imperioso si recordamos el deterioro educativo que afecta a los jóvenes americanos y que Allan Bloom había denunciado melancólicamente años atrás en su imprescindible The Cíosing of the American Mind (1987). Baste un botón de muestra extraído del libro que nos ocupa para entender la hondura de la crisis educativa:Más de la mitad de los jóvenes de cierta zona residencial de Boston declaran que no les parece mal robar un CD ni quedarse con el dinero que se encuentran en un monedero.El 50% de los varones mayores de las High School mantienen relaciones sexuales habituales, teniendo hasta el momento cuatro o más parejas, y el número de abortos encabezan las estadísticas del mundo industrializado.El número de asesinatos cometidos por jóvenes es en EE.UU. siete veces más alto que en Canadá y cuarenta veces superior al de Japón.Pues bien, sabedora del estado de la cuestión como profesora de sociología y psicología social, María Hernández-Sampelayo tomó la feliz determinación de trasladarse oportunamente a Estados Unidos para realizar un trabajo de investigación en la Universidad de St. Francis (Illinois) sobre este movimiento denominado educación del carácter, además de visitar dos colegios punteros donde realizan prácticas los futuros profesores americanos. Y a la vuelta de su fructífero viaje nos regala este libro, tan oportuno, escrito con el rigor y la sencillez propios del mundo anglosajón, combinando sabiamente la exposición teórica con casos prácticos de experiencias reales, dividido en tres apartados.La primera y más extensa parte constituye el corpus teórico del libro donde se nos cuenta la génesis y desarrollo del movimiento de la educación del carácter en los Estados Unidos, destacando los roles que juegan los padres y profesores, su asunción por el conjunto de la comunidad educativa y la explicación detallada del paradigmático Programa «Core Virtues». Para ilustrar la...

Dietrich von Hildebrand: “Moralidad y conocimiento ético de los valores”

Toda la ética de Dietrich von Hildebrand se halla presidida por la evidencia de que la percepción de los valores, por infundada y diversa para unos y para otros que pueda ser, es un dato tan originario e irreductible de la conciencia humana que no se puede negar sin tener que afirmarlo al mismo tiempo.

Tres reformadores Lutero-Decartes-Rousseau

Hace apenas cien años, el 11 de junio de 1906, Jacques Maritain recibía en París el sacramento del bautismo en la iglesia de San Juan Evangelista. Culminaba así un itinerario espiritual que nacía en un entorno familiar impregnado de protestantismo liberal y laicismo —era nieto de Jules Favre— para desembocar a instancias de Péguy en el encuentro de la noción objetiva de verdad a través de las lecciones de Bergson en La Sorbona y subsiguientemente con la fe y existencia cristianas que encarnaba de singular manera la obra y persona de Bloy. En 1925 verían a la luz en un único volumen los tres ensayos que dan pie al título de la obra que nos ocupa y que ahora en feliz coincidencia con el mentado centenario reedita Ediciones Encuentro rescatando la clásica y excelente traducción de Ángel Álvarez de Miranda. Su aparición causó un hondo impacto en los círculos intelectuales de ambos lados del Atlántico —no sólo católicos— que habían asistido al hundimiento de varios de los pilares fundamentales de la Modernidad en la escombrera dea Gran Guerra y que a su vez presentían los fúnebres rumores que no lograba acallar la algarabía de los años veinte. Baste recordar, a modo de ejemplo, la influencia que las tesis aquí expuestas por Maritain iban a tener de inmediato en el pensamiento y evolución espiritual del poeta angloamericano T. S. Eliot, quien merced a esta obra trabaría honda y prolongada amistad con nuestro autor. Lutero, Descartes y Rousseau: en estos tres nombres filia Maritain la génesis y esencia de la Modernidad en su triple vertiente religiosa, filosófica y moral, respectivamente. Los subtítulos que acompaña a cada uno de ellos, Lutero o el advenimiento del yo, Descartes o la encarnación del ángel y Rousseau o el santo de la naturaleza, junto con la respectiva tentación del desierto asignada a modo de introito a cada reformador, nos indican ya la seriedad desde la cual Maritain va a encarar su examen crítico: los analizará como teólogo y filósofo cristiano anclado en un realismo filosófico con una solícita preocupación por los efectos que la Modernidad así configurada ha tenido en la salus animarum. Por ser la religión el ámbito que gobierna toda actividad humana, nuestro pensador alsaciano considera la revolución luterana como la que más influencia ha tenido en la conformación de la mentalidad moderna. Lutero es visto así no tanto como fundador del protestantismo sino como enemigo declarado del saber filosófico, dotado más que de una inteligencia especulativa orientada a lo universal de una inteligencia cogitativa volcada en lo particular: su especialidad serán los dominios del yo y sus sucesivos estados de ánimo y sentimientos, que va a producir un drástico corrimiento desde el cristocentrismo que presidía la vida interior a una nueva espiritualidad egocéntrica necesitada de consuelos espirituales y de la experiencia de la piedad. El sentimiento de sentirse en gracia deriva así, a juicio de Maritain, en una mayor preocupación que la debida al propio Dios. Para mostrarnos mejor todo ello, el capítulo entrevera de manera...

La vida de los otros o la cartografía minuciosa del universo totalitario

Florian Henckel acomete la tarea de afrontar cabalmente la realidad cotidiana del dominio totalitario y sus consecuencias desde un escrupuloso respecto a la verdad histórica, precisamente aquella índole de verdad que era sistemáticamente falsificada por el régimen del bloque oriental.

La voluntad de comprender en tiempos de desolación

Referencia a un compendio de las tesis que la filósofa alemana habría de desarrollar en sus obras principales: Los orígenes del totalitarismo, la condición humana, Eichman en Jerusalén y la vida del espíritu.

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