Gonzalo Gragera

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El aforismo y la greguería: brevedad y permanencia

 Somos hijos de un tiempo que requiere, o eso intuimos, la concisión y lo inmediato. Merece más atención aquello que genera un resultado instantáneo que aquello que necesita elaboración, cuidado y reposo: en el campo de la economía, la artesanía es un lujo y la industria, un bien común. Demandamos labores sin excesivas dilaciones, una exigencia quizá motivada por la rapidez que imponen desde las tecnologías y desde internet. Lo comprobamos en nuestra rutina y en nuestro día a día. Un ejemplo son las nuevas formas de comunicación, las redes sociales, en donde se tiende a reducir la extensión del discurso en pequeñas cápsulas de caracteres limitados, o en entradas y post que no invitan a la extensión de nuestro mensaje. En el periodismo es eso que llaman píldora; en el lenguaje publicitario, eslogan. Claro está que a estos nuevos medios, a estas nuevas formas de comunicación, no se viene para publicar una tesis o un ensayo, pero son representativos de las necesidades del lector. Un lector que empieza a acostumbrarse a leer mucho en poco espacio. Un lector al que le apetece un continente de fronteras bien limitadas que abarque el mayor contenido posible.Estos cauces recientes de la comunicación, de la sociedad, desembocan en la cultura y en el arte, pues suelen ser estos, cultura y arte, la expresión de un tiempo y de una época. De la conjunción de todos estos ingredientes nacen, o renacen –qué no está ya inventado-, mejor dicho, géneros y manifestaciones artísticas en concomitancia con todo esto que hemos hablado: la brevedad del mensaje. Todo está vinculado, por supuesto.A estos géneros y manifestaciones artísticas relacionadas con un mensaje de impresión corta pero con intención de permanencia en el paladar del lector, en la literatura, los llamamos aforismos, greguerías, volaterías o, simplemente, ocurrencias. El aforismo o la greguería o la volatería o la ocurrencia persiste en su buen estado de salud: no hay más que atender a las novedades en las estanterías de las librerías y en los catálogos de las editoriales para darse cuenta de ello. El aforismo se inclina por la sentencia y la greguería por la metáfora y la ironía, aunque en cuestión de etiquetas lo mejor es prudente, que hay sus opiniones. Ambos, aforismo y greguería, suelen convivir con la publicación de los diarios, otro género del que podríamos hablar, un género también de moda en la literatura de hoy día. En el aforismo y en la greguería hay sensualidad y sugerencia y algo de magia e ingenio y juego de palabras, impresiones y aciertos, observación y experiencia, advertencia y claridad, desnudez y atino. El aforismo y la greguería, delicada expresión, tiene algo de cuerda floja en que el funambulista, el escritor, ha de hacer su número; un número arriesgado: muy difícil decir tanto en tan poco sin pecar de simplismo, ingenuidad, sin ser previsible e insustancial.Dijo Ramón Gómez de la Serna, en 1911, que “la palabra es un fenómeno como la electricidad, rezumada por todo y viva, con una...

Augusto Ferrán: el romántico olvidado

 ¿Por qué fue Augusto Ferrán?Que el siglo XIX en España fue una etapa apasionante de la Historia es una afirmación que no nos trae nada novedoso. Pero cuántos nombres se han perdido en sus almanaques y sus hemerotecas. Pero cuántos nombres se han perdido en los noticiarios de los periódicos y en la ceniza del tiempo. Cuántas caras. Cuántas firmas. Cuántos secretos. Cuántos documentos desconcertantes y reveladores. Cuántas biografías consumidas al paso de las décadas. Una de estas biografías fundamentales para entender, en este caso, la cultura y la historia de la literatura en España tiene nombre: Augusto Ferrán y Forniés.¿Por quién responde Ferrán y Forniés? Augusto Ferrán y Forniés nació en el Madrid decimonónico, el 27 de julio de 1835. Hijo de una familia de artesanos, mediana burguesía y buena posición, de padre barcelonés y madre zaragozana, mantuvo una intensa relación con las inquietudes humanistas de su tiempo. La desahogada economía familiar, un taller de molduras –cuya prosperidad le concedió a sus padres la posibilidad de abrir negocios en Cuba–, le permitió al joven Ferrán recibir una educación privilegiada. Augusto Ferrán, siempre lúcido y atento en la rama de las letras, accedió al madrileño Instituto del Noviciado, en donde comenzó a adquirir y a nutrirse de los principales movimientos literarias y humanistas del siglo XIX en Europa.Costeado por los gastos de la casa, el por aquel entonces estudiante de Madrid, prepara la maleta y viaja por dos países que son, que fueron, epicentros de la cultura occidental y de Europa: Francia y Alemania. Aun así, a pesar de la riqueza cultural –literaria, pictórica, musical…–del París en que desembarcó en un primer momento, fue en Alemania donde Augusto Ferrán quedó atrapado por las sensibilidades estéticas de los nombres más destacados del panorama cultural alemán. En Múnich, ciudad en que se instaló para sobrevivir en este nuevo entorno, lleno de novedad y de aprendizaje, se caló hasta los huesos de la música de Schubert, Schumann y Mendelssohn. En esta ciudad alemana fue donde leyó, por vez primera según nos consta, la poesía de quien será su maestro y su influencia: Heinrich Heine. En Múnich estudia la lengua alemana y se desenvuelve en las nociones de la traducción, oficio que le permitirá vivir durante su estancia; por otra parte, la obra de Heine, le sugiere un nuevo camino estético para la literatura. Camino del que brotará, ya traído a España, un estilo y una corriente estética inédita y original.Retorno a España: renovación, viajes y cosecha“Al ver tu sepulturalas siemprevivas tan frescas,me acuerdo, madre del alma,que estás para siempre muerta”.En 1859 fallece Rosa Forniés, madre de Augusto. Este trágico acontecimiento le trae a España, debido al dolor que le produjo la muerte de su madre. La fascinación de Ferrán por la lengua y la literatura alemana le anima a fundar, ya en Madrid como decimos, El Sábado, una publicación dedicada a la divulgación de la cultura germana. El Sábado no fue una revista que perdurara en la publicación de sus números, pero...
Nueva Revista

Joaquín Amigo y la Revista Gallo

  “Se trajo del corazón / un pez del mar de la China. / A veces se ve cruzar / diminuto por sus ojos. / Olvida siendo marino / los bares y las naranjas. / Mira el agua. / Tenía la lengua de jabón. / Lavó sus palabras y se calló. / Mundo plano, mar rizado, / cien estrellas y su barco. / Vio los balcones del Papa / y los pechos dorados de las cubanas- / Mira el agua”. Titulado Dos marinos en la orilla, de estética vanguardista y con reminiscencias ultraístas,fue el poema que Federico García Lorca le dedicó en los primeros años de la década de 1920.El nombre de Joaquín Amigo tan sólo nos sugiere interrogaciones y dudas, incógnitas y pasillos sin salida, habitaciones cerradas para el ojo observador y la investigación impertinente. Poco se sabe de su trayectoria y de su vocación, de su publicación y de su vida. Sabemos, eso sí, que nació en Granada y murió en Ronda en el trágico año: 1936. Escritor y profesor, su figura está vinculada a otros autores granadinos como Luis Rosales o el propio Lorca. Catedrático de literatura, de confesión católica e ideología conservadora, perteneciente a ese gran movimiento cultural y literario que fue la edad de plata de la literatura española, Joaquín Amigo es uno de esos nombres, como otros tantos, perdidos en el ruido de la academias y de la amistosa –y peligrosa- correspondencia entre literatos, en la marea de una generación que nos dejó fotografías y homenajes, poemas y corrientes, tesis y estudios, méritos y cátedras, lecciones para impúberes y lecturas para todos.En el tópico de los felices años veinte –de todo hubo, y no todo bueno-, en un tiempo en que aún quedaba lejos el desastre de la guerra y los exilios, nacieron revistas que se iban incorporando a las ya consagradas –tremendo adjetivo, pero ya me entienden, o eso espero-. Revistas que agruparon –del mismo modo que hoy día sucede en la rutina de las publicaciones literarias- las tendencias, los autores, los diversos pensamientos del escaparate literario de la época; revistas que favorecieron el discurrir de ciertos movimientos, como la revista Grecia, en donde Jorge Luis Borges publica su primer poema, titulado Himno al mar. El nombre de Joaquín Amigo se ahorma en el grupo poético Gallo, promotor a su vez de la revista de nombre homónimo. Amigo fue redactor de la misma, junto con colaboradores como Jorge Guillén, José Bergamín, Francisco Ayala…, y otros tantos.A pesar de la tirada corta y escasa de la revista -apenas se publicaron dos números-, no pasó desapercibida en la vida cultural de aquella España. Bajo la dirección de Federico García Lorca e ilustraciones de Salvador Dalí –padrinos de cabecera y por aquel entonces caballos ganadores-, la revista Gallo cobijó a numerosos escritores e intelectuales universitarios.Joaquín Amigo, discípulo y coetáneo de las vanguardias y de Ortega y Gasset, fue arrestado el veinticuatro de agosto de 1936 en Ronda, donde estaba destinado como catedrático de instituto. La madrugada...
Teresa de Jesús. "En las mismas vivas aguas de la vida"

Teresa de Jesús. “En las mismas vivas aguas de la vida”

“La lengua española pensó y sintió a Dios en Santa Teresa”. Así escribió Unamuno, y es buena cita para adentrarnos en la literatura de la mística abulense.

‹‹El tiempo reversible›› de Francisco Umbral

 En la editorial Círculo de Tiza se ha editado una recopilación de columnas y artículos de un pilar fundamental del periodismo literario en España: Francisco Umbral. Recoge el libro las columnas del prolífico escritor publicadas en El País y el diario El Mundo. Se trata de un recorrido por la obra periodística del autor desde los inicios de la Transición (o la santa Transición, como él la bautizó, no sin algo de ironía) hasta los últimos coletazos del gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero. El volumen, por tanto, nos acerca, a través del trabajo publicado en prensa, al pensamiento (mucha ensayística hay en los artículos de Umbral) y al trabajo del escritor. Con prólogo de Antonio Lucas, certero y didáctico, nos sumergimos en la pluma de Francisco Umbral, en su tiempo reversible.Para abrir boca, como si estuviéramos sentados en un café Gijón de letras y libros, una aproximación al prólogo del periodista Antonio Lucas:“Naturalmente, a Francisco Umbral no se le perdona. Es el peaje que impone su libérrimo magisterio. Vino a desguazar el oficio con toda naturalidad, no como quien presume sino como quien propone una beneficiosa revolución con prisa. Se enclavijó en la vida como una literatura: desde la sastrería del nombre hasta la confección de la biografía, levantando a puro pulso una personalidad paralela. De la letra la palabra. De la palabra a su intemperie.”*“Francisco Umbral es la proclama literaria de los periódicos. La conciencia de la mañana que cambia de luz siempre igual, pero nunca del mismo modo. Sabe ver en la peña los escapes trucados, como se notaba el ahogo en las viejas Bultacos de ruido, y voltea el editorial o la portada con el mecanismo de una catarata lingüística de mucha zumba.”*“Los artículos de Umbral, las negritas de Umbral, la torcida consecuencia de su escritura ante un mundo liso, mantienen indiscutible el pulso. Él es un personaje más de su propia refriega. Moderno de cadera estrecha. Miope como un poeta del pesimismo al que tan solo le queda el refugio de la razón. (…). Pisó con la escritura terrenos que nadie había ocupado antes, demostrando que también era posible hacerlo ahí. Esa es una de las formas más altas de su viva rebeldía, de su ajuste de cuentas, de su legítima defensa.”De Umbral se ha hablado mucho y, a menudo, muy mal. Se ha hablado mal de él no como hombre –aunque alguna que otra trifulca padeció motivada por sus artículos-, sino como escritor, centrando la atención de su carrera literaria en nimiedades sin ningún interés cultural. Alrededor de Francisco Umbral nos encontramos con mucho cotilleo, mucha leyenda, mucho comentario insustancial que ensombrece la figura del hombre y del columnista. Es de agradecer la edición de este El tiempo reversible sobre Umbral, en donde lo que importa no es el pasatiempos y lo anecdótico, el chascarrillo propiciado por la cercanía de la vida literaria, sino la calidad y la genialidad de sus textos, de sus artículos, de sus breves ensayos bajo el cobijo...

‹‹La ciudad›› de Manuel Chaves Nogales

 CHAVES NOGALES, O EL PERIODISMO DEL SIGLO XX.Murió joven y joven fue, por ende, la obra que nos ha dejado. Hablamos de Manuel Chaves Nogales, uno de los principales escritores de periódicos del siglo XX. Chaves Nogales, hijo de una familia muy vinculada al periodismo y a la cultura, nace en Sevilla en 1897, un año antes del desastre del 98’. Su padre, Manuel Chaves Rey ejerció el oficio del periodismo en El Liberal; en este diario su tío, José Nogales, abogado, escritor y periodista, trabajó como director. Desde el primer momento, si tomamos conceptos como Liberal, crisis del 98, periodismo, siglo XX…, obtenemos un campo semántico que bien resume la vida y la obra del escritor Manuel Chaves Nogales.Los libros editados por el escritor nacido en Sevilla y fallecido en Londres son de sobra conocidos tras la reedición de muchas de sus obras, cuyas páginas pasaron, quizá demasiado tiempo, desapercibidas por la academia y el gran público. Por fortuna eso es pasado. Podemos decir, sin temor a errar en nuestras apreciaciones, que es Chaves Nogales, hoy día, un referente del periodismo español. Sin embargo, aún persisten pequeños hilos sueltos sin trenzar en su biografía personal y literaria, indagaciones e interrogantes sin resolver: ¿conocemos su ópera prima? ¿Cuáles fueron los primeros trabajos del joven periodista? ¿Qué sabemos de las primeras publicaciones, muchas de ellas inéditas, del autor?Las publicaciones más reseñadas y mencionadas de Chaves Nogales se centran en el reportaje, la crónica, el artículo, la narración, el relato, la entrevista y la biografía de personajes relacionados con el periodo de entreguerras, como ejemplo la clásica entrevista a Joseph Goebbles y la antológica vida del torero Juan Belmonte retratada por la pluma del astifino escritor; por otra parte, muy leídos son los reportajes y las crónicas retratando sus viajes por Europa. No obstante, retornamos a las anteriores cuestiones, ¿qué nos queda del autor novato y principiante? LA CIUDAD. UNA OBRA CLÁSICA DE JUVENTUD.El escritor que no hace en su obra ninguna propaganda a ninguna organización política, no puede ser medido por el mismo rasero con que se mide a los directores de los partidos; tiene derecho a cierta inmunidad, cierta abstracción, que serían imperdonables en cualquiera otra orientación interventora, pero que en literatura son imperiosamente exigidas, porque sin ellas, sin esa original ignorancia, sin esa unilateralidad, sin ese granito de incomprensión, no habría obra literaria posible, tal como la literatura se practica.Cuando el periodista escribe estas líneas aún no había conocido el exilio el Londres, ni la huida de París debido a la persecución de la Gestapo, tampoco había probado el trago amargo de la guerra civil en España ni había desistido en su afán y sus simpatías por el partido y la figura de Azaña, el escritor no había sentenciado frases como miedo de los sectarios al hombre libre e independiente. La causa de la libertad entonces en España no había quien la defendiera; nada de esto, Chaves Nogales tenía por aquel entonces entre diecisiete años y veintitrés años, le...

Las cosas de Joaquín. Romero Murube y el 27

“Joaquín: tú no te pareces a nadie” le comentó por escrito en una ocasión Paul Morand. Joaquín Romero Murube nace en una familia bien posicionada en Los Palacios y Villafranca, un municipio situado en la provincia de Sevilla. Descendiente de inmigrantes vascos, nació un 18 de julio de 1904, en un ambiente rural y agrario, a imagen y semejanza de otros tantos pueblos de España. Estas estampas del pueblo y del campo, historias de la vida cotidiana de sus paisanos, las recoge y retrata, desde una perspectiva de idealización y en prosa poética, en una de sus últimas obras Pueblo Lejano (Madrid, Ínsula, 1954).Romero Murube, en 1912, se traslada a Sevilla para ingresar como bachiller en el colegio de los jesuitas. Frecuentó, terminado el bachiller, las tertulias universitarias de la época, estudiantes con inquietudes humanistas, jóvenes que apuntaban maneras y prometían en el panorama literario. En la capital, en Sevilla, se reunían con un poeta laureado y reconocido, un hombre por todos leído: Pedro Salinas. En la reunión estaba Higinio Capote, González Requena, Miguel Romero Martínez… De este grupo surge la revista Mediodía cuyas páginas acogieron los nombres de numerosos escritores de la denominada, unos años más tarde, generación del 27. La revista Mediodía fue, junto con la revista Grecia –publicaron aquí por vez primera a Borges un poema titulado “Himno al mar”- un referente cultural de los años 20’. Llegó Romero Murube a ostentar el puesto de redactor-jefe de la revista y en esta década publica sus primeras obras: La tristeza del conde Laurel, Prosarios y Sombra Apasionada. En estos años, de igual forma, consecuencia de sus actividades literarias y de su contacto permanente con intelectuales coetáneos trató a Jorge Guillén, a Dámaso Alonso, a Gerardo Diego, a Rafael Alberti… Aunque con quien guardó una “amistad llena de complicidad y camaradería”, según las palabras de su biógrafo Juan Lamillar, fue con Federico García Lorca. Por último, el joven escritor de los Palacios y Villafranca, a pesar de su ocupación académica como estudiante de Derecho, colabora con asiduidad en la prensa de la capital, en cabeceras como El Correo de Andalucía, El Liberal, El Noticiero Sevilla, ABC…Con todo, con sus colaboraciones en periódicos y su incesante actividad en el mundo literario, se ganó la vida como funcionario. Ocupó cargos de responsabilidad en el Ayuntamiento hasta que, en los albores de la Segunda República, lo nombran por orden del alcalde de la ciudad de Sevilla Conservador del Alcázar, uno de los principales monumentos de la ciudad. Este puesto le ocasionó innumerables anécdotas y el trato con personalidades de índole muy diversa: Eva Perón, el doctor Fleming, Jacqueline Kennedy, el Sha de Persia o Jean Cocteau, entre otros. Con respecto a las anécdotas podríamos contar aquella que narra la huida de Miguel Hernández, refugiado en los jardines del Alcázar por motivos de sobra conocidos, recién terminada la guerra, protegido por Romero Murube mientras despachaba al ya caudillo Francisco Franco, que vino a Sevilla a celebrar el desfile de la victoria. Un...

Javier Salvago y Karmelo y C.Iribarren: La vida como sinónimo de obra

 “Creo que un poeta no dice o no debe decir cosas nuevas –afirmaba Borges en una conversación con César Fernández Moreno–. Debe expresar lo que todos los hombres alguna vez han sentido o sentirán en su vida. Es decir, debe encontrar una música verbal para esas emociones que son lo esencial de toda vida humana. Lo demás es mera novelería o sólo puede interesar a los historiadores de la literatura, no a la literatura en sí”. Con este breve fragmento, del prólogo de Miguel D´Ors a la antología poética de Javier Almuzara, podríamos catalogar –si es que ese verbo es factible en la obra de cualquier escritor, llena de matices y de excepciones a la norma general- la producción literaria de dos poetas con una trayectoria notable, de peso y nombre propio: Javier Salvago y Karmelo C. Iribarren. De Iribarren y de Salvago, norte –el primero vasco- y sur –el segundo andaluz- de la poesía contemporánea española, se desprende un estilo que recorre los últimos veinte años del siglo XX y los veinte primeros del XXI: la literatura cercana a lo coloquial, al lenguaje de lo diario, a la ironía, a la claridad en la palabra y en el tono; un estilo ajeno al artificio y a lo hermético, a la “babosa emoción” de Pound. No obstante, la obra de Iribarren y Salvago juega en ese difícil terreno de las emociones, sí, pero sabiendo y conociendo los secretos para driblar y escapar airosos del delicado abismo del sentimentalismo y de la expresión fácil y previsible. En sus libros y en su poesía hay emoción, hay vida, hay reflejo de nuestra condición humana, hay sencillez y precisión, aunque siempre acompañado de una nota de sorpresa, de nueva perspectiva, de original mirada, de sugerente proposición. De todos los logros que encontramos en sus poemas –logros indiscutibles–, me quedo con ese: el hablar con la compleja sencillez de la emoción sin tropezar con el inoportuno sentimentalismo; llegar al tú del lector de poesía desde el yo del autor sin recurrir a tópicos ni clichés, sin necesidad de acudir a lo solemne ni a la oscuridad en la expresión para justificar la existencia y el motivo del poema.EVOCACIÓN Y ELEGÍAMiradascuriosas.Dichosasveladas. Espadaspringosas.Sabrosastostadas. Relatospausados.Vagancia.Zapatosmojados:infancia. Javier Salvago Este poema de Salvago, tan cercano en geometría y apariencia al conocido de Manuel Machado, nos lleva a sus influencias, a los nombres que hicieron al poeta de Paradas. La primera pista ya la hemos desvelado, o mejor dicho, se desvela sola al leer el poema. Es Manuel Machado una clave indispensable para comprender los poemas de Javier Salvago, tanto en geometría y estructura como en los temas y en la forma e intención de tratarlos. Hay más, claro. Están el maestro Fernando Ortiz –quien contribuyó de manera decisiva a su estilo y su modo de asimilar la literatura en la década de los 80–, los poetas franceses del simbolismo, Gustavo Adolfo Bécquer, el olvidado Giovani Papini, Jaime Gil de Biedma, etc. De todos bebe y de todos se nutre para escribir como...

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