Carlos Rodríguez Braun: «Diccionario incorrecto de la nueva normalidad»

Análisis de expresiones que, según Rodríguez Braun, encubren relaciones de poder, redefiniciones del papel del Estado o restricciones de libertad

Imagen simbólica sobre la corrección política
Nueva Revista

Carlos Rodríguez Braun. Economista, periodista y profesor. Correspondiente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas de Argentina. Autor de más de veinte libros. Colabora en prensa, radio y televisión. 

Avance

En su Diccionario incorrecto de la nueva normalidad, edición de 2020, Carlos Rodríguez Braun, con su acrisolada ironía, escribió sobre Donald Trump:

«No puede ser presidente. No puede serlo porque no lo aprueba la izquierda, ni los periodistas, ni Hollywood. Es un hombre vulgar, un mandatario ignorante que solo piensa en lo que le conviene a él, cosa que no sucede con ningún otro político del planeta, como es bien sabido. Es verdad que el Russiagate y el impeachment se quedaron en nada. Y es verdad que finalmente el Obamagate, las maniobras manipuladoras demócratas en favor de Hillary Clinton y en contra de Trump van saliendo a la luz (en Estados Unidos, porque de eso aquí no hablamos). Pero no importa. Como dice Julio Aramberri: ‘Haga lo que haga, lo que prima es su completa falta de legitimidad en el uso del poder. Trump no puede respirar sin cometer una tropelía, ni obrar sin decidirse por el mal» (p. 157).

¿Matizaría esa entrada Rodríguez Braun si la redactara hoy? Es la pregunta que habrá que formularle cuando se preste la ocasión. Mientras tanto, dejando al margen pequeños ajustes que el paso del tiempo impone, las voces de este diccionario, cuya primera edición es de 2004 y la segunda de 2020, siguen siendo dignas de lectura atenta en 2026.

Braun articula una crítica del lenguaje político contemporáneo mediante un repertorio alfabético. Los términos van desde «Ábalos, José Luis» hasta «Zedong, Mao». En ellos, el autor examina usos frecuentes del debate público, desplazamientos semánticos y fórmulas consolidadas en el discurso político y mediático. La portada resume esa orientación con una frase que funciona como declaración de propósito: «Lo que no se puede pensar, ni mucho menos decir».

Ese planteamiento lo desarrolla en el prólogo, que titula «Notas del autor». Subraya: «La generalización de la democracia ha estrechado paradójicamente el pluralismo y, de hecho, la propia noción de ‘corrección política’ nace en uno de los países más democráticos del mundo, Estados Unidos. En estos tiempos modernos de progreso, democracia y libertad, parece que siguen rigiendo los viejos cánones, y hay cosas que no se pueden pensar, ni mucho menos decir. Esas cosas son el objetivo del presente libro» (p. 8).

Antes del cuerpo del diccionario, una presentación editorial sitúa el problema en el terreno del control del lenguaje. Allí se afirma que quienes amenazan derechos y libertades aspiran también a «expropiar» las palabras y se vincula la corrección política con el Ministerio de la Verdad imaginado por Orwell en 1984:

«La corrección política, versión posmoderna del totalitarismo, es, efectivamente, lo más parecido que hemos visto al siniestro Ministerio de la Verdad que imaginó en 1984. Ya no es el pueblo el que decide qué pensar y qué decir, sino que una élite ilustrada se lo impondrá desde el poder político, la educación, la cultura y los medios de comunicación. Pretenden establecer ellos por su cuenta una ‘nueva normalidad’, nada menos».

La forma lexicográfica permite a Rodríguez Braun combinar definiciones breves, comentarios de actualidad, referencias históricas y citas de terceros. Algunas voces ocupan apenas unas líneas; otras desarrollan con más extensión un episodio o una controversia. En «agentes sociales», por ejemplo, Rodríguez Braun cuestiona que el llamado «diálogo social» represente realmente al conjunto de la sociedad y lo vincula con la actuación de grupos organizados (p. 12). En «consenso», plantea que el término ha dejado de aludir a un acuerdo amplio para aplicarse a pactos entre actores políticos y corporativos que después se presentan como generales (p. 43).

He aquí algunas citas textuales con otros ejemplos de la ironía de Braun:

«Beneficios. Sospechosos habituales.» (p. 23).
«Capitalismo. Régimen malévolo que ha de ser juzgado exclusivamente por sus peores resultados.» (Rodríguez Braun, 2020, p. 34). Otras entradas, como «Banco Mundial», «Fondo Monetario Internacional», «aranceles», «armonización», «salario mínimo» o «ayuda al desarrollo», le permiten extender esa lectura a instituciones y políticas concretas.
«Colaboración público-privada. Ja.» (p. 41).
«Conquistas sociales: la sociedad fue conquistada por el Estado.» (p. 43).
«Estado del Bienestar. Bienestar del Estado.» (Rodríguez Braun, 2020, p. 60).

Las entradas dedicadas a los derechos ocupan un lugar central. En «derechos humanos», Rodríguez Braun sostiene que el concepto ha experimentado una transformación: de una tradición ligada a la libertad individual y a la limitación del poder público habría pasado a asociarse con derechos sociales que exigen una ampliación de la acción estatal. Para ilustrarlo, contrapone formulaciones antiguas y contemporáneas del derecho al trabajo y del derecho a la vivienda. Según ese razonamiento, lo que antes remitía a libertades de contratación o de intercambio pasa a formularse como una exigencia de provisión o intervención pública (p. 52).

La cultura política de la izquierda ocupa otra parte amplia del diccionario. Las voces dedicadas a intelectuales, artistas, cineastas o periodistas sirven para revisar juicios públicos sobre dictaduras, comunismo, violencia, mercado o Estados Unidos. En «anticomunismo», por ejemplo, Rodríguez Braun contrapone la legitimidad pública del antifascismo con la sospecha que, según indica, sigue acompañando al anticomunismo más intenso (pp. 15-6). Esa comparación le sirve para introducir una reflexión sobre asimetrías ideológicas en la esfera pública.

También aparece de forma recurrente el ecologismo político. «Cambio climático», «calentamiento de la Tierra», «biocombustibles», «atolones», «cumbre del clima de 2019» o «desarrollo sostenible» forman una constelación en la que el autor no entra tanto en la discusión científica como en el valor político de ciertas expresiones. En ese marco, los términos climáticos son observados como palabras investidas de autoridad moral y utilizadas para justificar decisiones excepcionales o ampliar consensos públicos.

La estructura fragmentaria de Diccionario incorrecto de la nueva normalidad permite recorrer debates diversos a través de entradas autónomas, pero mantiene un hilo reconocible: el análisis de expresiones que, según Rodríguez Braun, encubren relaciones de poder, redefiniciones del papel del Estado o restricciones de libertad.

Más información:

Rodríguez Braun, C. (2020). Diccionario incorrecto de la nueva normalidad. LID Editorial.

Corrección política 

Crédito de la imagen: Foto simbólica sobre la corrección política, creada con IA.