Mi cesta
Tu cesta está vacía, pero puedes añadir alguna de nuestras revistas o suscripciones.
Ver productosEl escritor amenazado de muerte por investigar a la camorra napolitana expone los vínculos entre droga y poder del país sudamericano

13 de enero de 2026 - 4min.
Roberto Saviano (Nápoles 1979). Escritor y periodista que ha dedicado su vida a investigar a la Camorra y el crimen organizado. Ese fue el tema de Gomorra (2006), novela por la que fue amenazado de muerte. Fue adaptada al cine por Matteo Garrone. Saviano también es autor de CeroCeroCero, que describe los vínculos de la cocaína y las finanzas internacionales.
Avance
El pretexto judicial esgrimido por Donald Trump para la «extracción» de Maduro fue la acusación de narcoterrorismo como líder del Cartel de los Soles. Pero ¿servirá la intervención de EE. UU. para librar al país de las mafias de la droga? El escritor Roberto Saviano responde a la pregunta en un artículo publicado en Le Monde. Se trata de una voz autorizada porque conoce bien el maridaje de droga, crimen y poder ya que investigó los negocios de la Camorra (la mafia napolitana) y los sacó a la luz en la novela Gomorra (2006), por la que estuvo amenazado de muerte por el capo Francesco Bidognetti. Umberto Eco lo calificó de «héroe nacional» por su valor al denunciar al crimen organizado.
Aclara el escritor que «Venezuela no es un narcoestado, sino un Estado que utiliza las drogas como instrumento para la supervivencia del poder», lo cual puede ser «más peligroso». No es un narcoestado strictu senso porque puede sobrevivir sin la economía de la droga. De hecho, el chavismo nació de un régimen político-militar basado en el petróleo; lo que ocurre es que posteriormente el madurismo ha utilizado la droga como «palanca geopolítica». Sin la complicidad del Estado, —afirma Saviano— sería inimaginable un tráfico de tal magnitud, así como la impunidad garantizada por las instituciones y que «la economía ilegal se haya vuelto más rentable que la economía oficial». Y el famoso Cartel de los Soles no es «un cartel en el sentido clásico sino una estructura militar-institucional, un sistema de cobertura que permite al tráfico colombiano atravesar el país sin obstáculos».
El narcotráfico recuerda a la mafia italiana: es «una infraestructura invisible», subraya Saviano. Cambian los políticos, pero debajo subsiste el sistema mafioso. Un sistema que «no solo financia actividades delictivas, sino que sostiene aparatos de seguridad, compra lealtades, sustituye economías colapsadas, mantiene con vida a Estados que, de otro modo, carecerían de recursos y legitimidad. Cuando la política deja de generar legitimidad, la droga genera liquidez. Y la liquidez genera poder», apostilla el escritor.
La extrema izquierda ha negado que existan tales vínculos, tachando las acusaciones de «propaganda imperialista». Pero Saviano lo refuta con un ejemplo flagrante: el de los llamados «narco-sobrinos». Efraín y Franqui, dos sobrinos de Cilia Flores, esposa de Maduro, fueron detenidos en 2015 mientras organizaban un cargamento de 800 kilos de cocaína con destino a EE. UU. Explicaron entonces que la droga servía para financiar el poder, para «defender la revolución». Y no hablaban «como traficantes marginales; hablaban como agentes del aparato estatal». Durante el juicio en Nueva York, no solo sale a la luz el tráfico, sino también un método de Estado. Condenados en 2017, son liberados en 2022 en un intercambio de prisioneros. Comenta Saviano: «La condena sigue en pie. La impunidad, también».
Por lo demás, Venezuela no es una excepción. Las FARC colombianas financiaron su guerra durante décadas gracias a la cocaína; Sendero Luminoso hizo lo propio en Perú; y los Jemeres Rojos, tras el genocidio en Camboya, mantuvieron sus estructuras gracias al opio y a los recursos ilegales. «Siempre con la misma justificación: la revolución necesita dinero», apostilla el escritor. Solo que ese dinero nunca llega a la revolución, sino que acaba en manos de la cúpula política. «Y cuando la lucha termina, lo que queda no es un Estado justo, sino una clase dirigente criminalizada».
Obama no intentó desmantelar el régimen de Maduro cuando aún era frágil, sino «gestionarlo, controlarlo, aislarlo parcialmente, sin golpear nunca el corazón del poder». Trump, por el contrario, lo ha descabezado parcialmente, con la detención del dictador, pero «no con un proyecto de democratización, sino de control». ¿Le interesa yugular el narcotráfico? ¿Trump, el mismo que por un lado apela a la lucha contra la guerra y, por otro, indulta a Juan Orlando Hernández, condenado por facilitar la entrada de cientos de toneladas de cocaína en EE. UU.?, pregunta Saviano retóricamente. E inmediatamente aclara que «no es una contradicción: es el funcionamiento mismo del poder trumpista».
Lo que el presidente estadounidense busca «no es una transición democrática en Venezuela, sino controlar el resultado», opina Saviano. Y el narcotráfico es la herramienta perfecta: «deslegitima a Maduro, justifica la presión y autoriza purgas selectivas». Nada permite suponer que este proceso vaya a desmantelar el sistema. Con un toque lampedusiano, el autor de Gomorra vaticina: «Desaparecerán algunos nombres; cambiarán las caras; cambiará la narrativa. Pero no la economía criminal». Es posible incluso que «Venezuela viva mejor que hoy, pero no será libre. Y, una vez más, será liberada sin ser devuelta a sus ciudadanos».
El artículo de Roberto Saviano se publicó en Le Monde el 6 de enero de 2025. Imagen de cabecera: el escritor en el Festival Internacional de Periodismo de Perugia, Italia (2011), foto de Giancarlo Belfiore. El archivo de Wikimedia Commons se puede consultar aquí.