Por qué lo que se avecina podría ser peor que la crisis de 2008

¿Vamos hacia una nueva crisis? Bolsa de Nueva York. CC Wikimedia Commons
Bolsa de Nueva York. CC Wikimedia Commons
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Richard Bookstaber. Economista y ensayista. Fue gestor de fondos en diversas firmas de Wall Street y asesor del Tesoro de EE. UU. Autor de A demon of our own design, ensayo sobre la fragilidad del sistema financiero que predecía la crisis de 2008; y The end of theory, sobre la interconexión de los mercados y la vulnerabilidad del sistema.

Avance

El mundo está cada vez más conectado y, por esa razón, más expuesto a los contagios. A los microbianos, como puso de manifiesto la pandemia, pero también a los económicos. Una crisis como la de 2008 se propagaría ahora con más rapidez que entonces y resultaría más difícil reaccionar ante ella. Una tensión en el crédito privado, una disrupción tecnológica o un conflicto geopolítico pueden afectar a financiamiento, costes, cadenas de suministro, valoraciones y decisiones de inversión al mismo tiempo.

Así lo indica Richard Bookstaber,  el economista que alertó del colapso de las hipotecas subprime en 2008, en un artículo publicado en The New York Times, con este título: Predije la crisis financiera de 2008. Lo que se avecina podría ser peor. Afirma que el sistema financiero global se enfrenta a una vulnerabilidad que podría superar el daño causado hace casi dos décadas. La razón es que el riesgo ahora no está concentrado en un solo escenario, como el de las hipotecas subprime, sino en otros muy diversos: el crédito privado, las grandes tecnológicas, la infraestructura que sostiene la IA y focos geopolíticos sensibles como Taiwán e Irán. Y además interconectados entre sí, como las piezas de un puzle.

El peligro del mercado de crédito privado

Tras la crisis de 2008, los bancos tradicionales se retiraron de ciertos segmentos de préstamos debido a las regulaciones, dejando ese espacio a inversores institucionales y fondos de cobertura. Y el mercado de crédito privado hoy se valora aproximadamente en más de dos billones de dólares. Comoquiera que tales préstamos «rara vez se negocian en mercados abiertos, se genera una incertidumbre total sobre su valor real» y ello reduce la capacidad de venderlos rápidamente en un escenario adverso, indica Bookstaber.

La cosa se complica porque gran parte de este financiamiento sostiene a empresas de software cuya supervivencia está actualmente amenazada por el espectacular desarrollo de la IA. Si estas empresas fallan, el efecto dominó sobre los fondos de inversión, incluyendo gigantes como BlackRock, Blue Owl y Blackstone, podría ser inmediato. De hecho, ciertos inversores ya han retirado recursos de fondos de crédito privado de algunas de esas firmas.  

Y el nivel de concentración de ese mercado es muy alto. Diez acciones ya representan más de un tercio del valor del S&P 500 (el índice bursátil que representa a las 500 empresas más poderosas de EE. UU.). Si una de esas compañías sufre una crisis, el impacto podría irradiarse al conjunto del sistema. El experto advierte que en un mercado sin una bolsa organizada y con información poco accesible, una salida de inversores puede derivar en una fuga de capitales más amplia.

El crédito privado no solo financia empresas vulnerables a la disrupción tecnológica, sino también infraestructura clave para el despliegue de la IA, como centros de datos y chips semiconductores. A la vez, esa infraestructura está siendo impulsada, en parte, por grandes tecnológicas como Google y Microsoft, con un notable peso específico en el mercado bursátil. Así pues, todo está interconectado.

Riesgos geopolíticos: Irán y Taiwán

Además, el sistema está cada vez más expuesto a las vulnerabilidades físicas, como redes eléctricas, suministro energético, cadenas logísticas y acceso a semiconductores. La crisis energética provocada por la guerra de Irán puede elevar el coste de la electricidad o restringir el suministro, afectando a los centros de datos y a la producción vinculada con la IA, con lo que aumentaría la presión sobre los mercados de crédito y bursátiles. Y un eventual conflicto en Taiwán limitaría el acceso de EE. UU. a semiconductores avanzados, con el consiguiente frenazo del desarrollo de la IA, lo que afectaría, a su vez, al sistema financiero.

Diferencia con la crisis de 2008

Todos estos riesgos físicos están reemplazando a los riesgos financieros que precedieron la crisis de 2008. Lo cual, según Bookstaber, vuelve el escenario más vulnerable, pues no trata solo de movimientos de precios, sino de alteraciones en infraestructura, energía, suministro y producción.

«Prefiero asumir riesgos financieros sin dudarlo, porque solo afectan a los precios. El riesgo físico mueve el mundo», señala, refiriéndose a cómo los cortes de energía o bloqueos comerciales podrían ser el detonante final de esta burbuja.

Los modelos habituales de detección de riesgo trabajan con variables como precios, volatilidad y correlaciones, pero esas herramientas —advierte el economista— no están diseñadas para anticipar fallas en redes eléctricas o interrupciones en cadenas de suministro. Y cuando las señales aparezcan en los datos de mercado, quizá podría ser demasiado tarde para contener el daño.

Imagen de cabecera: Frontispicio de la Bolsa de Nueva York. Foto: Archivo en dominio público con licencia CC BY-SA 3.0 Se puede consultar aquí.