El papa León XIV, discreto «contrapeso político» del presidente Trump

El papa sigue la tradición de Benedicto XV, Juan XXIII, Juan Pablo II y Francisco de abogar por el diálogo en lugar del enfrentamiento para preservar la paz internacional

León XIV y Donald Trump. CC Wikimedia Commons
Nueva Revista

David Gibson. Periodista, escritor y documentalista. Cubrió la información para el Vaticano de diversos medios durante cuatro décadas. Actualmente es director del Centro de Religión y Cultural de Fordham University (Nueva York).

Avance

La actitud y los excesos verbales de Trump, por un lado, y «la dignidad suave» de su paisano, el papa Prevost, por otro, proyectan dos imágenes totalmente contrapuestas de la influencia de Estados Unidos sobre el mundo contemporáneo. Sin estridencias, en un tono discreto pero firme, León XIV se ha convertido en «un contrapeso político y temperamental a un presidente estadounidense incendiario», sostiene David Gibson, periodista destacado en el Vaticano durante varias décadas, en una tribuna de opinión de The New York Times. 

El papa «no es ni callado ni tímido: si tiene algo que decir, lo dice», afirma alguien que le conoce desde niño, su hermano mayor, Louis Prevost, al que el presidente ha recibido en el despacho oval y en Mar-a-Lago.

Y lo ha demostrado recientemente, como recoge Gibson:

—No le dolieron prendas al advertir, tras la captura de Maduro, que debía garantizarse la «soberanía» de Venezuela junto con «el estado de derecho consagrado en su Constitución».

—Criticó el plan de paz de la administración Trump para Ucrania: «Intentar alcanzar un acuerdo de paz sin incluir a Europa en las discusiones no es realista». Y se reunió con Zelenski y dijo que le gustaría visitar Ucrania.

—En Navidad, instó a los líderes mundiales a buscar la paz a través del diálogo, incluso cuando Trump lanzaba ataques militares contra las milicias islámicas en Nigeria, aparentemente para proteger a los cristianos.

—En su reciente discurso ante el cuerpo diplomático en el Vaticano afirmó que «el principio establecido tras la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a las naciones utilizar la fuerza para violar las fronteras de otras, se ha visto completamente socavado»; y que el lenguaje de la fuerza está sustituyendo a «la diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso entre todas las partes».

En realidad, el santo padre sigue la línea de pontífices de la última centuria, preocupados por las amenazas de las guerras más cruentas de la historia.

Desde que Benedicto XV intentó sin éxito detener la Primera Guerra Mundial, varios papas se han posicionado enérgicamente contra las amenazas de la paz internacional. Juan Pablo II ayudó a Reagan a acelerar el fin del imperio soviético y conjurar la amenaza nucelar. Y Francisco alertó de que ya estamos en «una Tercera Guerra Mundial, librada poco a poco», y alzó la voz frente a «los ruidosos demagogos y al nacionalismo populista», abogando por una «paz artesanal, hecha a mano»  entre las personas y las comunidades.

El papa Prevost está poniendo un énfasis aún mayor. Su vocabulario —señala David Gibson— evoca la encíclica Pacem in terris de Juan XXIII dirigida a «todos los hombres de buena voluntad», escrita en 1963, en plena Guerra Fría, solo un año después de la crisis de los misiles de Cuba; también evoca la sensibilidad de los fundadores de la unificación europea, Robert Schuman, Alcide De Gasperi y Konrad Adenauer, todos ellos católicos. Su visión del mundo también se nutre de décadas de vida en Perú y de sus viajes por todo el mundo como superior de los agustinos, así como de las aportaciones de los cardenales que, «con toda seguridad, lo eligieron en parte porque encarna la América que añoran».

León XIV no busca un enfrentamiento con Trump, matiza Gibson. Cuando cuestiona sus políticas, lo hace como un papa nacido en Estados Unidos que recuerda el respeto por la libertad de un sistema que «valora la habilidad política por encima de la astucia, el bien común por encima de la conquista nacional y la decencia común por encima de la intimidación patriotera» y que Trump parece estar desmantelando.

Ahora bien ¿le harán caso? Crítico en su momento con Francisco, Trump —y su entorno, que incluye al católico J.D. Vance— no parecen muy receptivos. Mas la Iglesia católica piensa en términos de siglos, y es poco probable que el papa León se preocupe por tal rechazo. Entre otras cosas, porque con 70 años puede batir el récord como el papa más anciano, superando a León XIII, que tenía 93 años cuando murió. Y a Trump, que cumplirá 80 años en junio, le quedan tres años de su segundo mandato y se enfrenta a vientos políticos en contra.

El primer papa en llevar el nombre de León salvó a la civilización al persuadir a Atila para que no arrasara Italia. Pero un paralelismo más adecuado a nuestras circunstancias es el de un episodio posterior, considera David Gibson. Según cuenta la leyenda, cuando el caudillo vándalo Genserico se disponía a saquear Roma, León I le convenció de no destruyera todas las iglesias, de modo que miles de romanos pudieran encontrar refugio de la devastación que se avecinaba. Eso le permitió después al papa y sus sucesores reconstruir la ciudad y la sociedad. Quizá haga falta un temple así para nuestra convulsa escena contemporánea, apostilla David Gibson. Otro papa, de nombre León, que preserve el legado de paz y convivencia que EE. UU. y el mundo necesitan.

El artículo de David Gibson se publicó en The New York Times  el 11 de enero. La imagen de cabecera de León XIV es de Edgar Beltrán, cuyo archivo en Wikimedia Commons se puede ver aquí; y la de Donald Trump es de Gage Skidmore, con licencia en Wikimedia Commons que se puede consultar aquí.