Nicaragua: todo será mejor

El autor asistió en calidad de observador internacional a las elecciones nicaragüenses. Su artículo es un cuadro esquemático de las experiencias vividas durante una semana de contactos con miembros de diferentes partidos políticos, sindicalistas, asociaciones empresariales y gentes del pueblo de Managua, así como observadores y comités de defensa de los derechos humanos.

Agustín Alberti

Hace años el jesuita padre Astorqui, de la Universidad Centroamericana de Managua, llevaba a cabo experiencias biológicas con voraces pirañas. Mientras conversaba con un amigo común trajo unos guapotes extraídos del río Tipitapa, cuyo destino era servir de alimento a las terribles pirañas. Ante el asombro de ambos, esa especie de besugos de río se revolvieron contra las pirañas y dieron buena cuenta de ellas. Aquello fue el origen de una comunicación científica del jesuita, pero para mi amigo fue un signo de nefastos presagios. Mientras me contaba lo sucedido exclamó a modo de conclusión… «de un país en el que los guapotes se comen a las pirañas hay que salir huyendo.»

Después vino el terremoto que arrasó Managua, la rapiña de los Somoza prosiguió con más intensidad su obra depredadora y, por último, expulsado el tirano y destruida su odiada guardia, la revolución sandinista inició su camino inexorable hacia la destrucción de las libertades de los que habían puesto su esperanza en la democracia como marco político de la paz y el trabajo.

Las numerosas trabas puestas a la oposición y el apoyo masivo al FSLN con los recursos públicos no impidió la victoria electoral de la UNO

Toda esta historia pasó velozmente por mi memoria mientras probaba con unos colegas europeos en Granada, al borde del lago Nicaragua, la deliciosa carne de unos guapotes a la brasa el día, histórico para ese pequeño país, en el que algo más de un millón setecientos mil nicaragüenses estaban decidiendo terminar con una época de frustración y enfrentamiento civil.

¿Será verdad que los guapotes comienzan a comerse a las pirañas? pensé mientras intentaba pergeñar un paralelismo entre biología y política. Terminado el ágape subimos a nuestro destartalado microbús y proseguimos las visitas a varias juntas receptoras de votos en pueblitos del área comprendida entre Managua y Granada.

Atrás quedaba el inmediato recuerdo de la enorme manifestación de apoyo al Frente Sandinista -enorme para la dimensión demográfica de Managua y su área- el día del cierre de campaña de Daniel Ortega y Sergio Ramírez.

Para el FSLN el objetivo era superar la concentración de masas que Violeta había conseguido reunir, en el mismo lugar, dos días antes para el cierre de la campaña de UNO.

Yo no estaba todavía en Managua, pero colegas y testigos calculaban en unas 2.000 personas los seguidores de UNO que, pese a la desaparición ese día del transporte público en Managua, se reunieron en torno a Violeta Chamorro y Virgilio Godoy.

Un partido de béisbol, deporte nacional en Nicaragua, que tenía que haberse celebrado ese día en Estelí, fue trasladado a Managua por las autoridades deportivas que abrieron gratuitamente la entrada al estadio y colocaron el partido a la misma hora del mitin final de la UNO.

Ese 22 de marzo, mezclados con el pueblo llano que, sudoroso y, en ocasiones bulliciosos, se dirigía como riada hacia la plaza Carlos Fonseca, fuimos testigos de la mayor concentración de masas que recordará Managua. Como la presencia de los candidatos ganadores se retrasaba decidimos irnos a Masaya y escuchar el mitin final por nuestra radio de bolsillo.

Ganadores

«Ganadores» antes de la votación y «todo será mejor», era el fondo de los mensajes que difundía la propaganda sandinista con insistente seguridad. Las encuestas americanas y la prensa internacional concentrada en el centro Olof Palme -por cierto regalado a Nicaragua por Holanda- entraban en resonancia con el mensaje sandinista. La puesta en escena garantizaba un acta notarial colectiva levantada por más de 2.000 observadores internacionales y 1.500 periodistas que deberían certificar la limpieza del proceso de votación y escrutinio. El grupo Carter, la Internacional Demócrata Cristiana, el Parlamento Europeo, la OEA y asociaciones como «Veteranos por la Paz», o Americas Watch, la Internacional Socialista y otras varias organizaciones públicas o privadas estaban «tácitamente» invitadas como testigos de la victoria electoral sandinista. Sólo Gallup y la encuesta dirigida por Jean Zune, asesor de la campaña de la UNO daba la nota discrepante a unas previsiones que no concedían a la Unión Nacional Opositora más de un 28 por 100 de votos.

Algo impresionados por el ambiente callejero y el clima en el Olof Palme, llegamos a Masaya pasando antes por una siniestra y pequeña fortaleza abandonada en una colina que domina la ciudad. Allí las mazmorras hablan de historias de torturas llevadas a cabo por la Guardia Nacional somocista. Historias similares a las que oí de boca de dos torturados por la policía sandinista, que contaban su drama a la señora Vence, de la Subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo. Son historias de sevicias, torturas físicas y síquicas, acusaciones de contrarrevolucionarios, prisiones clandestinas y al fin, más suerte que otros que perecieron o desaparecieron, la libertad. Sin la presión de organizaciones internacionales probablemente no podrían estar allí para contarlo.

De vuelta hacia Managua la presentación de Ortega y Sergio Ramírez se había retrasado tanto que pudimos escuchar su intervención ya en el hotel.

En el camino de entrada a Managua, un espectáculo insólito. Camiones, autobuses y toda clase de vehículos en dos y tres filas, aparcados a los lados de varios kilómetros de carretera, esperaban para devolver a sus puntos de origen a miles de manifestantes; muchos de ellos, habiendo hecho acto de presencia en la plaza, esperaban ya tumbados en los camiones el regreso aún antes de que Sergio y Daniel se dirigieran a sus masas. Algo evidentemente no encajaba con la aparente espontaneidad de horas antes.

Trabas previas

Pese a las numerosas trabas puestas por el Gobierno durante todo el proceso preelectoral y a la utilización prepotente de los medios del Estado con apoyo del Frente Sandinista, había una especie de acuerdo tácito y generalizado de bendecir las elecciones con un certificado de limpieza. «Hasta ahora ha habido fallos, pero no invalidan el proceso electoral», nos declaró horas antes de las votaciones Monseñor Bosco Vivas, secretario de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, que afirmó también: «sobre todo en el campo no era fácil inscribirse, ya que las mesas de inscripción estaban muy lejanas y grandes colas de militares impedían que se cumpliera el plazo de inscripción». «Hicimos notar al Gobierno que la distribución del tiempo -se refería a los medios de información entre los partidos no gubernamentales era muy injusta.»

«La seguridad del Estado presionó a muchos candidatos opositores, sobre todo en zonas rurales, para que se retirasen. Se lo dijimos al Grupo Carter y al OEA y algo se logró pero la presión aún persiste.»

Un censo incierto, un procedimiento administrativo de inscripción dificultoso, unos medios informativos sometidos por ley al control del Gobierno y casi 700 mil nicaragüenses en el exilio (la cuarta parte de la población total) de los que, aproximadamente, 500 mil tendrían, en condiciones normales, derecho al voto, no son precisamente las mejores condiciones previas para un proceso electoral. Pero el hecho de haber admitido los sandinistas la posibilidad de unas votaciones y un escrutinio bajo control internacional fue suficiente razón para que nadie tuviera un interés especial en invalidar un proceso en el que estaban puestas las esperanzas de paz.

En este marco de victoria cantada, presión agobiante de la propaganda oficial, de opinión internacional convencida de la victoria sandinista y con 700 mil nicaragüenses viviendo en el exilio, había algunos hechos que no encajaban. De las muchas personas humildes con las que hablamos en las calles y mercados ninguna afirmó que fuera a votar por el Frente. El machacón y simple mensaje: «El 25 en la 5», repetido hasta la saciedad, no parecía haber calado en las gentes.

Nuestra personal e informal encuesta callejera tuvo su final en el Mercado Oriental donde la miseria y la suciedad no eran impedimento para espontáneas muestras de los signos de victoria de la ONU. La sensación era de que muchos, demasiados, habían perdido el miedo. Y el 25 de febrero muchos nicaragüenses no votaron en la casilla 5 como habían pedido en su mitin Daniel y Sergio a las masas traídas a Managua.

Escrutinio limpio

La votación y el escrutinio fueron de un gran orden y limpieza. Los observadores internacionales nos pudimos pasear por casi todos los rincones de Nicaragua. La emisión del voto fue realmente secreta y en secreto los nicaragüenses escogieron la libertad.

La noche siguiente al anuncio de la victoria de Violeta Chamorro fue muy agitada y llena de toda suerte de incertidumbres. La radio sandinista había hecho continuas y vibrantes llamadas para que nadie entregase las armas, convocando a los militantes sandinistas para que se concentraran en la plaza cercana al centro Olof Palme. Después de una prolongada reunión de los nueve comandantes con más de 1.000 cuadros sandinistas. Ortega iba a dirigirse a sus seguidores.

Paradójicamente, el Ejército Popular Sandinista, con su voto, ha ayudado a la entrega del poder a la UNO

Un capitán español de la misión de la ONU, que nos encontramos casualmente cerca del restaurante «The Plaza», comentó a Joaquín Carreras, de Unión Democrática de Cataluña, que consideraba el momento muy tenso y que podía pasar cualquier cosa.

El discurso de Ortega ante sus masas de fieles, menos numerosas que en el fin de campaña pero más espontáneas, fue más bien dirigido a Violeta Chamorro y a la Unión Nacional Opositora, a la que expuso las condiciones para la entrega del poder. Básicamente: mantenimiento del Ejército y del Ministerio del Interior en manos sandinistas; desarme de la «contra»; e intangibilidad de los «logros sociales» de la revolución, entre los que se encuentran -sin duda- las casas y fincas confiscadas que ahora disfrutan comandantes y administradores del poder revolucionario sandinista. Como, por ejemplo, la que habita el propio Daniel Ortega, confiscada a Jaime Morales Carazo, que nunca tuvo nada que ver con el somocismo.

A los que estuvimos como observadores o periodistas en Nicaragua se nos repite insistentemente esta pregunta: ¿Qué va a pasar ahora allí? Profetizar no es nuestra misión, pero se pueden establecer unos datos que son incuestionables.

La economía de Nicaragua está destrozada. Cuando por 60 dólares te dan unos tres millones de córdobas y un plato de carne en un restaurante medio vale 250.000 córdobas, no hace falta ser economista para sospechar que algo no funciona bien. Si un médico cobra 100 dólares al mes y un maestro de básica unos 25 dólares mensuales, no hace falta ser ama de casa nicaragüense para sentir angustía. Cuando una ciudad casi inexistente se convierte en una urbanización de chabolas hechas con planchas de madera maciza, que en Europa costarían una pequeña fortuna, y parece más bien un cementerio de increíbles automóviles, no hace falta ser un politólogo para sentir diez años de ineficiencia, incompetencia y guerra. Violeta Barrios de Chamorro se enfrenta a una situación económica desastrosa. Esta situación se agrava día a día antes de la entrega del poder a causa de la ola de rapiña desencadenada sobre los bienes públicos por unos administradores que intentan consolidar situaciones personales de hecho, que mañana no podrían justificar en nombre de una revolución que la mayoría de los nicaragüenses consideran traicionada.

Problema militar

Un ejército mastodóntico, alimentado durante años por Cuba y la Unión Soviética, plantea un doble problema: su mantenimiento absorbería unos recursos imprescindibles para la reconstrucción económica, y su rápida desmovilización agudizará a corto plazo las dificultades de inserción en la vida civil. A pesar de esto, nada más conocidos los resultados electorales ha habido numerosas deserciones en el ejército sandinista. ¿Serían la vanguardia de los Judas a los que se refirió Daniel Ortega en su discurso postelectoral? Uno de los aciertos de la campaña de Unión Nacional Opositora fue apoyarse en los deseos de paz de aquellos que han sido obligados al servicio de las armas. Ha sido precisamente el Ejército Popular Sandinista el que con su voto ha ayudado a la entrega del poder a la UNO. El resentimiento que esto ha producido entre los altos mandos militares ha desencadenado una investigación del Servicio de Inteligencia sobre quiénes han sido los miembros del Ejército que votaron contra el FSLN.

El problema político que los sandinistas tratan de imponer al exigir el mantenimiento y control del Ejército no es sostenible ni desde un punto de vista democrático ni en el actual contexto internacional. La institucionalización de las fuerzas armadas, para desvincularlas del FSLN, requiere una reforma constitucional.

Hablando personalmente antes de las elecciones con el comandante Bayardo Arce sobre la hipertrofía militar nicaragüense, éste justificaba la existencia de este aparato de guerra no sólo en la existencia de la «contra», sino también en la superioridad aérea de El Salvador (Aic) (Evidentemente Bayardo Arce debía querer referirse a Honduras).

Respecto al apoyo cubano a Nicaragua, Bayardo Arce reconoció que «si los cambios en el Este afectan a la economía cubana podría sufrir Nicaragua ciertas consecuencias». Evidentemente, en los cálculos del Gobierno no entraba la posibilidad de un triunfo de la UNO. De ahí el intento desesperado de conservar el poder real mediante la pretensión de seguir controlando el Ejército y el Ministerio del Interior.

Sería una fórmula ya puesta en práctica en otros tiempos y otros países iberoamericanos en los que una fachada democrática esconde el poder de tutela de unos militares omnipotentes. Situación a todas luces inaceptable por las fuerzas democráticas de Nicaragua.

La Unión Nacional Opositora es una coalición de 14 partidos que podríamos englobar en tendencias; socialdemócrata, liberal, conservadora, demócrata cristiana y socialista-marxista. Mantener la unidad en esta delicada fase es condición indispensable para la consolidación de la democracia.

La Internacional Socialista puede tener influencia en la UNO a través de Carlos Andrés Pérez, amigo personal de la familia Chamorro. La Internacional Liberal apoya a Virgilio Godoy, del partido liberal. Los tres partidos que forman la tendencia conservadora de la UNO están internacionalmente apoyados por la IDU y tratarán de influir en la presidencia a través del COSEP.

En este esquema los democristianos, corriente política de notable influencia en Centroamérica, están representados por tres partidos que paradójicamente no han sido apoyados por la Internacional Demócrata Cristiana. Esta última jugó la baza de Erik Ramírez, del Partido Social Cristiano, que intentó jugar un papel de tercero -de bisagra- en las elecciones. El electorado lo castigó dejándole fuera del Parlamento. Se supone que la Internacional demócratacristiana replanteará sus apoyos.

Cuba

Durante las siete horas de encierro esperando a «Iberia» en el aeropuerto de la Habana, de donde las autoridades cubanas no me autorizaron a salir, todavía no sé por qué, intenté comunicar con mi prima Aitana Alberti, que vive desde hace algunos años en Cuba. Ninguno de los teléfonos de la terminal del aeropuerto en la que Leda, una profesora belga nacida en Cuba y yo estábamos confinados, funcionaba. Leda, profesora en Lovaina, que había asistido a las elecciones nicaragüenses como observadora por la Internacional Demócrata Cristiana, no podía tampoco salir del aeropuerto. Su caso sí tenía una explicación: su nacionalidad belga no es reconocida por las autoridades de Cuba por haber nacido en la isla, así que se exponía a no poder regresar si salía del área internacional del aeropuerto.

Por tanto, tuvimos varias horas para repasar los acontecimientos vividos esos días en Nicaragua. El taxista que nos llevó a Managua desde el aeropuerto Sandino, sentenció: «gane quien gane estas elecciones, algo tiene que cambiar en Nicaragua». Se quedaba corto. Algo cambiará, sin duda, en Centroamérica.

La sólida cabeza de puente que Cuba y la Unión Soviética habían establecido en el continente americano está siendo separada del tronco que la alimentó. El flujo que a través suyo fluía a la guerrilla salvadoreña, desestabilizada Guatemala, amenazaba Costa Rica y Honduras, y alimentaba a Noriega, ha sido cortado por unas elecciones democráticas que los duros del sandinismo no han dejado de reprochar a Daniel Ortega. El paso dado hacia la consolidación de la democracia en Centroamérica acerca un poco más a esos países hacia un horizonte de paz y progreso.

AYUDA ECONÓMICA DE USA

El presidente Bush ha propuesto el siguiente programa de ayuda económica a Nicaragua.

  1. ACCIONES INMEDIATAS
    • Levantamiento de todas las sanciones económicas, incluyendo el embargo comercial.
    • Veintiún millones de dólares de fondos existentes para proveer ayuda de emergencia, que incluirá alimentos, apoyo a la transición democrática, ayuda a la repatriación y reintegración de la Resistencia y los refugiados.
    • Medidas para restablecer la cuota azucarera nicaragüense y ayudar al gobierno de Nicaragua a reunir los requisitos para disfrutar del Sistema Generalizado de Preferencias y la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, como así también de las facilidades ofrecidas por el Banco de Explotación e Importación y la Corporación de Inversiones Privadas en el Exterior.
  2. SOLICITUDES AL CONGRESO PARA EL AÑO FISCAL 1990
    • Estos fondos se usarán para:
    • Restablecer la productividad mediante la provisión de abastos agrícolas esenciales (semillas, fertilizante, equipo), petróleo y material médico (aproximadamente 60 millones de dólares).
    • Financiar programas de empleo de emergencia (aproximadamente 10 millones de dólares).
    • Proveer para la repatriación y reasentamiento de la Resistencia y los refugiados (aproximadamente 45 millones de dólares), proveer ayuda técnica para reestructurar la economía (aproximadamente 1 millón de dólares).
    • Ayudar a pagar los atrasos, por valor de 234 millones de dólares, con las instituciones financieras internacionales (aproximadamente 50 millones de dólares).
    • Proveer respaldo a la balanza de pagos para reestructurar la economía (aproximadamente 75 millones de dólares).
    • Ayudar a financiar proyectos de desarrollo (aproximadamente 60 millones de dólares). Las actividades incluirán: apoyo a las instalaciones democráticas, reparación y mantenimiento de la infraestructura básica, educación y salud.
  3. SOLICITUD AL CONGRESO PARA EL AÑO FISCAL 1991
    • Doscientos millones de dólares para ayuda económica a Nicaragua durante el año fiscal 1991.

PATENTE DE CORSO PARA EL FSLN

La Asamblea Nacional, de mayoría sandinista, recibió el llamado «paquete de leyes» del presidente Daniel Ortega, que trata de mantener intactas las estructuras del poder sandinista, después del traspaso de mando del 25 de abril.

Una de las leyes permite a cada persona que esté en su casa, considerarla como propia, sin necesidad de escritura pública. La medida tiende a favorecer a los nueve comandantes del directorio sandinista y a millares de miembros del partido que se encuentran ocupando casas que fueron confiscadas.

Otra ley otorga personería jurídica a los llamados «Comités de Defensa Sandinista» (CDS), a fin de que puedan seguir ejerciendo sus funciones de espionaje de la ciudadanía, en beneficio del partido sandinista, aún después del 25 de abril.

La Asamblea Nacional ha acordado también una disposición que concede «inmunidad de por vida» al presidente Daniel Ortega y al vicepresidente Sergio Ramírez, así como al presidente y vicepresidente entrante, aunque a éstos solamente durante su mandato. La medida beneficia también a altos dirigentes del Estado y el ejército nicaragüense, diputados, magistrados de la Corte Suprema y directores de las empresas del Estado. Solamente 3 diputados se han opuesto a estas medidas.