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Ver productos«La única cosa que no se rige por la regla de la mayoría es la conciencia de uno». Por frases como esta, «Matar a un ruiseñor» siempre tendrá un hueco entre los clásicos de la literatura (y del cine)

9 de febrero de 2026 - 8min.
Nelle Harper Lee (1926-2016) fue una escritora estadounidense, autora prácticamente de un solo libro: Matar un ruiseñor, con el que obtuvo un gran éxito. La novela ganó el Premio Pulitzer en 1961 y fue llevada al cine por Robert Mulligan, con Gregory Peck en el papel protagonista.
Avance

Escrita a finales de los cincuenta y publicada en 1960, la novela Matar a un ruiseñor sigue estando de plena actualidad. Son muchos los motivos por los que la obra de Harper Lee (1926-2016) continúa dando que hablar hoy. El auge del movimiento woke hizo que el libro fuera prohibido en colegios y retirado de bibliotecas públicas de Estados Unidos. ¿El motivo? Según sus críticos, por si fuera poco que se mencione 48 veces la palabra «negro», se trata a la comunidad afroamericana con condescendencia y paternalismo y se habla de asuntos espinosos como los abusos sexuales. Pero hay muchos más ejemplos que vinculan esta obra imperecedera con la actualidad. Los tratamos a continuación, junto con las razones por las que es considerada un clásico de las letras (y del cine).
ArtÍculo
No estamos ante un libro cualquiera. To kill a Mockingbird —su título en inglés— fue un libro de lectura obligatoria en los colegios de Estados Unidos. Era la forma de transmitir los valores humanitarios a los jóvenes, desde la igualdad ante la justicia hasta la empatía con los demás, pasando por el respeto al diferente o la generosidad con los más débiles. Y hasta el día de hoy no se ha dejado de imprimir y traducir a otros idiomas. Se calcula que lleva más de 40 millones de ejemplares vendidos.
Al enorme éxito contribuyeron dos factores esenciales. Por un lado, la concesión del premio Pulitzer en 1961. Y, por otro, la película de Robert Mulligan (1962), que consiguió tres Oscar, entre ellos el de mejor actor para Gregory Peck y el de mejor guion para Horton Foote. Lee se implicó en el proyecto e incluso participó en la escritura del guión. «Creo que es una de las mejores adaptaciones de un libro al cine jamás realizada», dijo. Incluso se hizo amiga íntima de Gregory Peck hasta el punto de que el actor llamó Harper a su nieta.
Considerada una de las mejores novelas norteamericanas del siglo XX, un crítico llegó a explicar su enorme impacto escribiendo que «Matar un ruiseñor es el libro más leído sobre el tema racial en Estados Unidos, y su protagonista, Atticus Finch, es la imagen de ficción más duradera del heroísmo racial».
Que nadie piense que se trata solo de un libro para niños o adolescentes en edad escolar. Estamos ante una novela dura en la que la violación, el incesto, el racismo, el alcoholismo o la miseria están presentes. De hecho, fue una de las razones esgrimidas por sus detractores. No porque los dramáticos hechos que se cuentan estén narrados desde la inocencia de una niña entre los seis y los diez años (Scout), dejan de tener gravedad.
La acción transcurre en los primeros años treinta, aún en plena depresión, en la localidad imaginaria de Maycomb (Alabama), trasunto de Monroeville, donde se crio la propia Lee. De hecho, la historia y los personajes están inspirados en sus propias vivencias y en las personas con las que se relacionó en esa época. Lee siempre negó que Matar a un ruiseñor fuera una autobiografía, sino que más bien se trata de un ejemplo de cómo un autor «debe escribir sobre lo que sabe y escribir con sinceridad».
La primera parte del libro recrea la vida cotidiana en la localidad. La segunda se centra en un suceso que altera la vida de todos los habitantes. Un hombre de color es acusado falsamente de la violación de una chica blanca. El juicio del acusado, en el que el padre de la protagonista (Atticus Finch) actuará de abogado, sacará a la luz lo mejor y lo peor de todos los personajes. Será una muestra de la influencia de los prejuicios en la sociedad sureña de la época y de la violencia contenida, así como un retrato de los llamados «white trash» (blancos de clase baja), que tanto protagonismo han adquirido en la era Trump.
Los denodados esfuerzos del abogado para demostrar la inocencia del acusado, que queda sobradamente acreditada, serán inútiles frente a las ideas preconcebidas, el odio racial y el control de la sociedad por parte de los supremacistas blancos.

La proximidad de los aniversarios del nacimiento y la muerte de la autora ha devuelto a la actualidad la obra Harper Lee. El pasado diciembre se publicó una colección de cuentos y artículos bajo el título genérico de La tierra del dulce porvenir (Lumen). Además, la editorial Harper Collins prepara una caja especial con su obra para conmemorar los aniversarios de Lee.
La publicación de los cuentos de la autora de Monroeville (Alabama) ha generado controversia. Son relatos anteriores a Matar a un ruiseñor, que la autora envió a revistas como The New Yorker o Harper’s Bazaar y que nunca llegaron a publicarse. Lee guardó los originales, junto con las cartas de rechazo, y tampoco quiso publicarlos en vida. Fueron descubiertos en un cajón tras su muerte y ahora ven la luz.
Los relatos cuentan historias diversas de la infancia y juventud de la autora, desde la vida en las escuelas de Alabama hasta las cafeterías y los cine de Manhattan a mediados del siglo XX, pasando por sus reflexiones sobre la educación. Entre ellos, figura uno sobre Gregory Peck y el rodaje de Matar a un ruiseñor. No cabe duda de que esos textos cortos tienen interés en cuanto Lee ya deja ver sus puntos de vista sobre política e igualdad, así como algunos precedentes de su gran obra y el desarrollo de su personaje de Scout.
Además, el volumen incluye ocho textos que Lee había escrito para diferentes publicaciones entre 1961 y 2006. Especialmente interesante resulta el perfil de su amigo de la infancia Truman Capote, al que convirtió en personaje de Matar a un ruiseñor como el joven Dill, compañero de correrías durante los veranos de los hermanos Finch. Estaban tan unidos que Lee acompañó y ayudó a Capote en las investigaciones del crimen que dio origen a su novela A sangre fría (1966). Sin embargo, tras el éxito de la autora, se distanciaron.
Lee sorprendió a todos al retirarse de la vida pública en lo más alto de su popularidad. Sus apariciones fueron contadas desde entonces e incluso dejó de escribir; sus seguidores se quedaron con las ganas de su ansiada segunda novela. Las editoriales intentaron por todos los medios sacar provecho de su gran tirón. En 2014, cuando había cumplido 88 años, autorizó la publicación de Ve y pon un centinela (Lumen).

¿Una nueva obra? En absoluto. Se trataba del primer manuscrito de lo que sería Matar a un ruiseñor, que fue rechazado en diez ocasiones cuando, con 31 años, intentaba que alguna editorial se interesara por ella. Siguiendo el consejo de la prestigiosa editora Tay Hohoff y gracias a la ayuda económica de sus amigos, dejó su trabajo en una compañía aérea y dedicó dos años a reescribir por completo aquel manuscrito. Incluso cambió el título de la cita bíblica Ve y pon un centinela por el que hoy conocemos. ¿Por qué Matar a un ruiseñor? Atticus Finch lo explica en la novela a su hijo Jem lee, a quien ha regalado una escopeta: el arma no es para matar a seres vivos que no han hecho ningún mal, aunque sean insignificantes, puesto que «es pecado matar a un ruiseñor».
Algunos lectores y críticos acogieron con los brazos abiertos Ve y pon un centinela, ya que se puede entender como una secuela. Aunque fue escrita antes, la trama se sitúa unos veinte años después de Matar a un ruiseñor, a mediados de los cincuenta, cuando Scout, ya adulta, regresa de Nueva York a su casa en Maycomb. Descubre que su padre no es el héroe que le inspiró sus grandes valores. Ahora ve en él comportamientos racistas que le recrimina. Harper Lee presentaba en los años 50 a Scout como una mujer comprometida políticamente, defensora de los derechos civiles, combativa contra la segregación, activista de la igualdad femenina. Muy distinta de la ingenua niña Scout, que manifestaba su rebeldía negándose a vestir falda y a «comportarse como una señorita».
La publicación del borrador como una obra original también tuvo sus críticas. Algunos pusieron en duda que Harper Lee, probablemente ya con sus facultades mermadas, deseara publicar un manuscrito que había guardado durante casi sesenta años. Incluso tuvo que dilucidar la justicia que no había habido manipulación sobre la autora.
Sean bien recibidas o no las nuevas publicaciones de Harper Lee, nada superará Matar a un ruiseñor, convertido en un clásico, que sigue iluminando los debates y desafíos de la sociedad del presente. Baste como muestra esta conversación entre Atticus y su hija Scout, que resume el mensaje de la novela:
—Lo único que puedo decirte es que cuando tú y Jem seáis mayores, quizá recordaréis esta época con cierta compasión y con la certeza de que no os traicioné. Este caso, el de Tom Robinson [el negro falsamente acusado], es algo que atañe a la esencia misma de la conciencia de un hombre… Scout, yo no podría ir a la iglesia y a adorar a Dios si me negase a ayudar a ese hombre.
—Pero es posible que te equivoques…
—¿Por qué lo dices?
—Muchos creen que tienen razón ellos y que tú te equivocas…
—Tienen derecho a creerlo, ciertamente, y tienen derecho a que se respeten sus opiniones —contestó Atticus—, pero para poder vivir con otras personas tengo que poder vivir conmigo mismo. La única cosa que no se rige por la regla de la mayoría es la conciencia de uno.
La imagen de este texto es un fotograma de la película que Robert Mulligan filmó basada en el libro de Harper Lee y con el mismo título: Matar a un ruiseñor. Cortesía de Universal International Pictures. Archivo: Encyclopædia Britannica. Se puede consultar aquí.