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Ver productosEl analista de política internacional Florentino Portero recordó que el país persa ha sido un actor decisivo en la crisis poliédrica de Oriente Medio

9 de marzo de 2026 - 4min.
Florentino Portero. Historiador y analista internacional. Profesor de Historia Contemporánea en la UNED. Miembro fundador del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES). Colaborador de El debate y COPE.
Avance
La guerra lanzada por EE.UU. e Israel contra Irán es el último capítulo de la larga lucha por frenar y desactivar el país persa, que lleva décadas desestabilizando la región a través de sus terminales terroristas, Hamás y Hezbolá. Irán es pieza esencial en la constelación de conflictos de Oriente Medio: enfrentamiento entre israelíes y palestinos, guerra de Gaza, guerra civil de Siria, Líbano, etc.
El analista de política internacional Florentino Portero ofreció algunas claves del papel jugado por Irán en una sesión del seminario Pensar el siglo XXI, sobre la guerra desencadenada por Hamás en Gaza en octubre de 2023. Las explicaciones dadas entonces pueden servir para enmarcar en el contexto geopolítico la actual escalada bélica.
Explicó Portero que «la contienda de Gaza es un episodio más de la gran crisis que aqueja a Oriente Medio desde la Segunda Guerra Mundial. Se trata de una crisis poliédrica, con muchas caras». Una de ellas es el pulso que mantiene Irán, potencia chií, frente a países árabes suníes; y sobre todo con Israel, a la que considera «una colonia de Occidente en el islam». La guerra de Gaza es, de hecho, el clímax de una escalada que se remonta a 1979, cuando la revolución de los ayatolás acabó con la monarquía y se instauró una república teocrática islamista.
El experto recordó que, históricamente, «Irán ha sido un actor decisivo en el escenario de Oriente Medio, desde el imperio persa, de la antigüedad, hasta la potencia petrolífera del siglo XX». Llegó a ser un país relativamente occidentalizado durante el mandato del sha Reza Pahlevi, que lo gobernó de 1941 a 1979, con el respaldo de EE. UU. Pero «los avances en educación e igualdad de los sexos generaron un rechazo dentro de la sociedad iraní entre los que pensaban que ese proceso cuestionaba la identidad persa y la identidad musulmana».
Y ese fue el caldo de cultivo que, junto con la dura represión del régimen del sha contra los disidentes, propició la revolución de los ayatolás (jerarcas religiosos del islam chií) en 1978. Un año más tarde caía el sha y los fundamentalistas instauraban una república teocrática.
A partir de entonces, «la estrategia del nuevo Estado islamista consiste en liberarse de los valores culturales de Occidente y de su influencia económica y geopolítica, y erigirse en actor de referencia en la región, depurando a los que ellos conceptúan como gobiernos corruptos del islam, comenzado por Arabia Saudí y siguiendo por Jordania, Egipto, etc.» Objetivo clave en esa estrategia era acabar con Israel, al que consideran «una colonia que dejó Occidente en el corazón del islam».
Para que la revolución islamita pudiera perdurar en su propio territorio de soberanía era necesaria que se expandiera fuera, lo que, por cierto, «recuerda a Lenin y a Stalin». Por eso, emprende una guerra en 1980 contra el Irak de Sadam Hussein (al que los gobiernos árabes pretendían usar como tapón para contener el expansionismo iraní); en 1981 crea la Yihad palestina, adelanto de lo que fue Hamás, y en 1982 crea en Líbano Hezbolá, el partido de Dios.
Irán ha sido durante estas décadas el instigador del acoso terrorista contra Israel, a través de Hamás y de Hezbolá. Y alcanzó su cénit el 7 de octubre de 2023, cuando Hamás y la Yihad Palestina atacaron Israel desde la Franja de Gaza, desencadenando una guerra con un elevado saldo de víctimas civiles.
La intención de Irán era «provocar a Israel para que entrara en Gaza, sembrando la muerte y la destrucción. Y todo ello con la finalidad de sensibilizar y movilizar a las poblaciones de los países árabes frente a sus gobiernos». De esta forma —indica Florentino Portero—, «Teherán lograba bloquear la entrada de Arabia Saudí en los Acuerdos Abraham, que son el muro de contención de la influencia iraní en la región». Tales acuerdos suponían un importante avance, ya que varios Estados musulmanes lo habían ratificado reconociendo a Israel y solo quedaba la pieza clave de Arabia Saudí.
Sin olvidar el peligro que, paralelamente, representaba para la región el rearme nuclear de Irán, uno de los motivos aducidos ahora por la administración Trump para desencadenar la escalada bélica contra el régimen de los ayatolás.
Bajo estas líneas puedes ver el vídeo completo de Florentino Portero, perteneciente al seminario Pensar el siglo XXI, organizado por UNIR:
Imagen de cabecera: Aviones de combate israelíes F-16 (Operación León Rugiente). Licencia: Unidad del portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel / CC BY-SA 3.0 El archivo de Wikimedia Commons se puede consultar aquí.