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Ver productos1 Sep 1990 - 5min.
La prensa puede considerarse un ingenioso proceso al que se ha llegado poco a poco: el sociólogo Robert Park hablaba de la historia natural del periódico por el que la gente se entera de lo que pasa, lo comenta y, al comentarlo, influye en lo que va a pasar. Este proceso no podría producirse sin la cooperación espontánea de personas y organizaciones que concurren a él con propósitos distintos y hasta contrarios.
El primer factor es el de los que ponen los hechos. Las instituciones y partidos políticos son, con los recursos que proporcionan los presupuestos públicos, grandes productores de hechos que desean que la gente conozca. Por eso en los gobiernos, administraciones y partidos políticos la prensa es devorada con pasión. Sin ella no quedaría constancia de lo que ellos hacen y mandan hacer. Buena parte de lo que los políticos llevan a cabo es para que sea conocido -lo que Boorstin ha llamado «pseudohechos»-. La recompensa que se espera son los votos.
A medida que la economía adquiere más estrecha relación con la política y acentúa su carácter internacional, los agentes económicos se interesan más por suministrar hechos a la prensa y aparecer en ella con un perfil favorable, pues la prensa es la imagen del presente social. Otras muchas instituciones, educativas, sanitarias, sindicales, recreativas, suministran igualmente hechos publicables.
Los productores de espectáculos y juegos necesitan también llegar al público a través de la prensa. El deporte de masas no tendría vida si no encontrara público y si éste no comentara los encuentros, pasados y futuros. El público tiende a acudir menos a los estadios y a contemplar más los partidos a través del televisor. En el Mundial de Italia, la mitad de los italianos han contemplado los partidos por televisión y, en la transmisión española, el segundo canal se ha llevado la mitad de la audiencia total mientras había partidos. También el cine, el teatro, la música, el arte y las letras necesitan aparecer en los medios para existir socialmente. Por consiguiente, se apresuran a producir noticias, suministrar hechos y alimentar la fabricación de «populares» y «famosos».
El segundo factor del proceso son los medios. La prensa y los demás medios reciben gratis y a tiempo los hechos que les suministran los interesados en su difusión. El trabajo esencial de la prensa es escoger entre montones de hechos suministrados interesada y gratuitamente aquéllos que el público puede entender y comentar. Si no se entendieran no se comentarían. No se comentarán tampoco si no interesan. La principal manera que tienen los medios para detectar el interés del público son las tiradas de los diarios y las audiencias de los programas. Pero como estas informaciones son ulteriores y pobres en contenido, los periodistas asumen el papel de público y escogen los hechos que les parecen más interesantes. Estos son los que tratan de presentar de un modo inteligible y sugestivo. Este tratamiento de los hechos, como la misma selección, que deja fuera el 90 por 100 del material, deja descontentos y contrariados a los suministradores de hechos -políticos, financieros, deportistas, actores, etc.-. Pero, como necesitan estar en el presente imaginado que componen los medios, tienen que seguir colaborando en el suministro de noticias.
El tercer factor es el público. En el caso de la prensa, la presencia del público es sustancial, puesto que compra el periódico. No puede darse mayor prueba de interés. La existencia del público es detectada por los productores de bienes y servicios, que acuden a ofrecer sus productos publicitariamente en las páginas de los periódicos.
También la televisión y la radio ofrecen sus audiencias como prueba de que tienen un público sensible a la publicidad. Pero el término de todo el proceso es el comentario de la gente. La prensa ofrece también sus propios comentarios, que tienen la función de alimentar, estimular y perfilar los del público. Pero en último término son los comentarios del público los que impulsan y orientan todo el proceso social. La opinión es la opinión del público sobre el presente que le ofrecen los medios. Pero como los medios están al servicio del público, puesto que de él viven, el juicio del público sobre los hechos y sus protagonistas es el que cuenta. No hay censura ni policía que pueda impedir a la larga que sean los comentarios del público los que determinen los cambios en la escena.