La idea de investigación se aplica a los profesores de forma necia, denuncia Higinio Marín

Antes que nada, «la universidad necesita saber lo que es para serlo», subraya Higinio Marín, rector del CEU, en la conferencia inaugural del congreso Universidad, quo vadis?

Laurentius de Voltolina (s.XIV): Henricus de Alemannia con sus alumno (Liber ethicorum des Henricus de Alemannia). Archivo en Wikimedia Commons
Laurentius de Voltolina (s. XIV): Henricus de Alemannia y sus alumnos (Liber ethicorum). Archivo: Wikimedia Commons
José Manuel Grau Navarro

Higinio Marín. Filósofo, autor y rector de la Universidad CEU Cardenal Herrera. Disertó con la ponencia «¿Para qué nació la universidad?» en el congreso Universidad, quo vadis? , celebrado en Madrid los pasados 6 y 7 de febrero.

Avance

«La universidad es una institución que necesita saber lo que es para serlo», afirmó Higinio Marín en la ponencia inaugural del congreso Universidad, quo vadis?, el pasado 6 de febrero en Madrid. El rector del CEU, con frases, porte y audacia que por momentos recordaban a un nuevo José Ortega y Gasset, insistió en que una institución es más que una organización, entre otros motivos por su mayor «grado de autoconciencia». ¿Qué sería del ejército «sin conciencia de sí»? ¿Qué sería de la Iglesia «si no la mantuviera constantemente actualizada»: en ella como organismo y subjetivamente en el corazón de los que la forman?, se preguntó Higinio Marín.

Es tópico afirmar que la universidad está hoy en crisis. Pero se trata de «una crisis de esclarecimiento: se ha olvidado de sí misma», porque «la universidad necesita saber lo que es para serlo; y cuando se confunde, se malogra». Ese diagnostico de Higinio Marín ya no es tan trivial.

ArtÍculo

Para describir lo que la universidad debe ser, Higinio Marín se remontó a su arqueología: es decir, a la razón’ ( logos) que explica su ‘principio’ (arjé). Retrocedió ni más ni menos que a las comunidades de cazadores y recolectores del Paleolítico. Margaret Mead, dijo Marín,  encontró un conjunto óseo de sapiens en el que había una lesión antigua e incompatible con la locomoción de un individuo. Aquel individuo sobrevivió durante años a la rotura. «Ese resto fósil tiene una importancia esencial desde el punto de vista antropológico». Es el «vestigio documentado de la práctica del cuidado», afirmó Marín. Aquel ser inmovilizado, tullido o impedido, era «inútil en orden a la producción de lo necesario para la subsistencia», sin embargo, la comunidad lo «tomó a su cargo».

Para muchos, el lisiado de Margaret Mead es un signo inequívoco del comienzo de la civilización. Para Higinio Marín, ese tullido, además, simboliza «la sede de la memoria común al respecto de lo que hay que hacer, de cómo hay que hacerlo, de lo que no hay que hacer y de cómo hay que evitarlo». Porque «impedido de suyo hacia las labores que significan acopio de bienes para la subsistencia», se «especializa en todas las variantes que podamos pensar acerca de lo que es la memoria narrativa colectiva».

Higinio Marín, rector del CEU UCH. Foto: cortesía de dicho centro

No sabemos si Homero existió o es un vestigio legendario. Se le supone ciego. Los perfiles esenciales de Homero y de aquel tullido descubierto por Margaret Mead, siguió Higinio Marín, son los del catedrático universitario, «al que también le corresponde en términos sociológicos el estatuto de tullido, de sujeto que no hace ni produce nada que sea directamente interesante al respecto de la satisfacción de las necesidades de la vida».  El tullido no sirve «para que la comunidad no sucumba al hambre», pero «es el recurso especializado para que no sucumba al olvido, también al respecto de las formas de superar el hambre». 

La especialización de la memoria existía en todos los sistemas sociales. Se aprendía de memoria la Biblia o el Corán. Con su sarcasmo y tono murciano característicos, despertando las carcajadas del público, Higinio Marín afirmó: «Mi primera reivindicación acerca del estatuto del profesor universitario, también en la actualidad, es que cuando no tiene el estatuto de un tullido, es un sujeto cuyo estatus tiene que ser sometido a revisión. Exactamente lo contrario de lo que el sentido común parece aconsejar: que al no productivo, hay que someterlo a análisis y vigilancia».

El profesor, profesa

Del Paleolítico, Higinio Marín dio el salto a la Edad Media y puso el foco en el mercado, porque «permite que una persona pueda dedicar toda su vida a una sola labor, propicia la especialización». 

En la Edad Media, sostuvo Marín, el conocimiento adquiere forma patrimonial y especializada creciente y progresiva, pero bajo un régimen estricto de incomunicación, porque lo que sabía un herrero, por ejemplo, le servía como sustento de vida, y evitaba la competencia. «El régimen de secreto y la estructura genealógica del gremio eran las condiciones de la supervivencia, la aplicación de un régimen de propiedad privada, aunque fuera comunal». Marín introdujo aquí un paréntesis, «la disciplina del sexo»,  para afirmar que las restricciones históricas a las mujeres se han debido en gran medida a que el hombre quería asegurarse de que sus hijos eran suyos, llegándose incluso hasta prohibir a las mujeres la visión de otros varones. 

El cristianismo rompe la tendencia gremial y de linaje. Por su universalidad, «se convierte en una religión de almas y no de naciones, de sujetos y no de linajes, de humanos y no de naciones». Los religiosos, los que profesan la perfección de los consejos evangélicos (pobreza, castidad y obediencia), «fundan la institución en la que los que hemos venido a ocupar su lugar nos llamamos profesores».  El lugar donde «unos hombres enseñan su oficio, los oficios sagrados, a los que no son sus hijos es el germen de la universidad». Los profesores, como los religiosos, deben buscar el saber por el saber, y comunicarlo con pasión y desinteresadamente, como lo religiosos predicaban y profesaban los consejos evangélicos, subrayó Marín.

También lo que profesaban religión eran unos tullidos: «No hacían nada para producir bienes materiales». Pero los demás les reconocían su dedicación «como una forma de vida que merece un sustento». De la misma manera debe ser ahora, señaló Marín. Nuestros estudiantes pagan «para que otros puedan llevar una vida de estudio de la que ellos mismos se benefician».

Así pues, de la predicación del Evangelio y de la cura de cuerpos y almas se pasa a las universidades y a los hospitales. Las escuelas catedralicias dan origen a las primeras profesiones civiles no gremiales y no ligadas al linaje. Se mantiene la división:  los oficios artesanales se enseñaban por experiencia y en la universidad se quedaban los oficios que se aprendían como formas de saber, mediante ciencia. «En la universidad se aprende mediante el libro y la biblioteca y lo que no se puede aprender en la experiencia». En el aprendizaje jugaba un papel esencial la memoria, porque «de hecho es el aporte de aquello que se puede comprender. La comprensión inteligente deriva de la capacidad del recuerdo de la memoria. Y la universidad es la institución de la memoria comprensiva, la especialización de la memoria comprensiva».

Revolución francesa: empleabilidad 

Tras la Revolución francesa, los Estados se hacen cargo de la sanidad y de la educación, antes en manos de la Iglesia. Napoleón transforma la institución docente. Debe capacitar para el ejercicio de los oficios que necesita la función pública y para la producción social de bienestar. «Ahí empieza la empleabilidad como objetivo universitario tan germinalmente como en el tullido había empezado el catedrático». Desde entonces «nuestras universidades también son eso». El problema es «que sean solo eso».

Investigación, gerencia y mercantilización

Con la incorporación de los nuevos saberes experimentales, aparece la idea de investigación en la universidad, ya en el siglo XIX, que hoy se aplica a «todos los profesores, indiscriminada, torpe y neciamente». 

Finalmente, la tercera transformación moderna de la universidad «es la mercantilización». Por ella, la universidad tiene que «generar su propio sustento, o justificar su sustento mediante la producción innovativa». Para eso se exige investigación. «Es la forma contemporánea de la viabilidad y la justificación social de la universidad», sobrevenida, inevitable, pero no la esencia de lo universitario, donde las figuras del tullido y del profesor que profesa siguen siendo definitorias. La dimensión gerencial «no se puede convertir en el punto de vista estructurante de la institución».

Más información: 

Higinio Marín: «La institución universitaria. Los tullidos y la gratuidad». En: La Universidad. Una propuesta de renovación (2025)
https://www.fuesp.com/producto/la-universidad-una-propuesta-de-renovacion/

(Algunas ideas de la conferencia han sido completadas con este ensayo de Higino Marin)


La imagen que ilustra este texto es de Laurentius de Voltolina (s. XIV). Refleja a Henricus de Alemannia con sus alumnos (en el Liber ethicorum). El archivo está en Wikimedia Commons y se puede consultar aquí.