Formación intelectual, obra artística y trabajo manual: la propuesta de Fabrice Hadjadj

La ponencia de Hadjadj resalta a lo que aspira: ha fundado una escuela que quiere devolvernos el gusto por una vida académica, en el seno de una vida comunitaria, y que se nutre de una vida espiritual

Fabrice Hadjadj en 2022. Autor: Eugeniatta. Licencia de Creative Commons.
Fabrice Hadjadj en 2022. Autor: Eugeniatta. Licencia de Creative Commons
José Manuel Grau Navarro

Fabrice Hadjadj (Nanterre, Francia, 1971), escritor y filósofo, se presenta como «judío de nombre árabe, de confesión católica y de lengua francesa». En 1998 se convirtió al catolicismo.  Pronunció la conferencia «Del Studium al MOOC», el pasado 6 de febrero, en el marco de las jornadas Universidad, quo vadis?

Avance

Fabrice Hadjadj, pronunciado el apellido así: achách, recordó en su ponencia que la palabra escuela procede del latín schola y esta del griego σχολή (schol), donde propiamente significaba ‘ocio’ (y en lo que se emplea el ocio), ‘tiempo libre’. 

Aristóteles, en su Política, afirmó que «la misma naturaleza busca no solo el trabajar correctamente, sino también el poder servirse noblemente del ocio […]. En efecto, si ambos son necesarios, pero el ocio es preferible al trabajo y a su fin, hemos de investigar a qué debemos dedicar nuestro ocio» (Aristóteles, Política, VIII, 3, 1337b, p. 458. Traducción de Manuela García Valdés. Madrid: Gredos, 1988).

De ‘ocio’ (y en lo que se emplea el ocio), ‘tiempo libre’, schola pasó a significar «discusión ociosa» (el uso favorito o adecuado del tiempo libre en Atenas y Roma) y de ahí, por metonimia, se empleó para referirse al lugar donde se llevaba a cabo tal actividad. Así que en Grecia, en la escuela se disfrutaba.

En el pensamiento de Aristóteles, al que se apunta Hadjadj, escuela es sinónimo de tiempo libre para dedicarlo sobre todo a la vida contemplativa, la que más asemeja a la perfección divina. Una persona que busca el ocio contemplativo en el sentido aristotélico es hoy un bicho raro, ese profesor tullido, dijo Hadjadj, del que habló antes Higinio Marín en el mencionado congreso Universidad, quo vadis?  

Hadjadj siguió su ponencia con el origen de la palabra Academia. Era un lugar al noroeste de Atenas. El nombre deriva del héroe epónimo Academo. En aquel espacio había un gimnasio y allí, más adelante, Platón impartió sus enseñanzas. La Academia tiene que ver, pues, con un recinto apartado del ruido de la ciudad y propicio para enseñar, algo que también le encanta a Hadjadj.

El conferenciante, en un buen castellano leído, previno contra el «objeto ontológico-tecnológico», un ordenador, por ejemplo, la inteligencia artificial, un determinado curso MOOC (Massive Open Online Course: Curso online abierto y masivo), porque nos puede «meter en otra cosa». Para ilustrarlo, recordó la película El ángel azul (Der blaue Engel, 1930). En ella, el estricto profesor Rath visita el cabaret «El ángel azul». Quiere averiguar por qué sus alumnos se interesan tanto por la cantante Lola Lola (interpretada por Marlene Dietrich). Fascinado y confundido por esa Lola Lola, el profesor Rath la acompaña hasta el camerino… Nace una pasión sin freno que desencadena su pérdida de prestigio, su degradación social y su derrumbe final.

Página viene del latín pangere (‘fijar’, ‘hincar’), continuó Hadjadj. El sentido primitivo aludía a la fijación a estacas de una hilera de vides, formando un rectángulo, como se aprecia aquí.  De ahí tomó la acepción de ‘superficie escrita de una hoja’. Escribir o leer una página se relaciona con percibir lo que hay detrás, las uvas de las vides que la forman. Es algo vivo, recordó Hadjadj. El profesor debe dar vida a las páginas que se lean sobre todo siendo un maestro en el arte de cuestionar.

‘Estudio’, finalmente,  viene de studium, ‘aplicación’, ‘afán’, ‘celo’, pero en la Edad Media, y esto fue lo que resaltó Hadjadj, en muchos monasterios el Studium era un espacio del claustro donde se leía, se memorizaba, se enseñaba y se copiaba a mano el texto sagrado (la lectio divina). El Studium monástico era una práctica reglada que consistía en lectura atenta, disciplina del silencio y aprovechamiento espiritual e intelectual del tiempo. Se leía en voz baja y se copiaba, porque de ese modo, entre otras razones por la lentitud que conllevan esos actos, se asimila mejor el texto y llega a ser parte de uno mismo. La meta no era tanto memorizar o convertirse en grandes oradores, sino transformarse en «orantes». «Pero ya no hay monjes», lamentó Hadjadj.

En el Studium se hacía en apariencia «lo más inútil»: rezar, pero en realidad «lo más necesario: la búsqueda de Dios», la «búsqueda de lo que vale, la búsqueda de la vida misma». Se trata, entonces y siempre, de «hallar detrás de lo provisional lo definitivo», recordó el filósofo. 

El escritor francés citó a Benedicto XVI, en el discurso que este papa pronunció con ocasión de su encuentro con el mundo de la cultura en el Collège des Bernardins (París), el 12 de septiembre de 2008.  Subrayó entonces Benedicto XVI: «El deseo de Dios, le desir de Dieu, incluye lamour des lettres, el amor por la palabra, ahondar en todas sus dimensiones. […]. Precisamente por la búsqueda de Dios, resultan importantes las ciencias profanas […]. Puesto que la búsqueda de Dios exigía la cultura de la palabra, forma parte del monasterio la biblioteca que indica el camino hacia la palabra. Por el mismo motivo forma parte también de él la escuela, en la que concretamente se abre el camino». Más adelante, el mismo Benedicto XVI: «Como en la escuela rabínica, también entre los monjes el mismo leer del individuo es simultáneamente un acto corporal. […]. El sabio, el hombre verdaderamente libre se dedicaba únicamente a las cosas espirituales; dejaba el trabajo físico como algo inferior a los hombres incapaces de la existencia superior en el mundo del espíritu. Absolutamente diversa era la tradición judaica: todos los grandes rabinos ejercían al mismo tiempo una profesión artesanal. […]. El monaquismo ha acogido esa [doble] tradición; el trabajo manual es parte constitutiva del monaquismo cristiano». 

La ponencia de Hadjadj resalta a lo que aspira. Ha fundado una escuela, Incarnatus est, en España, con este programa: «[Incarnatus est] quiere devolvernos ese gusto por una vida académica que se desarrolla en el seno de una vida comunitaria y que se nutre del aliento de una vida espiritual». En Incarnatus est, «la inteligencia toma cuerpo, la invención brota de la tradición y los estudios más precisos coinciden con el anhelo más profundo. Incarnatus est propone una pedagogía creativa que une la razón con el corazón; entrelaza la formación intelectual con la obra artística y el trabajo manual; favorece una relación personal entre los estudiantes y los profesores».

Más información: además de los enlaces a lo largo del artículo, léase también:

Incarnatus est. Una escuela dirigida por Fabrice Hadjadj. https://incarnatus.com/

Libros de Fabrice Hadjadj

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Crédito de la imagen: Fabrice Hadjadj en la ciudad de Rímini, en 2022. Autor: Eugeniatta. Licencia de Creative Commons. Tomada del archivo de Wikimedia Commons. Se puede consultar aquí.