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26 de febrero de 2026 - 23min.
Avance
En el marco del análisis de las tecnologías de información y comunicación (TIC) y de su rol e impacto en los procesos de enseñanza, el presente ensayo se ocupa de cómo las TIC ayudan a los procesos de evaluación. Se analizan los conceptos de tecnoeducación y tecnoevaluación (el segundo sería un aspecto concreto dentro del campo más amplio de la tecnoeducación) en relación a las diversas fases de las TIC. Así, por ejemplo, con la revolución digital, la evaluación tradicional, centrada en medir procesos, comenzó a incluir variables o factores nuevos que ayudaban a evidenciar el aprendizaje y favorecían la conectividad. Apareció la evaluación colaborativa en línea, basada en nuevas herramientas que, entre otros avances, rastreaban las aportaciones individuales a trabajos colectivos y ayudaban a detectar el plagio.
El artículo se enfoca en un análisis historiográfico de las TIC como herramientas de los procesos de enseñanza y de evaluación (institucional, de enseñanza o de aprendizajes), para centrarse en los cambios que se derivarán del nuevo ciclo de las TIC de la inteligencia artificial (IA). La conclusión es que la tecnoevaluación muestra una evolución que va desde valorar la capacidad de registrar información (escritura) hasta la actual evaluación personalizada, continua y predictiva con la IA, pasando por etapas intermedias: tecnologías mecánicas (imprenta), analógicas y digitales. En cada una de esas etapas no solo cambiaron las herramientas, sino que se redefinió lo que significa saber y cómo ese saber puede evidenciarse a través de procesos de evaluación dotados progresivamente de mejores recursos. Los nuevos paradigmas de enseñanza aportados por las TIC lo son también de evaluación. Las nuevas y múltiples modalidades educativas implican una mayor complejidad de las formas de evaluación. La IA se estructura como una máquina de investigar y la evaluación es también una investigación. La IA, como TIC, se formuló como un protocolo de creación basada en el método científico y, por tanto, como una máquina de investigar, de aprender, de comparar y así de crear conocimiento; por lo que es también una máquina de evaluar sobre los parámetros que se programen.
ArtÍculo
La evolución de las TIC en la historia ha implicado enormes transformaciones educativas. La propia educación ha estado determinada por las sucesivas «revoluciones tecnológicas» a partir del impulso y del apalancamiento técnico de «creaciones destructivas» que han permitido mejorar las formas de enseñanza y de aprendizaje. Constituyen innovaciones rupturistas que han sido la base de posteriores desarrollos didácticos y pedagógicos, y que han incrementado la cobertura y la calidad, y gestado diversas modalidades. Cada revolución de las TIC ha permitido incrementar la calidad, aumentar la diversidad, mejorar los aprendizajes, la cobertura y la equidad, a través de la conformación de una «tecnoeducación» más eficiente que la anterior y con la cual se agregan nuevas posibilidades de acceso y enseñanza. Las TIC gestaron una primera modalidad educativa presencial, que podemos llamar la «educación 1.0» a partir del nacimiento del alfabeto y la escritura. Con esta TIC humana nace una educación que se apoya en la palabra, la escritura y los apuntes de los estudiantes para retener y aprender como recurso de aprendizaje. Posteriormente, nacieron nuevas TIC que gestaron la «educación 2.0» apoyadas en el nacimiento de la imprenta, y que impulsó el inicio de la fábrica educativa de una enseñanza de «uno a muchos». Esta se organiza en clases fragmentadas con profesores especializados y con apoyo en objetos mecánicos como los libros, mapas, planos o carteles gráficos que contribuyeron a los aprendizajes y a una mejor retención y comprensión. Posteriormente irrumpió una nueva innovación rupturista en las TIC que gestó la «educación 3.0» con el nacimiento de la electricidad y lo analógico de las ondas hertzianas. Estas soportan la aparición de nuevas industrias culturales que ayudaron a la consolidación de la fábrica educativa estandarizada y seriada. Gracias al libro y derivado de la electricidad, la radio, la televisión y los vídeos, se expandió el rol de las bibliotecas, nació la educación nocturna y nuevas modalidades o generaciones de enseñanza a distancia. La siguiente ruptura en las TIC fue la digitalización, con la microelectrónica, la programación informática y las redes, que contribuyeron a la gestación de la «educación 4.0». Se gesta la enseñanza en red, con aulas y plataformas virtuales y recursos digitales (PPT, vídeos, internet, etc.), que permitieron comenzar a superar la anterior revolución analógica. Se impuso lo digital y lo virtual en la enseñanza con múltiples derivaciones en la gestión, la cobertura, la enseñanza y el aprendizaje. Finalmente, está irrumpiendo la inteligencia artificial como nueva innovación tecnológica derivada de las TIC y que está impulsando el inicio de una «educación 5.0», asociada a las derivaciones de una nueva lógica de programación. Con ella nacen formas de apoyo automatizadas al aprendizaje y se comienza a expandir la heutagogía, la investigación automatizada, los simuladores interactivos o el autoaprendizaje y tutoría con chatbots. Es una TIC que no solo permite transferir conocimiento explícito sino también tácito, con la tutoría automatizada adaptativa.
Esta rápida mirada de las revoluciones en las TIC y sus impactos en los procesos de enseñanza nos permite visualizar algunas de las tendencias más significativas de la relación entre educación y TIC. Entre ellas destacan la tendencia estructural de cambios en la educación (enseñanza, aprendizaje y evaluación) asociadas a las TIC; y la tendencia al desarrollo de etapas pedagógicas e innovaciones asociadas a dichas fases de TIC y de sus innovaciones dominantes. Igualmente, se aprecia la tendencia a la diversificación de los recursos de aprendizaje derivados de las distintas TIC, que permiten una cartera de recursos didácticos y de pedagogías con diferentes funcionalidades. También se observa, visto históricamente, una tendencia a la sustitución del trabajo docente directo en la enseñanza por la intermediación de sucesivos recursos educativos y que constituyen productos del trabajo previo para el aprendizaje a través de las TIC.
La enseñanza-aprendizaje depende de los mecanismos de comunicación y ellos se modifican históricamente en tanto se articulan a la evolución de los tipos de TIC y a su evolución, los que implican distinta codificación, soporte, envase, mecanismo de transferencia o decodificación. Ello permite conceptualizar la tecnoeducación como una teoría de los procesos educativos asociados a las mediaciones, ambientes e interfaces educativos y a sus derivaciones, dadas por las TIC derivadas de esas revoluciones y ciclos tecnológicos. El cuerpo humano impone una separación entre la enseñanza externa, los estímulos y los aprendizajes internos, lo que implica intermediaciones, como los ambientes, plataformas y recursos, los cuales se han ido tecnificando y con ello mejorando sus prestaciones. Ello ha derivado en un incremento del trabajo muerto en las mediaciones entre la enseñanza y el aprendizaje, y también una separación entre aprendizaje y evaluación, para poder cerrar a su vez el ciclo de retroalimentación que caracteriza a la enseñanza. Sin duda, cuando nos referimos a la tecnoeducación (o tecnología educativa) como concepto, remitimos al uso general de las TIC en todos los aspectos del proceso de enseñanza-aprendizaje.
Ello incluye desde las formas de creación y entrega de contenido: plataformas de aprendizaje, libros electrónicos, vídeos educativos, como las metodologías de enseñanza tales como el aprendizaje basado en juegos (gamificación), aulas invertidas (flipped classroom), simulaciones, las propias formas de colaboración y comunicación en el proceso de enseñanza, como actualmente foros, wikis o herramientas de videoconferencia, y sin duda las formas de la gestión académica y administrativa como los sistemas de gestión de matrículas, horarios y registros. En esta separación de áreas, se incluye, por supuesto, la evaluación educativa, que constituye nuestro tema de análisis específico.
En tal sentido se podría considerar que el campo de las tecnologías de la información dedicadas a la evaluación educativa es una parte fundamental y una rama especializada de la tecnoeducación. El campo de las TIC dedicadas a la evaluación educativa es un área de especialización dentro de la tecnoeducación que se enfoca en cómo la tecnología puede ser utilizada para medir y analizar el rendimiento estudiantil y los procesos de enseñanza. En otras palabras, la tecnoeducación es el paraguas que cubre todas las interacciones entre la tecnología y la educación, mientras que la tecnoevaluación es un subcomponente especializado bajo ese paraguas. En los instrumentos de evaluación, se valora la actuación del alumnado en relación a unos estándares, los cuales quedan reflejados en los criterios de evaluación. Pero también evalúa todos los demás aspectos de los procesos de enseñanza en forma más precisa, continua, con indicadores focalizados. En este escenario es necesario concebir si existe una correlación entre la educación y su evaluación, una correlación técnica y metodológica entre la forma de educación y la evaluación de esa enseñanza y de los aprendizajes.
La tecnoevaluación es el término más preciso y específico para definir el campo de las tecnologías de la información aplicadas a la evaluación educativa. Las TIC crean un paradigma de cómo se transmite y enseña mejor (calidad, cobertura, costos o flexibilidad) que a su vez plantean herramientas de nuevas formas de evaluar y nuevas áreas, tales como los aprendizajes, actores, instituciones o procesos, más eficientemente. Mientras que «tecnoeducación» es el concepto general, «tecnoevaluación» es la disciplina especializada que se enfoca exclusivamente en la intersección de la tecnología y la evaluación educativa. En un término que encapsula de manera más efectiva la idea de evaluación y TIC. El campo de las TIC dedicadas a la evaluación educativa puede definirse como el área interdisciplinaria que utiliza herramientas, sistemas y metodologías tecnológicas para diseñar, aplicar, gestionar y analizar la evaluación de los procesos de enseñanza-aprendizaje, acorde a los tipos de TIC. Se trata de un concepto integral que busca optimizar el proceso de evaluación a través de la articulación a las distintas tecnologías de comunicación y manejo de información. El campo de la tecnoevaluación busca mejorar la calidad y el alcance de la evaluación, dado que las TIC permiten implementar nuevos métodos de evaluación que solo son viables con las nuevas herramientas de las TIC y no bajo las anteriores. Hoy, por ejemplo, se pueden utilizar simulaciones, juegos educativos y portafolios digitales para evaluar competencias y habilidades de manera más completa y contextualizada que bajo las herramientas anteriores.
En este contexto, destaca la posibilidad de alcanzar una mayor personalización de la evaluación gracias al uso de las tecnologías. Dada la contradicción estructural entre una enseñanza basada en cohortes colectivas y el hecho de los aprendizajes y evaluaciones individuales, con el uso de TIC es cada vez más posible tanto personalizar la enseñanza como las evaluaciones a las necesidades individuales de cada estudiante. Estos tipos de evaluación permiten una retroalimentación inmediata, detallada y personalizada, lo que contribuye a un aprendizaje más autónomo y reflexivo al afinar a cada persona los procesos de retroalimentación enseñanza, aprendizaje y re-enseñanza.
El término «tecnoevaluación» en el ámbito académico y profesional destaca este enfoque específico, reconociendo que la evaluación, gracias a la tecnología, ha evolucionado de una simple medición de conocimientos a un proceso más complejo, personalizado y centrado en la mejora continua del aprendizaje.
Podríamos definir varios enfoques sobre la tecnoevaluación. Uno tradicional como evaluación de las tecnologías educativas, y que mide el impacto de las TIC en los procesos educativos y cómo los sistemas han ido incorporándolas. Tal enfoque fue dominante en los años 90. Otro enfoque concibe a la tecnoevaluación como una mirada desde lo laboral y desde el mercado, que no analiza los aspectos sociales de los procesos educativos y que refiere a una evaluación tecnocrática más allá del uso de herramientas tecnológicas. Otro enfoque más reciente que concebimos lo visualiza como un campo de estudio de las tecnologías de evaluación, analizando como esas crean determinadas herramientas para analizar mejor los diversos procesos de enseñanza y de aprendizaje. Se focaliza en analizar e identificar metodologías y procesos apoyados en TIC, y vinculados a las diversas innovaciones y fases en ellas, para poder evaluar con más precisión o amplitud los diversos procesos educativos, tanto en un nivel micro como macro.
Ambos conceptos, el de tecnoeducación y el de tecnoevaluación, como un subcomponente de ese campo más amplio, constituyen un enfoque pertinente que ofrece un marco para analizar la co-evolución de la tecnología y las prácticas educativas y evaluativas. Desde un enfoque histórico, la tecnoeducación tendría una periodización correspondiente a las innovaciones y al impacto y el rol de cada una de las TIC en la educación y que incluyen las herramientas de cada etapa y el desarrollo de esas innovaciones y las formas y mecanismos de evaluación que ellas posibilitan. La clasificación de las tecnologías de enseñanza, en un enfoque histórico, distingue entre humanas, mecánicas, analógicas, digitales y de automatismo con IA, las cuales constituyen un marco y una línea de tiempo para entender cómo han ido cambiado no solo los soportes y mecanismos de transmisión de información, sino también cómo se accede a los conocimientos, se miden y se evalúan los aprendizajes con esas herramientas o industrias culturales o comunicacionales. La articulación entre la tecnoeducación y la tecnoevaluación es muy estrecha, como analizaremos a continuación, en un proceso que incluye la retroalimentación y no es meramente una derivación mecánica de la evaluación de las TIC que se han conformado en cada ciclo.
Antes de la escritura, la evaluación se basaba en la oralidad y la memoria. Se evaluaba la capacidad de repetir, memorizar y narrar. La invención del alfabeto y la consolidación de la escritura representaron un cambio cognitivo radical, que cambió las formas de evaluación. En este caso, las formas de la evaluación eran la caligrafía y la ortografía. La correcta reproducción de los símbolos era en sí misma una competencia fundamental, y el dictado se conformó como la herramienta precisa para poder medir el aprendizaje a través de la capacidad de codificar el lenguaje oral en su forma escrita de manera precisa. Igualmente, la copia y la transcripción permitían evaluar la fidelidad y la atención al detalle al replicar un texto. El examen escrito surgió como el mecanismo por excelencia de esta TIC humana. Permitía evaluar el pensamiento estructurado, la argumentación y la capacidad de desarrollar ideas de forma coherente en un soporte externo (papiro, pergamino, papel). El conocimiento ya no solo se «tenía», sino que se podía «registrar», analizar y transmitir en forma más viable y realista.
La escritura tuvo un gran impacto cognitivo y liberó a la mente de la carga de memorizar todo, y con ella el foco de la evaluación se desplazó de la pura memorización a la comprensión, la interpretación y la argumentación. Estas formas de evaluación permitieron la estandarización de los procesos evaluativos, al facilitar que un mismo instrumento (un examen) se aplicara a múltiples individuos, sentando las bases para una evaluación más sistemática. Al tiempo, también estas formas evaluativas permitieron una mayor individualización de las evaluaciones y, aunque parezca contradictorio, la evaluación se volvió más individual. Ello por cuanto el texto escrito es una producción personal y aislada, a diferencia de la recitación, que a menudo era una actividad comunal.
La imprenta de Gutenberg, gracias a los tipos móviles, no creó una nueva forma de escritura, pero sí masificó su acceso. El libro se convirtió en el principal vehículo del conocimiento validado y estandarizado. El acceso al conocimiento se comenzó a democratizar asociado a la producción seriada de libros, al tiempo que los copistas desaparecían, irrumpían nuevas formas de enseñanza y evaluación con los libros. La incorporación de la energía inanimada al movimiento de las imprentas posteriormente aumentó las escalas. Con el libro, el análisis de textos y los comentarios sobre ellos se conformó como un mecanismo de enseñanza y de evaluación centrado en la capacidad del estudiante para leer, comprender y criticar un corpus de conocimiento establecido dado por los libros.
Los exámenes pasaron a estar basados en las bibliografías de los cursos y se evaluaba que el estudiante demostrara el dominio del contenido de dichos textos de referencia. Igualmente, comenzó a plantearse el inicio de pruebas estandarizadas, dada la capacidad de imprimir masivamente cuestionarios idénticos que se conforman como el motor de las pruebas a gran escala. Bajo estos nuevos paradigmas, la evaluación se volvió más objetiva y comparable entre grandes poblaciones. Pero especialmente la evaluación se enfocó en medir la asimilación del conocimiento «oficial» contenido en los libros. El resultado de las evaluaciones se determinaba por la capacidad de reproducir y explicar los contenidos de los libros, que comenzaron a visualizarse como libros de texto, especialmente aquellos más asociados a la educación. Ello tuvo una gran eficiencia y una mayor escala, ya que la imprenta permitió una evaluación a escala industrial. Los sistemas educativos nacionales se apoyaron en esta tecnología para certificar y clasificar a los estudiantes de manera uniforme. La educación pasó a centrarse en el producto final, y la evaluación se centró casi exclusivamente en el producto final (el examen, el ensayo), con poca visibilidad sobre el proceso de aprendizaje. Así, por ejemplo, los instrumentos más utilizados tradicionalmente en forma complementaria para la evaluación del aprendizaje son: lista de control, escala de valoración y rúbricas, y ellas a su vez, en tanto metodologías y técnicas de evaluación, son también formas de la tecnoevaluación.
La nueva revolución de las TIC que habilitó la irrupción de la electricidad y lo analógico, y que trajo también la fotografía, el cine, el proyector de diapositivas, la radio, la televisión y las grabadoras, conformó nuevos lenguajes y formas de representar la realidad. La evaluación comenzó a incorporar, aunque de forma tímida, elementos multisensoriales. Así, la identificación y análisis de imágenes se constituyó en un mecanismo tanto de enseñanza como de evaluación en campos como la historia del arte, la geografía y la biología. Se evaluaba la capacidad de reconocer y describir elementos visuales. Igualmente, la comprensión auditiva se tornaba en eje en los procesos de enseñanza y de evaluaciones de los estudios de idiomas, donde las grabaciones de audio permitieron evaluar la comprensión oral de los aprendizajes y de sus competencias comunicacionales. Igualmente, irrumpieron las presentaciones orales con soporte visual. Así, el uso de diapositivas o transparencias permitió evaluar no solo el discurso, sino también la capacidad de sintetizar y presentar información visualmente. La creación de aparatos analógicos permitió la producción con objetivos evaluativos de proyectos, carpetas, mapas conceptuales en cartulinas y grabaciones de audio. En este nuevo escenario de las TIC, la evaluación comenzó a valorar habilidades más allá de la lectoescritura, como la competencia visual y auditiva. Igualmente, hubo una mayor contextualización del aprendizaje, ya que las tecnologías analógicas permitieron traer fragmentos del «mundo real» al aula (fotos, grabaciones, imágenes en movimiento, etc.), haciendo la evaluación más contextualizada. Sin embargo, estas TIC tuvieron sus propias limitaciones, ya que la producción y la evaluación con estos aparatos muchas veces eran procesos lentos, costosos y difíciles de estandarizar. Las imágenes también ayudaron a reforzar el uso del libro con la irrupción de las imprentas offset al superar el enfoque solo tipográfico y agregar color.
La nueva revolución digital que impulsó la educación 4.0 transformó las formas de enseñanza y también las formas de evaluación al permitir la interactividad y el manejo de grandes volúmenes de datos. Con ella irrumpieron multiplicidad de formas de evaluación, como los test y cuestionarios en línea a través de plataformas como Moodle y Google Forms, que automatizaron la creación, distribución y corrección de pruebas, ofreciendo retroalimentación inmediata. Los portafolios digitales permitieron a los estudiantes y docentes recopilar evidencia de los aprendizajes en múltiples formatos (texto, vídeo, audio, imágenes) en un solo lugar, como resultado de la convergencia digital. Apareció la evaluación colaborativa en línea, con herramientas como wikis y Google Docs, que permiten evaluar el proceso de trabajo en equipo, rastreando las contribuciones individuales a un producto colectivo. Igualmente, el inicio del software de simulación, más allá de su alto costo, comenzó a permitir evaluar la toma de decisiones y la aplicación de conocimientos en entornos controlados y complejos (ej.: simuladores de vuelo, de negocios o de laboratorios virtuales). Entre aportes fundamentales del entorno digital, se iniciaron sistemas de evaluación centrados en la detección de plagio. Los software anti-plagio se convirtieron en una herramienta evaluativa (aunque reactiva) para verificar la originalidad del trabajo. Los laboratorios informáticos cambiaron las aulas y crearon nuevas formas de trabajo de enseñanza y evaluación.
Las TIC digitales permitieron un mayor nivel de eficiencia y de feedback inmediato de las evaluaciones. La automatización liberó tiempo al evaluador y proporcionó al estudiante una retroalimentación instantánea, clave para el aprendizaje. A diferencia de la evaluación basada en papel, las herramientas digitales pueden registrar el proceso (cuánto tiempo se tardó, qué recursos se consultaron, cómo evolucionó un escrito), con lo cual la evaluación pasó de medir solo el producto final del aprendizaje a comenzar a poder analizar y evaluar también el proceso del aprendizaje. Ello implicó una mayor personalización de los procesos evaluativos, que abrió las puertas a las pruebas adaptativas, donde la dificultad de las preguntas se ajusta en tiempo real al nivel de competencia del estudiante.
Pero no solo se limita el entorno digital a los niveles micro, sino que a nivel macro, en el marco de una sociedad en redes, irrumpen formas globales y comparativas de evaluación de los sistemas educativos. Así, aparecen los rankings universitarios estructurados a partir de datos en red de las IES y que constituyen un nuevo sistema de evaluación (en este caso institucional) automatizados sobre pocos indicadores comparativos y de carácter global. Igualmente vemos la evaluación de la producción académica en forma global, como los indicadores de Google Scholar sobre producción de artículos en revistas académicas de acceso por Internet y de citas realizadas por otros autores.
La nueva revolución digital de las TIC con la IA no es solo una versión más rápida de la tecnología digital, sino que se constituye en un cambio de paradigma. La capacidad de los sistemas para «entender», generar contenido y analizar datos no estructurados redefine por completo lo que es posible evaluar. La inteligencia artificial (IA) está jugando en este sentido un papel cada vez más importante, permitiendo el diseño de planes de aprendizaje individualizados basados en el rendimiento del estudiante. Se propende en el contexto de las nuevas TIC a la automatización de tareas evaluativas, la reducción de tiempos de calificación y una gestión más eficiente e inmediata de los datos. Finalmente, también la IA proporciona información valiosa automáticamente y a bajo costo para la toma de decisiones. Las herramientas de análisis de datos y la analítica del aprendizaje pueden permitir a los docentes, directores y administradores obtener una visión detallada del desempeño de los estudiantes y del sistema educativo en general.
Esta información es crucial para identificar áreas de mejora, ajustar los planes de estudio y tomar decisiones basadas en evidencia. Con ella irrumpen nuevas formas de evaluación continuas y de hecho casi invisibles. La IA puede analizar la interacción del estudiante con una plataforma de aprendizaje (patrones de clic, tiempo en tareas, dudas frecuentes) para generar una evaluación constante y en tiempo real, sin necesidad de un «examen» formal. Ello permite procesos de retroalimentación (feedback) personalizados. Los sistemas de IA pueden analizar ensayos y trabajos estudiantiles y ofrecer retroalimentación detallada sobre la estructura, la argumentación y el estilo, algo que para un docente sería imposible de hacer para cientos de estudiantes.
La IA también puede evaluar competencias complejas. Mediante el análisis de debates en foros, trabajos colaborativos o simulaciones, puede empezar a evaluar competencias como el pensamiento crítico, la colaboración y la creatividad. Pero, además, al poder crear escenarios auténticos, la IA puede generar simulaciones complejas y realistas que se adaptan a las respuestas del estudiante, evaluando la aplicación de conocimientos en contextos novedosos y muy concretos. Todo ello permitirá especialmente la evaluación predictiva. Al analizar el desempeño histórico y actual, los modelos de IA pueden predecir qué estudiantes están en riesgo de no alcanzar los objetivos, permitiendo una intervención temprana e incluso explicando las causas de los fracasos en los aprendizajes y en los recorridos escolares. Los sistemas de evaluación automatizados en línea van a permitir la creación de sistemas de corrección automática a partir de múltiples parámetros que se definan o por el propio conocimiento de la base de la IA. Ello permitirá además el análisis del aprendizaje, ya que el uso de datos generados por los estudiantes permitirá tanto evaluar su progreso y sus resultados, como el propio impacto de las metodologías de enseñanza, proporcionando a los estudiantes y docentes información instantánea y detallada sobre el rendimiento. Este escenario de las nuevas TIC avanzará hacia una lógica de evaluación adaptativa y personalizada, en el cual los sistemas ajustan las dificultades de las preguntas en función del rendimiento del estudiante, permitiendo una articulación entre evaluación y enseñanza que se retroalimentan para alcanzar una evaluación más formativa y completa. Así, el uso de la inteligencia artificial (IA) en la evaluación, no solo permitirá la detección de plagio, sino la generación de preguntas personalizadas y la evaluación de los ensayos con retroalimentación continua. La ruptura entre enseñanza y evaluación y reaprendizaje o complemento de enseñanza podría finalmente resolverse en forma automática y en forma continua. Todo ello implica una redefinición del «rol docente», ya que este deja de ser el único corrector y se convierte en un diseñador de experiencias de aprendizaje y en un intérprete de los datos que la IA proporciona para intervenir pedagógicamente. Este nuevo escenario plantea nuevos desafíos éticos y surgen preguntas cruciales tales como los sesgos algorítmicos en la evaluación, la dependencia de sistemas automatizados, cómo se garantiza la equidad o el engaño con el uso de las propias IA. Se abren nuevos desafíos evaluativos de dimensiones desconocidas, más allá de que estos problemas, con sus diferencias, se han planteado con las diversas innovaciones.
En resumen, la tecnoevaluación revela una evolución desde evaluar la capacidad de registrar información (escritura), pasando por medir la asimilación de conocimiento curado (libros), a incorporar nuevos lenguajes (analógicas), hasta llegar a la optimización del proceso y la interactividad (digital), para finalmente arribar a una evaluación personalizada, continua y predictiva con la IA. Cada etapa no solo cambió las herramientas, sino que redefinió lo que significa «saber» y cómo podemos evidenciarlo a través de procesos de evaluación de los aprendizajes con nuevas palancas y herramientas. La dinámica nos muestra que con las TIC irrumpen permanentemente nuevos paradigmas de enseñanza y que al tiempo son también de evaluación. Con las TIC y la programación informática, no solo se han creado también multimodalidades educativas (virtuales, sincrónicas, asincrónicas, híbridas y modelos de enseñanza con o sin docentes), sino una mayor complejización de las formas de enseñanza y por ende también de evaluación. ¿Las TIC generan y ordenan datos para la toma de decisiones solamente o pueden evaluar? Sin duda, la IA y los chatbots crean formas de enseñar, evaluar o tutorear los procesos de aprendizaje y resultados institucionales, imponiendo a su vez una lógica por el cual son mecanismos de enseñanza y también de evaluación automatizados. La IA se estructura como una máquina de investigar y la evaluación es también una investigación. La IA, como TIC, se formuló como un protocolo de creación basada en el método científico y por ende como una máquina de investigar, de aprender, de comparar y así de crear conocimiento, y es por ende también una máquina de evaluar sobre parámetros que se programen.
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