El empleo falaz de la Doctrina Monroe

El texto del presidente James Monroe no confiere el derecho a atacar naciones, cambiar regímenes o gestionar la política regional

Doctrina Monroe. Ilustración de F. Víctor Gillam
Caricatura política de Victor Gillam en 1896. Archivo: Wikimedia Commons
Nueva Revista

Avance

La Doctrina Monroe, recuerda Patrick Frise en Mises Wire,  procede del mensaje anual del presidente James Monroe al Congreso de los Estados Unidos en diciembre de 1823 y se circunscribe a ese momento, cuando el panorama político del continente americano cambiaba de forma acelerada. Ténganse en cuenta estos datos: 

  • México obtuvo la independencia de España en 1821. 
  • Las provincias centroamericanas, las futuras Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, declararon su independencia también en 1821. 
  • Sudamérica llevaba más de una década en revuelta. 
  • En Europa, las guerras napoleónicas habían terminado y las monarquías conservadoras, organizadas bajo la Santa Alianza, reivindicaban el derecho a reprimir las revoluciones liberales y a restaurar los regímenes tradicionales. 
  • Francia intervino militarmente en España en 1823, lo que suscitó la preocupación de que las potencias europeas pudieran ayudar a España a recuperar sus antiguas colonias. 
  • Rusia avanzaba en sus pretensiones territoriales a lo largo de la costa del Pacífico de América del Norte.

En respuesta a estos acontecimientos, Monroe dispuso que las tierras americanas, «por la condición libre e independiente que han asumido y mantienen», no debían ser objeto de una futura colonización por parte de las potencias europeas. La prohibición de la colonización estaba directamente vinculada a la independencia de los Estados americanos y no a la reivindicación de autoridad estadounidenses sobre ellos. Monroe subrayó además que los Estados Unidos no interferirían en los asuntos internos de Europa ni de las colonias europeas existentes. «En las guerras de las potencias europeas, en asuntos que les conciernen», afirmó, «nunca hemos tomado parte, ni es compatible hacerlo, con nuestra política». La actuación  estadounidense, explicó, sería defensiva y se limitaría a circunstancias en las que los derechos estadounidenses fueran pisoteados o gravemente amenazados.

Frise subraya: «Nada en la proclamación afirmaba el derecho a intervenir en los asuntos internos de otros Estados americanos, a ejercer autoridad supervisora o a controlar la política regional. La doctrina funcionaba como una advertencia diplomática dirigida al exterior, no como una carta de autoridad dirigida al interior».

La Doctrina Monroe, concluye Frise, «es una proclamación circunstancial emitida en respuesta a un conjunto limitado de preocupaciones geopolíticas a principios del siglo XIX. Una vez que esas condiciones desaparecieran, la doctrina perdería su significado operativo».  No es una política viva, sino «un texto histórico reutilizado repetidamente para justificar una autoridad que nunca confirió».

Las declaraciones de Donald Trump y de su secretario de Guerra, Pete Hegseth, «tratan la Doctrina Monroe como una base para el dominio militar, el acceso territorial y la intervención política», pero «nada en la proclamación de 1823 autoriza tales acciones. No confiere el derecho a atacar naciones, cambiar regímenes o gestionar la política regional».

Artículo completo: Why The Monroe Doctrine Cannot be Reestablished

https://mises.org/mises-wire/why-monroe-doctrine-cannot-be-reestablished


En la caricatura política que ilustra este texto, y que firma Victor Gillam, el Tío Sam aparece con un rifle entre las figuras europeas vestidas de forma extravagante y los representantes de Nicaragua y Venezuela, ataviados con trajes típicos. Se puede ampliar la información en la Biblioteca del Congreso: https://lccn.loc.gov/2002697703