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Cumplido el primer año de Gobierno no han faltado las ocasiones para hacer balance de la gestión de Rodríguez Zapatero. Realmente no ha sido un año tranquilo. Una gestión tumultuosa y tres citas electorales (europeas, referéndum y vascas) han hecho de estos doce últimos meses un período de sobresaltos y crispación.

POLÍTICA EXTERIOR

Desde su primera decisión, que fue la de retirar las tropas de Irak, Zapatero se ha propuesto que España desande el camino recorrido desde 1996. Ante la posibilidad, confirmada luego, en el mes de junio, de que finalmente en el Consejo de Seguridad se produjese un acuerdo en Naciones Unidas para la estabilización de Irak y los hechos le ataran las manos, Zapatero optó por romper la baraja. Como recordaba además lo que supuso la OTAN en 1982 para la izquierda española, cuando Felipe González se vio vinculado por la decisión tomada por el Gobierno de la UCD de entrar en la Alianza, el nuevo presidente del Gobierno decidió la salida inmediata de Irak.

La ruptura política con la Administración Bush no se produjo por esta decisión de salir de Irak, sino más bien por el modo de hacerlo. Al entrevistarse en el Pentágono, Bono había prometido a Rumsfeld que la salida sería gradual. Los planes de Zapatero eran inmediatos y sin negociación posible. Quería evitar a toda cosa verse enredado por la situación, ya fuese por presiones de Estados Unidos, ya por la posible muerte de algún soldado español, que transformase la salida de España de Irak en una huida.

La retirada de las tropas y la ruptura de las relaciones políticas con Estados Unidos destruyó la arquitectura en materia de seguridad, construida por la Administración Aznar como consecuencia de la crisis de Perejil. La única salida para Zapatero era apaciguar a Marruecos. Por ello, no ha dudado en sacrificar la tradicional posición española de equidistancia en la región, en abandonar el Plan Baker y optar por Rabat frente a los saharauis y argelinos.

Esta decisión condicionó también la nueva situación de España en la Unión Europea. España ya no podía liderar un grupo emergente de países, que veían que la UE no debía ser un instrumento al Diktat del eje París-Berlín. El este de Europa, que Aznar vio como aliado natural de España, especialmente en el caso de Polonia, pasaba ahora a un muy segundo plano. Zapatero abandonaba el vértigo de una España que jugaba con voz propia y volvía a la seguridad de la sombra francoalemana, más manejable para un presidente exclusivamente pendiente de su consolidación interna y su reelección futura. Los riesgos y las carencias de esa política se están viendo en la negociación del Presupuesto de la UE, donde España se ha quedado sola.

También la posición de España en Latinoamérica se ha visto alterada. De la cooperación con Estados Unidos para consolidar la democracia se ha pasado a confiarse a los liderazgos de la región, con el coste político en términos de credibilidad internacional que acarrea mantener un diálogo con el régimen castrista o con figuras como Chávez.

DENTRO, DEBATE TERRITORIAL

Ese papel menguante en la escena internacional y la retirada a un segundo plano de tablero, se han visto acentuadas por la inseguridad que trae abrir un debate como el territorial, que pone en cuestión la personalidad del país.

Ya sea por la influencia de los cantos de sirena de los nuevos intelectuales orgánicos que hacen del nacionalismo un elemento renovador al que debe incorporarse el socialismo, ya sea por la precariedad parlamentaria, Zapatero ha hecho de la revisión del modelo territorial uno de los ejes de su legislatura.

CATALUÑA Y EL GALLINERO

Su apuesta política ha sido hasta el momento Cataluña. El modelo catalán se ha puesto explícitamente como ejemplo frente al reto de Ibarretxe. Todavía es una incógnita cómo va a terminar el experimento de revisión del Estatuto. La crisis del 3 % ha hecho más costoso políticamente el pacto con CiU. Es una incógnita si Esquerra Republicana se va a decantar por la moderación y el realismo o va a preferir una apuesta rupturista que haga imposible la aceptación del Estatuto en Madrid y empuje al fin de la legislatura en Cataluña y haga temblar las Cortes en Madrid.

La posible revisión del modelo de financiación está causando un gran desgaste interno en el Gobierno por las diferencias entre Montilla y Sevilla, y en el propio PSOE con las posiciones de Maragall frente a los Ibarra, Areces o Chaves.

Al mismo tiempo, el debate en torno al concepto de nación está demostrando que Zapatero se ha subido en un caballo que no controla y que no se sabe si va a ser capaz de detener, porque la modificación del artículo 2 de la Constitución ni estaba en sus planes ni está entre sus posibilidades.

CAZANDO CON POLVORA DEL REY

Si en Cataluña el experimento no le termina de salir a Zapatero y presenta muchas dudas, en Euskadi la situación es más complicada. El presidente ha optado por el juego temerario de permitir la presencia de Batasuna en el escenario como EHAK, con el doble objetivo de desgastar a Ibarretxe y de guardarse una baza para una posible negociación con ETA.

El efecto Zapatero se ha limitado a hacer que el PSE sobrepase al PP, pero sin que varíe el escenario de modo sustancial. El PNV ha salido debilitado de la confrontación pero parece improbable que no pueda formar Gobierno. Además, los guiños insurreccionales de su plan, como lo referente a la convocatoria de un referéndum, son muy del gusto del mundo Batasuna, por lo que no parece muy necesario que tenga que guardarlo de modo inminente y sí, en cambio, lo puede seguir manteniendo como baza.

Zapatero, por tanto, está a expensas del debate en el seno de PNV-EA. Si se impone la tesis moderada, puede haber un escenario que reedite una situación semejante a la de finales de los ochenta y los noventa, de colaboración con el PSE. Si Ibarretxe decide seguir adelante, y puede hacerlo pactando con EHAK, el escenario se le va a envenenar a Zapatero con un gran coste político.

La revisión de los Estatutos, que también se está dando en Aragón, Andalucía, Valencia, Canarias y Madrid, no parece que vaya a tener mayor repercusión que la mera sensación de que el modelo territorial en sí está en debate.

La visión de España del presidente, como una suma de partes independientes, le ha hecho rechazar proyectos como el Plan Hidrológico Nacional o algunos aspectos de las leyes de educativas que pretendían articular el conjunto del Estado.

A cambio, ha preferido abrir un debate sobre la configuración del Estado con el riesgo de que o bien no pueda cerrarlo, o bien que el resultado sea, en palabras del ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, un «Frankenstein».

El modelo económico apenas ha sufrido variaciones, aunque ha sustituido la estabilidad económica por una etérea estabilidad en el ciclo, lo que puede acarrear consecuencias negativas si no se hacen las reformas necesarias. Es en la política de vivienda donde el fracaso está siendo más evidente.

De mucho más calado ideológico es la reforma educativa presentada. La educación se ve como una competencia del Estado —autonomía — y en el que el papel de la escuela concertada y privada se observa con sospecha y se recorta su autonomía. Es un proyecto de alto contenido ideológico y en el que la sociedad se juega mucho, aunque aún esté en su fase parlamentaria.

Como viene ocurriendo desde tiempos de Jules Ferry, es en la educación donde los distintos modelos de sociedad se cristalizan. Por esa razón Zapatero, en su afán de cambiar la configuración de la sociedad, ha presentado este proyecto — L O E —. La reducción de las humanidades, el arrinconamiento de la asignatura de religión y la promoción de un falso igualitarismo son los ejes sobre los que gira ese proyecto.

LOS CAMBIOS SOCIALES

El mismo sesgo ideológico se ve en lo que denomina como nuevos derechos de ciudadanía, en los que se equipara las uniones homosexuales con el matrimonio. Todo ello con un doble objetivo. Por un lado, buscar un cambio social y por otro, tratar de radicalizar y enfeudar a la oposición en posturas numantinas.

El socialismo —republicanismo—, por tanto, renunciaría al cambio social a través del cambio de la estructura económica como habían propugnado los clásicos y pasaría a buscar el cambio á través de un nuevo sistema de actitudes y referencias morales.

CRÉDITO MENGUANTE

Después de un año de gobierno, el CIS le da a Zapatero 18 puntos menos en la valoración de los ciudadanos. La discusión del modelo territorial está causando una gran inquietud entre los ciudadanos, los derechos de ciudadanía han encontrado oposición social e incluso serios reparos en instituciones apartidistas como el Consejo de Estado y el Consejo General del Poder Judicial y están por ver todavía las reacciones a la reforma educativa. Presentar como bagaje de un año de gobierno la retirada de las tropas de Irak resulta muy pobre. La oposición ha aguantado bien, en un año muy duro, el cambio de papeles. Eso sí, a la espera de lo que ocurra en junio en Galicia.

El futuro del Gobierno va a depender de cómo se resuelva la negociación del Estatuto catalán. Mientras que el apoyo de ERC no le falle, Zapatero no va a tener problemas. Sólo si finalmente él tripartito catalán colapsa en alguna de sus periódicas crisis, la situación puede dar un vuelco. Para ello, Zapatero se ha reservado la carta de la disolución de las Cortes, necesaria para cualquier modificación de la Constitución. Mientras, la sociedad sigue teniendo la voz y la palabra.


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Pablo Hispán Iglesias de Ussel es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Navarra. Universidad en la que se doctoró en Historia Contemporánea. Ha desempeñado distintos cargos en la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid. Es autor de varias publicaciones sobre diversos temas como la Economía sumergida, Política monetaria, Política regional, Globalización y temas de la Unión Europea.