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POPULISMO E INDIGENISMO

América Latina es el continente con las mayores desigualdades del mundo y la pobreza se extiende como un reguero de pólvora en la mayoría de los países, especialmente en los que los gobiernos son populistas. Venezuela, por ejemplo, ha pasado de un 35 % de pobreza a casi el 60 % en los ocho años que Chávez lleva en el poder. Se ha quebrado la confianza en el sistema democrático en todos los países en los que se ha producido un importante auge del populismo: 1) se cuestiona a la clase política, 2) como consecuencia de su pérdida de prestigio y credibilidad se produce un cuestionamiento de los partidos políticos y 3), al final, se pone en duda el sistema democrático en su conjunto. El Latinobarómetro de los últimos quince años lo viene reflejando de manera clara y la democracia, aunque sigue siendo el sistema político mejor valorado, recibe un menor nivel de apoyo.

Los partidos de izquierda y cierta parte del mundo académico han logrado instalar con mucha fuerza el argumento de que todos los males socioeconómicos del continente se deben exclusivamente a las recetas del FMI y del Banco Mundial conocidas como «los consensos de Washington». Sin embargo, las fórmulas impuestas por los organismos económicos internacionales enderezaron las destrozadas economías de buena parte de los países de América Latina. El problema fue que la bonanza económica y el crecimiento macroeconómico no fueron aprovechados para combatir la pobreza en la dimensión microeconómica.

El populismo se puede definir más por sus métodos que por su inexistente pensamiento. Más que una base teórica es un conjunto de fobias, rechazos, resentimientos y heridas sin curar. Se trata además de un movimiento — véase el ejemplo venezolano— más bien de corte filofascista por su afán expansivo, por sus métodos violentos, por la profusa utilización de la coacción y la amenaza, la utilización de los símbolos militaristas e incluso la creación de milicias uniformadas, etcétera.

El populismo necesita de la confrontación constante con los enemigos internos y externos. Los partidos políticos tradicionales son culpabilizados de la corrupción, el desgobierno, el caos y la pobreza de sus países. Sin embargo, la realidad es que la pobreza ha aumentado de manera exponencial bajo los regímenes populistas y que la corrupción —lejos de mejorar— se ha agravado hasta límites insospechados.

Los enemigos exteriores suelen ser los Estados Unidos de América, las primeras potencias occidentales y, desde luego, las antiguas potencias coloniales a las que desde el indigenismo militante se responsabiliza de todos los males. El ejemplo más claro de lo último es el discurso simplista y machaconamente antiespañol de Evo Morales. Chávez, asimismo, con el discurso antiamericanista, lo que busca es una confrontación con el «Imperio» que los regímenes populistas aprovechan demagógicamente con enorme habilidad.

Por último, conviene destacar el peligroso expansionismo del populismo: su intervencionismo en otros países y la intensa ingerencia en los asuntos internos de otras naciones del continente. El chavismo ha financiado y apoyado a Daniel Ortega en Nicaragua, en El Salvador ha intervenido en el seno del FMLN, en Colombia apoyan al ELN y, sobre todo, a las FARC. En Ecuador, su aliado ha sido el partido indigenista ultrarradical Pachacutic, mientras que en el Perú fue el dirigente golpista, indigenista y de extrema derecha, Ollanta Humala, su protegido. En Bolivia, financió íntegramente la campaña de Evo Morales.

LA ALIANZA ANTISISTEMA

Empezó a surgir casi inmediatamente después de la caída del muro de Berlín. Las izquierdas más radicales y las facciones más antioccidentales de algunos partidos socialdemócratas, sintieron un cierto vértigo por la desaparición del que había sido su principal soporte ideológico, la dialéctica marxista. Paralelamente, surge un fenómeno en los primeros años que siguen al final de la Guerra Fría: la globalización, a la que las izquierdas del mundo entero definen como algo perverso, cuando puede crear oportunidades para los más desfavorecidos.

Los principales elementos de esta alianza parecen ser los siguientes: las izquierdas más radicales y los elementos socialdemócratas especialmente antioccidentales, los movimientos antisistema y las organizaciones y movimientos antiglobalización, a los que hay que sumar la enérgica irrupción del populismo y el indigenismo. Para batir al enemigo común, Occidente, no dudan en aliarse con los más extraños compañeros de viaje, lo que explica la creciente cercanía con el islamismo radical con el que coinciden en sus fobias.

No obstante, es importante subrayar que para el islamismo radical y su brazo terrorista — e l yihadismo— se trata sólo de una alianza coyuntural y táctica. Los ideólogos del islamismo radical son tan críticos o más con las bases doctrinales de la izquierda como lo son con la democracia y el capitalismo. Detestan al socialismo y al comunismo más incluso que a las ideologías de centro y centroderecha, pues consideran que su ateísmo y su materialismo son frontalmente contrarios al islam.

CRIMEN ORGANIZADO Y TERRORISMO YIHADISTA EN AMÉRICA LATINA

Seguramente una de las peores lacras que sufre el continente es la inseguridad ciudadana general. La incidencia de la pobreza en esas sociedades, los devastadores efectos de los cárteles de la droga y su creciente tráfico, han favorecido el arraigo de los sindicatos del crimen. Además, en muchos casos son los mal llamados grupos guerrilleros los que se han transformado en las principales organizaciones del crimen común (véase el ejemplo de las FARC).

También en América Latina hay una creciente presencia del islamismo. No es un fenómeno reciente. Desde hace un lustro existe una fuerte presencia de chiíes en la zona de la frontera tripartita de América del Sur, Argentina, Brasil y Paraguay. En Buenos Aires hubo dos brutales atentados, muy probablemente cometidos por Hizbulá, siguiendo instrucciones de Teherán contra la embajada israelí en esa capital, causando más de treinta muertos; y otro, contra el centro cultural judío AMIA, causando noventa y nueve víctimas.

No se trata de incidentes aislados. El carácter expansivo y la ambición que el yihadismo tiene de conquistar el mundo afectan también a Iberoamérica. El análisis de los riesgos debe empezar a hacerse de inmediato y las medidas preventivas en el ámbito de la seguridad deben tomarse cuanto antes.


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