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Cada cuatro años el mundo fija en otoño su mirada en las elecciones en Estados Unidos. Conforme se acerca el mes de noviembre las grandes crisis internacionales pasan a un segundo plano a la espera de determinar el inquilino de la Casa Blanca.

La campaña ha entrado en su última etapa y nada está decidido. La conclusión de la convención republicana en Nueva York el 2 de septiembre ha supuesto el principio de la recta final de unas elecciones que todos los analistas vaticinan que volverán a ser muy ajustadas y que dependerán de unos de cientos de votos, no sólo en Florida, sino también en estados como Ohio, Iowa, Oregón, Pensilvania o Nuevo México. El análisis electoral y la matemática del sistema ha dejado la campaña reducida a unos pocos Estados —swing states—, hasta tal punto que en más de una ocasión los mítines de los candidatos han estado separados por unos cientos de metros.

No es la primera vez que la campaña se presenta tan igualada. Lo fue en 1960 con Nixon-Kennedy y lo fue en 2000 con Gore-Bush. Pero la circunstancia de que una vez más se pueda dar la posibilidad de que el candidato más votado no sea el presidente y el hecho de que los candidatos centren su campaña en pequeños municipios de Ohio o Iowa y que apenas aparezcan por ciudades como Los Ángeles, Nueva York o Houston ha llevado a algunos medios, como el The New York Times, a solicitar expresamente el cambio del sistema electoral.

Todas las encuestas reflejan un país muy polarizado y dividido. El electorado, a diferencia de otros comicios, no votará exclusivamente teniendo en cuenta la situación de la economía. Temas como la capacidad de los candidatos para liderar la guerra contra el terrorismo y la situación en Irak; el permitir el matrimonio entre homosexuales y la investigación con células madres embrionarias van a ser factores importantes de movilización.

Un poco más inadvertidas, aunque no menos importantes, son las elecciones para la renovación de un tercio del Senado y de la totalidad de la Cámara de Representantes. El signo político de las mismas puede determinar la capacidad de maniobra del presidente, aunque todos los pronósticos apuntan a que los republicanos ampliarán levemente su mayoría en el Senado y mantendrán, con un leve retroceso, la que poseen en la Cámara de representantes. De todos modos la campaña política gira exclusivamente en torno a las presidenciales.

¿QUÉ PRESENTAN LOS CANDIDATOS?

La presidencia de George W. Bush ha estado marcada por dos hechos: el 11-S y el fracaso de su padre —George H. Bush— a la hora de revalidar su mandato en 1992 al perder las elecciones ante un gobernador llamado Bill Clinton, que en aquella fecha era casi un desconocido.

Con estos dos elementos, y hábilmente asesorado por Kart Rove y Karen Hughes, George Bush ha seguido un modelo de presidencia muy similar a la de Ronald Reagan. Con una política internacional ligada a principios moralistas y en donde la victoria del bien —la democracia y la libertad— radicaba la misión y el destino de Estados Unidos. Del «imperio del mal» de los ochenta se ha pasado al «eje del mal», con el objetivo de lograr el apoyo de una opinión pública en materia de política internacional que, ante argumentos racionales basados  exclusivamente en un análisis realista de los intereses, se mostraría hostil, y no en cambio a la hora de actuar por imperativos morales.

Además, Bush cuenta con la ventaja de que la misión de extender la libertad y la democracia está muy presente en la cultura política del pueblo americano. Entre el optimismo nacionalista de Reagan y el realismo internacionalista de su padre, Bush ha escogido el primer modelo, aunque a diferencia de Reagan, con la llegada de las dificultades no ha rehusado los objetivos marcados. Mientras que Reagan abandonó Líbano después del atentado contra las fuerzas americanas, Bush ha mostrado su compromiso con la democratización y pacificación tanto en Irak como en Afganistán.

Uno y otro presidente, despreciados ambos por los intelectuales de izquierda, se han mostrado dispuestos a romper con las inercias políticas. Reagan, despreciando el pavor de los especialistas y diplomáticos, se atrevió a confrontar directamente a los soviéticos —despliegue de misiles en Europa o la famosa frase en Berlín dirigida a Gorvachov: «Tire este muro»—. Lo mismo puede decirse de la doctrina de la anticipación —preventive— que, aunque utilizada por otras Administraciones (Kennedy durante la crisis de los misiles en Cuba), nunca se había hecho explícita hasta la llegada de Bush.

No obstante, Bush ha cometido un error que Reagan evitó. En los grandes envites internacionales Reagan siempre contó con el apoyo de los mandatarios europeos, especialmente con los de Alemania. Por motivos que no corresponde analizar aquí, Bush se lanzó a una operación tan arriesgada como la de Irak sin el respaldo de Francia y Alemania, y las dificultades le están acarreando un alto coste político que tiene que asumir de modo exclusivo.

Aun así, al haber conseguido el amplio apoyo del Congreso para la operación, también el de su ahora contrincante Kerry, el desgaste interno es menor de lo que cabría suponer.

En política económica, el modelo vuelve de nuevo a ser el de la era Reagan, con rebajas de impuestos, un dólar débil y alto déficit con el único fin de tratar de recuperar una economía que heredó en recesión, entre escándalos financieros como Enron y con un atentado como el del 11-S, que incrementó aún más las incertidumbres. Los datos macroeconómicos en los últimos meses son absolutamente positivos y el paro está situado en un 5,4%; sin embargo, con la presente Administración se han destruido casi un millón de puestos de trabajo (la primera vez que ocurre algo así desde H. Hoover y la crisis del veintinueve), por lo que la sensación es la de una economía débil y una bonanza que no llega para la mayoría de ciudadanos. El último dato disponible, el de la creación de empleo en agosto, es muy positivo, por lo que cabe seguir defendiendo que la economía está en fase de crecimiento.

El tercer aspecto en que Bush ha tomado como referencia al presidente Reagan es el de los valores morales como tema en la política nacional. La referencia a «un presidente ideológico y agresivo que tiene el revólver en una mano y la Biblia en otra», no pertenece a un diario del año 2003 o del 2004, sino a unas declaraciones de Jacques Delórs al The New York Times el 30 de diciembre de 1984 referidas a Ronald Reagan. Al fin y al cabo, casi dos tercios de los americanos, según una reciente encuesta de la Fundación Pew, consideran que los dirigentes políticos deben hablar más de religión. Temas como el matrimonio de homosexuales suponen un auténtico envite para una sociedad que valora y demanda manifestaciones públicas de religiosidad por parte de los candidatos.

Todo este juego de equilibrios ha conseguido que en torno a Bush se uniesen las tres tendencias mayoritarias del republicanismo, y aunque la extrema derecha del partido se ha mostrado muy crítica con la aventura de Irak, el retiro de alguna de sus principales figuras (el senador Jesse Helms, principalmente) y las firmes referencias ideológicas del presidente han impedido que se articule cualquier discrepancia.

El hecho de que, en la convención, el principal protagonismo lo hayan tenido las figuras más centristas del partido, como el ex alcalde de Nueva York Giuliani, el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, o el senador John McCain —que durante unas semanas se planteó que Kerry le habría ofrecido ir como vicepresidente en la candidatura demócrata— ha logrado transmitir una imagen más centrista de la política de Bush, pues cuenta con el decidido apoyo de todos ellos. Siguiendo la estela de Reagan, que supo atraer aún porcentaje de demócratas, el discurso que marcaba la pauta política de la convención corrió a cargo del senador demócrata Zell Miller, muy crítico con su partido.

Las manifestaciones convocadas durante todas las jornadas no empañaron el resultado de una convención que partía optimista con los datos a su favor de las encuestas, las cuales, aunque por un pequeño margen, situaban a Bush al frente de la carrera presidencial.

LA CONVENCIÓN DE LOS DEMÓCRATAS

Un mes antes, en la última semana de julio, en Boston, los demócratas celebraron su  convención. Con la experiencia de los fracasos de McGovern en 1972 y de Móndale en 1984, el partido había escogido a un candidato, John F. Kerry, senador por Massachussets, que presentaba un discurso mucho más moderado y centrista que el resto de sus contrincantes en las primarias. Casado con Theresa Heinz, multimillonaria viuda del senador republicano John Heinz, Kerry presenta una biografía muy controvertida. Laureado en Vietnam —lo que le permitió que su paso fuese fulgurante y abandonar el frente en apenas cuatro meses— se convirtió desde 1971 en un reconocido activista en contra de la guerra. Senador desde 1984, Kerry presenta un polémico historial de votaciones que le hacen muy vulnerable.

Entre las más criticadas, están la negativa a autorizar el uso de la fuerza al presidente Bush en 1991, con ocasión de la invasión de Kuwait por parte de Sadam Hussein; el apoyo a numerosas subidas de impuestos; recortes de presupuesto para Defensa e Inteligencia y su oposición a algunos de los programas de armamento. Especialmente controvertido ha sido que en el 2002 apoyase la resolución que autorizaba al presidente el uso de la fuerza con Irak para, unos meses más tarde y sumido en la campaña de las primarias demócratas, compitiendo con un candidato como Howard Dean, abiertamente contrario a la guerra, negase Kerry un incremento presupuestario para las tropas en Irak. Esta inconsistencia —flip flop— en un momento de incertidumbre le hace muy vulnerable para un electorado que busca en el presidente un referente claro de liderazgo.

En el mes de julio todas las encuestas valoraban de un modo ligeramente superior a Kerry sobre Bush, menos cuando hacían referencia a la capacidad de hacer frente al terrorismo. Por esta razón, durante la convención demócrata se puso verdadero énfasis en presentar a un candidato preparado para ser comandante en jefe. En su discurso de aceptación, de una hora de duración, incidió abundantemente en sus cuatro meses en Vietnam, mientras que las referencias a sus veinte años como senador apenas ocuparon unos segundos.

Consciente de que los votos que necesitaba para ser presidente están en el centro, su equipo supervisó concienzudamente todos los discursos de la convención por lo que los líderes del partido moderaron mucho sus críticas a Bush y lograron un tono, en general, positivo. Quizás el más extremista fuese el de Ron Reagan, hijo de Ronald Reagan, que defendió con pasión la investigación con células madre embrionarias. Boston reafirmo la figura de Kerry, el partido se mostró unido y logró transmitir un mensaje de la necesidad del cambio, aunque lo hizo sin acidez.

La convención demócrata fue un gran éxito personal de Kerry, aunque el peor dato lo proporcionó el escaso seguimiento de la misma por parte de la opinión pública. De hecho, las encuestas de agosto apenas le daban media docena de puntos de ventaja sobre Bush, cuando años atrás, en 1992, Clinton pudo obtener, en iguales circunstancias, más de veinte. Por tanto, aunque fue un importante espaldarazo para Kerry, en modo alguno ha resultado decisiva.

LA SITUACIÓN DE IRAK

El empate hizo que el mes de agosto fuese frenético en lo que a actividad política se refiere, al tiempo que se sucedían noticias sobre la reforma de los servicios de inteligencia o sobre la situación en Irak desfavorables para Bush,  pues cuestionaban su capacidad para garantizar la seguridad de sus ciudadanos. Junto a ello, la cuestión de Irak, que se esperaba se alejara con el traspaso de poderes del mes de junio, aunque ha disminuido en intensidad informativa, nuevas tensiones, como la de Najaf, hacen que siga siendo un lastre en la campaña del presidente.

El cambio de la ley electoral ha hecho que los candidatos utilicen plataformas independientes para atacar a sus rivales. Desde hace meses Kerry utiliza el grupo MoveOn del magnate George Soros, además de otros como MetroRetro, etc. Por su parte, Bush ha utilizado a un grupo de veteranos que, con una serie de anuncios, han levantado una gran controversia al poner en duda el historial de Kerry en Vietnam. El hecho se convirtió en un gran escándalo, que terminó con la dimisión del abogado jefe de la campaña de Bush por haber prestado asesoramiento a dicho grupo, ya que no puede existir ningún vínculo oficial entre las campañas.

De todas formas, la campaña del grupo de veteranos ha sido un éxito. Llevar al primer plano del debate político la experiencia real de Kerry en Vietnam, que no pasó de cuatro meses, y sus posiciones posteriores sobre la guerra, en las que declaró que había participado en crímenes contra la población civil, hicieron que la estrategia demócrata de fundamentar la fortaleza de Kerry en su experiencia en Vietnam se transformase en un error fatal. Gracias a ello, Bush pudo llegar a la convención republicana liderando ligeramente las encuestas.

POLÍTICA INTERNACIONAL

En política internacional la gran propuesta de Kerry es involucrar a países como Francia y Alemania en la reconstrucción de Irak e internacionalizar la coalición. También ha prometido retomar el proceso de paz en Oriente Medio; de hecho, se baraja el nombre de James Baker como su enviado especial para la región. Sin embargo, esto le puede ocasionar nuevos problemas, ya que Baker no es precisamente una figura popular en la comunidad israelí. Precisamente Bush ha aceptado la construcción de mil nuevas viviendas en los asentamientos en Cisjordania, en un gesto más hacia esta decisiva comunidad.

ECONOMÍA

Junto al tema de la guerra de Irak y la amenaza terrorista, el otro asunto importante de la campaña de Kerry es la situación de la economía y concretamente la destrucción de puestos de trabajo. Contra el fantasma del It’s the economy, stupid! con que Clinton castigó duramente a su padre, Bush trata de presentar como sus grandes éxitos las tres bajadas de impuestos y una recuperación que no llega a percibirse como tal por parte de la opinión pública. Por ello, Kerry insiste en el contraste entre la destrucción de empleo que se ha producido durante el mandato de Bush y el esplendor de la etapa Clinton.

De todas formas, las incertidumbres por la situación política internacional actual hacen que el liderazgo personal del presidente se convierta en el eje central de la campaña. Kerry ha querido hacer valer su experiencia en Vietnam, aunque como he dicho anteriormente, hacer que el peso de su campaña girase sobre eso se ha vuelto en su contra. El hecho de preferir respuestas matizadas y no tener un carácter firme reflejan una falta de determinación incompatible con el liderazgo que los ciudadanos esperan del presidente.

MATRIMONIO DE HOMOSEXUALES

Bush va a contar además con que, al mismo tiempo que la votación en noviembre, en once estados, muchos de ellos clave, como lo es Ohio, se va a celebrar un referéndum para aprobar una enmienda a la Constitución que prohíba el matrimonio entre homosexuales. En el único que hasta ahora se ha tenido lugar, en el estado de Missouri, el 70% de la población ha rechazado la posibilidad del matrimonio entre homosexuales. Es evidente que una votación de estas características es un activo para Bush, ya que ha sido él personalmente quien la ha promovido.

Ante este panorama, los próximos debates van a jugar un papel importante ya que cualquier error o acierto en alguno de ellos puede modificar el resultado. Además, después de lo ocurrido en Madrid el 11 de marzo, está muy presente la posibilidad de que los terroristas quieran dejar su huella durante la campaña con un atentado u otra acción criminal espectacular. Aunque la variación del sistema de alertas hace presente la preocupación del gobierno, el hecho de que, en sus discursos importantes de campaña, Bush no haya hecho mención a esta posibilidad, puede resultar un error estratégico, en caso de que fatalmente se produzca.

Estamos por tanto ante unas elecciones con muchas incertidumbres, una función a la que todavía le quedan muchos actos, como los debates, pero que a inicios de agosto presenta un cuadro absolutamente igualado aunque con una cierta ventaja para Bush. La convención ha transmitido una imagen muy positiva del candidato y el dato de desempleo correspondiente a agosto fue muy bueno, por lo que no sería de descartar que las próximas encuestas otorguen a Bush un mayor margen de distancia.

Es claro que, para España, estas elecciones van a ser muy importantes. Una victoria de Bush significaría una situación de ostracismo político internacional para el gobierno de Zapatero, por el imperdonable error de hacer electoralismo con delicadas cuestiones internacionales. También probaría que la apuesta de Aznar por Bush era una apuesta ganadora y de largo plazo.

Una victoria de Kerry haría de Azores un mayúsculo error que se celebraría como un triunfo propio por parte de los socialistas. En modo alguno quiere esto decir que el panorama internacional fuera a ser más fácil para Zapatero, ya que Kerry se ha presentado como el candidato que llevaría a los aliados a Irak. Muy complicado sería para Zapatero poder justificar su resistencia a las presiones de un presidente de Estados Unidos recién electo. Además, Europa sólo podrá recuperar un papel de cierto protagonismo internacional si vuelve a ser un aliado fiable. En caso contrario, mientras que el objetivo sea transformarse en un ilusorio contrapeso de Estados Unidos, Europa quedará definitivamente marginada en un escenario internacional que se desplaza hacia el Pacífico.

Es un momento lleno de incertidumbres, con dos candidatos de perfiles muy distintos. El primero, Bush, claro y previsible aunque con una mediocre hoja de resultados. El segundo, John Kerry, muy experimentado aunque lleno de matices y contradicciones que le alejan del sentir popular. Dentro de sesenta días los americanos se pronunciarán y dirán quién debe de ser el alcalde de la ciudad reluciente sobre la colina. Mientras, seguiremos disfrutando de una apasionante campaña.


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Pablo Hispán Iglesias de Ussel es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Navarra. Universidad en la que se doctoró en Historia Contemporánea. Ha desempeñado distintos cargos en la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid. Es autor de varias publicaciones sobre diversos temas como la Economía sumergida, Política monetaria, Política regional, Globalización y temas de la Unión Europea.